Cap XVI. Pérdidas.
Llegaron las fiestas decembrinas. Luego de todo el alboroto que había pasado durante los meses pasados, por fin tenían algo de paz. Las cosas parecían irse arreglando y cayendo en su lugar aunque Saga ahora trabajaba tiempo completo y no podía visitarla tan a menudo pero la llamaba todas las noches si no podía verla pero Navidad estaba cerca y él tenía planes especiales para ella.
Yuzuriha no le había contado nada de su feo encuentro con su ex novia ni de su caída, de todos modos ella se había sentido bien y no había sangrado por lo que eso, según leyó en la internet, era buena señal. Aceptó feliz la propuesta de Saga para salir el día de Navidad. Lo extrañaba mucho pero no quería decírselo, sabía que se esforzaba mucho para tener dinero y darle una buena vida a ella y al bebé.
Él fue por ella esa tarde. Estaba muy guapo. Llevaba unos jeans negros, tenis del mismo color pero con la suela blanca, una camisa a cuadros roja con negro y una chamarra de cuero, llevaba también una bufanda negra. Su colonia era dulce, de esas que se te quedan para siempre grabadas en la nariz y jamás dejas de asociar con la persona que la usa. Sus labios estaban sonrosados y olían a hierbabuena por su dentífrico.
-Estás preciosa –Le dijo al verla y la besó despacio. Después se inclinó un poco y acarició su barriga –Hola bebé, soy papá. Vas a divertirte mucho ésta noche.
Ella lo miró con ternura y sonrió.
Él la tomó de la mano y la hizo darse vuelta para admirar su ropa y su bonita figura. Ella llevaba unos jeans negros también, un poco más ajustados que los de él, unos zapatos bajos de color negro, un abrigo y la bufanda que Sasha, la madre de Saga, había tejido para ella. Llevaba el cabello perfectamente recogido en una cola de caballo.
-Tengo gusto a menta por tu culpa –Le dijo con una sonrisa mientras la tomaba por la cintura y volvía a besarla.
Yuzuriha podía quedarse a besarlo la vida entera si pudiera pero también tenía ganas de salir con él así que tuvo que hacer uso de toda su capacidad para romper el beso y pedirle que siguieran con su cita. Él aceptó con un suspiro largo pero sonrió después, la tomó de la mano y empezaron la caminata.
El lugar era pequeño, todos se conocían o eso parecía. Llegaron al centro de la ciudad en donde había adornos navideños por doquier, muchas familias jugaban, varios carritos con comida estaban alrededor del parque, se respiraba un delicioso aroma a castañas, mezcladas con el del mar. Había mucha paz y tranquilidad, ella estaba feliz y a su lado, caminaba un hombre extraordinario que la hacía aún más feliz.
-Saga… -Ella se detuvo y sujetó la mano de él con ambas manos, las apretó con delicadeza –Saga yo quería decirte que… -Hizo una mueca.
-¿Sí...?
-Espera… -Apretó la mano de Saga con fuerza, hizo una mueca y después miró hacia abajo, había sentido algo recorrer sus piernas pero al bajar la mirada, notó que sus pies tenían sangre.
-¿Estás bien…? –Él parecía asustado.
-Duele… -Dijo antes de llevarse las manos al vientre y caer de rodillas, tratando de no gritar ni desmayarse.
-¡Ayuda! –Gritó Saga con desesperación -¡Ayuda! –Volvió a gritar y una pareja los ayudó. Yuzuriha sudaba y no podía levantarse, así que la llevó en brazos hasta el auto de la pareja.
Saga bajó del auto a toda velocidad, en el camino había llamado a los padres de Yuzuriha, por lo que ya estaban ahí cuando llegaron. Ella sudaba, tenía dolor y apenas podía hablar. Saga agradeció a la pareja, intentó darles algo de dinero pero ellos no aceptaron, solamente le dieron sus buenos deseos antes de marcharse.
Él tenía una expresión de horror en el rostro, estaba preocupado, miró a Yuzu, a su familia y luego echó a correr con desesperación lejos del hospital.
Cuando Yuzuriha abrió los ojos, se llevó las manos al vientre y buscó a Saga con la mirada.
