Shock
Edward no podía creer lo que veía, la habitación estaba exactamente igual a la ultima vez que había entrado ahí, el edredón impecablemente blanco, los pétalos, los postres en la mesa, había velas prendidas en algunas zonas, las velas estaban prendidas pero no había mucha visibilidad, dio un par de aplausos y se prendieron las luces en su totalidad, no la veía por ningún lado, entro a recamara y la busco dentro del baño temblando por que no se repitiera aquella experiencia horrenda, salió y entro al closet, casi pego un grito, toda su ropa se hallaba ahí acomodada, sus cosas personales, salió inmediatamente y vio el escritorio, sobre el estaban las lociones y artículos de ambos, no sabia si esto le debía de alegrar o darle terror, si era un broma macabra de alguien se estaba pasando, Bella no haría esto, lo ultimo que ella querría seria recordar con exactitud ese día tan horrible. Ya desesperado empezó a llamarla.
- ¿Bella, estas aquí? ¿Bella? ¿Quién este ahí, salga ahora mismo? ¿Bella?
De repente le contesto un susurro, que para él fue como un grito, venia del balcón y él se imagino lo peor… y si alguien la estaba amenazando con algún arma o con arrojarla, la sangre se le estaba helando a Edward, solo pensando en lo peor.
- Edward…
- ¿Bella? ¿Bella, estas bien?
- Edward, ven, estoy en el balcón…
Edward corrió al balcón, esperando ver lo peor pero se llevo una sorpresa increíble. Ahí estaba su Bella con un impresionante vestido en un tono azul turquesa que la hacia ver despampanante, aquel vestido completamente pegado a su cuerpo pero no dejaba a la vista mas que sus manos y su cabeza, su primer impulso fue correr y abrazarla.
- Gracias Dios, gracias.
- Edward…
- ¿Estas bien? ¿Qué esta pasando? ¿Quién hizo esto?
- Estoy bien Edward, tranquilízate, ¿Qué te pasa?
- Pensé… yo pensé que te habían secuestrado o hecho algo, yo pensé lo peor y …
- Edward…
Bella se dio cuenta que el en realidad si temblaba, estaba asustado y casi en shock, había hablado con tanta rapidez que apenas y le había entendido. Lo único que pudo hacer fue abrazarlo, cosa que para él lo dejo más en stand by.
- Tranquilo Edward, no pasa nada malo, yo hice todo esto, ven vamos a cenar y que tomes algo.
Ella se soltó del abrazo que él le daba y lo tomo de la mano llevándolo al comedor donde lo sentó y se fue rumbo una mesilla de ruedas donde estaba la botella de vino que tenia enfriando, quería que el la abriera y llevar a cabo un brindis.
Edward estaba tan impresionado de todo que lo único que hizo en el momento de ella dejarlo sentado fue alzar la mano y tomar una botella de agua, sentía la boca seca y rasposa, la abrió y se la empezaba a empinar en la boca cuando un manotazo de ella, hizo que el soltara la botella y cayera sobre sus piernas mojándolo, la tomo y la puso sobre la mesa con verdadera incredulidad, que había hecho para merecer aquel impulso.
- No hagas eso, jamás tomes de aguas embotelladas.
- Bella estaba sellada y es de cortesía del hotel.
- Te dije que, Nooo.
Ella empezó a encaminarse nuevamente hacia la botella cuando el la tomo de la mano y la jalo hacia él, la coloco a modo de que se sentara sobre el descansabrazos de la silla donde él estaba sentado.
- Ven Bella, vamos a superar esto.
- ¿Qué?
- Toma.
Ella se quedo paralizada cuando él le entregaba aquella botella que aun contenía liquido, cuando vio que no se la tomaba de la mano la puso sobre la mesa justo frente de ella y le dijo.
- No se cual sea tu intención al haber hecho todo esto Bella, pero si el punto es superar lo sucedido empecemos por esto. Tómala.
- No.
- Si Bella, debes de perder el miedo a las botellas con agua, el que puso aquella droga en esa botella la inyecto, era incolora y por eso no te diste cuenta, ahora, quien le pago para hacerlo esta muerto, ambos están muertos, nadie en este hotel permitiría que tu volvieras a tener un problema así. Tómala.
- No quiero.
