Cap XXX. Tu recuerdo.
A partir de ese día mi vida pareció mejorar en todos los aspectos excepto en uno: mi amistad con Marin. Nos alejamos a tal punto que ella me borró de sus contactos y yo ni siquiera me enteré hasta que quise hacerle saber que estaba con alguien más. Me sentía triste a pesar de los esfuerzos de Kardia por volver a juntarnos. Parecía que esa amistad estaba totalmente rota.
Kardia no dejaba a Yuzuriha ni a sol ni a sombra, parecía decidido a no cometer los mismos errores que Saga. Todos los días la acompañaba a clases, comían juntos, incluso la acompañaba a la biblioteca y la ayudaba a estudiar lo mejor que podía. A ella todos esos gestos le parecían adorables al principio pero ahora simplemente le parecía que él era un poco pesado aunque no sabía cómo decírselo sin parecer desconsiderada. Entendía que todos esos gestos él los hacía con buena intención a pesar de que le quitaban tiempo que tal vez podía ocupar en sus propios estudios. Él intentaba hacerle entender que no le representaba una carga estar a su lado pero ella no estaba del todo convencida. Cuando se le ocurría a ella preguntarle acerca de sus clases y si no tendría problemas por pasar tanto tiempo con ella, él simplemente se encogía de hombros, le daba una respuesta irónica y cambiaba el tema. Luego de un par de meses, Yuzuriha notó que su actual pareja comenzaba a llevar también sus cuadernos y libros a la biblioteca para estudiar con ella.
Una tarde ambos estaban en la biblioteca. Yuzuriha estaba particularmente distraída ese día pues era el día en el que hacía quince años, Marin y ella habían empezado a hablarse. Por más que trató de entender la lección de ese día, su mente se rehusaba a centrarse en lo que era importante en ese instante. Comenzó a juguetear con el bolígrafo que tenía en la mano y miró distraídamente al otro lado del pasillo. Kardia tenía un examen importante al día siguiente por lo que estaba muy callado y concentrado. Yuzuriha bostezó y volvió la vista al pasillo justo frente a ella. Su corazón se detuvo.
Saga estaba ahí frente a ella, a pesar del tiempo que tenían sin verse, lo reconoció. Lo miró por lo que pareció una eternidad pero apenas parpadeó, él ya no estaba ahí. Se levantó exaltada, tirando los libros que tenía justo a la orilla de la mesa. Necesitaba asegurarse de que no estaba soñando y caminó a paso veloz por el pasillo, buscó con desesperación pero no encontró a nadie. No podía estar soñando, era imposible. Lo había visto ahí, de pie al final de esas dos estanterías repletas de libros, sus preciosos ojos verdes la miraban directamente. Se mordió el labio inferior. Se sentía estúpida, una loca, ¿cómo era posible que la mente le traicionara de esa forma? Estaba ahora con un chico que la quería y eso no era justo para él.
-¿Todo bien? –Preguntó Kardia sacándola abruptamente de sus pensamientos.
-Estoy bien, solamente recordé que quería un libro pero olvidé el nombre –Mintió Yuzuriha para luego sonreír –Lamento el escándalo.
-Nah, no es nada. Sé lo que se siente. Además, el ruido que hiciste evitó que se me sobrecalentara el cerebro –Besó su mejilla con cariño –Me salvaste la vida, hermosa.
-Claro, no es nada –Respondió evitando que notara lo mucho que el que le llamara así le hacía doler el corazón.
Kardia apoyó la mano suavemente en su espalda baja y la guió de nuevo a su lugar. Poco sabían que de hecho Saga seguía ahí y había presenciado la escena entera. Una amarga sonrisa se dibujó en sus labios y el corazón se le terminó de romper, aun así se marchó satisfecho al saber que ella estaba feliz.
Yuzuriha intentó por todos los medios olvidar ese día y su significado. No existía. No había rastro de él en la biblioteca, lo buscó, ¿o acaso ni siquiera eso pudo hacer bien? ¿Y si de verdad había estado ahí y ella simplemente no supo en dónde más buscar? No. Seguramente había sido una jugarreta de su cerebro que ya estaba sensible porque era un día especial y por primera vez no podía festejarlo con quien de verdad le importaba. Se estaba volviendo loca, esa era la única explicación.
Ese fin de semana Kardia la había invitado a un paseo, solamente ellos dos. Se hizo cargo de todos los preparativos, Yuzuriha lo único que tenía que hacer era preparar su maleta y estar lista para irse de viaje romántico a algún lugar. Resultó que el viaje fue a una playa cercana y que Kardia había reservado una habitación de hotel para los dos con vista al mar. Todo le parecía bastante normal, era una escapada y el mar siempre le había ayudado a despejar la mente y guardar en lo más profundo de su cerebro cualquier recuerdo indeseable. Al llegar, lo primero que hizo Kardia fue arrojarse a la cama.
