Cap XV. Nueva vida

Yuzuriha sonrió y hundió el rostro en la bufanda, se sintió segura y en paz por un segundo y lo necesitaba, porque enfrentar a sus padres iba a ser difícil, muy difícil. Saga estaba más tranquilo que antes pero seguía muriéndose de miedo. Ambos entraron a la casa, la madre de Yuzuriha los recibió con un poco de té y galletas, se sentaron y esperaron a que su padre llegara a casa, lo cual ocurrió cerca de quince minutos después.

Saga respiró hondo y volvió a recitar el mismo discurso que había dicho un par de horas antes a sus padres, la expresión seria de su padre y las lágrimas de su madre decían mucho más que cualquier palabra. Saga empezó a tartamudear un poco, Yuzuriha se mantuvo en silencio pero no se atrevía a mirar a sus padres a los ojos.

-Suena a que es un buen plan, pero me temo que no va a resultar –Dijo al fin el señor Kunal con expresión seria.

-Pero mi padre ya…

-Escúcheme, jovencito –interrumpió –Por ahora será fácil, pero después verás que no lo es. Un bebé es mucha responsabilidad. No van a casarse y tú no vas a dejar la escuela. No pueden tener ese bebé.

-Con todo respeto, señor, estoy consciente de todos los pros y contras de esto pero su hija es muy importante para mí y ese bebé también lo es –Se levantó de su asiento y se postró frente a sus suegros –Sé que podré darle una buena vida a su hija y al bebé.

Kunal y Manjari, los padres de Yuzuriha la miraron, lo miraron a él y después le pidieron a ella que subiera a su habitación. Hablaron durante un largo rato con el ahora pelinegro, luego ella no pudo escuchar más nada. Se asomó por la ventana, hacía mucho frío y vio a Saga en el pórtico, tratando de calentar sus manos. Él la miró también y decidió escalar hasta su ventana. Ella lo esperó.

-Tus padres me odian pero todo irá bien, te lo prometo –Sonrió y besó a la rubia con mucha ternura –Ahora debo irme, te veré mañana, hermosa.

Él bajó y ella lo siguió con la mirada hasta que se marchó.

Pasaron algunas semanas, nadie en la escuela sabía aun la noticia aunque sí estaban extrañados por el repentino cambio en la vestimenta de Saga y su comportamiento en general, parecía más protector con Yuzuriha y siempre estaba a tiempo en todas las clases.

-Iré a tu casa ésta noche después del trabajo

-De acuerdo, te estaré esperando –Sonrió y besó a Saga, él se separó, sonrió y despeinó su cabello.

-Nos vemos más tarde, hermosa.

Ese día, iba sola de vuelta a casa. Marin estaba muy ocupada con Defteros. Los exámenes de fin de semestre estaban cerca y la habilidad matemática del moreno era para llorar, así que la pelirroja pasaba horas y horas ayudándole. Mientras caminaba por las tranquilas calles de ese lugar, admirando las casas, los pequeños comercios, dejando que el viento jugueteara con su cabello y llevara a su nariz ese delicioso aroma a playa, pensaba también en cómo iba a cambiar su vida. Tenía dos meses de embarazo, sus padres estaban molestos pero poco a poco parecían relajarse y Tokusa, su hermano, se divertía ayudándole a preparar mil y un deliciosas y extrañas invenciones para contener el hambre y antojos voraces que tenía su hermana. En eso estaba cuando chocó sin querer con otra mujer, más o menos de su estatura pero con el cabello verde.

-Lo siento mucho –Se disculpó la rubia.

-Pero mira lo que trajo el viento… -La peliverde miró a Yuzuriha de pies a cabeza con una expresión de desprecio –El nuevo juguete de Saga –Sonrió con ironía.

-¿Disculpa? Yo no te conozco, así que no tienes derecho a llamarme así –Se defendió y le hizo frente.

-Mi nombre es Shaina y debes saber que Saga es solamente mío, ya verás cómo vuelve a mí cuando se aburra de jugar contigo –Soltó una carcajada –Pobre niña tonta.

Yuzuriha la miró fijamente como retándola.

-¿Qué me ves, estúpida? –Gritó Shaina e intentó abofetearla pero la rubia la tomó por la muñeca.

-No te atrevas a tocarme. Tú y yo no somos iguales, debe ser por eso que Saga te dejó.

Las palabras de la rubia hicieron rabiar a Shaina que se soltó de mala gana e intentó volver a golpearla. Yuzuriha se defendió de nueva cuenta y ella sí logró abofetear a la peliverde que, en un arranque de furia, empujó con fuerza a la rubia que perdió el equilibrio y se fue hacia atrás, resbalando por unas escaleras.

Shaina la miró con desprecio y se marchó.

Yuzuriha sintió un dolor intenso pero no le dio importancia. Se levantó con cuidado, miró al suelo para asegurarse de que no había sangre ahí. Se sintió aliviada por eso y después volvió a casa.

Tokusa la esperaba con un nuevo invento: perros calientes con ensalada de frutas, ají picante, mostaza, tocino y un toque de crema de avellanas. Yuzuriha los devoró con una cara de felicidad que no tenía precio, era casi la misma cara de felicidad que ponía al comer helados.

-¿Te gustó? –Preguntó el curioso rubio

-Delicioso, hermanito –Respondió con una enorme sonrisa mientras alcanzaba otro delicioso "perro caliente arcoíris" como lo había bautizado Tokusa.

-¡Ah, sabía que te gustarían! –Se sintió orgulloso de su experimento y decidió que seguiría haciéndolo hasta que su pequeño sobrino o sobrina llegara al mundo.

Unas semanas después ella se había sentido bien, Saga la visitaba por las noches después del trabajo, Marin y Defteros se la pasaban casi todo el tiempo juntos pero intentaban visitarla por las tardes o por las noches junto con Saga.

-Los odio –Se quejó Yuzuriha –Apenas tienen tiempo para mí desde que son pareja.

-No es verdad –Se defendió Marin –Estamos contigo siempre.

-Mentira, hace dos semanas que apenas te veo.

-Entonces culpa a Defteros y su inhabilidad para contar –La pelirroja miró al moreno de reojo.

-No es culpa mía, soy bueno para todo pero los números me dan dolor de cabeza –Explicó Defteros mientras se rascaba la oreja derecha con el meñique como si no tuviera importancia.

Ambas sonrieron.

-¿Y ya sabes cómo vas a llamar al renacuajo? –Preguntó con curiosidad mientras le miraba la barriga.

-Aún no lo sabemos.

-Si es niño, puedes llamarlo Defteros –Dijo con una sonrisa bonachona que dejaba ver sus colmillos –Si es niña, puedes llamarla Marin –Quiso mantenerse serio pero soltó una estruendosa carcajada que contagió a las dos chicas.

Yo era feliz, esos momentos hacían que todo valiera la pena. Tenía a mi lado buenos amigos y a un buen hombre. Yo era feliz… Y hubiera dado todo porque esa felicidad no acabara jamás.