Cap XVIII. Promesas rotas
-Saga dará una fiesta en su casa el próximo viernes –Dijo Marin de pronto -¿Quieres venir?
-No sé si sea una buena idea –Respondió Yuzuriha –Si no me invitó es por algo.
-Vamos, no pasará nada. Estarás conmigo. Serás nuestra invitada –Insistió la pelirroja.
-Marin… No lo sé… -El simple hecho de estar en el mismo lugar que Saga le causaba escalofríos y un ligero temblor llegó a sus manos.
-Será solamente un rato. Anda, di que sí.
Yuzuriha aceptó a regañadientes. No se sentía bien pero no quería rechazar la invitación. Ella no había comentado con Marin nada acerca de su colapso pues, a decir verdad, le daba vergüenza que lo supiera. Sí, eran como hermanas pero Yuzuriha a veces no quería compartir ciertos eventos con la pelirroja por miedo a ser juzgada. Por su parte, Marin trató de no hablarle de nada relacionado con Defteros pues las cosas entre ellos iban bastante mal debido a los problemas con la bebida que tenía el moreno. Intentaban llevar la fiesta en paz pero no siempre resultaba y las discusiones se habían vuelto más y más constantes, al grado de que tenían varios días sin verse, aun así, él la llamó para invitarla a la fiesta.
El viernes llegó al fin y ambas caminaron hasta la casa de Saga, sería la primera vez que Yuzuriha lo viera desde que perdió al bebé, así que estaba nerviosa. Marin trató de calmarla pero fue inútil, el rostro de la rubia iba de un pálido enfermo a un rojo intenso cada par de minutos y las manos le sudaban mucho.
-Tranquila, por favor. Mantén la calma que todo irá bien –Le dijo la pelirroja con seguridad.
-Lo intento, en serio lo hago –respondió la rubia en voz baja.
Marin tocó el timbre y esperaron. Ambas esperaban que el moreno las recibiera pero en su lugar, era Saga el que estaba ahí, de pie frente a ellas.
-Vaya, vinieron –dijo él como si nada. Miró a Marin, luego a Yuzuriha, sonrió y las invitó a pasar.
La rubia sintió que el alma se le iba al suelo. Era Saga sin duda alguna pero había algo diferente. Sí, había vuelto al cabello azul y al viejo estilo de antes pero también su actitud era diferente. Ella esperaba un beso, un abrazo, sorpresa, algo, cualquier cosa pero no un recibimiento tan indiferente.
Subieron a la habitación del peliazul en dónde ya se encontraba Defteros bebiendo rodeado de varios chicos y chicas vestidos de forma similar a los primos, con playeras de grupos de heavy metal, accesorios varios, cabellos de diferentes largos y colores, con latas de cerveza o cigarrillos. Yuzuriha se sintió fuera de lugar y Marin tenía una cara de molestia que era imposible de ocultar. Sonaba Strange Wings de Savatage a un volumen bastante alto por lo que no escucharon a Saga llegar tras ellas, Yuzuriha dio un respingo cuando el peliazul le pidió amablemente que lo dejara pasar.
-¡Más cerveza! –Gritó Saga y luego rió a carcajadas mientras repartía las latas frías entre los invitados.
-¡Ya era hora, cabrón! –Gritó Defteros felizmente y tomó una de las latas aunque aún no se había acabado la que tenía abierta -¡Salud, hijos de puta! –Abrió la lata nueva y la llevó a su boca al mismo tiempo que la otra.
El rostro de Marin estaba inexpresivo, Defteros no había notado la presencia de su novia y ella no despegaba los ojos de él. Su sangre ardía de coraje.
-¿Quieres irte ya? –Preguntó Yuzuriha en un murmullo.
-No, aún no –Respondió Marin y entró a la habitación, sentándose junto al moreno –Veo que te diviertes.
Al verla, Defteros escupió la cerveza, mojando el cabello de una de las chicas que se habían apurado a sentarse junto a Saga.
-¡Marin!
-Sí, Marin –Dijo ella fríamente.
Defteros se limpió lo mejor que pudo pero se notaba que estaba ya algo mareado.
-No más cerveza para el colmilludo –Agregó Saga con una sonrisa y volvió a su plática con las chicas que estaban ahí, ignorando a Yuzuriha.
