Cap XXII. Dejarte ir.

Los resultados de los exámenes llegaron casi dos semanas antes de la graduación. Como era de esperarse, Marin entró sin problemas a la universidad que quería. Yuzuriha no entró en esa universidad pero sí en la universidad del estado que estaba a varias horas de distancia del pueblo y la obligarían a mudarse pero no le importaba demasiado, a decir verdad, se sentía aliviada pues habría tierra de por medio entre ella y sus recuerdos. Kanon entró sin problemas a Biología Marina. Las mujeres tenían sentimientos encontrados respecto a lo que ahora les deparaba el futuro. Estaban felices, claro estaba, habían logrado uno de sus objetivos a corto plazo pero también significaba que no se verían tan seguido, que tal vez perderían contacto y que no estarían para la otra como solía ser siempre.

La noticia había golpeado a la rubia mucho más de lo que hubiera deseado, así que se recluyó en ella misma como no había hecho en años. Salió de su casa al atardecer, hacía algo de frío así que tomó la bufanda que la madre de Saga le había regalado, se la puso y caminó hasta una colina a la que alguna vez había ido con Saga. Claro, aquél lugar le llenaba la mente de recuerdos pero no tenía otro lugar a donde ir, un espacio donde se sintiera de verdad sola para lidiar con sus pensamientos. Subió despacio, sujetó con fuerza la bufanda con la mano derecha y con la izquierda cerró su abrigo. Le costó algo de trabajo mantener los ojos abiertos por el viento pero al final llegó a la cima. Había un gran árbol, se sentó con la espalda recargada en el tronco, abrazó las piernas contra su pecho y escondió los labios y la nariz tras la bufanda. Tenía una vista hermosa del mar y del pueblo entero. Las olas rompían contra las rocas creando una melodía suave, llena de melancolía.

-Eres tú… -Le había dicho ella la última vez que hablaron –Siempre fuiste tú –repitió tratando de contener las lágrimas y hacerle entender que lo amaba.

-No. No soy yo. –Cada palabra salió con claridad, con pausa, como si ahora fuese él quien deseaba hacerle entender –Nunca fui yo.

-No digas mentiras –Repitió ella al borde del llanto –Lo que vivimos no fue coincidencia, lo sabes.

-Ya basta –Cortó de tajo –La vida sigue. Si crees que encontraste en mí el amor y que yo era perfecto, no quiero ni imaginar lo que será cuando conozcas a quien de verdad lo sea –Sus ojos parecían vacíos.

-Saga…

-Las relaciones nacen, se desarrollan y mueren y la nuestra está muerta –Dijo con frialdad.

-No digas eso, yo te amo…

-Basta ya, Yuzuriha. Lo nuestro se acabó y no quiero volver contigo. Ni ahora ni después. Nosotros nunca fuimos nada. Se terminó. Si pudiese borrarte de mi memoria, lo haría… –Y cortó la llamada.

Ella apretó los ojos y sacudió la cabeza negando con insistencia como si quisiera mandar a volar sus palabras. No lo entendía, no sabía cómo había ocurrido todo aquello y le dolía. "No soy yo. Nunca fui yo." Aquellas palabras taladraban sus recuerdos sin control, era como si la apuñalaran una y otra vez.

Yuzuriha trató de borrar esos recuerdos de su mente pero le resultaba imposible, era como intentar borrar su propia identidad. Se sentía inútil, muy débil y no tenía con quien hablarlo. Estaba ahí sentada, sola, esperando que el viento se llevara todos esos malos recuerdos, que arrancara a Saga de su mente, de su corazón, de su alma. Pasó varias horas ahí, tratando de no pensar en nada pero no lo logró. Recordó con precisión la suavidad de los labios de Saga, el ligero olor a tabaco que desprendía su cabello, lo tersa que era la piel de su rostro, la profundidad de sus ojos verdes que reflejaban los suyos, la forma perfecta en la que sus manos encajaban, lo bien que se sentía estar a su lado, lo perfecto que era. Las lágrimas se le escaparon de los ojos, su nariz enrojeció al igual que sus mejillas. Estaba molesta, estaba triste. Anocheció y bajó lentamente de la colina. Estar sola con su soledad no le había servido de mucho, tal vez incluso la había perjudicado un poco.

Al llegar a casa, tuvo una cena tranquila con su familia, ellos no preguntaron mucho y ella no habló demasiado. Le deseó buenas noches a sus padres y a Tokusa y subió a su habitación. Se duchó, se puso el pijama y se fue a la cama. Al día siguiente tenía mucho que hacer en la escuela.

Se encontró con Marin a la hora del almuerzo. Ambas se habían evitado durante varios días pero se acercaba la graduación y por ende, también la amarga despedida. Comieron en silencio un buen rato hasta que Marin rompió el silencio.

