Cap XXXI. Vuelve a casa.
Los días siguientes a ese fin de semana fueron totalmente incómodos para Yuzuriha. Kardia había intentado tener intimidad con ella en un par de ocasiones más durante esa "escapada romántica" pero se encontraba siempre con la negativa de su novia. No entendía lo que estaba pasando así que decidió tomar su distancia con ella.
Todo era nuevo para la rubia, nunca había actuado así y sabía que la sinceridad era clave para que cualquier relación funcionara correctamente o lo mejor posible. Pensó en Marin, especialmente en cómo actuaría si estuviera en su lugar. No había reparado a pensar en lo mucho que admiraba a su pelirroja amiga hasta ese momento. Mientras más analizaba la situación más le resultaba obvio que su amiga hablaría con el susodicho sin pelos en la lengua y le diría absolutamente todo lo que le molestaba o le incomodaba. La sinceridad era su mejor cualidad y también la peor. Pero Yuzuriha no era así, ella no podía ir por la vida diciendo todo lo que tenía en la cabeza, no lo sentía correcto, no obstante, debía encontrar una solución para el problema en el que estaba metida. Sin que lo notase realmente, pasaron las semanas y ella seguía sin poder sincerarse con Kardia y cuando él tocaba el tema, ella simplemente lo evitaba, a veces con toda la intención, a veces sin darse cuenta de lo que hacía.
Se había vuelto mucho más reservada y solitaria que de costumbre, Kardia lo había notado. Cuando estaban juntos era como si no lo estuvieran realmente. Sujetaba su mano o besaba sus mejillas pero a veces el tacto era frío como el de una muñeca, era como si su novia de pronto se hubiera quedado sin alma o algo. Pero cuando se le ocurría preguntarle, ella le sonreía y le decía que todo iba bien, que estaba muy estresada con los exámenes y otros trabajos, sin mencionar que sus clases eran mucho más complicadas. Kardia, aunque no se quedaba totalmente satisfecho con eso, le daba el beneficio de la duda, estudiar medicina no debía ser cosa fácil.
Yuzuriha se sentía culpable por momentos, así que trataba de compensar su falta de interés con gestos lindos y amables. A veces le cocinaba, a veces era ella quien lo tomaba de la mano o besaba su mejilla, en otras ocasiones escribía pequeñas notas en los márgenes de sus cuadernos para darle ánimos en los exámenes. Y no era que lo hiciera solamente como una obligación, ella quería estar bien con él, le tenía mucho cariño.
-¿Iremos juntos al pueblo para Navidad? –Preguntó Kardia mirando a Yuzuriha que leía sus apuntes de biología.
-Pues sí, sabes que yo iré sin falta –Respondió ella -¿Verás a Marin?
La pregunta obligó a Yuzuriha a apartar la vista de las hojas.
-No lo sé –Frunció ligeramente el ceño –Tenemos casi un año sin hablar, eso lo sabes también.
-Sí, pero pensaba que tal vez ya habrían arreglado sus diferencias y de nuevo eran inseparables como antes.
-Pues piensas mal. No hemos hablado ni creo que lo hagamos –Su respuesta fue tal vez un poco más agresiva de lo que había planeado pero era un tema complicado y hablar de ello le ponía de mal humor.
-Venga ya, no te desquites conmigo –Se defendió el peliazul –No es culpa mía que la distancia haya podido más que su amistad –Sentenció sin saber que acababa de cometer un grave error.
Yuzuriha lo miró con incredulidad, agarró sus libros y se marchó, dejando al joven en total confusión. Últimamente ella estaba irritable y además con unos cambios de humor que no entendía por más que preguntaba a su madre si era algo normal. Estaba perdiendo la paciencia pero no quería darse por vencido con ella. Ya varias veces habían logrado superar los obstáculos y ésta vez no sería la excepción. Si algo tenía el hombre era su necedad, la cual lo había llevado hasta donde estaba, no había motivos para cambiar.
Por otro lado, ella se sentía dolida por las palabras de Kardia. Lo peor no era que tuviera razón, sino la forma en la que lo había dicho. Él mismo había intentado volver a juntarlas pero había fracasado totalmente. No estaba al tanto de los motivos que orillaron a Kardia a dejar de intentar reunirlas y no estaba segura de querer saberlos por lo que no preguntó más. Creyó firmemente que su respuesta fue derivada del distanciamiento que se había producido entre ambos y la frustración que todo eso le causaba pues el peliazul realmente no había sido así de grosero con ella nunca. Sí, solían llevarse pesado y él bromeaba mucho pero de ahí a burlarse de ella o tratarla con desdén o con total rudeza era algo que no había experimentado nunca. Se sentó en silencio en su habitación a reflexionar.
Marin se encontraba en el pueblo con Defteros. Había viajado de emergencia por petición del moreno que no sabía qué hacer. Una llamada en la que su novio se escuchaba no solamente muy inquieto sino también asustado, fue más que suficiente para hablar con sus profesores e irse a casa lo más rápido que pudo. Al llegar, se encontró con un Defteros ojeroso y con aspecto totalmente descuidado y con una afonía impresionante. Se asustó por un momento pues, según sabía, las cosas iban bastante bien en el pueblo, especialmente con su novio y sus primos.
-¿Qué sucedió?
-Es Saga, el imbécil se fue a no sé dónde y no lo encontramos –Habló el chico con rabia –Al parecer le dijo a Kanon que se sentía bien y quería dar un paseo pero no ha regresado.
-¿Hace cuánto se marchó? –Preguntó Marin intentando darle sentido a lo que escuchaba.
-Una semana, más o menos.
-¿Revisaron su habitación? Tal vez haya pistas ahí.
-Lo hicimos –Dijo Defteros pasándose las manos por el cabello en una muestra total de frustración.
-¿Y bien?
-Faltan cosas. Ropa, algunos libros... Dinero...
-¿Y cómo sabes qué cosas son las que hacen falta?
-Es lo que tiene ser tan ordenado. Apenas entras te das cuenta de que faltan ciertos objetos –Suspiró con pesadez –Lo notas especialmente cuando has vivido tanto tiempo con alguien como él –Finalizó.
-Entonces se fue de viaje… -Agregó la pelirroja más para sí que para él. Sujetó la mano de su novio con cariño –Tranquilo, lo encontraremos pronto, ya verás.
La realidad era que las veces que Saga había huido de casa más bien iba a casa de Defteros a pasar el rato porque se había peleado con su padre o con su hermano. Nunca llegó más lejos que eso. Huía cuando las cosas empezaban a ponerse mal, cuando sentía que estaba perdiendo el control de lo que sucedía en su vida, cuando algo le daba miedo pero jamás había salido del pueblo. Defteros se abrazó a Marin, estaba asustado, no quería ni siquiera imaginarse en que a su primo le hubiese pasado algo. Era como su hermano y lo quería como tal. Se aguantó las lágrimas lo mejor que pudo y a cambio se abrazó lo más posible a lo que Marin solamente atinó a pasar los dedos por su cabello y recordarle que todo iría bien, que estaban juntos y que nunca se quedaría solo.
Kanon entró de golpe a la habitación.
-Lo encontraron. No está muy bien. Van camino al hospital –Sentenció el gemelo de Saga. Defteros y Marin se prepararon para lo peor.
