Cap XVII. Broken

Marin y Defteros mantuvieron su "pequeña travesura" en secreto. Pasaron la mayor cantidad de tiempo con ella, Saga había estado desaparecido, Yuzuriha actuaba como si nada sucediera pero por dentro se sentía destrozada, lo necesitaba más que nunca y él se había esfumado, se había esfumado al grado de que ni siquiera su inseparable primo sabía en dónde estaba pues no se veían tanto como antes. Marin sabía que Yuzuriha no estaba bien pero no pensaba hablar de eso frente a Defteros.

-Yuzuriha, ¿crees que a tus padres les importe si bebo un poco? –Ambas lo miraron con incredulidad.

-Eres un alcohólico, ¿sabías? –Marin lo miró con severidad, no le gustaba para nada que siempre quisiera beber.

-Oh, vamos, no lo soy. Me gusta la cerveza, eso es todo. No soy un alcohólico –Trató de defenderse, sonrió y abrazó a Marin pero ella lo rechazó.

-Te quiero mucho, grandote, pero tu forma de beber me preocupa, eres joven, no puedes seguir bebiendo así. Tienes un problema.

-No tengo ningún problema, Marin… -Miró a su novia y después a Yuzuriha como si quisiera algo de apoyo.

-Lo tienes, Defteros. Bebes como si fuera agua, quieres hacerlo todo el día a todas horas. Me preocupas.

-¡No tengo…! –El moreno intentó calmarse y bajó la voz al notar el respingo que dio la rubia –No tengo ningún problema…

-Defteros… No puedo seguir así. Te quiero, grandote, pero no puedo seguir así. Lo siento mucho…

-¿De qué hablas? Marin… -Miró a su novia con confusión –Marin no…

-Lo siento…

-Escuchen los dos –Interrumpió Yuzuriha –Los dos se quieren, Defteros, tú tienes un problema y Marin te quiere lo suficiente para decírtelo. Hazle caso. Ella es como mi hermana y te adora… Ella te adora y te quiere ver bien… No la hagas sufrir. Ella lo es todo para mí y no quiero verla sufrir –Pronunció cada palabra con calma, quería llorar pero no se lo iba a permitir, no podía llorar. No podía derrumbarse.

-Yuzu…

-Cierra la boca, Marin. Ven aquí, tú también Defteros –Ambos se acercaron, ella tomó sus manos y las unió –Los quiero mucho a los dos… No peleen más, por favor… Los quiero mucho.

Marin y Defteros se miraron y se sonrieron pero haría falta más que eso para que el problema se solucionara, aun así, por ahora, estaban bien y aun si no fuera así, debían fingir por el bien de Yuzuriha.

Marin prometió visitarla sola en un par de días, necesitaba hablar con ella y darle su apoyo total sin interrupciones del moreno y eso alegró un poco a la rubia, pero lo cierto era que se sentía angustiada. Una parte de ella no podía dejar de culparse porque había perdido al bebé y Saga estaba muy emocionado por tener una familia con ella, y ella no mentiría, también estaba feliz a pesar de todas las responsabilidades que traería el bebé y que podrían ser demasiadas para alguien joven como ellos. Varias veces se sorprendió a si misma acariciando su vientre o hablándole al bebé y sentía un enorme vacío en su interior al recordar que el pequeño ya no estaba ahí.

Tokusa estaba triste también pero intentaba poner su mejor cara para no hacer llorar a su hermana. Le preparó un delicioso y supremo banana split a los dos días de la tragedia, después le preparó tacos de crema de avellanas, las comidas extrañas no pararon pero dejaron de ser tan extremas.

Una noche, decidieron mirar una película juntos. Yuzuriha trataba de estar sonriente y animada con toda su fuerza, cuando sus padres le preguntaban por Saga, ella decía que estaba muy ocupado con el trabajo y que tardaría algún tiempo en ir a visitarla. Tokusa sabía que su hermana estaba mal, estaba triste y quería romperle la cara a ese "peliazul engreído con cara de estar siempre oliendo mierda" pero trataba de controlarse.

