Cap XII. Honor

-Te veré allá en quince –Fue lo único que dijo y cortó la llamada –Te llevaré a casa, hermosa –Se quitó la chaqueta y la puso gentilmente sobre sus hombros.

Caminaron juntos hasta su casa, al ver el aspecto de su hija y las pintas del tipo que estaba junto a ella, "el señor Yuzuriha" como gentilmente lo llamaba Saga, casi lo muele a golpes.

*Kunal, el padre de Yuzuriha, era un señor rubio, de cabello corto y quebrado y de unos ojos verdes con destellos amarillos bastante expresivos. Usaba una barba muy bien cuidada y su piel era bastante más oscura que la de su hija. Era alto, rozaba el uno ochenta y era bastante fuerte, aunque no se le notaba mucho. Trabajaba en una compañía bancaria aunque no desempeñaba un papel muy importante pero era bastante bueno en lo que hacía. El hombre era gentil, amaba infinitamente a su familia pero en especial a su hija y cuando ella estaba en peligro, no dudaba en hacerle frente a lo que fuera con tal de protegerla.

-¡Aléjate de mi hija! ¡Manja, llama a la policía!

-¡Señor, por favor, disculpe pero no hay tiempo! –Lo miró suplicante.

Cuando Saga miró a *Manjari, la madre de su novia, supo inmediatamente de dónde había heredado su belleza. La señora, a pesar de tener dos hijos adolescentes, se veía tan bien conservada que podría pasar sin problemas como su hermana mayor. Su cabello era rubio también aunque más corto que el de Yuzuriha y un poco más claro. Sus ojos eran de un azul imposiblemente intenso que parecían mirar directo al alma. Era de la misma estatura que Yuzuriha y compartían el mismo tono de piel. Saga no pudo evitar imaginar lo bien que le sentaría a su novia la madurez y lo afortunado que sería, pero se reprendió mentalmente, no había tiempo para pensar en esas cosas.

–Llévela al hospital, yo me haré cargo de la gente que le hizo daño –No dio tiempo a ninguno a decir nada más, pues Saga ya había echado a correr hacia el campo para recoger su bicicleta e ir a buscar a los posibles causantes de todo.

-Yuzu… -Su madre la envolvió en una manta y la encaminó al auto –Kun, vamos.

El padre de Yuzuriha tomó las llaves del coche y llevó a Yuzuriha al hospital.

-¿Sabes quién pudo haberlo hecho? –Preguntó Defteros a Saga y enseñó o los colmillos.

-Tengo una idea, ¿avisaste a Marin?

-Lo hice, va en camino al hospital.

-Bien, bien –Quiso sonar tranquilo pero lo cierto era que no podía evitar ni contener la furia que lo estaba quemando por dentro -¿Estás listo?

-Lo estoy –Respondió su primo.

Ambos se dirigieron a un lugar conocido por llenarse de gente que iba a drogarse o a perder el tiempo. Era el único lugar en toda la ciudad que albergaba maleantes, casi todos adolescentes problemáticos y ociosos. Ellos lo conocían bien pues solían pasar mucho tiempo ahí unos años atrás.

Entraron sin decir nada, encontraron a los cuatro vándalos sentados bebiendo cerveza.

-¿Se divierten? –Preguntó Saga con una voz extremadamente tranquila pero igualmente amenazadora.

-¿¡Quién carajo te crees para venir aquí?! –Respondió de mala gana el unicejo rubio.

-Rada, Rada… -Saga sonrió con ironía, acercándose al rubio – ¿Olvidaste ya que prácticamente yo puse éste lugar de moda otra vez?

-Patrañas –Radamanthys escupió al suelo –Lárgate de aquí, queremos algo de tranquilidad.

-Creí que me invitarías una cerveza por los viejos tiempos –El peliazul acortó la distancia entre ambos, el rubio gruñó.

Saga miró a Defteros que estaba de pie tras el pequeño lleno de acné. Él era el único con el móvil en la mano, sonreía asquerosamente. El moreno pudo ver que miraba las fotos de Yuzuriha que tomaron unas horas atrás. Sintió su sangre arder pero se limitó a asentirle a su primo.

-Eres un hijo de perra, Radamanthys… -Masculló Saga con odio –Ella era inocente… Ella no les hizo nada… -Volvió a decir, apretó la mandíbula y su cuerpo comenzó a temblar de rabia.

-Nos ordenaron encargarnos de ella y debo decir que fue deliciosa –Dijo con descaro, relamiéndose los labios.

Dos segundos después, estaba en el suelo con la nariz reventada. Saga sacudió la mano derecha, sus nudillos de inmediato enrojecieron.