Edward tomo la botella y ella se llevo las manos a la boca para tratar de evitar que el quisiera darle de aquel liquido, pero para la incredulidad de ella, él se llevo la botella a los labios y le tomo un gran trago justo en el momento en que ella pego un grito.
- Noooo, no tomes eso.
- ¿Por qué no? Bella, eso fue un suceso premeditado en tu contra, no quiere decir que cada botella de hoy adelante vaya a estar adulterada, ven.
Edward la tomo por la cintura, le acerco la botella y ella se levanto rápidamente alejándose dos pasos. Él le estiro la mano izquierda sin soltar la botella con la otra mano.
- ¿Te te te sientes bien? ¿Te sientes mareado? ¿Estas bien?
- Estoy bien mi pequeña, tranquila hermosa, ven, confía en mí. Ven.
Ella tomo su mano y se dejo llevar, el primero la abrazo de la cintura, repitiéndole que estaba bien, que confiara en el. De repente el la soltó y la sentó de nuevo sobre el descansabrazo de la silla, ella no lo permitió, se acomodó sentándose en su regazo, Edward pasmado contuvo su respiración pero no permitió que ella pensara de mas en lo que había hecho, la abrazo con su brazo izquierdo jalándola hacia él, abrazándola con amor y deseos de siempre protegerla al poder mantenerla así. Le acerco la botella a la boca.
- Confía en mí, vida mía. No va a pasar nada.
Con lágrimas en los ojos, ella tomo con ambas mano, la mano de él tomando la botella aquella, tomando un último suspiro tomo un pequeño trago. Edward sintió como toda ella tembló cuando tomo aquel mínimo gigante paso de enfrentarse a ese miedo tan arraigado en ella, él ya lo había notado, de hecho todos en la torre lo sabían, no tomaba ningún liquido en botella de plástico, solo aceptaba botellas de vidrio o vasos.
- Ves pequeñita, no paso nada, estas cosas ya no te harán daño, has dado un enorme paso, de hoy en adelante hasta que lo superemos tomaremos puras cosas en botellas, ¿Qué te parece?
- No no, no me parece mucho.
- ¿Pero lo haremos, cierto?
- Ehhh, creo que si.
En un enorme acto de valentía, ella tomo la botella de la mesa donde él la había dejado y por si misma tomo otro pequeño trago, el temblor no desapareció pero el hecho de hacerlo por si misma era otro gran adelanto. Ella volvió a dejar la botella y subió la vista, girando su cuerpo para mirarlo de frente a él, sucedió lo increíble, ella le abrazo.
- Gracias.
- No hay de que mi niña, tu hermano Jacob me enseño que hay que enfrentar nuestros temores.
- Si
- ¿estas bien?
- Si. ¿Cenamos?
- Ce… si, claro.
Edward se volvió a quedar estático, ella no se levanto de su regazo y no se soltó de su abrazo, simplemente se estiro tomo un plato y sirvió un gran trozo de cheesecake, presumiblemente de café, ella tomo una cuchara y probo el pastelillo ante la incredulidad de aquel hombre pero justo después del suspiro que dio al saborearlo, le ofreció sin más a él con la misma cuchara y le dio a comer en la boca. Ella alterno la cuchara hasta que aquella gran rebanada casi doble se termino y ella hablo.
- Yo había planeado, tomar los postres con vino pero, ¿Te importaría hacerlo con botella de agua?
- No, desde luego que no hay problema.
Ella puso el plato sucio sobre la mesa y estiro la mano para tomar otra botella de agua, ella misma la abrió y le dio un pequeño trago, para estupefacción de Edward, le dio a beber en los labios de la misma botella, esta vez no tembló tanto, volvió a dejar de nuevo la botella sobre la mesa, tomo otro plato y agarro otro gran pedazo de otro pay.
- Es tu favorito, yo he intentado hornearlo un millón de veces pero sencillamente es imposible que me quede bien. ¿Quieres?
Edward no contesto, simplemente abrió la boca y se dejo alimentar por ella, sorprendiéndolo al probarlo, cuando ella juraba y perjuraba que el único postre que ella comía era su cheesecake. Se lo terminaron entre los dos, tomando intermedios de traguitos de agua.
- Admito que esta bueno, pero el cheesecake de café es el cheesecake de café.
- Pero el pay de limón, es el pay de limón.
