Cap XIV. Decisiones

Sintió que su alma se había despegado de su cuerpo. Le faltó el aire de pronto, ese era el momento idóneo para una de sus típicas huidas pero las piernas no le respondían. Estaba en shock total. Yuzuriha esperó.

-Pe-Pe… No… ¿Cómo? Qué imbécil, sé cómo…

-Saga…

Su expresión había cambiado enteramente, parecía asustado, incrédulo y, extrañamente, también feliz. Se acercó a ella y la abrazó con fuerza.

-¿Es de verdad? ¿No me mientes?

-No, no te mentiría con algo tan delicado…

-Hermosa… -El peliazul la miró e inmediatamente la llenó de besos.

Ella parecía ahora en shock por la extraña reacción de Saga, se había preparado para insultos, furia y una ruptura inminente, no una muestra de amor tan grande. La abrazó de una forma diferente a la de siempre, ésta vez fue un abrazo protector, enredó los dedos en su cabello, besó su frente y la atrajo a su pecho.

Se separaron apenas y él la besó, fue tierno, lleno de cariño. Sus labios se movían como reconociendo el terreno que tantas veces antes había recorrido sin cuidado, ésta vez, lo hacía como si quisiera trazar un mapa perfecto de sus labios. Ella siguió el beso despacio, dejándose guiar por él. Las manos de Saga abandonaron su cabello, bajaron despacio hasta su cintura apretándola suavemente, ella dio un respingo y gimió en el beso. Él sonrió, profundizó el beso, sus manos subieron hasta su blusa y despacio la desabotonó.

Yuzuriha entonces recordó lo que había sucedido, los labios cálidos de su novio fueron de pronto reemplazados por los labios descuidados de Radamanthys; el aliento mentolado de Saga fue reemplazado por el aliento amargo del otro producto del alcohol y el tabaco; las manos cuidadosas, fuertes, que la acariciaban con ternura infinita cambiaron a esas manos rasposas que se abrieron paso sin su permiso. Comenzó a hiperventilar y apartó a Saga con un empujón que lo hizo perder el equilibrio y casi caer.

-¿Qué pasa? –Preguntó confundido, ella nunca había reaccionado así ante sus caricias. Quiso reclamar hasta que la vio abrazándose con fuerza, cubriendo su cuerpo lo mejor que podía.

-Oye… -Se acercó despacio, con mucha precaución, como quien intenta acercarse a un animal herido –Hermosa… -Su voz apenas se escuchaba.

-No te acerques –Pidió ella con voz firme –No…

-Hermosa... –Repitió el mayor estirando la mano un poco –No te haré daño. Soy yo, Saga. Tu Saga… -La miró, no podía ocultar su preocupación, su miedo.

Nunca había vivido una situación similar y no sabía cómo reaccionar pero recordaba que Tokusa y Marin le había dado algunos datos al respecto, cosas que la doctora de Yuzuriha les había recomendado. Necesitaba darle su espacio aunque no sabía cómo y tampoco le apetecía dejarla ahí sola por lo que decidió sentarse en el suelo frente a ella.

-Me quedaré contigo hasta que te sientas mejor, no te dejaré sola nunca más –Aseguró el peliazul con firmeza. Por momentos era fácil olvidar que era un adolescente.

Yuzuriha se deslizó hasta sentarse en el suelo también, necesitaba tranquilizarse pero todas esas imágenes, esas sensaciones que había creído olvidadas regresaron a ellas como un huracán. Echó a llorar en silenció, los brazos aún alrededor de su propio cuerpo buscando en ella misma el consuelo que era incapaz de buscar en su novio. Saga necesitaba abrazarla, hacerle saber que lo enfrentarían todo juntos y que no volvería a dejarla sufrir nunca más pero no quería incomodarla más. Trataba de no mirarla demasiado, intentaba incluso respirar sin hacer ruido, volverse un fantasma, alguien que no existía ahí pero que la cuidaba y velaba por ella.

Al cabo de unas horas, cuando Yuzuriha logró volver a la realidad, tal vez por el cansancio, tal vez porque se había percatado de que Saga no le haría daño alguno, se acercó a su novio despacio. Él estaba con los ojos cerrados aunque el ceño fruncido le indicaba que no se encontraba para nada relajado. Lo observó y se atrevió a acariciar sus mejillas con dos dedos, gesto que hizo que él despertara de pronto y la observara con detenimiento. Quiso besarla pero se contuvo nuevamente.

-Vamos a casa… -Saga habló casi en un murmullo y se levantó, ofreciendo ayuda a su novia para que se pusiera de pie.

