Cap XX. Final

Durante las primeras semanas de clases, Yuzuriha vio a Defteros en varias ocasiones pero no a Saga, se preocupó pero no se atrevió a preguntarle al moreno por el paradero de su primo. En su lugar, decidió ir a buscarlo una tarde a su casa; cuando llegó fue Kanon quien la atendió.

-Hola, Kanon, ¿está tu hermano? –Preguntó un poco nerviosa.

-No, Yuzuriha –Respondió el ojiazul –Saga no está, debió salir con Defteros a hacer desmanes por ahí. Ya sabes cómo son.

-Oh… Entiendo, sí. Bueno, supongo que le llamaré más tarde –Dijo ella tratando de disimular su decepción.

-Mejor no le llames –Kanon la miró con seriedad –Espera a que él lo haga.

-Sí, creo que tienes razón –Sintió un gran vacío en el estómago –Muchas gracias –Se despidió y se marchó de ahí a paso veloz.

Un par de días después Saga la encontró en los pasillos de la escuela y con un gesto, la invitó a seguirlo. Ella lo hizo, caminó con cautela, tratando de no verse emocionada ni de ninguna forma que la delatara. Él la guió hasta la biblioteca. Se quedaron en silencio un largo rato.

-Ya no quiero verte más –Dijo él mirándola a los ojos.

-¿Qué? –Yuzuriha no pudo evitar su sorpresa por las repentinas palabras del peliazul -¿Por qué?

-Me di cuenta que quiero jugar con otras chicas –Respondió como si fuese lo más normal del mundo.

-Saga, no…

-No me seas, Yuzuriha –Interrumpió –Lo nuestro se acabó. No te quiero –La expresión en el rostro de Saga era ilegible. Era como si de pronto se hubiera convertido en una roca.

Ella no dijo nada más, se quitó el anillo y se lo arrojó a la cabeza antes de salir de la biblioteca a toda velocidad, se sentía traicionada. Aun así, esa tarde le envió un texto "quisiera verte mañana en la biblioteca" pero al otro día, no se apareció, así que le llamó y le dejó un mensaje de voz pidiéndole que se encontraran, necesitaba una explicación pero no hubo respuesta. Decidió enviarle un último texto "Te esperaré en tu lugar favorito, si no llegas, me daré por vencida para siempre."

Llegó al pequeño prado junto al río y esperó pacientemente, repasando en su cabeza lo que quería decirle y lo que quería preguntarle. Escuchó una bicicleta acercarse y al girarse se dio cuenta que era él, así que corrió a su encuentro.

-¡No te acerques! –Gritó desde su lugar.

-Saga… -Yuzuriha se detuvo y lo miró con incredulidad.

-Tú y yo nunca fuimos nada y ahora no somos más que extraños –Continuó él desde su lugar –Cada uno seguirá con su vida como si jamás nos hubiésemos conocido –Al terminar, le lanzó el anillo y se marchó sin mirar atrás.

Pasaron varias semanas y Yuzuriha parecía estar mejor. Volvió a tener el promedio más alto de la clase y dejó de llamar tanto la atención como hacía antes, aunque el club de fans de Yuzuriha y Marin no desapareció. Las dos llevaban una vida tranquila, como antes y eso a ambas les gustaba.

Para no perder la costumbre, habría otro festival pronto para relajar a los alumnos antes de la temporada de exámenes, una vez más, el grupo de Yuzuriha y Marin estarían a cargo de la comida y volverían a vestirse como maids. Obviamente, eso trajo todos los recuerdos de vuelta a la rubia como una cascada pero se tragó sus sentimientos lo mejor que pudo.

Llegaron rumores de que Black Leather la banda de los famosos primos, volvería a tocar y sus nuevas novias estarían ahí para apoyarlos. Aquel chisme llegó en cuestión de minutos a las dos que tuvieron que esconder el dolor que aquello les causaba.

El día del festival llegó. Ambas habían hecho hasta lo imposible por evitar cruzarse con cualquiera de los peliazules y lo habían logrado o eso era lo que les gustaba pensar.

