Cap XXXII. Caminos cruzados

Diciembre llegó de nuevo acompañado de un clima frío y un ambiente muy pesado. Kardia y Yuzuriha llegaron al pueblo. De alguna forma habían logrado superar esos baches que amenazaban con separarlos. Le apetecía pasar unas vacaciones navideñas perfectas al ser ese su último viaje como estudiante universitario pues se graduaría en el verano siguiente y tenía muchos planes para él y para su preciosa novia.

Marin y Defteros pasaban por ahí cuando vieron a la feliz pareja bajar de la camioneta de Kardia y compartir un tierno beso. Defteros sintió la rabia envolver su cuerpo. Yuzuriha no tenía la culpa de nada pero no podía evitar enfadarse al verla romper su promesa, esa que le había hecho cuando él se había quedado con ella durante aquella semana que la rubia pasó en casa de Marin.

-Yuzu… ¿Has pensado en seguir adelante con tu vida y olvidarte ya de… de él? –Defteros no se atrevía a pronunciar el nombre de su primo frente a ella.

-No… No puedo olvidarlo –Una sonrisa nostálgica adornó su rostro.

-¿Por qué no? –Preguntó con curiosidad.

-Bueno, es que… -Ella se sonrojó sutilmente –Él es la persona que amo. No tengo palabras para expresar lo que él significa para mí… Aunque él se haya ido, aunque me haya dicho que no me amaba más… -Su mirada pareció perderse en un hermoso recuerdo –Yo lo sigo amando. Lo amaré hasta el final de mis días.

-¿Estás segura? –El moreno estaba incrédulo ante esas palabras -¿Me prometes que hablas en serio?

-Te lo prometo –Contestó sin darle la menor importancia a la razón por la que ahora él iba pidiéndole promesas.

Marin tuvo que llevárselo a rastras del lugar para evitar que se le echara encima a la pareja y moliera a golpes al nuevo novio de su antigua amiga. Era extraño para ella como ahora se habían vuelto solamente un par de viejas conocidas luego de tantos y tantos años compartiéndolo todo. La seguía queriendo mucho, de eso no había duda pero su actitud y el hecho de que literalmente la echara de su vida, le había dolido tanto que ya prefería mantenerse al margen de todo. Si no había hecho caso a los intentos de Kardia por juntarla a ella y a Yuzuriha, había sido porque simple y llanamente no quería a terceros involucrados, además de que sospechaba que ese acercamiento no había sido idea de ella.

Marin y Defteros iban en camino a ver a Saga. No se encontraba bien y no se había recuperado del todo después de que lo encontrasen desmayado en la calle. Toda su familia estaba siempre al pendiente de él y, aunque lo agradecía profundamente, no dejaba de sentirse inútil. Desde pequeño había sido muy independiente tal vez porque al tener un hermano gemelo no le gustaba del todo que los estuvieran comparando incesantemente. Él había sido bastante más rebelde, solitario, siempre iba a su rollo sin hacer daño a nadie. Siempre fuerte, muy creativo, no se parecía mucho a lo que era ahora. Le gustaba mucho que Defteros y Marin lo visitaran porque lo hacían sentir un poco más humano, un poco más productivo, importante. Lo dejaban dibujar, escribir, tocar la guitarra, cantar si le salía la voz y lo escuchaban atento. Defteros lo acompañaba al baño pero no entraba con él sino que se quedaba afuera esperándolo para llevarlo de nuevo a la habitación. Marin le contaba historias de lo que ocurría en sus clases y de cómo sus consejos le habían ayudado en más de una ocasión. Si era completamente sincero consigo mismo, debía decir que jamás creyó tener una relación tan cercana con la pelirroja.

-Encontré a Yuzu… -Dijo en una de tantas visitas que le habían hecho.

-¿Y qué pasó? –Defteros lo miraba con atención.

-Está con alguien más –Su voz, rasposa, tenía cierto dejo de tristeza.