Eso le había dolido más y se dispuso a marcharse pero Marin la llamó y la invitó a sentarse con Defteros y ella, de alguna forma, eso serviría para que el desacuerdo entre ella y Defteros no terminase en batalla campal y para que la rubia no se sintiera sola y fuera de lugar.
Las canciones del género no dejaron de sonar. Una tras otra, canciones de Savatage, Iron Maiden, Riot, Anthrax, Nuclear Assault, Helloween, Warcry, Dream Theater, entre otros, crearon el ambiente para la reunión. Las horas pasaron y las cervezas también.
-¡Estoy harto ya! –Gritó Defteros -¡Quiero beber y no me dejas!
-¡Porque no lo controlas! –Se defendió Marin.
-Chicos, deberían ir a otro lugar a hablarlo tranquilamente –Pidió Yuzuriha tratando de hacerlos entrar en razón.
-No te metas –Intervino una cuarta voz –Déjalos pelear –Yuzuriha no podía creer que Saga le hablara de esa forma pero lo que menos podía creer era que las dos chicas a su lado, le festejaran la falta de respeto.
Marin salió hecha una furia de la habitación con Defteros tras ella y la rubia se quedó sola e incómoda entre chicos borrachos, Saga y esas dos chicas que no dejaban en paz al peliazul.
-¡Es que no lo entiendes, Defteros! –Marin ya había perdido la paciencia.
-¿¡Qué es lo que no entiendo?!
-¡Te haces daño con eso!
-¡Estás loca, Marin! ¡No pasa nada! ¡Es diversión! –Defteros intentaba defenderse y defender su gusto por el amargo líquido.
-¡Es diversión cuando es una o dos, no cuando ingieres seis cervezas en menos de media hora! –Gritó Marin de nueva cuenta, quería golpearlo pero eso ya sería cruzar la línea.
-¡Pues así me conociste!
-¡Claro que no! ¡Y de haber sabido que bebías como camionero, jamás hubiera aceptado salir contigo!
Defteros miró a la pelirroja con cara de angustia, sus colmillos sobresalían y respiraba agitado. Ella lo miró con decepción y suspiró.
-Se acabó, Defteros. Lo nuestro terminó –Dijo con decisión.
Él quería explotar y decirle que no se fuera pero prefirió callarse. Marin pasó a su lado sin verlo y subió por Yuzuriha para irse a casa.
-Yuzu, vamos a casa, es tarde –Dijo la pelirroja en voz baja.
-De acuerdo, vámonos ya –La rubia regresó por sus cosas y en ese instante, Saga tomó su mano.
-Yo la llevaré a casa, Marin. Después de todo tenemos mucho de qué hablar.
-¿Seguro? –Preguntó ella con algo de duda –No quiero que solamente le llames un taxi porque te dio pereza acompañarla.
-Confía en mí, la llevaré a casa.
Marin miró a Yuzuriha con algo de duda pero la rubia le hizo un gesto para que se fuera tranquila. Marin se marchó y unos minutos después subió Defteros que de inmediato abrió otra cerveza y empezó a beber.
Eran alrededor de la una de la madrugada cuando Yuzuriha abrió los ojos porque había sentido que alguien estaba encima suyo y la besaba. Se le encogió el corazón al ver que era Defteros quien la besaba, lo empujó con fuerza y corrió al baño a lavarse la boca.
Si no era suficiente con todo lo que había vivido en esos últimos meses, ahora también debía ingeniárselas para decirle a Marin que su novio la había besado. Claro, él estaba que se caía de borracho, pero aun así no había justificación alguna para tal acto. Ella volvió a la habitación y se quedó petrificada en la puerta.
Saga estaba en su cama con una de las chicas, se besaban con bastante lujuria. Él miró a Yuzuriha, sonrió y volvió a lo que hacía. Ella recogió sus cosas, pisó a dos o tres chicos y corrió fuera de ahí. Tropezó con Kanon que llegaba de una fiesta también pero no se detuvo. El gemelo notó las lágrimas en el rostro de su cuñada pero no tuvo tiempo de preguntar nada pues ella no se detuvo.
Y así, corriendo hacia su casa a mitad de la noche mientras lloraba, fue cuando supo lo que dolía un corazón roto; un alma rota.