Ambos salieron de la biblioteca en silencio. El mundo a su alrededor no existía más. Él tomó su mano con delicadeza mientras caminaban por el patio hasta las bicicletas para poder llevarla a casa.

No dijeron nada durante el camino, ella apoyó su mejilla en su espalda y se aferró con firmeza a su cintura. Poco a poco una hermosa sonrisa se fue formando en los labios y él se sentía ligero, lleno de vida, ya no tenía ganas de asesinar al mundo, estaba en paz y eso le agradaba.

Besó su frente mientras enredaba los dedos en su cabello para sujetarla con firmeza, como si no quisiera dejarla ir jamás. Se separó luego de unos segundos y le deseó buenas noches antes de marcharse.

-Embarazada, ¿huh? –Defteros lo miró de reojo mientras daba un sorbo a su cerveza –Metiste la pata hasta el fondo.

-No me interesa –Respondió como si no fuera nada lo cual provocó que Defteros escupiera la cerveza que tenía en la boca.

-¿Qué coño? –Limpió el líquido con el dorso de su mano -¡Es una gran responsabilidad!

-Lo sé

-Y tus padres te van a asesinar.

-Eso también lo sé.

-Y no pareces alterado… Vaya que eres cabrón y estás un poco loco –Bebió otro sorbo y cerró los ojos para concentrarse en la canción que sonaba, Eagle Fly Free de Helloween. Movía los pies rítmicamente al igual que los dedos.

-Lo sé… -Volvió a repetir con un suspiro despreocupado.

Lo cierto era que, por dentro, se estaba muriendo de pánico. Su padre iba a asesinarlo y su madre lloraría desconsoladamente, eso era seguro pero no lo preocupaba, lo que realmente lo tenía nervioso era el decírselo a los padres de Yuzuriha. Sabía que ella venía de una familia muy unida y conservadora y tener que decirles que había embarazado a su única hija, lo ponía nervioso, ansioso pero debía hacerlo ahora antes de que fuera demasiado tarde y todos lo notaran; debía tragarse su orgullo y todos sus miedos por el bien de la mujer que amaba.

Al día siguiente, Saga llegó a clase con el cabello negro, más corto de lo que lo tenía, bien vestido y con una cara de susto impresionante. Durante el almuerzo, se acercó a la rubia.

-Hablaremos con mis padres y los tuyos –Dijo en voz baja mientras se sentaba frente a ella. Estaba exaltado, parecía que se había metido alguna clase de droga porque parecía demasiado ansioso.

-De acuerdo –Tomó su mano con delicadeza y sonrió –Tranquilo.

-Estoy tranquilo –Se defendió pero luego se marchó con rapidez. Ella sonrió, le parecía adorable su comportamiento y siguió en lo suyo.

Después de la escuela, él la llevó a casa de sus padres. Si antes lo había notado nervioso, ahora lo estaba aún más. Tomaba su mano con fuerza y estaba sudado, agitado. Ambos esperaron en la sala a que sus padres llegaran.

-Saga… Me haces daño, tranquilo –Él la miró, estaba como ido.

-¿Eh? Ah… Lo siento –Dijo y se relajó un poco.

Se escucharon pasos en las escaleras, cuando ella giró, vio a los padres de Saga. Un hombre alto, muy alto, de piel clara, cabello negro alborotado igual que el de Saga y su gemelo, ojos azules. Detrás de él, una mujer bajita de piel igualmente clara pero brillantes ojos verdes, se acercó a ellos y tomó las manos de Yuzuriha antes de sentarse en el sofá frente a ellos junto a su esposo.

-Ellos son mis padres –Habló él con nerviosismo –Aspros y Sasha.

-Mucho gusto, señores –Saludó la rubia con una sonrisa.

Sin más preámbulo, Saga habló, explicó a sus padres que había embarazado a la preciosa rubia junto a él pero que se haría cargo, que la quería, que dejaría la escuela, que trabajaría en el negocio de su padre, que se esforzaría por darle a ella y a su hijo la vida que merecían. Su padre no dijo nada, se limitó a mirarlo mientras su madre le decía que no había necesidad de dejar la escuela pero Saga insistió, quería mostrarle a su familia que era capaz y al final su padre aceptó el trato.

Saga y Yuzuriha salieron de ahí pues aún debían hablar con los padres de ella. La rubia se despidió de ambos. Sasha corrió tras ambos, se acercó a Yuzuriha y colocó una bufanda roja alrededor de su cuello.

-Bienvenida a la familia –Le dijo con una sonrisa antes de volver a la casa.