Defteros en seguida volteó a ver a su novia que negó; estaba igual o más sorprendida que el moreno.

-Se veía feliz y parece que él la quiere –Sonrió con la amargura tatuada en sus ojos.

-¿Eso era lo que querías? –Preguntó Defteros sin poder ocultar su rabia –Ustedes dos son un par de idiotas.

-Cielo, calma… -Marin intentó que no se notara lo dolida que estaba –Es normal que ella encontrara a otra persona, después de todo, es lo que Saga quería, ¿no es así?

-Sí, es lo que quería. Verla realmente feliz.

Saga no mentía. Su propósito desde aquella tarde en la que encontró su móvil y había decidido comenzar a hablar con ella siempre fue que tuviera una enorme sonrisa en su rostro, que sus preciosas mejillas regordetas siempre estuvieran sonrosadas por tanto sonreír, que sus divinos ojos siempre brillaran y que fuese total y completamente feliz. Luchaba cada día por hacerla tan feliz cómo ella lo hacía a él, quería transmitirle toda esa paz interior que Saga sentía cuando ella hacía algo tan simple como mirarlo, pero al darse cuenta que era incapaz de lograrlo, tomó la decisión de dejarla ir. La decisión más difícil hasta ese día.

-Sigo diciendo que eres un imbécil –Repitió Defteros con fastidio –Pero allá tú. Si te gusta estar amargado, pues vas por buen camino.

Cuando Marin y su novio llegaron a casa de Saga, ella le hizo saber que Yuzuriha estaba en el pueblo y que no estaba sola. Él cambió de tema como restándole importancia pues había tomado una decisión apenas escuchó a la chica mencionar su nombre.

Kardia actuaba de forma muy sospechosa y poco normal. Parecía mucho más serio que de costumbre, distante. Yuzuriha quería pensar que iba a terminar con ella pero le pareció que no tenía sentido así que se enfocó en ayudar a su madre a decorar el árbol de Navidad mientras Tokusa aprovechaba para monopolizar a su nuevo cuñado y que le ayudara a resolver problemas matemáticos, ya después jugarían sus videojuegos como siempre.

Era la víspera de Navidad y, mientras Manjari, la madre de Yuzuriha cocinaba con su hija, decidió hacerle una pregunta.

-¿Saldrás ésta noche de nuevo?

-Lo haré… Sabes que hice una promesa –Respondió ella concentrada en rebanar algunas verduras.

-Hija, ¿no crees que es momento de dejarlo ir?

-Sabes que no puedo, mamá. Hice una promesa y la voy a cumplir hasta el final de mis días –Dijo ahora un poco a la defensiva.

-Pero llegará un momento en el que no puedas venir, ¿qué harás entonces? –Manjari buscaba que su hija pusiera las cosas en perspectiva y se diera cuenta de que lo que hacía no era bueno.

-Cuando llegue ese momento lo decidiré –Contestó –Por ahora, seguiré cumpliendo mi promesa.

-Pues entonces creo que es justo que se lo digas a Kardia –Miró a su hija con sus ojos imposiblemente azules.

-No –Respondió tajante –Él no va a saber esto hasta que yo lo decida –Y así dio por terminada la conversación.

Más tarde esa noche, guardó los regalos en su bolso y avisó que saldría un momento. Obviamente Kardia salió con ella y la llevó en la camioneta hasta un lugar cercano a dónde ella debía ir.

-No tardo –Dijo la rubia antes de salir del coche.

-Espera un momento –Pidió el joven –Hay algo que quisiera decirte antes de que te vayas.

-Claro, te escucho –Yuzuriha esperó paciente a que él hablara.

-Bien pues… Te conozco desde hace bastante tiempo y me gustaría llevar la relación al siguiente nivel –Era directo como siempre. Creyó que esa era la mejor forma de tratar ese tema en particular. Rebuscó en el bolsillo de su chaqueta de cuero.