Al mismo tiempo, Defteros había arrancado el móvil de las manos de Zeros, arrojándolo al piso con tanta fuerza que el cacharro voló en mil pedazos. Aldebarán, el otro unicejo se levantó del asiento y le arrojó una botella de cerveza a Defteros quien se cubrió con el antebrazo para que la botella no le diera en la cara. El moreno se enfadó y se lanzó contra el mastodonte frente a él, mordiendo con fuerza su hombro.

Por otro lado, Minos, el tipo que parecía pastor inglés, reventó un palo de madera en la espalda de Saga, su camisa blanca de inmediato se tiñó de rojo pero eso no evitó que se diera vuelta y propinara un buen derechazo al tipo, noqueándolo de inmediato. Minos sirvió de distracción, pues ahora Radamanthys aplicaba una llave al cuello de Saga. El peliazul golpeó el antebrazo del unicejo con el puño varias veces, al ver que no surtía efecto, lanzó un codazo a su estómago por lo que el rubio lo soltó de inmediato mientras trataba de respirar un poco.

Por su parte, Defteros golpeaba a puñetazo limpio al gran Aldebarán, un chico de la misma estatura que el moreno pero un poco más rollizo. Los puños de Defteros tenían sangre, suya y del mastodonte aquél. La furia que sentía en ese momento le había hecho olvidar todo dolor físico y enfocarse en dejar fuera de combate a Aldebarán. El unicejo dos también se defendía, sus puños estaban igual de lastimados pero definitivamente era él el que estaba recibiendo el mayor daño, ya con una ceja sangrante, el labio reventado, un ojo hinchado y un pómulo enrojecido y a punto de sangrar.

Haciendo uso de toda su fuerza, el moreno levantó a Aldebarán sobre su cabeza y lo arrojó contra un montón de cajas de madera que se destruyeron al instante bajo su cuerpo, una barra de metal le cayó en la cabeza, dejándolo inconsciente. Defteros aún estaba furioso, sentía la cara roja del coraje y cada músculo de su cuerpo estaba tenso, se acercó a verificar que no había asesinado al mastodonte y tuvo que luchar contra su instinto para no molerlo a golpes en ese momento.

Saga se lanzó contra Radamanthys, lo tiró al suelo y empezó a golpearlo con furia.

-¡Ella no tenía la culpa! –Gritaba una y otra vez con cada puñetazo -¡Hijo de puta! –Gritó con furia, luchó también las lágrimas que amenazaban con escapar de sus ojos por el coraje que tenía dentro.

Radamanthys a duras penas lograba cubrirse el rostro, se notaba cansado. Bajó la guardia.

-¡Ella era inocente! –Bramó una vez más, sus puños impactaron sin tregua el rostro desprotegido del rubio que ya estaba inconsciente pero Saga no quería detenerse.

Defteros se acercó despacio a su primo, colocó la mano derecha en su hombro.

-Ya está bien, vámonos.

Saga se quedó quieto; respiraba apresuradamente, su cabello cubrió sus ojos enrojecidos que luchaban para mantener las lágrimas en control. Buscó entre las ropas de los otros tres los respectivos móviles y los lanzó al suelo, pisándolos con toda su fuerza para asegurarse de que quedaran inservibles, luego destrozó las tarjetas de memoria de cada uno de los móviles para asegurarse de que ni una sola pieza de información saliera de ahí.

-Vámonos antes de que alguien venga.

El menor se levantó sin decir nada y salió, seguía agitado pero su caminar era cansado. Ambos llegaron a su casa tratando de no hacer ruido para no llamar la atención de Kanon y sus padres.

El móvil de Defteros sonó un par de horas después

-Ella está bien, ahora está descansando. Pasará la noche en el hospital y yo me quedaré con ella –Marin trató de sonar tranquila para contagiarlos también.

-Menos mal –Defteros miró a Saga que estaba recostado mirando a la nada, había escuchado cada palabra pues el altavoz estaba activado –Iremos a visitarlas mañana si es posible.

-Saga… -Habló Marin nuevamente –Yuzuriha está bien. Estaba preocupada por ti, se rehusaba a dormir, quería saber que estabas bien pero debía descansar. Me pidió que te dijera que te quiere mucho y que está bien… –Se quedó en silencio esperando respuesta.

-Hablaremos mañana, vida. Trata de descansar –Defteros se despidió y cortó la llamada.

Esa noche, él se quedó a dormir con su primo para asegurarse de que no regresaría a ese lugar de mala muerte a cometer una tontería.

Por los ronquidos de su primo, no podía dormir, las palabras de la pelirroja le daban vueltas en la cabeza.

-Tonta… -Murmuró para si –Estás lastimada y solamente piensas en mí… -Negó varias veces y apretó los puños del coraje.

Esa noche Saga lloró por primera vez en mucho tiempo.


N/A: Los nombres intentan seguir la línea de Shiori en la que los nombres de Yuzu y Tokusa tienen algo que ver con plantas o árboles.

*Manjari (tibetano): "Albahaca sagrada o flor"

*Kunal: loto