- Demonios Cullen, debemos de hallar un postre que nos guste a los 2 por que si no, si va a haber un divorcio aquí.
Edward odiaba esa palabra, divorcio, pero oírsela a ella en un intento de chiste era lo mas bizarro en una noche de incredulidades, que continuaba.
- Bueno como sea, un buen postre en definitiva no se toma con agua, eso lo saben hasta los niños.
- Y tienen razón, ese par de pillos. De verdad hay veces que se pasan de listos conmigo, me meten en problemas.
- A mi no me veas, cuando se portan bien son mis niños.
- Aja, entonces eso quiere decir que cuando se portan mal, solo son míos.
- Bueno realidad son nuestros pero si hacen travesuras son tuyos.
- Si mi amor, son nuestros y su debilidad por el azúcar es tu culpa.
- Pero yo puedo decir que es tu culpa y como yo soy la sabelotodo aquí, yo tendría la razón.
Ella se paro de súbito de las piernas de Edward, él pensó inmediatamente que su suerte había terminado, la siguió con la mirada. Ella se había parado para servir dos copas de vino y se acercó a él entregándole una copa, él se puso de pie, aceptándola.
- Por el futuro, salud.
- Por el futuro y por tu cumpleaños, mi amor. Salud.
Él se tomo la copa sin embargo dudo en tomarle, era alcohol y él no tomaba ni vino.
- No te preocupes, no contiene alcohol.
- Gracias, lo siento no es que no quisiera brindar es que…
- Saluuud…
- Salud.
Edward se tomo la copa de un jalón, podrían no contener alcohol pero aun así era jugar con fuego, no quiso ahondar en el asunto, él iba a poner su copa sobre al mesa cuando observo mas hacia adelante, justo en el centro de la sala como centro de mesa estaba la esfera de cristal que él le había envuelto como regalo de cumpleaños hace ya cuatro años. El dejo la copa y se alejó para tomarla, abrazo aquella cosa como si con ello se disculpara con aquella bola y con la vida.
- ¿Encontraste tus regalos?
- Siii y los abrí, gracias por tus regalos de cumpleaños, el único problema es que tendremos que hacer un tour por que ya debemos las esferas de Londres, Ámsterdam y suiza.
- Yooo…
- Algunas de las fotos que te robe de tu agenda las quiero meter en mi portarretratos, graciaasss.
Edward fue súbitamente impactado por el cuerpo de ella que lo abrazaba, tiro la bola que para su suerte fue a caer al sillón y no se había roto, el la abrazo pensando en su suerte cuando de repente el mundo se detuvo.
Ella se soltó de su abrazo pero no para alejarse de él, ella subió a sus zapatos y lo beso. Edward no reacciono, ella se alejó y lo miro directamente a los ojos, se había dado cuenta de que él estaba paralizado, estupefacto y ni siquiera respiraba. Ella se volvió ha acercar, le dio un beso en la frente, uno en cada mejilla y para después besarlo mirándolo directamente a los ojos, ella noto el momento exacto en que reacciono cuando una lagrima resbalaba por la comisura de su ojo, el la abrazo y la beso. Aquel momento fue el detonante de la reacción de él, jamás pensó que un día llegaría en que ella lo besaría, siempre era el quien se acercaba a ella cuando estaban juntos, siendo ella pequeña y penosa jamás iniciaba un encuentro, después de aquel suceso en este mismo cuarto él nunca pensó que ella volvería a besarlo.
El la abrazo y la beso, el beso mas tierno y cariñoso que jamás se habían dado, no había implícita sexualidad o sensualidad, era un beso amoroso y tierno, a ninguno de los dos les intereso cuando duro el tiempo que estuvieron abrazados besándose, para el momento en que se separaron no dejaron de mirarse o de abrazarse.
Ella se separo de el enrojecida y temblorosa, Edward no supo como interpretar eso, así que en lugar de obligarla a seguir abrazándolo o cerca de él, decidió dejarla ir de sus brazos, el inmediatamente sintió la ausencia. Ella solo le proporciono una tímida sonrisa y el no supo que hacer, así que simplemente dijo.
- Dios, yooo… feliz cumpleaños hermosa niña, que la vida te llene de bendiciones y te de muchos, muchos años mas.
