Cap XXV. Planes.
La transición de la preparatoria a la universidad fue mucho más complicada de lo que había esperado. Siempre tenía mucho que leer, mucho que estudiar, mucho que hacer. Estaba emocionada porque estudiaba lo que quería pero era bastante más difícil de lo que se había imaginado. La única ventaja era que no estaba sola pues Kardia, su tutor, también estaba en esa universidad. A veces salían o se reunían cuando ella estaba en la biblioteca. Kardia la hacía reír mucho y, a pesar de lo mucho que peleaban, eso era mejor que estar sola y tener que hacer nuevos amigos.
Kardia siempre lograba convencerla para ir con él, aunque ella se desquitaba leyendo o repasando sus apuntes durante gran parte del tiempo que pasaban juntos.. Eso sacaba al hombre de quicio y empezaba a molestarla hasta que ella le daba un librazo o un cuadernazo en cualquier parte del cuerpo que pudiera. Pasaban tantas horas juntos diariamente que en poco tiempo comenzaron las habladurías y los chismes que ya los tenían fichados como pareja, aunque solamente eran buenos amigos.
Así transcurrieron los primeros seis meses; cuando Yuzuriha se dio cuenta, ya era diciembre y era momento de volver a casa. El poner todos esos kilómetros de distancia entre ella y el lugar que la vio nacer, ayudó a que estuviera más tranquila, que sus pesadillas cesaran, igual que sus ataques de pánico y ansiedad. Hasta que llegó la hora de volver para las fiestas. No quería volver pero saber que Marin estaría ahí cuando ella llegara le animó bastante. Su plan era llegar, ver a Marin y luego ir al jardín donde ella y Saga habían prometido ir cada año a visitar a su bebé nonato. Sus padres intentaban mostrarse más civilizados cuando ella estaba cerca pero a Yuzuriha no le interesaba mucho estar ahí, si volvía a casa era única y exclusivamente por su hermano.
Estaba nerviosa, no sabía si iba a encontrarse a Saga o no, no imaginaba cómo reaccionaría si se encontraban, pero no quería seguir imaginándolo y provocarse un ataque difícil de controlar. Respiró hondo y trató de dormir un poco.
-¡Te eché tanto de menos! –Dijo Yuzuriha abrazando con fuerza a su amiga que la abrazó de la misma forma. Habían hablado todos los días hasta que las tareas y otros deberes comenzaron a tomar todo su tiempo y evitaron que se comunicaran con tanta frecuencia.
-Te ves muy bien –Dijo Marin sin soltar a su amiga.
-Tú también –Respondió Yuzuriha tratando de contener las lágrimas.
-Parece que ha sido una eternidad desde la última vez que hablamos –Marin al final se separó de ella –Parece que creciste un poco.
-Podría decir lo mismo de ti.
Ambas sonrieron y caminaron juntas hasta el parque. Ahí se sentaron y hablaron durante horas acerca de los nuevos retos que se les presentaban diariamente en la universidad. Los cambios eran bastante visibles para la otra, Yuzuriha parecía un poco más centrada y seria y Marin tenía un modo de hablar mucho más propio, además de que comenzaba a vestirse con ropa un poco más holgada y cómoda o por lo menos las blusas parecían mucho más sueltas que antes.
-Habrá una pequeña reunión para la víspera de Navidad en mi casa, irá Defteros y algunos compañeros de la universidad que viven también en el pueblo, ¿quieres venir? –Preguntó la pelirroja con algo de esperanza.
-No lo sé… Yo… Bueno, honestamente yo quería pasar el día contigo –Se sinceró la rubia.
-Estarás conmigo… Pero te entiendo si no quieres venir, no voy a obligarte.
-Lo pensaré y te aviso.
-Aunque sea que estés un rato estará bien. Y te aseguro que al día siguiente seré toda tuya y también en año nuevo.
-¿Lo prometes? –Preguntó Yuzuriha levantando el meñique.
-Lo prometo –Marin selló la promesa entrelazando su meñique con el de su amiga.
