Cap X. El festival.

Durante varios días Yuzuriha mantuvo el contacto al mínimo con Saga, evitó decirle tanto a Marin como a Defteros el lamentable hecho para no repetir la vergonzosa escena de hacía unos días. La realidad era que estaba molesta y muy dolida. El que tuviera clases, tareas y tuviera que hacer preparativos hacía de la tarea titánica de ignorar al peliazul, algo bastante más fácil de lo que sería en circunstancias diferentes.

Por otro lado, Saga decidió no presionarla a hablar. Habían compartido un momento íntimo y quería preguntarle cómo se sentía, quería decirle que aquello le había gustado mucho y que la quería con locura, pero también sabía que presionarla solamente le ocasionaría problemas. Enfocó su tiempo en ensayar con su banda, aún quería demostrarle a su preciosa rubia lo que era una banda de verdad.

-¡Una vez más! –Gritó Saga, estaba exhausto, las gotas de sudor resbalaban por su frente, patillas y cuello, su playera de Judas Priest se pegaba a su pecho y sentía los antebrazos y dedos cansados, casi al borde de un calambre, pero quería practicar lo más posible hasta que todas las canciones del repertorio sonaran perfectas.

Los demás miembros de la banda quisieron replicar pero jamás lo habían visto poner tanta pasión a sus notas, a su voz, a su presencia en general, así que siguieron tocando. Defteros, desde la batería hizo el conteo con las baquetas y empezaron una vez más.

El grupo entero quería demostrar su valía, liderados por Saga y con el soporte siempre fiel y confiable del moreno, sabían que podían llegar a cosas muy grandes. Ese era el gran sueño de los cuatro.

La voz de Saga sonó apasionada, desgarradora cuando debía a pesar de ser tan grave, sus solos, los riffs, cada nota que salía de la guitarra tenía un sentimiento tan fuerte que contagió a cada miembro del grupo. Defteros rompió varios pares de baquetas y terminó quitándose la camiseta, su cuerpo entero escurría sudor. Manigoldo, en la segunda guitarra, jamás hizo coros mejores y sus acompañamientos jamás estuvieron tan perfectos. Shura, en el bajo, se mostró impasible como siempre, sus dedos golpeaban con fuerza y firmeza las cuerdas, llevó la base perfectamente bien al ritmo que debía e incluso se atrevió a improvisar un poco.

Seis horas después, los cuatro, sentados en el suelo, brindaban con cervezas el magnífico ensayo que acababan de tener y brindaban también por un show espectacular al día siguiente; traspiraban confianza.

-¡Bienvenidos! –Gritaban al unísono Marin y Yuzuriha cada vez que los alumnos de otros grados se acercaban a su salón de clases, ahora ambientado como un lindo café.

Ambas usaban esos típicos trajes de maids que tanto se veían en los animes y que atraían mucha atención masculina. Dentro, las otras chicas de la clase atendían a los varones y a alguna que otra chica curiosa.

-¿Por qué miras tanto el reloj? -Preguntó Yuzuriha con discreción al notar la insistencia de su amiga al mirar el reloj de pared que estaba en el salón de clases.

-La presentación –Respondió Marin con sorpresa y confusión -¿Olvidaste que nuestros chicos tocan hoy?

-Ah… Sí, lo olvidé –Mintió –De cualquier manera, no podemos ir, tenemos trabajo que hacer.

-Claro que no, pedí permiso para las dos. Nuestros relevos no deben tardar.

Marin le dio un codazo a su amiga y la abrazó, su instinto le decía que había algo raro pero no quería preguntar, al menos no por ahora. Siguieron con su trabajo por quince minutos más y después la pelirroja se la llevó casi a rastras al patio en dónde se había improvisado un escenario.

Los cuatro chicos montaron los instrumentos, ecualizaron y se aseguraron de que todo estuviera perfectamente bien para el show. Durante una hora, cada uno se preparó a su manera, haciendo ejercicios de calentamiento para los dedos en el caso de Manigoldo, vocalizando en el caso de Saga, calentando el cuerpo entero y haciendo redobles en una pequeña tarola como siempre hacía Defteros o jugando videojuegos con extrema concentración como Shura. Cada uno de esos métodos parecía ser bastante extraño para algunos pero a ellos les servía perfectamente bien.

Saga miró el reloj, faltaban solamente quince minutos.

Las chicas hicieron una parada técnica en el baño, Marin se peinó un poco y ayudó a su amiga a acomodar su vestido.

-Te ves preciosa, Yuzu –Marin no era mucho de hacer cumplidos pero cuando los hacía era porque debía ser así.