- Gracias y gracias por los regalos, gracias por mis hijos, gracias por todo.
Edward de verdad pensó que aquello no era verdad, primero la cita con el, luego la forma en que lo trajo, la recamara idéntica, ella ahí, ella alimentándolo, ella besándolo y ahora ella dándole las gracias.
- Ven Edward, mira lo que hice.
Ella lo tomo de la mano y lo sentó en la cama, le puso sobre las manos el portarretrato.
- Te tengo una sorpresa, ehhh, observa mientras el regalo que te hice, no te lo pienso dar por que es mio pero de regalo te voy a permitir verlo.
Edward empezó a ojear el portarretrato, no podía creer lo que veía, en la foto de nuestro primer hijo estaba una foto de sus gemelos, conocía esa foto, no fueron las fotos que conocía las que lo impactaron, fueron las que ella había agregado y etiquetado, una era ella sobre la cubierta del yate, detrás de ella se veía un atardecer de adorables colores naranjas pero no era lo hermoso del paisaje, era el pronunciado vientre de ella en ese hermoso vestido de maternidad color blanco, no podía creer lo divina que se veía, había otra foto donde se le veía a ella con lagrimas en los ojos, despeinada y con un lector de pulso en su dedo, lo increíble era ver la mirada de amor con la que ella veía a los recién nacidos en aquella foto, uno en brazos de Carlisle y otro en brazos de Jacob, no identificaba quien era quien, aun se veían sin limpiarse y uno estaba tranquilo mientras el otro empezaba a llorar, había tantas fotos así que no supo en que momento le ganaron las lagrimas pero ver la ultima foto añadida lo quebró… no sabia en que momento había alguien tomado esa foto o si era una parte de un video pero ahí estaban los cuatro, recordaba exactamente ese momento, fue el día de la cena de navidad, el venia llegando con ella en el elevador, sus hijos corrieron hacia ellos, él había cargado a cada uno de ellos en un brazo y después como pudo le ofreció el brazo a ella para que lo tomara, ella lo había hecho y sonrió pegando la mejilla a él. Era la foto mas perfecta y escrito bajo ella decía lo mas doloroso y a la vez lo mas hermoso, "Nuestra familia".
- No llores amor, me paso lo mismo cuando las puse ahí, llore durante horas, no llores por favor.
- Dios mio, Bella. ¿Qué hice? Dios, ¿Qué hice?
Edward dejo el portarretratos de lado y se arrodillo, abrazándola por la cintura.
- Perdóname mi amor, dios, perdóname. Te ruego me perdones, lo lamento, lo siento tanto.
- Yo ya lo he hecho mi amor y es por eso que estoy aquí, ahora ambos necesitamos que nos perdonemos.
- Lo siento, lo siento tanto, lamento cada mal momento, lamento cada vez que tuviste que huir, cada momento de miedo, cada mal rato, lo siento, siento haberte lastimado, siento haberte herido físicamente, lo siento y lo lamento tanto, lo siento tanto.
- Toma. Ten tómalo y ábrelo.
- ¿Qué que es?
- Averígualo, cariño.
Este fue otro golpe bajo para el árbol hecho leña, dentro de una caja de terciopelo estaba la argolla de matrimonio Bella, él nunca se había quitado la suya en todos esos años pero Bella jamás la traía puesta.
- Durante el tiempo que estuve en coma, me lo quitaron por que mis extremidades se hincharon, fue la misma Doctora Rastegui quien lo guardo para mi, en la cena de navidad me lo dio.
- No es necesario que lo uses o que te lo pongas, yo lo entiendo.
- No, no lo entiendes, no me lo voy a poner yo, lo harás tú…
- Bella…
- Hazlo.
- Amor mio, aquí arrodillado a tus pies, con el corazón y el alma sometidos a tu voluntad, te suplico uses este anillo como el símbolo de el amor tan grande que nos tuvimos…
- Que nos tenemos…
- Que nos… Bella… amor… ¿que esta pasando?…
Ella solo estiro la mano, él no podía dejar de ahogarse en sus ojos, no entendía lo que sucedía, estaba tan perdido en la incredulidad que fue casi como un acto robótico que le puso aquel anillo.