-Es una mala costumbre que tengo –Dijo el mayor –Pero también es una buena forma de comprobar si el colchón es cómodo o no. Cosas mías –Agregó encogiéndose de hombros.
-Eres un raro –Comentó Yuzuriha y alzó una ceja.
-Pero soy un raro al que quieres un montón –Sonrió ladino y palmeó a su lado –Anda, ven. Hazme compañía y comprueba por ti misma lo cómoda que es la cama.
Yuzuriha obedeció pero se sintió mal cuando él afirmó que ella lo quería. No era mentira del todo, era obvio que ella había desarrollado un cariño muy fuerte por Kardia pero no estaba segura si ese sentimiento podría traducirse a amor. Decidió que no era momento de darle vueltas a ese asunto y se acostó a su lado, Kardia pasó un brazo alrededor de sus hombros y la atrajo a él. Yuzuriha apoyó la cabeza en su pecho y pudo escuchar el suave latir de su corazón; el último que había escuchado había sido el de aquella persona que se rehusaba a nombrar.
-¿Sabes? Me alegra mucho que hayas aceptado venir conmigo –Se sinceró Kardia –Sé que a veces no lo demuestro pero pasar mis días contigo lo hace todo mucho mejor.
-Sería extraño si no fuese así –Respondió ella apartando la cabeza de su pecho para poder mirarlo mejor.
-Han sido tiempos difíciles para ti y me gusta estar a tu lado. Ojalá sepas que no me apartaré de tu lado.
-Lo sé –Mintió. Le costaba mucho trabajo creer en esas palabras aunque no tenía por qué dudar del chico; hasta ese día había sido fiel a sus promesas.
Entonces Kardia la besó. Fue un contacto muy suave al principio pero al abrir los ojos para mirar a la señorita frente a él, se notaba que había algo más. Yuzuriha no tuvo mucho tiempo para cuestionarse lo que podía ser pues su pregunta no externada fue respondida de inmediato con otro beso, uno más profundo, un beso que era preludio de algo más.
Yuzuriha correspondió el beso y se dejó llevar pues creía que eso era lo correcto, lo que se esperaba de ella y el último paso antes de poder olvidar por completo a Saga de su mente y su corazón. Qué equivocada estaba. Cada caricia, cada beso que Kardia le regalaba lo único que lograba era que su mente comenzara a mezclar situaciones. Llegaron a su mente como una tormenta aquella tarde en la que había compartido un momento íntimo y especial con Saga, aunque momentos después, cuando sintió las manos de Kardia abrirse paso y comenzar a despojarla de su ropa, el recuerdo de aquella horrible situación que había vivido llegó a reemplazarlo. Volvió a recordar el tacto de Radamanthys, el aliento de aquél asqueroso sujeto que le había dañado. De pronto fue incapaz de diferenciar entre su pasado y su presente y apartó a Kardia de un empujón que lo envió al suelo.
Ella no había sido capaz de hablarle a su actual pareja de aquella situación que había vivido. No quería. Creía firmemente que no hablar del tema lo haría desparecer y además, no quería que él comenzara a verla como si fuese una pobre e indefensa mujer ni como una persona dañada o enferma. Necesitaba pensar en algo rápido porque se avecinaba una avalancha de preguntas.
-¿Y eso por qué fue? –Preguntó el peliazul levantándose mientras se sobaba la cabeza -¿Qué rayos te pasa?
-No pasa nada, solamente estoy… indispuesta, si sabes a lo que me refiero.
-Pues no, no lo sé –Dijo con algo de fastidio –Explícate.
-Cosas de mujeres, ¿entiendes? Además –Agregó al ver que estaba a punto de decir más –Estoy cansada, tengo sueño y me duele la cabeza.
Escupió todas las excusas que había escuchado en diferentes programas de televisión para detener de golpe a cualquier varón con quien no se quisiera intimar en ese momento. Pareció surtir efecto pues Kardia suspiró, se disculpó y fue al baño a calmarse. Después se ofreció a dormir en el suelo y ella aceptó.
Esa noche Yuzuriha soñó con Saga por primera vez en mucho tiempo y no era cualquier sueño, en él, ambos hacían lo que ella no pudo hacer con Kardia. Fue un sueño vívido, podría jurar que era él de verdad, sentir de nuevo sus labios, las suaves caricias, ese aroma embriagante tan característico volvió a iluminar su alma. Habría querido no despertar nunca más.
