Cap XXIX. Agridulce.

Kardia era muy insistente. Buscaba a Yuzuriha cada vez que se lo permitían sus clases. Era un gesto bastante extraño para alguien como él, lo sabían todos y cada uno de los alumnos que le conocían. Yuzuriha escuchaba a algunas mujeres hablar de cómo ellas no harían sufrir nunca a Kardia porque era el chico más divertido de la ciudad, tal vez incluso del país. Todos esos comentarios la hacían sentir mal y eso, aunado al hecho de que no parecía querer quitar el dedo del renglón con ella, empezaban a hacerla dudar. En más de una ocasión se encontró a sí misma pensando en los pros y contras de estar con alguien como él. Lo único que deseaba era que, si en alguna ocasión se volvía a enamorar, todo fuera normal y con tranquilidad.

Durante las vacaciones de verano sucedió algo que me hizo cuestionarlo todo, perder la fe. Dejar de creer en los cuentos de hadas.

Cuando llegó a casa en verano, lo primero que escuchó fue una discusión entre sus padres acerca de la falta de dinero. Manjari, su madre, gritaba que habían sido incapaces de irse de vacaciones durante toda la primera mitad del año y que, además de todo, Kunal, su esposo, casi nunca llegaba a dormir. El señor se defendía diciendo que las cosas en la empresa estaban muy mal y era seguro que perdería su trabajo, por lo que, en un intento desesperado de salvar su trabajo, se quedaba más tiempo y ayudaba en lo que podía.

Durante toda la infancia y casi toda su adolescencia, para Yuzuriha no existía mejor ejemplo de amor, unión y trabajo en equipo que sus padres. Amaba escuchar las historias de cómo se conocieron en la preparatoria y no se separaron más. Su familia estaba llena de amor, comprensión y cariño, todos los sentimientos bonitos del mundo los había experimentado en casa. Marin solía decirle que envidiaba mucho la relación de sus padres, pues los suyos se la pasaban de viaje y muy rara vez pasaba el tiempo con los dos juntos. Ellos cuatro eran considerados la familia perfecta, hasta ese momento.

Un grito de su padre y un portazo la sacaron de sus pensamientos. Al bajar las escaleras encontró a su madre rompiendo todas las fotos familiares que tenían. Aquello parecía una separación inminente y eso solamente reafirmaba sus sospechas de que era por culpa de ella que todo se iba a la mierda, aun si eso no era verdad. Se quedó en su habitación hasta que escuchó a su madre decirle a Tokusa, antes de que éste fuera a ver sus amigos, que se iría a ver a unas amigas y volvería tarde. Ese mismo día, Yuzuriha había invitado a Kardia a comer, más que por gusto, como un gesto de agradecimiento por todas esas veces que le había salvado la vida con comida sin saberlo. Cuando él llegó, se encontró a una Yuzuriha con los ojos enrojecidos y sin ánimos, aún menos que de costumbre.

-¿Qué sucedió? –Preguntó el peliazul al verla así pero no hizo falta que ella le respondiera, sólo bastó con ver lo que parecían fotos hechas añicos para entender.

Yuzuriha volvió en silencio a sentarse dispuesta a tirar todos esos recuerdos a la basura cuando Kardia la detuvo.

-Espera un segundo, te ayudaré a pegarlas de nuevo.

Él provenía de una familia rota y sabía lo que dolía ver a sus padres separados. Lo de él ocurrió cuando apenas era un niño, no obstante, al saber que la familia de ella era muy unida, entendía que el golpe iba a derribarla. Se arremangó el suéter que llevaba, le pidió cinta adhesiva y empezó a separar los pedazos de fotos como si se tratase de un rompecabezas. Yuzuriha le ayudó, obviamente, pero por momentos no podía evitar ver que él estaba de verdad preocupado y dispuesto a arreglar todo eso para ella.

Pasaron toda la tarde con esa tarea, Kardia hizo algunos comentarios chuscos que le arrancaron algunas sonrisas a Yuzuriha, cosa que le produjo una sensación de haber logrado algo bueno. Al terminar, dejaron las fotos en una bolsa de papel y esperaron a que su madre llegara. Sin poder predecirlo, sus padres llegaron casi al mismo tiempo, momento que aprovechó Kardia para entregar la bolsa a los dos

-Más les vale arreglar sus diferencias –Sentenció Kardia ante la severa mirada de los dos señores –Ustedes no pueden echar a perder una familia por una tontería –Finalizó y se llevó a Yuzuriha lejos de ahí.

Por primera vez en su vida, durmió en casa de un varón, aunque no hicieron nada. Ella durmió en la cama y él en el suelo bajo la excusa de que era mejor para su espalda. Ella se quedó contemplando el techo de la habitación y repasando en su mente el gesto tan lindo que él había tenido con ella.

Al día siguiente, él la llevó a casa y encontró a los tres mirando las fotos remendadas. Yuzuriha se sintió expectante pero se acercó igual. Kardia le pidió disfrutar de su familia y prometió visitarla más tarde. Los cuatro se sentaron a recordar los viejos tiempos mientras comían helado de frutos rojos.

-Yuzu –Su madre comenzó mientras lavaban los platos –Hija, ese chico, Kardia… Es un buen muchacho…

-Mamá, sólo…

-Lo sé –Interrumpió –Sólo son amigos, pero tal vez deberías darle una oportunidad. Te quiere, creo que aprenderás a quererlo también –Finalizó la señora con una sonrisa cómplice.

Yuzuriha pensó en eso durante gran parte de la tarde, tal vez su madre tenía razón y era tiempo de darle una oportunidad al chico. Cuando pasó por ella, decidió llevarla a la playa. La dejó un momento en la arena, la brisa era bastante agradable y el sonido del mar la relajaría. Mientras tanto, él fue a buscar unas flores que había escondido en su camioneta. Estaba nervioso, se había prometido que ese sería su último intento por lo que si le rechazaba de nuevo lo aceptaría.

Se acercó de nuevo a ella y se sentó a su lado, sacando de inmediato el ramo de flores.

-Esto es para ti. Yo te quiero, Yuzu y de verdad me gustaría que estuvieras conmigo. Te cuidaré siempre.

-Kardia… -Aquello tomó desprevenida a la chica.

-Yo sé que solías comprar a Saga con un río, pero yo seré el mar para ti –Habló con gran determinación –No importa cuántas veces trates de alejarme, siempre volveré a tu lado para cuidarte y protegerte.

-Esas flores no me gustan –Dijo ella al fin para luego describir el tipo de flores que Saga le había llevado durante aquel verano hacía ya un par de años –Si vamos a estar juntos debes aprenderlo.

La sonrisa que se formó en los labios de Kardia fue como ninguna. La abrazó y besó su mejilla con mucho cariño.

Yuzuriha sabía que era lo correcto, que eso era lo mejor para ambos, para ella. De esa forma le estaba diciendo adiós a su pasado de una vez por todas, o eso quería creer. Aun así, a pesar de lo que acababa de hacer, su felicidad fue incompleta pues su mejor amiga no estaba más ahí.