Cap XXXVIII. Por siempre.

Pasaron un par de días desde la confesión de Saga antes de que Kanon pudiera decirle algo al respecto, aunque terminó siendo una frase de apoyo. Entonces, al menor de los gemelos se le ocurrió sugerir que deberían hacerlo el día que él pudiera salir. Kanon tenía ideas interesantes cuando se inspiraba y vio en esa confesión el momento para juntar ambas sorpresas y hacer algo con mayor significado para la pareja. Además, le encantaba tener el privilegio de conocer ambos planes, lo hacía sentir poderoso e importante.

Por otro lado, cuando Defteros avisó a Kanon y a Yuzuriha que la banda estaba reunida, ella decidió entonces desvelar su plan: quería llevarlo al claro junto al río. Obviamente ahí no había electricidad por lo que llevar los instrumentos no serviría de nada y lo que único que se escucharía sería el ruido de la batería, así que Defteros sugirió que fuese entonces algo acústico, idea que maravilló a la rubia. También ella les hizo saber que quería hacer un día de campo para los dos pues creía firmemente que sería una linda sorpresa para Saga y además no tendría que esforzarse tanto pues ella lo llevaría personalmente en bicicleta hasta el lugar. Los tres se sintieron satisfechos pues el plan estaba resultando a pedir de boca.

Saga "permitió" a Yuzuriha volver a visitarlo pues había entendido, gracias a su hermano, que ella no había querido hacerlo sentir mal ni dañarlo, al contrario. Por si fuera poco, si las cosas iban bien, podía volver a clases el siguiente semestre.

-¿Ya no estás enfadado? –preguntó Yuzuriha sentándose junto a él mientras abría unos dulces con sabor a kiwi, la fruta favorita de Saga.

-No, ya no –y abrió la boca cuando su novia le ofreció el dulce –Entendí tus razones y todo está bien ahora.

-Menos mal. Estaba a punto de sobornar al enfermero Dita para que me dejara entrar.

-Él es quien mejor me cuida, no creo que te hubiera dejado pasar.

-Pero es quien más me ayuda, así que yo creo que sí.

Ambos se miraron un segundo y sonrieron. Sus discusiones eran siempre así, muy adorables. El personal que cuidaba de Saga había notado que sonreía mucho más desde que Yuzuriha iba a visitarlo y les gustaba mucho verlo pues entendían que, en ocasiones, una visita así podía mejorar el estado de ánimo de un paciente, lo cual también aumentaba las posibilidades de una pronta recuperación.

-Mientras me tenías desterrada, conseguí un trabajo –dijo Yuzuriha que intentaba tejer una bufanda para su novio.

-¿Ah sí? ¿En dónde? –Saga tomó varias fotos de ella mientras no lo veía.

-En la cafetería. Es medio tiempo, por eso solamente podré venir a verte por las tardes.

-¿Y qué haces en esa cafetería? ¿Eres mesera?

-No realmente. Me están enseñando a preparar cafés, tés y otras bebidas que seguro te gustarían. A veces también preparo crepas o sándwiches –sonrió ampliamente –Es un trabajo muy entretenido.

-¿Y qué tal la paga? –miró a su novia con curiosidad.

-No es buena pero es algo y puedo ayudar en casa con los gastos. Así que si llego oliendo a café, ya sabes por qué es.

El peliazul sonrió orgulloso de ella más no pudo evitar sentirse mal. No tenía nada en contra de la gente que trabajaba en esos lugares, pero ese no era el tipo de trabajo que imaginaba para su novia. Siempre la imaginó haciendo algo que cambiaría al mundo y que la haría inmensamente feliz.

-Está lista –dijo Yuzuriha de pronto, sacándolo de sus pensamientos.

-¿Perdona? –vio a su novia ponerse de pie y pasar algo alrededor de su cuello.

-Ah, te queda preciosa –le resultaba imposible ocultar su felicidad y el orgullo que sentía.

-¿Una bufanda?

-Sí, para el frío. Tu madre me ayudó a empezarla, nunca había tejido en mi vida.

Saga sonrió enternecido por las palabras de su novia y la atrajo con cuidado para besar sus labios.

-Te amo tanto, hermosa –murmuró apartándose lo suficiente para poder mirarla a los ojos, perdiéndose en ellos al instante.

Yuzuriha se sintió extrañamente enternecida y sus ojos se llenaron de lágrimas pero luchó con fuerza para no dejarlas salir. Volvió a besarlo en los labios. Una extraña sensación le invadió el cuerpo entero al besarlo pero decidió no decir nada al respecto.

Luego de varios días, por fin autorizaron a Saga ir a su paseo. Kanon ayudó a su hermano a vestirse: un pantalón negro de mezclilla, una camisa blanca, sus converse negros y un suéter negro también. Tenían que abrigarlo para evitar que se enfermase y su condición empeorara. Kanon le puso algo de colonia y quedó listo. Entre él y ella, llevaron a Saga a la salida donde ya les esperaba la bicicleta y un carrito que portaba el tanque de oxígeno para él. Se despidieron y ella fue pedaleando con precaución hasta el claro.

Ahí, Defteros y los chicos les esperaban ya, practicando un poco para calentar. Estaban emocionados porque al fin verían a Saga después de tanto tiempo y tanto Shura como el moreno advirtieron a Manigoldo que no hiciera chistes ni comentarios para burlarse de él pues estaba tan irritable que era capaz de ahogarlo en el río. Ya en alguna ocasión Manigoldo había molestado tanto a Saga que éste lo había empujado por las escaleras de la escuela. Obviamente no pasó a mayores pero el chico se había llevado un terrible susto y ahora guardaba su distancia, especialmente porque vio en el rostro del mayor que no tenía ni una pizca de remordimiento.

