Cap XXXVII. Reunión.
Saga se había enfadado mucho con Yuzuriha cuando se enteró de su decisión y le había prohibido la entrada a la habitación, cosa que no le sorprendió y de hecho aprovechó para seguir con sus planes. Deseaba darle una sorpresa a Saga y, después de charlas con las enfermeras y doctores, le habían dicho que si él ponía de su parte, comía y tomaba sus medicamentos, le darían permiso de ir a dar un paseo aunque obviamente no podía ser muy lejos debido a lo delicado de su condición. Aquello había emocionado a Yuzuriha y decidió seguir con sus planes. Ya había pedido a Defteros y a Kanon que contactaran con los miembros de su vieja banda pues quería que fueran parte de su sorpresa. Por esa razón los dos tuvieron que mentirle a Saga cuando les pidió lo mismo.
Kanon y Defteros decidieron que uno sería el encargado de reunir a la banda mientras el otro le daría largas a Saga lo más que se pudiera. Obviamente su forma de saber quién haría qué fue jugando piedra, papel o tijera. Defteros había perdido. Era bastante malo en ese juego. Cualquiera hubiera pensado que Kanon se haría cargo de la banda pero prefería volver loco a su hermano. Eso siempre se le había dado bien. Ponerle mil y un excusas diferentes y descabelladas para no hacer lo que su hermano mayor quería.
-"Cabrón, necesito verte" –Dijo Defteros cuando Manigoldo contestó el teléfono.
-"Qué huevos los tuyos de no saludar." –respondió el antiguo segundo guitarrista de su banda –"¿Qué mierda quieres ahora?"
-"Que nos veamos mañana, me gustaría que me hicieras un favor."
-"No me jodas, cabrón. Tengo escuela." –Replicó el chico.
-"Yo también. Anda, además hace siglos que no te veo." –Insistió Defteros –"Te veré por la tarde. Llamaré a Shura también"
-"De acuerdo, viejo. Te veré mañana" –Finalizó y cortó la llamada.
-Bien… Ahora falta el otro –Dijo Defteros en un suspiro mientras buscaba el número del antiguo bajista en su móvil. Cuando al fin lo encontró llamó. Tardó casi cinco intentos hasta que al final le respondió.
-"¿Sí?" –La voz del otro lado sonaba un poco agitada.
-"¿Shura? Colega, tanto tiempo" –Defteros ignoró totalmente el estado en el que podría encontrarse el chico.
-"¿Defteros? Hermano, ¿qué tal todo?" –Shura carraspeó tratando de ocultar un poco su agitación.
-"Necesito verte…"
-"Ahora es que no puedo. Estoy… ocupado…" –Dijo y una voz de mujer se escuchó al fondo.
-"¿Estás follando?" –Preguntó el moreno sin disimular.
-"Pues sí…"
-"Haberlo dicho antes. Te veo mañana por la tarde, necesito hablar contigo y con Mani." –Shura no pudo ver la sonrisa que se formó en los labios de su antiguo compañero de clases pero se la imaginó.
-"Vale. Entonces te veo mañana." –Volvió a decir.
-"Genial. Dale duro, hermano" –Finalizó Defteros y cortó la llamada –Éste hombre no cambia –Dijo para sí y guardó el móvil.
Al día siguiente, luego de un día particularmente difícil en la universidad, Defteros llegó a la cafetería donde había quedado con sus antiguos compañeros. Bostezó largamente y se miró la nueva cortada en el dedo índice. Eso de usar cuchillos mientras sus profesores lo veían no era lo suyo, un día se rebanaría el dedo o una mano sin dudarlo. No tuvo que esperar mucho pues de inmediato entraron por la puerta dos chicos bastante altos, uno de cabello muy negro y corto de piel pálida y el otro de cabello color púrpura un poco más moreno. Ambos con pendientes en ambas orejas, aunque el de cabello púrpura además tenía una pequeña expansión en la oreja izquierda. Ambos llevaban pantalones ajustados, uno usaba una playera de Helloween y el otro con una de Iron Maiden. Sonrieron al ver a Defteros y se acercaron a saludarlo. Los tres tenían unos cuántos meses sin verse aunque durante la preparatoria habían sido bastante unidos. A pesar de todo, trataron de mantener el contacto lo mejor posible.
