Cap XXXIX. Reencuentro.

Después de la ceremonia, el ambiente era tenso entre todos ahí. Nadie, ni siquiera Saga quería decirle a Yuzuriha por qué se había venido abajo de esa forma. Todos le decían que él estaba sensible y por eso había sucedido pero ella no se lo terminaba de creer. Al no ser familiar directo, ya que la boda no contaba como algo oficial, no le podían dar ninguna información al respecto.

La verdad era que, la mañana de la boda, el especialista que atendía el caso de Saga le dio la noticia de que su corazón no resistiría mucho tiempo más y debían hacerle un trasplante urgente o moriría pues, en su caso particular, ni siquiera el marcapasos podría ayudar. Aquello había sido un duro golpe para todos pero la familia mantuvo la esperanza, especialmente Saga. El cirujano les hizo saber que su nombre estaba ya en la lista de trasplantes y apenas hubiese un corazón disponible, él lo recibiría. Saga había creído que tenía sus sentimientos bajo control pero después de las palabras de Yuzuriha y del hermoso día que vivieron, no se había atrevido a decirle la verdad; ella ya había sufrido suficiente por su culpa.

Su condición empeoraba día a día pero intentaba lo mejor que podía no demostrarlo. Se mantenía alegre, le decía lo mucho que la amaba y que no podía esperar por salir de ese hospital para por fin casarse con ella con todas las de la ley. Yuzuriha respondía con incontables mimos y besos, le contaba sus aventuras en la cafetería y le decía que ahora iba a ahorrar para comprar anillos de matrimonio de verdad para ambos.

Obviamente Yuzuriha no era tonta y notaba que su novio usaba más el oxígeno y que el enfermero Dita hacía visitas cada vez más frecuentes. Cada día se le hacía más y más difícil dejar el hospital. Sentía siempre un dolor intenso en el pecho y notaba que los besos y las caricias de Saga eran más largas, como si quisiera transmitirle algo en particular. Todas las mañanas iba a trabajar pero cuando algún móvil sonaba no podía evitar dar respingos pensando que era el suyo con malas noticias del hospital. Le costaba dormir así que trataba de entretenerse enviando textos a Kanon cuando veía que estaba disponible o a Marin cuando sabía que se quedaba estudiando hasta tarde. Kardia a veces también estaba en línea bastante a altas horas de la noche y Yuzuriha sentía muchas ganas de hablarle pero no lo creía conveniente ni se armaba de valor.

Según se había enterado, Kardia estaba siempre con un humor de perros desde que había vuelto de las vacaciones de invierno. Se había metido en varias peleas gratuitas y estaba al borde de una expulsión. Yuzuriha quería hablar con él y pedirle que se detuviera, ¿pero quién era ella para decirle qué hacer? Además, todo eso no eran más que rumores. En ocasiones también escuchaba música o leía algún capítulo de sus libros de biología para entretenerse, obligando a la paranoia a abandonar sus pensamientos.

-Hermano, deja de ocultarle cosas a Yuzu, por favor –Pidió Kanon mientras le ayudaba a ponerse el oxígeno –Solamente le harás más daño.

-Creo que eso no te incumbe –Respondió con dificultad –La estoy protegiendo.

-Pues vaya formas tienes tú de proteger a la gente. No terminas de entender que a la larga será peor.

-Nunca debí volver a verla –Dijo el gemelo mayor –No debí…

-No digas sandeces –Lo interrumpió ya harto del comportamiento de su hermano –O se lo dices tú o se lo digo yo, tú eliges.

Aquello dejó en jaque a Saga que desvió la mirada y terminó diciéndole que él lo haría.

Ese día fue particularmente complicado para la rubia. Confundió varios pedidos, se quemó una mano y estuvo a punto de rebanarse un dedo. Por regla general, Yuzuriha era bastante hábil, muy amable, atenta y hacía todo lo mejor que podía, pero los últimos días, cometía un error tras otro y aunque ninguno había sido malo ni fatal, sí hacía enfadar a varios clientes. Uno de ellos le había gritado de tal forma que ella se fue a llorar al baño, no por el regaño en sí sino por la vergüenza de haber cometido un error tan estúpido. Se reprendió a sí misma y por si fuera poco, el dueño le dijo que podía marcharse temprano para que pudiera descansar. Sin otra cosa que hacer, decidió ir al hospital. Pensó que lo mejor sería llegar antes y esperar su turno para entrar a la visita, así también permitiría que la familia de Saga pasara tiempo con él.

Al llegar al lugar estaba tan distraída que sin querer chocó con una persona y casi la tira. Apenada, levantó la mirada, sorprendiéndose al instante cuando reconoció a la mujer.

-S-Shaina… -Tartamudeó por la sorpresa. Frunció un poco el ceño, con su suerte, seguramente estaba perdiendo la vista y confundía a alguna señora con la ex novia de su pareja.

-Vaya, qué sorpresa –Respondió la aludida con una sonrisa llena de amabilidad -¿Qué haces aquí?

-Yo… Yo… -Instintivamente sus dedos índice y pulgar de la mano derecha juguetearon con el anillo que llevaba en el dedo corazón de la mano izquierda, gesto que no pasó desapercibido por la mujer –Vine a ver a alguien.

-Entiendo –Prosiguió sin perder la sonrisa.

-¿Tú también viniste a visitar a alguien? –Preguntó Yuzuriha para no parecer una maleducada.

-En realidad no –Posó las manos en su abultada barriga –Vine a una revisión.

-Oh… -La rubia no pudo evitar mirar su enorme panza y sonrió –Felicidades –Sus palabras eran genuinas.

-Y ahora que te veo… -La sonrisa que hasta entonces había adornado los labios de Shaina se desvaneció y sus ojos evitaron contacto con los de la rubia –Nunca tuve oportunidad de disculparme por lo que te hice…

-No te preocupes… No es importante… -Yuzuriha intentó hacerle saber con esa respuesta que ya todo estaba en el pasado.

-Es importante –Interrumpió Shaina –Importa porque fue mi culpa que perdieras a tu bebé. Estaba obsesionada con Saga. Estaba molesta porque me había dejado y no quería aceptarlo. Él habló maravillas de ti la última vez que lo vi hace más o menos un año –Al final los orbes verdes de la chica encontraron los de Yuzuriha –Espero que algún día puedan tener un bebé.

-Yo… Gracias… -No se atrevió a decir más porque sabía que echaría a llorar si lo intentaba -¿Puedo…? –Preguntó estirando una mano para tocar la barriga de Shaina.

-Claro, adelante.

Yuzuriha tocó con mucho cuidado, era una sensación totalmente extraña pero muy bonita. Acercó un poco el rostro al abultado vientre de la mujer y habló en voz baja, casi como una súplica:

-Tienes que ser bueno –Pidió en un hilo de voz –Tienes que crecer muy sano y fuerte. Serás muy querido, estoy segura –Cuando terminó Shaina le dio un abrazo.

Casi de inmediato un chico moreno de cabello castaño, corto y revuelto se acercó a la embarazada, la besó y la acompañó fuera del hospital. Yuzuriha los siguió con la mirada hasta que se perdieron entre la gente y luego subió. Se sentó en la sala de espera mientras reflexionaba sobre lo que acababa de suceder.