Cuando Defteros vio que Yuzuriha se acercaba fue a su encuentro para ayudarle con Saga. Entre los dos lo llevaron a donde Shura y Manigoldo le esperaban. Saga era bastante alto, demasiado tal vez, pero su condición le hacía ver diminuto. Ambos se alegraron mucho al verlo y le regalaron un abrazo fuerte para luego ayudarle a sentarse en la manta que Yuzuriha había puesto en el pasto. Kanon iba en el auto detrás de ellos así que llegó al poco tiempo con una sorpresa: Marin. Nadie excepto él y Saga sabían que ella llegaría, pues el mayor de los gemelos sabía que el día de su boda, la mejor amiga de su novia debía estar ahí. A Yuzuriha le pareció extraño que el único árbol del lugar tuviera algunos adornos blancos pero no dijo nada pues creyó que había sido un toque extra que le había dado Defteros.

-Quise traerte aquí porque sé que es tu lugar preferido –empezó la rubia –Y éste lugar ha sido una parte importante en nuestra historia.

-Lo sé –agregó Saga –Es por eso que preparé algo para ti también.

En ese momento, Kanon y Marin caminaron hacia ellos ante la sorprendida mirada de Defteros y de Yuzuriha. Los dos se miraron con confusión. A alguien se le había olvidado agregar algunos detalles al plan.

-¿Pero qué hacen ellos aquí? –preguntó la rubia para si. Cuando tuvo a Marin cerca no dudó en preguntarle en voz alta -¿No tienes escuela?

-Sí pero era más importante venir por ustedes –sonrió. Miró al moreno y luego a su amiga –Es un día especial.

Kanon se acercó a Shura y Manigoldo para darles una lista de canciones que sabía perfectamente que dominaban. Luego se acercó a su hermano pare hacerle saber que estaba todo listo.

-Yuzuriha, yo sé que no he sido la mejor persona del mundo, y esto que estoy a punto de hacer, es solamente una prueba más de ello –sostuvo sus manos con cariño –Pero espero que lo entiendas.

-¿De qué hablas? –miró a su alrededor con preocupación -¿Qué sucede?

-Hoy vine a casarme contigo –respondió mirándola a los ojos.

-Saga, ¿pero cómo? Necesitamos…

-Lo sé –interrumpió –Sé que necesitamos un sacerdote y otras cosas pero para mí lo más importante es hacer esto porque lo queremos y no porque lo tengamos que hacer. Solíamos hablar de cómo queríamos formar una familia, estar por siempre juntos y eso quiero hacer hoy.

Yuzuriha intentó combatir las lágrimas. Marin se quedó de pie junto a su amiga y Defteros y Kanon junto a Saga.

-Si no te importa, yo empezaré –Ddjo Saga.

-No… Quisiera empezar yo –intervino la rubia que apretó cariñosamente las manos de su novio –Llegaste a cambiar mi vida, Saga. Desde esa tarde en la biblioteca cuando me llamaste y no sabía quién eras. Todos los días contigo han sido una aventura. Lo bueno, lo malo, la felicidad y la tristeza, las he compartido contigo –tuvo que hacer una pausa para no llorar. Tomó aire y prosiguió –Estar lejos de ti ha sido la segunda prueba más difícil que he tenido que enfrentar en mi vida pero mi amor por ti me guió de nuevo a tus brazos. Lo que yo siento por ti se queda corto, un te amo no es suficiente para expresar todo lo que siento hacia ti. Eres el amor de mi vida, eres mi motor, lo que me hace fuerte, lo que me inspira a ser mejor; eres mi fortaleza y mi debilidad. Me sentiré honrada de poder compartir el resto de mi vida contigo –finalizó, sorprendida que haber logrado controlar sus lágrimas. Saga sonrió con ternura.

-Desnudarse frente a alguien es sencillo y estúpidamente creemos que eso es intimidad pero no es así. La verdadera intimidad es abrir tu alma y mostrarle a alguien lo que eres de verdad. Eso es lo que tenemos tú y yo –Saga soltó una de sus manos para acariciar su mejilla –Me das vida, Yuzu. Jamás esa expresión fue más cierta. Mis hermanos pueden decírtelo, Marin puede decírtelo. Tu amor me trajo de vuelta al mundo de los vivos. Pasar el resto de mis días a tu lado serán un privilegio, una bendición –Saga entonces besó a su novia.

Marin amarró un pedazo de hilo rojo en sus dedos meñiques y así se dio por terminada la improvisada ceremonia. Tal vez no estaban casados ante los ojos de la iglesia ni tenían un papel que lo comprobaba, pero sus almas estaban ya unidas y eso era todo lo que importaba.

Entonces la fiesta empezó. Los chicos tocaron algunas canciones antes de que Saga cantara Angel Eyes para Yuzuriha. Después ella se animó y cantó la canción que estuvo ensayando con los chicos durante sus días de exilio: Closer de un grupo que le gustaba bastante. Todo iba bien, se divertían, reían, pero de un momento a otro, Saga se aferró a la mano de Yuzuriha y echó a llorar abrazado a ella tomando a todos por sorpresa.

-Saga, ¿qué sucede? –Preguntó con preocupación -¿Qué tienes?

-No quiero morir –dijo el chico entre sollozos –No quiero morir…

-No vas a morir –aseguró Yuzuriha con los ojos enrojecidos –No dejaré que mueras. No lo haré…

La escena resultó desgarradora. Era la primera vez para todos los presentes que veían llorar a Saga de esa forma. El chico fuerte, rebelde, el que parecía no tener sentimientos, se estaba desmoronando frente a ellos y no había nada que pudieran hacer al respecto.

Brillabas tristemente en el lugar donde siempre estábamos juntos.