La rubia, con su vestido negro corto, el cabello recogido en su típica coleta, con sus piernas largas y bien torneadas y esa mirada brillante, llena de inocencia, la hacían lucir muy hermosa. La pelirroja no se quedaba atrás, su cabello de fuego resaltaba siempre y su mirada azul le quitaba la respiración a cualquiera pero especialmente ese día, con ese vestido, se veía como una muñequita de porcelana.

Ambas se sonrieron, se abrazaron y después de un segundo, bajaron al patio abriéndose camino entre la multitud hasta llegar al escenario.

-Muy bien, chicos –Comenzó Saga. Los chicos se juntaron en un círculo, las cabezas muy juntas –Éste no es nuestro show deseado pero por algo se empieza –Miró a cada uno de sus amigos a los ojos – ¡Salgamos y demos lo mejor!

Al mismo tiempo, Milo, el chico más popular de toda la escuela y maestro de ceremonias del evento, presentaba a la banda:

-¡Demos la bienvenida a nuestro orgullo! ¡Ellos son…!

-¡Uno, dos, tres…! –Sus manos se juntaron mientras hacían el conteo.

-¡BLACK LEATHER! –Gritaron Milo y los muchachos al unísono.

El grito del alumnado fue ensordecedor, las chicas brincaban emocionadas levantando carteles con el nombre de la banda o con los nombres de los integrantes seguidos de corazones. Los chicos hacían la típica señal de los rockeros y gritaban con fuerza para recibir a la banda. Apenas Defteros apareció en el escenario, parecía que las chicas iban a explotar y el griterío se volvió más intenso con los siguientes integrantes hasta llegar a Saga.

-¡¿Están listos para el show?! –El peliazul preguntó y después sonrió ladino al recibir tanta bulla como respuesta.

Los acordes de The Trooper empezaron y aquello se volvió una locura, los varones gritaron emocionados, se arrojaban contra el escenario brincando, cantando, moviéndose de un lado a otro al ritmo de la canción. Todos ayudaban con los coros; aquello parecía un concierto de verdad.

Siguió una de las favoritas Riot. Apenas el peliazul pronunció el lengendario What's it gonna take to make you Riot?, la ya alocada multitud se puso peor. Ahí fue cuando Saga mostró sus verdaderas habilidades vocales al alcanzar aquellos agudos legendarios sin desafinar ni un poco. Manigoldo y él se lucieron con el solo.

-¿¡Quieren más?! –Ésta vez fue Manigoldo el que habló, debía hacer algo de tiempo para que el peliazul afinara su guitarra -¡No los escucho! –La multitud rugió emocionada, apenas dos canciones habían pasado y la gran mayoría estaban ya bañados en sudor.

-Muy bien, gente –Continuó el segundo guitarrista –Ahora tendremos un momento de calma por su propio bien –Señaló a un par de chicos que parecían a punto de desmayarse –No queremos que se mueran aquí –Sonrió.

November Rain empezó a sonar. El público levantó las manos y las movieron al ritmo de la triste balada. Todos seguían cantando emocionados, algunos tenían lágrimas en los ojos. Saga cantaba con el alma, el sudor ya resbalaba por su frente, un poco llegó a sus ojos pero él jamás perdió la concentración, especialmente cuando llegó el momento del solo. Si alguien dudaba de su habilidad, dejó de hacerlo en ese preciso momento, cuando dejó el alma en ese solo, a varios les pareció que Slash había poseído el cuerpo de Saga.

Sin darles tiempo a reponerse, empezaron con In Your Eyes. Saga había ubicado ya a Yuzuriha y durante toda la canción, sus ojos no se despegaron de los de ella. Varias chicas la miraron con odio pero ella ni siquiera lo notó, estaba perdida.

Cuando la canción terminó, Defteros gritó algo parecido a "ésta canción es para mi preciosa águila" e Eagle Fly Free comenzó a sonar. La multitud pareció revivir, se volvieron locos. El show estaba siendo un éxito total y cada uno de los integrantes lo sabía.

La última canción fue Thundersteel, la banda se lució. Shura, Defteros, Manigoldo y Saga dejaron el alma entera en esa última canción. El moreno se quitó la camisa, Shura corría de un lugar a otro sin dejar de tocar, Manigoldo no fallaba ni un sólo coro a pesar de cambiar lugares con el pelinegro de vez en vez y Saga jamás había cantado mejor.

Cuando el show terminó, la escuela entera los ovacionó.

Desde su lugar, alejadas de la multitud, Marin y Yuzuriha eran incapaces de quitar la vista de sus chicos. Cada nota, cada movimiento, cada palabra, cada pequeña cosa que hacían se quedaron grabadas en sus mentes.

La banda se abrazó al bajar del escenario. Los cuatro chocaron los puños, sonrieron y gritaron con emoción. Defteros y Saga compartieron miradas, sabían que de no ser por sus chicas, lo que vivieron jamás habría pasado. Habían encontrado a sus musas.