- Deja de pensar…
- Pero…
- Deja de pensar…
- Bella…
- Cierra los ojos…
- Amor…
Edward obedeció y cerró los ojos, escucho como ella aplaudió y las luces se apagaron, ella hizo varias cosas aun con las luces apagadas y de nuevo regreso hasta pararse frente a él, tomo sus manos y las unió a las de ella, el las cubrió con amor y ternura, el sintió como se hincaba frente a él.
- Edward me costó cuatro años superar y asimilar todo lo sucedido…
- Lo siento…
- … me llevo años salir de encierro en aquel yate…
- Dios, lo lamento…
- …me costó la intimidad pedir un buen consejo…
- Bella…
- … hace un mes me di cuenta que no podía mas con esta situación…
- Por favor, no te vayas. Yo lo siento, yo lo lamento tanto.
- … aclare mis sentimientos, declare una batalla a mis temores…
- Mi vida…
- … Edward, tu me lastimaste…
- Yo estoy tan arrepentido por ello…
- … tu me lastimaste… pero yo te amo, te amo Edward Anthony Masen Cullen y por eso quiero olvidar, quiero continuar, quiero superar y por lo que siento por ti, por mi familia, por mis hijos, por todo lo que siento y he sentido se, ahora se… que quiero estar contigo y serle fiel a mi amor por ti y no a mis temores sobre ti.
- Yo…
Edward no pudo decir nada mas, ni siquiera pudo pensar en algo mas, ella había soltado sus manos para tomar su cara entre sus dedos y besarlo. Esta vez el beso fue profundo, no era algo erótico, era un beso de necesidad, era el agua pura para el sediento, el alimento de un hambriento, para ambos fue ver la luz en la oscuridad en la que se habían sumergido, uno como victima y el otro como victimario.
En algún momento durante aquel beso ella tomo las manos de él y las coloco sobre su cadera, para acto seguido ella quitarse la bata de baño que llevaba. El con sus manos empezó a explorar aquello que no lograba ver, ella llevaba un especie de corsé, traía ligero pero el no quiso ser mas osado, insto sus manos detrás de ella y aplaudió.
- Amor…
Ella reacciono de la peor manera, interrumpió súbitamente el beso, trataba de taparse con las manos el pecho y el cuello, Edward tardo hasta que ella se coloco de nuevo la bata en entender que no quería que viera sus cicatrices, ella aplaudió apagando las luces de nuevo.
- No hagas eso, yo no...
Pero antes de que terminara aquella frase él ya las había encendido nuevamente, ella iba a aplaudir nuevamente pero él le detuvo las manos.
- No, mi amor, no te escondas de mí, dijiste que ya no ibas a huir. No huyas de ti misma…
- Pero me veo tan fea.
- Ven.
- No, yooo.
- Ven, amor.
Edward la tomo de las manos y la sentó de nuevo en su regazo.
- Amor mio, Bella, para mi, para mi Isabella Black-Cullen, tu, tu vida mía, eres la mujer mas sexy, sensual y hermosa del mundo.
- Pero…
- Pero nada, eres hermosa, eres divina y aun con esas cicatrices, siempre serás hermosa.
- No me gustan.
- ¿No te das cuenta de lo hermosa que te vez?
- No es cierto, no se ven bien.
Edward la cargo cual pluma y paso una pierna de Bella a cada lado de las suyas para dejarla sentada sobre sus piernas pero de frente a él.
- Cierra lo ojos y no pienses.
- Pero apaga las luces, por favor.
- Cierra los ojos amor mio y por favor, no pienses, confía, solo confía en mí.
- Pero Edward.
- Shhhh.
Ella lo miro directamente a los ojos con estos llenos de lágrimas pero aun así cerro los ojos. Edward no tuvo una intención incitadora, simplemente bajo los brazos de ella a sus costados y beso cada mínima cicatriz, cada mínima marca sobre su piel en su cuello, su pecho y sus brazos, cada mordida, cada corte que le hicieron para sacar la sangre coagulada, la operación, todas las partes a la vista de aquel hermoso conjunto a la altura de la forma en que estaban sentados.
- Hace cuatro años, en Australia te acuerdas que el día que nos casamos, de alguna manera nos hicimos el amor, ¿Lo recuerdas?
- Si
- No abras los ojos.
- Si, lo recuerdo.
