Cap XXIV. Hasta pronto.

Yuzuriha iba pasando algunas fotos familiares que tenía guardadas en el móvil, algunas eran de cuando ella era niña, otras de cuando era un poco más grande. Miró con detenimiento cada una de las fotos y una sonrisa casi imperceptible se formó en sus labios.

Cuando me marché aquella noche, no tenía idea del daño que causaría a todos, pero yo no podía soportarlo más y decidí que era lo mejor. Fue lo más impulsivo que hice durante toda mi vida, por lo menos hasta ese instante.

En el momento en el que Yuzuriha se apareció en la casa de Marin, mochila al hombro, la pelirroja supo que algo grave debió suceder pues su amiga jamás había huido de casa. Yuzuriha no lloraba, no decía nada pero se le notaba afectada por lo que fuese que hubiera sucedido en casa. Marin la acogió en casa esa noche y no le importó que la rubia viera a un Defteros semi desnudo dormido en su cama. Marin le contó que durante su paseo, una cosa llevó a la otra y ya no era virgen y por esa razón el moreno estaba ahí dormido. Fue la primera vez que la rubia vio a su amiga sonrojarse, tartamudear y simplemente dejar de lado esa fría máscara que ocultaba siempre sus verdaderos sentimientos. Sí, por un instante se sintió celosa pero fue más su alegría por saber que ellos dos al fin habían arreglado sus diferencias.

Los padres de Marin, empresarios exitosos, casi nunca estaban en casa y, convenientemente, durante esa semana estarían fuera del país, razón por la que Marin había decidido llevar a Defteros a su casa y por la que ahora le decía a Yuzuriha que podía quedarse hasta que se sintiera mejor. Lo que más quería era quedarse con su mejor amiga pero tenía que ir a la universidad. Se había ofrecido a dejarlo todo para quedarse a su lado pero Yuzuriha le pidió que no lo hiciera y que, si perdía el autobús por quedarse con ella, jamás la perdonaría, por lo que la pelirroja no tuvo más remedio que hacerle caso.

Ambas se quedaron despiertas casi hasta el amanecer, comieron helado, frituras, emparedados y todo lo que se les ocurrió mientras recordaban sus aventuras. No era un adiós definitivo pero se sentía como el fin de una era, habían convivido casi quince años juntas, eran inseparables y esto sería lo más lejos que estarían la una de la otra desde que comenzaron su amistad. Ninguna quería ponerse sentimental, así que cambiaron las lágrimas por las risas.

A eso de las 8 de la mañana, cuando las amigas llevaban un par de horas dormidas, Defteros despertó con una enorme sonrisa. Se vistió y decidió sorprender a su chica con un delicioso desayuno. Bajó las escaleras y la encontró a ella y a Yuzuriha dormidas en cada sofá. Se puso nervioso pero de igual forma se metió a la cocina. Ahora tenía otro motivo para esforzarse y consentir a esas dos mujeres. Por lo que sabía, Marin tenía que irse a más tardar a las tres de la tarde pero él debía ir a casa de Saga lo más pronto posible, así que puso manos a la obra.

Decidió preparar un batido de fresa, pancakes, huevos revueltos y tostadas con mermelada, no era un desayuno gourmet pero se esforzó mucho. Silbaba Náufrago de Sober mientras cocinaba y ese era un hábito que tenía. Defteros puso la mesa, sirvió todo y lo decoró lo mejor que pudo para luego acercarse a Marin.

-Cariño… -La besó en la mejilla –El desayuno está listo –Murmuró con una voz totalmente dulce. Marin se removió inquieta –Vamos, dormilona comamos algo…

-Cinco minutos más… -Pidió ella con voz adormilada.

-No puedo, linda –Dijo, miró a Yuzuriha que seguía dormida y luego acercó los labios a la oreja de Marin –Tengo que ir a ver a Saga, no puedo quedarme mucho tiempo si quiero estar a tiempo para acompañarte…

Yuzuriha se movió al escuchar los murmullos así que Defteros calló y volvió a besar a Marin.

