Cap XIII. Cambios
Pasaron algunos días después del incidente, Yuzuriha no fue a clases durante todo ese tiempo pero Marin se aseguró de que recibiera y entregara los deberes. La rubia tuvo que decir a sus padres que llevaba algunos meses saliendo con Saga pero que él no la había lastimado. Su padre lo sabía, su forma de actuar no era de una persona que hubiera lastimado a su hija, aun así quería que ella le dijese la verdad, lo cual pasó.
Saga y Defteros evitaron ir a visitarla pero le llamaban de vez en vez, Marin se aseguraba de decirle a su amiga lo mucho que ese par de tontos la extrañaban y contarle todo lo que sucedía en clase aunque omitía los chismes que circulaban acerca de ella y que los primos habían luchado tanto por silenciar.
-¿Cuándo volverás? –Preguntó el peliazul en la llamada matutina de siempre.
Ella miró su uniforme perfectamente limpio, planchado, colgado en la puerta de su habitación.
-Tal vez… Tal vez hoy.
-Sé que debes venir cuando te sientas lista pero ¿no crees que ya es tiempo? Te cuidaré.
Ella se mordió el labio, miró el uniforme después las sábanas que cubrían su cuerpo; repitió el proceso por lo menos tres veces más. Saga esperó paciente, solamente escuchaba su respiración pero aquello no le importó.
-Creo que volveré hoy –Dijo ella al fin.
-¿Estás segura? –Sintió mucho alivio aunque no quería cantar victoria aun.
-Lo estoy. Te veré en la escuela.
-Mejor te llevaré yo.
-¿Disculpa? ¿A qué te refieres?
-Mira por la ventana –Pidió.
Yuzuriha se levantó de la cama y caminó hasta la ventana de su habitación que daba a la calle, corrió la cortina y miró hacia abajo, en donde Saga, con el uniforme puesto y la bicicleta lista, miraba hacia su ventana con una sonrisa ladina. Ella sonrió también y se apresuró.
Llegaron juntos a la escuela, tomados de la mano. Él caminaba con el rostro levantado, orgulloso. Ella se sentía avergonzada pero trató de no hacerlo demasiado notorio.
-Te veré en el almuerzo –Se detuvo antes de llegar a su salón de clases y besó su mejilla antes de irse.
Ella entró. El barullo no se hizo esperar, ella mantuvo la mirada al frente. Colocó sus libros en su pupitre, se sentó y miró al frente. Sus ojos se abrieron como platos.
En la pizarra, con letras enormes estaba escrito su número de móvil seguido de un mensaje "Disponible las veinticuatro horas, mujer sucia, Yuzuriha. Te dará placer. ¡Garantizado!". Se puso de pie, su expresión impasible no cambió, sus ojos no se movieron de su objetivo. Tomó el borrador con firmeza y comenzó a borrar el mensaje ante el cuchicheo y las burlas de varias personas.
Saga entró al salón de clases con furia, volteando varias mesas a su paso para evitar lanzar golpes a los compañeros de Yuzuriha. La vio borrando el mensaje y de inmediato intentó quitarla del camino para hacerlo él. Tenía un poco de tiza en las mejillas, el cabello y la camisa.
-Apártate –Pidió con voz dura.
-No –Respondió ella mirándolo a los ojos –Yo resolvía mis problemas antes de que llegaras a mi vida, quiero seguir haciéndolo.
Él apretó la mandíbula y quiso apartarla del camino pero se giró y esperó a que la rubia terminase de borrar la pizarra. Entonces ella también se giró y enfrentó a la clase. Marin y Defteros aparecieron en la puerta, también cubiertos de tiza.
-Yo no sé qué sucedió para que ahora todos piensen cosas negativas de mí –Comenzó, mirando a sus compañeros –pero yo no soy ninguna mujerzuela –Su voz sonó decidida –Lo que me sucedió yo no lo pedí y tampoco incité a nadie para que sucediera. Esto no les da derecho a criticarme o creer que pueden hacer lo que les venga en gana conmigo y con mi cuerpo.
Saga la miró, él quería irse a los golpes, asegurarse de que nadie volviera a siquiera pensar en tocarla y ella estaba ahí, hablando con esa gente con tranquilidad pero notó sus puños apretados y su labio inferior temblando un poco. Ella se dirigió a su pupitre, tomó sus libros y salió del salón. Él aprovechó para dar un mensaje no tan amigable.
-Si alguien le toca un pelo a Yuzuriha, los mato, ¿escucharon bien? Los mato –No hubo necesidad de gritar, su presencia, su expresión y sus palabras, fueron suficientes para intimidar a más de uno. El peliazul salió como un bólido tras ella.
-¿Te encuentras bien? –Marin se acercó a su amiga y la abrazó por la espalda –Yuzu…
La rubia no respondió, quería llorar pero no podía.
-No estás sola –Defteros se acercó también, apoyó la mano en el hombro de la rubia pero ella no se giró.
-Yuzuriha –Saga se plantó frente a ella, la tomó de la barbilla para obligarla a mirarlo. Marin la abrazó más fuerte en un gesto muy protector –No volverán a lastimarte.
-Lo sé –Fue la única respuesta de la rubia. Apartó la mirada de Saga y palmeó las manos de Marin para que la soltara. La pelirroja se resistió pero al final respetó el deseo de su amiga.
-Yuzu… -Volvió a decir Marin al verla marcharse.
Defteros de inmediato abrazó a su novia. Los tres se sentían indefensos y frustrados pero ninguno quería mostrarlo.
-Maldita sea... –Masculló el peliazul –No debería ser tan complicado.
-Estará bien –Dijo Marin –Es mucho más fuerte de lo que piensas. No te molestes con ella, tenle paciencia –Pidió mirándolo a los ojos.
-Sé que te gusta hacer las cosas a tu manera, Saga, pero no puedes hacerlo con ella –Añadió Defteros como si leyera la mente del menor.
Él guardó silencio y se marchó.
El moreno suspiró cansado, Marin giró entre sus brazos para mirarlo de frente.
-Yuzuriha es una buena chica. La conozco desde que teníamos tres años, crecimos juntas. Ella es una chica excepcional –Frunció un poco el ceño mientras hablaba, no miraba a Defteros, parecía más bien que hablaba sola.
El moreno asintió mientras pasaba los dedos por el cabello de su novia.
-No se mete con nadie pero habla y defiende a quien lo necesita. Ella no merecía ser tratada de esa manera. Sé que hay gente que no la quiere pero eso no les daba derecho a hacerle eso –Marin cerró los ojos y apoyó la frente en el pecho de su novio –Mi hermana no merecía esto…
Deuteros la abrazó con fuerza y besó su cabello.
Yuzuriha estaba sentada en la mesa más alejada dentro de la biblioteca, miraba a la nada. Saga se acercó y sin cuidado, se sentó frente a ella.
-¿Qué rayos pasa contigo?
-Saga… Ahora no, por favor…
-Entiendo que sea difícil para ti pero también lo es para mí. No sé qué hacer. Estoy fuera de control, quiero protegerte y no puedo –Casi gritó pero apretó los puños para contenerse un poco.
-Ahora no, Saga. Lo digo en serio…
-¿Entonces cuándo? Porque yo estoy contigo en esto y sé que te ha ido mal por culpa mía pero te quiero y no quiero perderte. Si lo que necesitas es tiempo te lo daré pero háblame –Pidió una vez más.
Ella suspiró y lo miró a los ojos
-Saga, estoy embarazada.