- Ese día yo salí al centro y anduve contigo por todo el centro y en todos los lugares que visitamos de turistas, de ahí regresamos al departamento y luego viajamos hasta aquí y pasamos otras noches juntos, ¿Lo recuerdas?
- Si
- Sabes que cada noche que dormimos juntos y nos amamos, tú dejabas una marca en mi cuello justo debajo de mi oreja izquierda.
- ¿Yo?
- Tú mi amor, desde que te conozco, te he sido completamente fiel y eres la única mujer que me ha dejado un chupetón.
- ¿Te deje un chupetón?
- Bueno la última vez que nos amamos… juntos, me dejaste más de uno.
- ¿Quee?
- Si
- ¿Por qué me dices eso?
- Días después de lo de Australia, tu te fuiste y yo me anduve contoneando como pavo real por toda mi oficina, el MIT, la zona bursátil y hasta metro de nueva york, solo por mostrar que mi mujer había dejado una marca sobre mi, mi dueña me marcaba como suyo.
- No lo entiendo, dices que mis marcas de mordidas están bien.
- No
- Digo que si yo llevara mordidas tuyas por mí cuerpo me pavonearía aun más, por el simple hecho de ser tuyas y las mostraría con orgullo.
- Pero…
- Lo se amor, tu no eres de mi propiedad para que yo te marcara así pero no debes de sentirte mal por saber que llevas marcas de un ataque al que sobreviviste. Amor eres una sobreviviente no alguien malo, no escondas al mundo las pruebas de tu valía y de tu fortaleza, eres una mujer hermosa por dentro y por fuera.
- Me dan pena.
- Tal vez, pero al igual que como paso con la botella de agua, debes enfrentar tus miedos, debes enfrentar el hecho de que eso afecta tu autoestima y es necesario que lo afrontes también.
- Trato de hacerlo.
- ¿Si?
- El otro día se las enseñe a los niños.
- ¿No las conocían?
- No completamente, solo le había mostrado las más tenues o más a las afueras de mis cuellos de tortuga.
- Bella no te gustaría ir a un cirujano plástico o que busquemos alguna crema o ungüento para atenuarlas.
- Si, eso me gustaría.
- Bueno lo haremos pero en este preciso momento quiero que te enorgullezcas de ser la hermosa mujer más fuerte del mundo, estas hecha de diamante y brillas por ti misma, unas cuantas marcas no lograran quitarte tu dureza o tú brillo, mi vida.
Bella se aventó hacia él y lo abrazo, lo comenzó a besar, el tenia razón, ya no se escondería y menos de él. Pasaron un buen rato besándose, cada vez lo besos se hacían mas profundos, las manos de él picaban por tocarla por todo aquel espacio del cuerpo de su mujer pero el no sabia del todo como actuar, fue ella misma la que actuó. Empezó a juguetear con su corbata y casi como si estuviera haciendo una travesura soltaba botón por botón, ella hizo lo mismo que el, cada cicatriz que se encontraba a su paso la besaba y la trataba con adoración.
Bella le quito las mancuernillas de la camisa y en ese momento el recordó algo.
- Amor, amor espera…
- ¿Qué sucede?
- Mi vida, recuerdas que yo tenia aquí una cajita llena de mancuernillas, ¿Sabes donde esta?
- Si, esta en tu cajón en el closet. ¿Por qué?
- Espera, permíteme un segundo.
Edward se paro con todo y ella encima de él, la cargo hasta que puso los pies sobre el suelo y vio como su camisa cayo al suelo. Se acercó al cajón y busco como desesperado aquella caja, cuando por fin la encontró y la abrió, encontró lo que buscaba. Escucho como Bella a lo lejos le gritaba que aprovechara y se pusiera la pijama.
Edward al escuchar aquello se levanto tan de prisa que se pego con el mismo cajón y maldijo en alto, no podía creerlo, esa frase era una invitación tacita de que se quedaría con ella toda la noche y sin los niños, no lo pensó y un minuto después llevaba puesto aquellos suavecitos pantalones de polar que tanto le encantaban a ella, con su camiseta a juego. El salió del armario para encontrarla a ella frente al tocador cepillando su cabello.
- Había planeado hacer esto hace cuatro años… y en definitiva había planeado en un atuendo mas apropiado que mi pijama pero mi amor, me harías el enorme honor, me concederías la indulgencia de por vida y me darías la razón mas grande de ser y estar, si aceptaras ser mi esposa, ¿Te casas conmigo Bella?