-Cuánto tiempo sin verte, cabrón –Dijo Manigoldo, el de cabello púrpura, mientras se sentaba –Quién te viera peinado y todo.
-Qué hijo de puta. Tengo que ir así a clases, si uno de mis cabellos termina en la comida, me reprueban –Se defendió el moreno –Tú pareces delincuente.
-A que mis nuevos tatuajes son hermosos –Contestó mostrándole un precioso tatuaje de estilo acuarela que adornaba todo su antebrazo izquierdo –Dolió un huevo pero mira nada más qué hermoso –Dijo totalmente orgulloso.
-Ya te quiero ver después cuando quieras trabajar –Intervino Shura con cara de no poder creer lo que hacía su amigo.
-Si no me contratan es discriminación –Replicó Manigoldo mientras se encogía de hombros.
-¿Y bien? –Shura miró a Defteros, dando por terminado el tema. Él siempre había sido así de directo pues odiaba perder el tiempo -¿Para qué nos querías ver?
El moreno empezó explicando a grandes rasgos la situación. No quería entrar en detalles y quería obviar lo delicado que se encontraba su primo, aunque sí les había advertido que su apariencia había cambiado. Les explicó que Yuzuriha quería darle un regalo a Saga y que ese regalo los incluía a ellos como banda. Afortunadamente para el plan, los dos amigos seguían tocando sus instrumentos por lo que no tendrían que empezar de cero.
-Les haré saber cuándo Yuzu me dé más detalles pero definitivamente tendremos que hacernos un espacio todos los días para ensayar –Dijo Defteros. Los amigos notaron que el chico era mucho más responsable que en su adolescencia temprana, parecía más centrado y maduro –Me gustaría que todo saliera bien.
-Claro, no te preocupes por eso, hermano –Shura apoyó la mano en el hombro de su amigo –Será maravilloso.
-Aunque eso signifique no más follar para ti durante un tiempo –Agregó Manigoldo que de inmediato recibió un coscorrón por parte del pelinegro.
-Les agradezco mucho, chicos –Se sinceró Defteros.
Los tres amigos se quedaron charlando un buen rato. Eso a Defteros le venía de maravilla para olvidarse de toda la mierda que estaba pasando en su vida. Por lo menos podía contar todavía con sus ex compañeros de banda. Después de haber agendado los nuevos horarios para los ensayos, los tres se despidieron.
Saga todavía no quería ver a Yuzuriha así que estaba de un humor bastante más apagado y mucho más irritable. Kanon además de tener una misión importante, se había ofrecido como voluntario para quedarse con él pues Sasha, su madre, tenía mucho trabajo y Aspros, su padre, estaba trabajando horas extra para poder cubrir los gastos del hospital. A Kanon le gustaba pasar tiempo en el hospital pues era un lugar tranquilo para poder hacer sus deberes o avanzar en sus lecturas recreativas, más que nada porque Saga se rehusaba a hablarle aunque esa tarde era la excepción.
-Hoy estás muy callado, ¿qué pasa? –Kanon se sentó en una silla a su lado.
No hubo respuesta. Saga miraba por el atardecer por la ventana.
-¿Sigues molesto por lo que Yuzu hizo? –El menor suspiró y estiró las piernas –Créeme que no lo hizo para fastidiarte. Es su forma de recuperar el tiempo perdido.
Pero Saga seguía mirando por la ventana cómo los colores en el cielo iban mezclándose, el azul, el anaranjado, el amarillo, para dar paso al cielo nocturno. Últimamente le gustaba mucho mirar el cielo y los atardeceres.
-Bien, no hables si no quieres, pero no seas tan duro con ella. Ninguna otra lo hubiera dejado todo por ti, ni siquiera hubiera vuelto contigo después de lo cabrón que fuiste –Kanon negó con la cabeza –Eres un idiota…
-Hermano, quiero casarme con ella… –Soltó Saga con voz tranquila y la vista aún clavada en el firmamento.