Yuzuriha sintió pánico, era muy joven para algo así y no sabía lo que diría si él hacía lo que parecía que quería hacer.

-Somos jóvenes, especialmente tú –Cuando al fin encontró lo que buscaba se giró un poco hacia ella –No es una proposición de matrimonio pero sí es un juramento que quisiera hacer contigo –Sus orbes azules la miraban fijamente. Le enseñó un fino anillo plateado –Éste anillo simboliza mi cariño por ti, quiero que sepas que te cuidaré siempre.

-Kardia… -No sabía qué decir pero aceptar parecía lo correcto, por lo que extendió la mano izquierda.

El chico sonrió y deslizó el anillo por su dedo anular. Ella notó que le quedaba un poco grande pero no le dio importancia.

-Es bonito –Dijo ella al fin –Ahora debo irme, no me tardo.

-No quiero que vayas sola, déjame acompañarte –Soltó Kardia al fin –No quisiera que existan secretos entre nosotros y creo que esto que haces es importante para ti. Me gustaría ser parte de esto.

-Lo siento, pero no. Te lo contaré en su momento pero por ahora quiero ir yo sola, entiéndelo por favor.

Kardia quiso insistir pero decidió acceder a su petición y respetarla. La esperaría en el coche como ella quería. Tendría que esperar un poco más antes de saber por qué siempre había tanto misterio durante ese día.

El clima era bastante más frío que de costumbre pero eso no la detendría. A paso firme caminó hasta aquél lugar tan especial pero se detuvo en seco al ver a una persona de pie frente a esa jardinera. Sus ojos se abrieron como platos, el corazón le latía desbocado; sintió un enorme vacío en su estómago.

-¿Saga…? –Pronunció en voz baja, debía estar soñando.

El aludido volteó y la miró de arriba abajo. Era como lo recordaba, excepto que estaba un poco más delgado, de alguna forma parecía más frágil.

-¿Qué haces aquí? –Preguntó dando unos pasos hacia adelante.

-Vine a ver al bebé –Respondió como si nada.

-Saga, eres tú… -Dijo como ignorando lo que acababa de decir.

-Hasta luego, Yuzu… -Se despidió de ella sin mirarla y echó a andar lejos de ahí.

A la rubia le tomó varios minutos reaccionar. Estaba en shock. No estaba segura si era real, si de nuevo lo había imaginado. Comenzó a lloviznar pero el cuerpo no le respondía. De pronto, las gotas de lluvia dejaron de mojarle el cuerpo. Miró hacia arriba.

-¿Qué rayos haces aquí así? Vamos a casa o te vas a resfriar –Kardia estaba ahí de pie con un paraguas que los cubría a ambos.

-No… -Respondió ella –No iré… Saga…

-¿Ese imbécil qué tiene que ver? –Le fue imposible ocultar su asco.

-Tengo que ir –Se puso de pie dispuesta a marcharse pero Kardia la sujetó de la mano.

-No irás a ningún lado. No dejaré que vayas detrás de un estúpido que te hizo daño.

-Tú no entiendes… -Dijo con un hilo de voz y trató de seguir su camino.

-Sí entiendo. Eres mi novia. Estás conmigo. Yo te haré feliz –La sujetó con más fuerza.

-Tengo que ir… -Dijo una vez más y forcejeó para que la soltara.

El anillo resbaló de su dedo y cayó al suelo. El sonido la hizo volver en sí, girando rápidamente para recogerlo.

-¡No se te ocurra! –Gritó Kardia que ya le daba la espalda –No se te ocurra…

Ella lo miró asustada, confundida.

-¿Qué clase de persona soy si le niego la felicidad a quien quiero? –Murmuró sin mirarla –Vete…

-Pero…

-Que te vayas, te digo –Repitió –Vete antes de que me arrepienta –Finalizó con firmeza. Tenía los puños apretados al igual que la mandíbula.

-Lo lamento –Fue lo único que atinó a decir Yuzuriha antes de echar a correr tras Saga.