-Aquí tenemos té caliente, galletitas y una manta –Dijo Yuzuriha mientras se sentaba -¿Tienes la película?

-Claro que sí –Tokusa fingió estar dolido por su comentario. Presionó el botón de reproducir y se sentó junto a su hermana.

Ambos bebieron el té y comieron galletas mientras miraban la película, hacían comentarios, Tokusa dijo algunos chistes y Yuzuriha rió pero de pronto, no hubo más que silencio. El rubio creyó que su hermanita se había dormido, él sabía que había tenido insomnio desde el incidente así que no le sorprendía que el cansancio la hubiese vencido. Se inclinó un poco para asegurarse de que su hermana estaba dormida pero lo que presenció le hizo pedazos el alma.

Él siempre había admirado su fortaleza, pocas veces lloraba, siempre tenía una sonrisa en los labios, aunque fuera muy pequeña, casi imperceptible, sus ojos brillaban de forma impresionante, siempre parecía estar llena de vida pero esa noche la vio llorar de una forma que jamás había creído posible. No salía ningún sonido de sus labios pero sus hombros se movían de arriba abajo con pequeños temblores, tenía el rostro oculto tras la manta pero él sabía que lloraba.

-Yuzu… Hermanita, ¿estás bien? –Se acercó un poco, no sabía qué hacer pero colocó la mano en su hombro izquierdo –Hermanita, ¿qué sucedió? No llores, por favor… No llores…

-Estoy bien –Respondió ella –Estoy bien… -Repitió.

-No lo estás… Yuzu, dime qué sucede… -Tokusa apartó la manta de su rostro y vio los ojos enrojecidos de su hermana.

-Estoy bien… -Volvió a decir entre sollozos.

Tokusa no dijo más nada y la abrazó. Al principio, ella no hizo nada pero unos segundos después, la hermosa mujer a su lado rompió en llanto. Lo abrazó con fuerza y escondió el rostro en su hombro. Él acarició su espalda y no dijo nada más, solamente trató de estar ahí para ella.

-Lo extraño –Dijo entre sollozos –Y no está, no sé qué le hice… Se fue…

-No se fue… Debe estar lidiando con la pérdida a su manera… -Tokusa intentó justificar la ausencia de Saga, aunque aquello le daba más motivos para partirle la cara –También era su bebé, fue un duro golpe para todos…

-Quería protegerlo y no pude…

-Yuzu, escucha –Tokusa tomó el rostro de su hermana entre sus manos y la miró fijamente –No fue tu culpa, lo amaste mucho mientras estuvo contigo, fue un bebé muy feliz, de eso estoy seguro. Los dos quisieron mucho a ese pequeño. Hiciste lo que pudiste, hermanita. No te culpes.

-Pero por no protegerlo, Saga se fue…

-Cómo te dije antes, no fue culpa tuya. Él debe estar lidiando con esto a su manera, tal vez no quiere que lo veas triste… Tranquila –Volvió a abrazarla con fuerza y la dejó llorar cuanto quiso.

Yuzuriha lloró y lloró. Se sentía estúpida, se sentía débil. Todo lo que había estado reprimiendo dentro de ella, salió en ese instante. El sentir su cuerpo sucio después del incidente con aquellos vándalos, el tener que tragarse los insultos por parte de algunas personas que habían conseguido su número de móvil, el lidiar con la pérdida del bebé, lidiar también con la pérdida de Saga, el distanciamiento con Marin. Se sentía sola, abandonada a pesar de saber que no era así. Le daba vergüenza mirar su cuerpo desnudo pues eso le traía recuerdos de aquella horrible noche. Se centraba en estudiar y leer aunque aún estuvieran de vacaciones, hacía cualquier cosa pero en ese momento no pudo contenerlo más.

Luego de un par de horas se quedó dormida en el sofá, Tokusa la llevó en brazos a su habitación y se quedó con ella la noche entera. La miró con impotencia y acarició su mejilla con suavidad.

-Descansa, hermanita… -Murmuró y besó su frente.

El dolor había empezado a consumirme. Yo no tenía idea, pero ese momento era solamente el principio de una intensa ola de dolor que me destruiría entera.