Edward que se hallaba frente a ella con una rodilla en el suelo y mostrándole un hermoso y enorme diamante acompañado de pequeñas gemas turquesas.
- Había planeado todo pero hoy solo me interesa que sepas que ese día mi intención era pedirte formalmente que te casaras conmigo y hacer una fiesta en grande para celebrar nuestra unión, para poder ya empezar nuestra vida juntos.
- ¿Lo tienes desde entonces?
- Si, admito que ya lo había dado por perdido desde que supe que se habían deshecho de todo lo de esta estancia pero para mi fortuna lo he encontrado. Que dices amor de mi vida, ¿me honrarías con tu presencia el resto de nuestras vidas?
- Si
- ¿En en serio?
- Claro mi amor, me quiero casar contigo y quiero que nos casemos en mi yate.
- Te amo, Bella, te amo tanto, no me va a alcanzar la vida para resarcir todo lo malo y para agradecerte esta oportunidad y todo lo bueno.
Edward podría saltar de regocijo en ese momento mientras ponía el anillo en su dedo anular, todavía no podía creerlo, ella había aceptado, ellos se casarían. El sabia que iba a decir algo más pero en ese momento puso de verdad atención al atuendo que ella traía puesto y su boca se abrió de par en par.
- ¿Lo recuerdas?
- Cla claro, yo yo lo compre pa pa para ti.
- ¿Te gusta?
Edward estaba embelesado, no la había observado ella llevaba puesto aquel conjunto hermoso de corsé de encaje, ligero, tanga y medias de encaje y seda que había comprado para ese día en tonos blanco y rosa pastel, ese día había planeado que tal vez, si ella lo quería, harían algo mas que solo darse besos y abrazos. Él estaba perdido en sus memorias cuando ella camino enfrente de él que se encontraba hincado en el suelo a la altura ideal para observarla, ella modelándole el atuendo se paseo frente a él, el respingón trasero de ella quedo a la altura de su cara cuando fue y vino para que la viera a plenitud, el trago en seco.
- Eres la mujer más hermosa y sensual que alguna vez el mundo haya concebido.
- ¿Eso es un, si?
- Eso es en definitiva un rotundo, me encantas.
Ella lo tomo de la mano y lo ayudo a levantarse, guiándolo hacia la cama y lo acerco a ella para abrazarla.
- Edward te acuerdas que en aquel entonces, yo te pedí un regalo para navidad.
- Si, me pediste que…
- Quiero que me concedas mi deseo.
Si definitivamente esta noche pasaría a la historia como la velada más imposible e inconcebible para la incredulidad de aquel atormentado hombre. Dios le había dado un indulto a todos sus terribles actos. Ella hacia cuatro años en el cumpleaños de él, le había pedido que le hiciera el amor, él le había dicho que tal vez aun era muy pronto. Ahora ella se lo volvía a pedir y el creía que el mundo estaba de cabeza, como era posible que ella estuviera actuando como si nada, absolutamente nada estuviera pasando, como si nada hubiese pasado en este mismo lugar hace exactamente 4 años.
- ¿Estas, estas segura, mi vida?
- Yo…
- Mi amor, yo haría todo lo que tu me pidas, un día te lo dije, tu eres mi dueña, eres mi ama, eres mi todo, ¿Estas segura?
- Yo quiero… quiero estar contigo.
- ¿Estas segura?
- Si.
- Mi amor, ¿Me concederías el honor de hacerme tuyo en cuerpo y alma?
- ¿Yo a ti?
- Si mi vida, tu a mi, ¿me concederías el enorme e invaluable regalo de concederme hacerme tuyo?
- ¿No es al revés?
- En nuestro caso no mi amor, yo quiero que me consideres tuyo, que me hagas sentirme únicamente tuyo, quiero que me marques y en unos días que volvamos a ver la luz de día, me pavonee de nuevo por todos lados por que mi dueña me ha reclamado, ¿Me concederías ese milagro, mi amor?
- ¿Me concedes tan inalcanzable honor?
- Si
- Te amo, Bella, te amo demasiado, siempre te he amado y por siempre te amare.
- Te amo, Edward, te amo, mi amor.