-Mamá… Papá… ¿Qué sucedió? –Preguntó aún adormilada.
-Hija… -Su madre intentó hablar pero no lo logró.
-¿Qué sucedió? ¿Y el bebé? ¿En dónde está Saga? –Preguntó de nuevo.
-Saga se fue corriendo apenas te vio entrar al hospital, no ha venido –Dijo su padre con seriedad –Y el bebé…
Yuzuriha negó con insistencia y se llevó las manos a la boca mientras grandes lágrimas abandonaban sus ojos.
-Lo siento mucho, Zuri… -Su padre besó su frente. No sabía cómo animar a su pequeña.
Se quedaron un buen rato en el hospital llenando papeles para que ella pudiera irse a casa. Salieron casi a media noche, ella caminaba lento, Tokusa le ayudaba, él estaba triste también pero quería mostrarse fuerte para ella. Su madre iba al otro lado, abrazando a su hija.
El auto estaba listo, Yuzuriha se sentía destrozada por dentro y por fuera. Saga que había estado tan amable unas horas antes, ahora no estaba, su bebé tampoco estaba y ella solamente tenía ganas de llorar, gritar y no salir de su habitación jamás. Se escucharon unos pasos en el asfalto, los cuatro levantaron la mirada y ahí estaba él, corriendo hacia el hospital.
Se plantó frente a ella, apenas podía respirar, sus mejillas estaban rojas, tuvo que esperar unos segundos antes de poder hablar.
-¿Cómo estás, hermosa? ¿Y el bebé? –Habló entre jadeos –Cuando vi que estabas mal y escuché a los médicos, perdón. Tuve que correr a la capilla, necesitaba rezar porque no podía pensar que no estuvieras conmigo o que al bebé le sucediera algo… -Sus ojos estaban enrojecidos.
-El bebé… El bebé ya no… Fue porque me caí, el bebé…
-No digas nada, no digas nada más –Abrazó a Yuzuriha con fuerza –Lo siento…
-Es tarde, vámonos –Dijo su padre. Saga la acompañó y esperó a que se marcharan. Luego él se fue a dar un paseo. Compró un cigarrillo, lo encendió y caminó por el pueblo, tratando de no pensar. Pasó la noche en vela. Acababa de hacer una llamada a Defteros para que se encargara del problema.
Marin y él habían rastreado a Shaina, ella había intentado golpear a la pelirroja pero un izquierdazo de ella había sido suficiente para que cerrara la boca.
-Lastimaste a mi amiga, perdió a su bebé por culpa tuya… -Resistió el impulso de usar todo su arsenal de palabrotas en ella.
Deuteros quería hacerle daño también pero no podía, así que se limitó a sujetar a Shaina con fuerza.
-¡No puedes hacerme esto, perra! –Gritó Shaina con furia.
-Claro que puedo y lo haré –Marin tiró de los verdes cabellos de la chica y empezó a cortar mechones sin cuidado. Claro, cortar su preciosa cabellera verde no compensaba un bebé pero sabía que eso le dolería. Shaina se retorcía entre los brazos de Defteros lo cuál simplemente hacía que los cortes fueran irregulares.
La pelirroja se tragó sus lágrimas, vengarse así era lo menos que podía hacer por el honor de su mejor amiga.
Al día siguiente, por la noche, Saga fue a verla a su casa. Le pidió que lo acompañara. Caminaron lento, al ritmo de ella, la sujetaba con firmeza. No dijeron nada en todo el camino. Ella estaba cansada pero quería estar con su Saga, era lo único que necesitaba. Llegaron al lugar en donde él había plantado las flores que le había llevado a la rubia cuando se encontraron por primera vez.
Él sacó de su bolsillo unos guantes diminutos.
-Yuzu… Quiero que me prometas que vendremos aquí cada veinticuatro de diciembre para estar con nuestro bebé…
-Lo haremos. Te lo prometo.
Ambos colocaron los pequeños guantes en la jardinera y dijeron una oración.
-Te amo, Saga… -Dijo ella y lo besó.
Él correspondió el beso, pero fue incapaz decir nada más
