Cap XXXV. Lazos.
Durante lo que restaba de sus vacaciones de invierno, Yuzuriha iba todos los días al hospital a visitar a Saga. Cuando no tenía nada que hacer, iba desde que empezaba el horario de visita hasta que terminaba. A veces salía para que su familia entrara a verlo y a pasar el tiempo con él, o porque Kanon le rogaba que fuera a comer algo, a dar un paseo o hacer cualquier otra cosa pues no era sano estar tanto tiempo ahí metida solamente viendo "al feo de Saga". En más de una ocasión Defteros tuvo que echarla en su hombro cual saco de patatas y llevarla fuera de la habitación donde Marin la esperaba con el almuerzo o simplemente la cargaba hasta la calle y la llevaba a algún restaurante donde Marin la esperaba.
-Tienes que comer –Le dijo Saga una vez.
-Estaré bien –Contestó Yuzuriha con la vista clavada en un libro de biología –No será la primera vez que no como por hacer algo más importante.
-¡Hey, nada de eso! –Soltó Saga de pronto –Agradezco que estés conmigo pero tienes que pensar en ti. No podrás cuidarme si estás enferma.
-De verdad estaré bien –Sus palabras le habían obligado a mirarlo.
-No. Si no te cuidas, entonces le pediré a las enfermeras que ya no te dejen pasar –Sentenció con total seriedad. De verdad había echado de menos esa forma tan suya de hacerla entrar en razón.
-Está bien –Yuzuriha hizo un pequeño puchero que enterneció a Saga.
-Esa es mi hermosa –Respondió él posando la mano en la de ella. La sonrisa que se había formado en los labios de Saga hizo sonrojar a Yuzuriha.
-Te eché de menos –La rubia se acercó a él –No sabes cuánto te eché de menos.
-Lo sé… Lo sé mejor de lo que crees –Finalizó el chico presionando los labios contra los de su novia.
El cambio físico en Saga había sido bastante notorio. Estaba más delgado y extremadamente pálido, sus movimientos eran débiles y tenía a veces problemas para respirar por lo que había un tanque de oxígeno cerca en todo momento. Sus ojos que antes estaban hundidos y tristes, ahora brillaban porque su razón de vivir había vuelto a él.
Obviamente no todo había sido fácil, al principio Saga actuaba arisco, no quería que ella pasara tanto tiempo a su lado y ella, aunque muy cordial, seguía enfadada con él pues la había hecho a un lado como a un mueble. A pesar de que ambos estaban felices por volver a verse luego de tantos años, la tensión entre ellos era palpable y Saga, orgulloso como siempre, no se atrevía a disculparse con ella ni reconocer sus errores. Era un estira y afloja que no le hacía bien a ninguno de los dos.
-Yuzu… -Comenzó Saga sin mirarla –Hay algo que quiero decirte…
-Te escucho –Respondió como restándole importancia. Casi siempre que empezaba con esas palabras, lo único que salía de su boca era algo sin importancia.
-Lo lamento… -Dijo al fin. Había pasado bastantes horas tratando de que las palabras abandonaran su garganta y ahora por fin lo conseguía.
-¿Perdón…? –Yuzuriha volteó a verlo sorprendida -¿Escuché bien?
-Sí –Tenía el ceño fruncido y miraba sus manos –Lo lamento.
Yuzuriha no supo qué decir y tampoco creía que fuese apropiado decirle nada. Aunque había pasado mucho tiempo sin ver al chico que estaba ahí en la cama, seguía siendo el mismo muchacho que la había conquistado y al que amaba profundamente.
-Yuzu… Fui un imbécil… No debí haberte hecho daño. Prometí jamás lastimarte y lo hice –Sus manos fueron convirtiéndose en puños, una clara muestra de su arrepiento y enfado consigo mismo.
La respuesta de la rubia había sido abrazarlo con cariño. La había lastimado pero ahora no le importaba más. No era cuestión de lástima, tampoco era cuestión de hacerse la santa ahora que él tenía los días contados, era simple y llanamente su amor incondicional tomando las riendas de su cuerpo. Por ahora, no quería reclamar, no deseaba discutir ni señalar sus fallas, quería amarlo, cuidarlo y protegerlo. Más adelante podrían hablar las cosas tranquilamente, porque sí, ella creía firmemente que su Saga saldría victorioso de esa batalla.
A Saga la gustaba fotografiar a la preciosa rubia cada que tenía oportunidad. Siempre tenía el móvil a su alcance y sacaba todas las fotos posibles de su chica aunque trataba de que no se diera cuenta. Según lo veía él, la auténtica esencia de alguien aparece cuando no posan ante la cámara. Cuando no saben que los filman o los fotografían es cuando su verdadero ser florece y el de Yuzuriha era brillante, especial y aún más hermoso que su físico.
Durante una tarde que la madre de Saga y Marin habían decidido llevarse a Yuzuriha a comer algo, Saga aprovechó para hablar con su hermano y su primo. Debían aprovechar el tiempo que tendrían a solas porque a la rubia no le gustaba pasar demasiado tiempo fuera del hospital, aunque con Sasha, la madre de los gemelos compartiendo los alimentos con las amigas, seguramente tendría que aguantarse y quedarse el tiempo que fuera necesario para no ser grosera.
A Saga le gustaba compartir tiempo con Kanon y Defteros. Desde muy pequeños habían sido inseparables. Saga era el mayor de los tres y Defteros el menor, aunque cualquiera hubiera pensado que era una vil mentira. La diferencia no era tan grande entre los tres, Saga era cinco minutos mayor que Kanon y los gemelos eran alrededor de veintiún días mayores que Defteros, por lo tanto era casi como si fuesen trillizos. Aspros, el padre de los gemelos y Violate, la madre de Defteros, eran hermanos, ella siendo mayor que él por un par de años. Eran muy unidos y habían decidido vivir en el pueblo para que así sus hijos no tuvieran que pasar lo que ellos, que apenas conocían a sus parientes pues todos vivían en diferentes partes del mundo. Desde bebés, los tres pasaban horas y horas juntos. Violate y Sasha incluso habían amamantado a los pequeños al mismo tiempo, así que el vínculo entre ambas familias era muy fuerte. Saga era un líder nato y también protegía a su hermano y su primo. En el jardín de infantes se habían peleado en más de alguna ocasión con niñas y niños que hacían llorar a su hermano o se burlaban del color de piel o colmillos de su primo. Conforme fueron creciendo, Saga y Defteros siempre se estaban metiendo en problemas y Kanon los cubría todo el tiempo, dando rienda suelta a su imaginación en muchas ocasiones. El gran cambio se dio cuando el gemelo menor decidió que era tiempo de hacerse un nombre por sí mismo e ir a otra preparatoria, aunque eso en nada cambió su relación con los otros dos.
-Me gustaría pedirles un favor…
-¿Otro? –Interrumpió Defteros –No me jodas, acabas de salir de una y ya quieres lanzarte de cabeza de nuevo. Estás puto loco.
-Es que no aprendes nada, Saga…
-Cállense y déjenme terminar par de idiotas –Replicó el mayor –Ésta vez es diferente.
-Claro… -Defteros rodó los ojos –De ti no me fío nada.
-Necesito que llamen a los chicos. Me gustaría hacerle un regalo a Yuzu.
Defteros y Kanon se miraron como compartiendo un secreto mortal, de nuevo, pero asintieron al fin.
-Claro, veremos qué se puede hacer –Terció Kanon de pronto al notar que Saga los miraba –Tú no te preocupes.
Odiaban mentirle a Saga pero era algo necesario.