-Voy… -Dijo la pelirroja al final. Se levantó con pesadez y decidió dejar dormir a Yuzuriha, a final de cuentas lo necesitaba.

La pareja desayunó tranquila, lo poco que conversaron fue en voz baja para evitar despertar a la rubia que seguía dormida. Cuando terminaron, él se despidió de Marin con un largo beso y prometió volver a tiempo para llevarla a la estación.

A las dos y media en punto Defteros tocó a su puerta, no les llevaría mucho tiempo llegar a la estación de autobuses, además él llevaba el auto de su madre. A los dieciséis él y Saga sacaron el permiso de conducir y ambos ahora esperaban cumplir la mayoría de edad para sacar el carnet. Los tres guardaron las valijas de Marin en el maletero, ya que el resto se lo enviarían sus padres por correo. Yuzuriha no pudo evitar sentirse incómoda al ir en el asiento trasero pues veía a Defteros y a Marin ser discretamente cariñosos. Se mordió el labio inferior y miró por la ventanilla.

Al llegar a la estación, les dio espacio para despedirse ya que ella quería ser la última en ver a Marin, abrazarla y decirle que la extrañaría entre otras cosas. Se mentalizó para no llorar pero ambas fallaron terriblemente y de inmediato se volvieron un mar de lágrimas aunque no estaban tristes por la misma razón.

Defteros llevó a Yuzuriha de vuelta a casa de Marin por instrucciones de la pelirroja. El viaje fue muy silencioso, ambos querían decir todo pero nada salía de sus bocas. En más de una ocasión, él estuvo a punto de soltar la verdad que le presionaba el pecho pero tenía que honrar esa promesa por lo que decidió ya no intentar iniciar una plática.

-¿Quieres que te prepare algo de comer…? –Preguntó Defteros cuando la ayudó a bajar del coche.

-No sé si sea buena idea…

-No es nada, puedo quedarme un poco más contigo. Me quedaré en silencio si eso es lo que quieres –Defteros la miró, sintió unas ganas tremendas de abrazarla y de nuevo esa sensación de querer sincerarse le invadió. Abrió la boca pero Yuzuriha habló primero.

-De acuerdo, me vendrá bien algo de compañía aunque no es necesario que hablemos si no quieres –Intentó sonreír pero falló terriblemente. Tenía los ojos enrojecidos al igual que su nariz, todo producto del llanto.

-Entonces cocinaré algo delicioso –Dijo él con una enorme sonrisa bonachona que mostraba sus colmillos.

Ambos pasaron un largo rato juntos, comieron en silencio y miraron un poco la televisión. Mantuvieron las conversaciones al mínimo, siempre tratando de que Marin fuese el centro de las mismas para evitar tocar algún tema que le hiciera daño. Yuzuriha elogió las habilidades culinarias de Defteros. Se alegró mucho al saber que seguiría su pasión pero de inmediato cambió el tema pues la tentación de preguntarle al moreno sobre Saga y sus planes era demasiado grande.

Estaban a la mitad de una conversación acerca de todas las veces que Marin la había defendido durante su infancia y parte de su adolescencia cuando el móvil de Defteros sonó. Los ojos de la rubia se posaron sin quererlo en la pantalla iluminada que mostraba el nombre de Saga. Yuzuriha sintió que el corazón se le detenía y casi pudo percibir como su alma caía al suelo, como una prenda que la dejaba al desnudo. Un hormigueo intenso le llenó el cuerpo. Todo eso pasó en apenas unos segundos pero para ella casi fueron horas, así lo sintió. Defteros se levantó para poder contestar.

Yuzuriha de pronto pareció perder los sentidos, pero antes de que todo se volviese negro, lo último que escuchó fue un "No puede ponerse peor, iré para allá ahora mismo. Si se muere lo mato."