Defteros, Saga, Marin y Kanon se reunieron esa tarde. Los tres le habían insistido a Saga que llamara a Yuzuriha pues, de acuerdo con ellos, necesitaba saber la verdad pero él, necio como siempre, se negó rotundamente. Defteros había dejado de beber, así que los tres estaban sentados en la habitación de Saga conversando. El speed metal, género preferido del dueño de la habitación, sonaba a un volumen bastante bajo más que nada para no entorpecer el diálogo.
Marin contó a los gemelos sus travesías en la universidad, más que nada porque a Saga le gustaba escucharlos. Obviamente tenía a su hermano ahí en casa con él porque iba a la universidad del pueblo y Defteros casi vivía con ellos también, pero Marin era la sensación porque ella había salido del pueblo y estaba en "la civilización", como solían decir los tres varones para referirse a la ciudad. Ella les contó casi todo lo que había vivido, obviando cosas muy técnicas y aburridas. También había exagerado otras porque deseaba con toda su alma hacer reír a Saga que ya tenía mucho tiempo deprimido.
Saga había decidido no ir a la universidad. Había sido una decisión totalmente suya, más que nada referente al hecho de que sus padres ya tenían demasiados gastos y enviarlo a él a estudiar no sería más que una pérdida de tiempo y recursos. Él quería estudiar ingeniería automotriz como su tío, su padre le había dejado intentar reparar una motocicleta y a eso solía dedicar su tiempo libre. Ahora simplemente creía que ir a la universidad no era para él, por eso se regocijaba en las historias de sus allegados para sentirse bien.
Cuando cayó la noche, Marin decidió que era tiempo de ir a casa. Se levantó y fue a abrazar largamente a Saga.
-Por favor, por lo que más quieras, habla con Yuzu…
-No –Respondió el peliazul de forma tajante –No lo haré.
-Yo sé que ella es lo que más quieres –Saga se dispuso a hablar pero Marin no lo dejó –Sé que lo es y lo único que estás haciendo es dañarte a ti y a ella. Cuéntaselo de una vez por todas. Aprovecha la víspera de Navidad para hacerlo… -La pelirroja sabía de la promesa que habían hecho un año atrás porque Yuzuriha se lo había contado.
-Ya veré que hago. Nos veremos luego, pelirroja –Saga sonrió ladino, tratando de restarle importancia a todo.
Defteros acompañaría a Marin a casa pero prometió volver muy pronto. Apenas los dos se fueron, Saga perdió toda la fuerza que fingió tener y volvió a echarse en la cama tratando de aguantar las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos. Kanon se sentó al borde de la cama y apoyó una mano en el brazo de su hermano, le estaba matando verlo así.
-Habla con ella… Por Dios, habla con ella –Pidió su gemelo en voz muy baja.
Saga guardó silencio.
Defteros y Marin llegaron a casa de ella, fue una caminata en silencio más que nada porque ella iba ideando un plan para que Saga al fin le confesara a Yuzuriha su secreto. Cuando se detuvieron frente a la entrada, el moreno al final se decidió a hablar.
-¿Qué estás tramando?
-Esos dos necesitan un empujoncito, esto ya ha ido demasiado lejos.
-Marin, déjalos en paz… Saga tiene motivos para no hablar con ella.
-Sus motivos son tontos. Se hacen daño y yo quiero que, si todo se va al carajo, por lo menos que sea después de que mi amiga sepa la verdad. Se lo merece –Respondió Marin con un dejo de enfado en la voz.
-Te entiendo pero también entiendo a mi primo. Sabes lo que eso le haría a los dos –Defteros intentó ser la voz de la razón pero cuando a Marin se le metía una idea en la cabeza, no descansaba hasta verla cumplida.
-Si esto no sirve, entonces me daré por vencida –Marin sonó convencida de sus palabras –Será mi último intento.
-¿Qué planeas? –Preguntó Defteros –Miedo me das…
-Espera y verás.
Marin sacó el móvil del bolsillo de su pantalón y buscó entre sus contactos, pulsó el botón y llamó.
