Cap VIII. Malos entendidos.

Defteros se preparó para detenerlo, sabía bien de esa mala costumbre que tenía su estúpido primo de correr, literalmente, cuando se presentaba un problema. Recordaba la infinidad de veces que corrió fuera del salón de clases porque no sabía la respuesta a alguna pregunta o no podía con la presión de responder a algún examen, especialmente de química o biología.

-Lo siento –Dijo Saga y echó a correr.

Defteros estiró sus largos brazos pero de alguna forma su primo logró escabullirse, así que el mayor corrió y saltó cual jaguar contra su presa, tacleando a un desprevenido Saga que ni las manos logró meter y cayó de bruces al suelo.

-¡No voy a dejar que te vayas!

-¡Defteros, suéltame! ¡No entiendes, debo irme!

-¡Lastimaste a Yuzuriha y eso no te lo perdono! –El moreno habló con mucha severidad, casi como si fuese el padre de la rubia.

-¡Es un malentendido! –Saga giró como pudo bajo el cuerpo de su primo – ¡Debes creerme!

Defteros no entendió razones y mordió el hombro de su adorado primo.

-¡Hijo de puta! –Y el grito inundó la escuela entera.

Yuzuriha se quedó en silencio, estaba en shock. Miró fijamente al vacío al mismo tiempo que negaba sutilmente con la cabeza y murmuraba cosas que Marin no lograba entender.

-Yuzu, por favor… -La pelirroja estiró la mano para tomar la de su amiga, pero ésta la retiró. La expresión en el pálido rostro de Marin fue tan lastimosa que le hubiera roto el corazón a cualquiera.

-No quise…

Pero el grito combinado con el bullicio de la gente interrumpió sus palabras. Alguien gritó un "Defteros y Saga están peleando" y Marin de inmediato olvidó todo para correr a averiguar qué tan cierto era aquello.

-¡Te lo advertí! –Rugió el moreno al tiempo que tomaba a Saga de la camisa, levantándolo con extrema facilidad para azotarlo contra la pared -¡Te dije que cuidaría de ella!

-¡Si quieres cumplir tu promesa entonces escúchame, idiota! –Gritó el peliazul. Tomó a Defteros de los antebrazos con fuerza intentando soltarse.

El moreno apretó la mandíbula y volvió a estrellar a su primo contra la pared. Él siempre había sido tolerante con la tontería de su primo pero ésta vez le había dolido bastante su actitud, aunque no estaba seguro de la razón.

-¡Defteros, suéltame! –Rugió Saga esperando que eso funcionara, pero no fue así, por lo que le propinó un buen puñetazo a su primo.

La cantidad de alumnos que estaba ahí era impresionante. Cualquiera que viera aquella escena, diría que la escuela entera estaba reunida para presenciar la pelea y tal vez tuvieran razón. Marin tardó en abrirse paso entre la multitud, cuando al fin llegó, se asustó al ver la escena.

Saga y Defteros tenían algo de sangre en el rostro y los puños enrojecidos, algunas manchas rojas resaltaban en el blanco impecable de la camisa del menor. Respiraban agitadamente y se miraban, uno con rabia y el otro con desesperación. El moreno rugió y se abalanzó de nueva cuenta contra su primo. La pelirroja saltó al mismo tiempo y trató de abrazar a su novio para tranquilizarlo.

Él no preguntó ni se detuvo a ver, lanzó un codazo para apartar a la persona que osaba interferir en su pelea.

El golpe le dio a la pelirroja de lleno en el rostro abriéndole el labio y haciendo sangrar su nariz. Ella se hizo para atrás, cubriéndose con ambas manos. La sangre resbaló entre sus dedos y algunas gotas salpicaron el suelo. El silencio se hizo presente.

Yuzuriha había reaccionado unos segundos después de que Marin se hubiese marchado. Caminó lo más rápido que pudo y llegó justo en el momento en el que su amiga había sido golpeada. Miró la escena con horror.

La pelirroja, furiosa, sacudió sus manos para deshacerse del exceso de sangre. Tomó a Defteros con fuerza de la camisa.

-¡YA BASTA! –Gritó al tiempo que jalaba a su novio con toda su fuerza.

El moreno, que volvió en sí al escuchar la voz, retrocedió a trompicones y casi cayó encima de su pelirroja ensangrentada.

-M-Marin… -Defteros la miró con una cara de susto que dejó sorprendido a más de uno.

Saga se puso de pie con dificultad.

Yuzuriha caminó hacia los tres ante la mirada curiosa de todos los presentes. Esos cuatro eran muy bien conocidos por todos en la escuela. Los primos por ser guapos e inalcanzables, modelo a seguir para la gran mayoría de los varones, un dolor de cabeza para los profesores y dioses para la gran mayoría de mujeres. La pelirroja y la rubia por robar suspiros de varones, ser envidia de mujeres y, en especial, porque no necesitaban de nada más que su sola presencia para llamar la atención de todos. Ver a esas dos princesas cerca de vándalos como esos dos era algo que no cabía en la cabeza de los que presenciaban la bizarra escena.

La rubia miró a su amiga y a los otros dos. Frunció el ceño y golpeó a los tres en la frente.

-Son unos idiotas… -Dijo con algo de molestia y se abrió paso entre la gente para volver a su salón de clases.

El día terminó sin mayores complicaciones. Marin pasó el resto del día en la enfermería, tratando de convencer a la enfermera de que el labio roto había sido producto de un accidente y no una agresión deliberada de parte del "vándalo, agresivo sin modales de Defteros". El moreno se quedó fuera de la enfermería esperando a su novia para disculparse. Saga había desaparecido y Yuzuriha había vuelto a clases. Necesitaba distraerse de alguna manera, no quería seguir pensando en la embarazosa escena ni en nada que tuviera que ver con ese trío de idiotas, ya tendría tiempo después para hablar con ellos y obtener las respuestas que tanto le habían negado.

Al ir de vuelta a casa, Defteros y Marin la siguieron, unos cuántos pasos detrás por mera precaución. La rubia siguió su camino como si nada a pesar de saber que la pareja la seguía de cerca. Pasó por un pequeño prado en el que había un río. Miró con curiosidad, era un lugar que siempre le había llamado la atención pero nunca se había detenido para verlo; ese día lo hizo.

Se acercó, el sonido del río era relajante. Cerró los ojos y dejó que la suave brisa acariciara su piel durante un momento. Respiró hondo. Cuando sus ojos se abrieron, vio a Saga sentado junto a un árbol cerca del río, caminó con sigilo hasta él y se detuvo cuando estuvo a unos cuántos pasos de distancia.

-¿Estás bien…?

-Estoy bien –Dijo al tiempo que giraba un poco la cabeza para mirarla con una sonrisa –Ven, siéntate a mi lado.

Ella obedeció. Mantuvo su distancia y lo observó.

-¿Por qué peleaste con Defteros?

-Fue un malentendido –Respondió él –Creyó que yo te había hecho daño y por eso Marin hablaba contigo, pero en realidad lo que yo quería era evitar otro malentendido.

-Marin me lo explicó todo –Habló Defteros mientras se acercaba con la pelirroja y se sentaba junto a ellos –Ella estaba angustiada por tu reacción. Sabía que te molestarías cuando supieras que hablaba con él…

-Lo siento de verdad –Se disculpó ella –Sabes que te quiero y mi intención no era mentirte…

Yuzuriha negó con la cabeza y tomó la mano de Saga y Defteros que sostenía ya la de Marin. No dijo nada y solamente miró hacia enfrente. Lo entendía todo y era su forma de decirles que todo había quedado atrás.