-¿Me ayudarás a empacar? –preguntó sin alzar la vista de su medio emparedado.

-Claro que sí –respondió Yuzuriha sin dudarlo –No deberías preguntarlo.

-Hace tanto que no hablamos como antes, que honestamente tenía miedo de preguntarlo.

-Eres mi hermana –replicó Yuzuriha –Aunque pasemos una década o dos sin hablar, siempre me tendrás a tu lado. Si me llamas, correré a tu lado.

-Lo sé, pero a veces tengo dudas y se siente bien saber que aún te tengo a mi lado –la pelirroja agarró la mano derecha de su amiga y la apretó suavemente.

-Estaré siempre contigo… -repitió la rubia.

Terminaron el almuerzo, Yuzuriha pidió a Marin que se adelantara pues tenía algo que hacer antes de ir a clase. Yuzuriha caminó en sentido contrario de su salón de clases, salió del edificio y se encaminó a la biblioteca. Ese lugar era especial para ella a pesar de todo. Subió, saludó a la bibliotecaria y se dirigió a la última fila de libreros. Ahí, apoyado en la pared, había un pizarrón. Yuzuriha contempló todo a su alrededor, respiró profundo llenando sus pulmones del delicioso aroma a libros. Tomó la tiza y escribió en una esquina "¿Eres feliz?". Suspiró, dejó la tiza y se retiró a su salón de clases sin mirar atrás.

Ese día presentaron un par de exámenes de álgebra y filosofía, los últimos del semestre. Lo que restaba de la semana lo ocuparían en hacer reparaciones a los salones, entrega de documentos y de algunos trabajos pendientes para alumnos de otros grados. Yuzuriha divisó a Defteros entre la multitud, aunque realmente nunca fue un problema encontrarlo, él destacaba mucho. Quiso acercarse pero se detuvo al ver que Saga caminaba a su lado. Tragó, agarró el brazo izquierdo de Marin y la llevó por otro lado. Ella no dijo nada pero sabía perfectamente la razón del cambio tan repentino en la actitud de Yuzuriha.

El viernes llegó y con ello la ceremonia de graduación. Sentados en el auditorio, los alumnos que se graduaban recibieron una plática motivacional de parte del director del instituto. Todos escuchaban con mucha atención, sus vidas cambiarían, dejarían ya de ser unos niños, que las decisiones que tomaran ahora tendrían mucho más peso en su vida y que debían dejar las niñerías y enfrentar la vida con valor y coraje. En ese instante, Yuzuriha giró un poco hacia la fila contigua, buscó con la mirada a Saga pero su lugar estaba vacío. Ella sintió un vacío en el estómago, Defteros la miró y le sonrió apenas, Yuzuriha respondió el saludo y volvió a su posición original.

El evento terminó con mucho revuelo y una ronda de aplausos para los recién graduados. Todos se marcharon, excepto Defteros, esperó a que las dos mujeres salieran y las alcanzó.

-Hola –Saludó con voz firme pero su lenguaje corporal lo delató; estaba muy nervioso.

-Hola, Defteros –Saludó Yuzuriha. El moreno la miró a ella y después a Marin, Yuzuriha entendió la indirecta –Volveré en un momento. Debo ir a hacer algo.

Ambos la siguieron con la mirada hasta que se perdió entre la multitud. Se quedaron en silencio un largo rato.

No sabía la razón pero decidió ir a la biblioteca una última vez. Estaba vacía. Se encaminó hacia el pizarrón y, debajo de su pregunta, encontró una respuesta que la dejó paralizada "Fui muy feliz." Eso era todo y sin duda, era la letra de Saga.

-Estuviste aquí… -Murmuró y se mordió el labio para no llorar. Recordó en ese instante, una de aquellas veces que se encontraron en la biblioteca para estudiar. Era un día soleado, él no llevaba el saco. Yuzuriha había dicho alguna tontería y él sonrió con mucha alegría y la despeinó. Ella había quedado impresionada por el gesto tan lindo y, sin pensarlo dos veces, lo besó.

-Estuviste aquí… -Repitió mirando con detenimiento las palabras escritas ahí.

-Sé que te irás la semana que viene –Dijo Defteros.

-Así es –Marin lo miró fijamente, haciendo que el moreno se sonrojara levemente.

-Me gustaría saber si puedo pasar contigo tu último día aquí…

-Yo… -Marin dudó, lo había echado de menos pero no quería darle esperanzas.

-Será como amigos, solamente quiero pasar ese día contigo –Fingió una sonrisa bonachona –Quien sabe cuándo te volveré a ver, ¿no? –Mostró los colmillos por un segundo.

-Lo pensaré –Respondió Marin.

En ese instante llegó Yuzuriha y ambas se marcharon dejando a Defteros solo. Él miró al cielo, suspiró y fue a encontrarse con Saga.