-¡Bienvenidos! –Saludaban las dos cada vez que hombres y mujeres se acercaban al salón de clases que ahora parecía una cafetería.

Los varones no podían borrar las sonrisas de sus rostros o el sonrojo en sus mejillas cuando las hermosas maids les sonreían o los miraban con amabilidad. Yuzuriha hizo una pequeña reverencia para recibir a unos chicos, cuando se levantó dio un pequeño respingo.

Como en cámara lenta, ella alzó la vista y vio acercarse a Saga, con ese caminar imponente y elegante. No llevaba el saco del uniforme, tenía la camisa arremangada, las manos metidas en los bolsillos del pantalón, la corbata floja. Defteros caminaba a su lado, con ese andar fuerte y firme, sin corbata, con la camisa desabotonada hasta casi el abdomen. Ninguno la miraba. Ella no pudo apartar la mirada de Saga y su corazón se detuvo cuando ambos pasaron a su lado y ninguno la miró.

Si terminar una relación es tan doloroso, entonces no quiero volver a enamorarme jamás.

El rumor de la banda y las novias resultó ser falso. No tocaron pero eso a ella no le importó. Cuando llegó a casa, abrió el cajón de su cómoda, miró el anillo que aún llevaba en el dedo anular izquierdo, luego miró la foto que los cuatro se habían tomado durante el festival de otoño, cerró los ojos y se quitó el anillo, guardándolo en el cajón al igual que la foto. Cerró el cajón y no volvió a abrirlo.

Marin había tenido un encuentro similar con el moreno pero no se lo comentó a Yuzuriha, a decir verdad, ninguna había comentado a la otra sobre eso. Se habían limitado a hacer tareas, estudiar y empezar la búsqueda de universidades. Yuzuriha aún no sabía qué carrera elegiría, era una decisión importante, así que quería meditarla lo más posible, por otro lado, Marin ya había decidido que estudiaría educación infantil en una universidad casi del otro lado del país, así que esos serían sus últimos meses con la rubia, a no ser que ocurriese un milagro y Yuzuriha decidiera estudiar algo en esa misma universidad.

Ambas buscaron tutoría para el examen de admisión que se acercaba. Eran muy inteligentes pero sabían que necesitarían ayuda extra si querían tener más oportunidad de aprobar el examen con buena puntuación. Iban a tutorías todos los días después de clases. Terminaban agotadas pero por lo menos mantenían la mente ocupada para no pensar en los peliazules aunque, al llegar la noche, las dos recordaban todo lo que habían luchado tanto por retener.

Una noche, después de la tutoría, caminó hasta su casa. Se había despedido de su amiga justo en el portón de la escuela. La graduación estaba cerca y la partida sería inminente. Se quedara en esa universidad o no, de todos modos, dejaría el pueblo. Tocó el timbre.

-Marin –Dijo él al verla y la abrazó –Gracias por venir.

Ella se separó apenas para mirarlo y volvió a abrazarlo.

-No sé si pueda verte después, por eso vine ahora –Habló aun aferrándose a él.

-Lo sé… -Él apoyó el mentón en la cabeza de la pelirroja para luego hundir el rostro en sus cabellos.

-Tienes que cuidarte. No estaré aquí para ayudarte, lo intentaré pero tienes que cuidarte en mi ausencia –Pidió ella.

Se quedaron así un rato, abrazados. Ninguno quería despedirse. Faltaban un par de meses para la graduación, solamente unas semanas para los exámenes de admisión, aun así, aunque el tiempo se les venía encima, no querían despedirse.

-Vete a casa –Dijo él separándose un poco de ella –Me cuidaré y esperaré a que vuelvas. Tendrás mucho que contarme –Él sonrió pero sus ojos no lo hicieron. Estaba triste, deprimido.

-Prometo llamarte pronto –Ella lo soltó y dio un paso hacia atrás.

-Te quiero mucho, pelirroja –Besó su mejilla y se separó de ella.

-Te quiero mucho, Saga –Ella volvió a abrazarlo y se marchó.