-Mansión Grandchester, ¿En qué le puedo ayudar?

-Con el señor Terruce por favor.

-Me veo en la terrible situación de transferir la llamada, no se encuentra en este lugar. ¿Podría darme su nombre?

-Dígale que es urgente, un viejo conocido.

-Sí, señor.

-¿Sí?

- Tu prometida.- Murmuró una voz conocida.

Dios mío. Tenía el corazón en la boca.

-¿Dónde?

-Junto a mí.

-Ya quisieras.

-¡Aaaay! ¡Maldito bastardo!- escuché una voz femenina.

-¡Quítale las manos de encima!- me incorporé de un golpe. Un dolor indescriptible azotó mis piernas.

-¡Señor grandchester! ¡Por favor!- me tomaba por los hombros una enfermera de azules ojos.

-¿Qué quieres?

-A ella.- colgó.

-¡Demonios! – estrellé el celular con la pared.

Candice White.

-No escaparás esta vez. – pasó su dedo por mis pecas, desvié la mirada.- mírame cuando te hable.- suspiré. Me giré. Sonrió y me besó.

Escupí. Intenté darle una bofetada pero estaba atada con cadenas.

-¡¿Qué te pasa!? ¡Majadero sin vergüenza!¡Cara de reno!

Soltó una risotada.

-Eres mía.