Cap XL. Cerca.

Mientras esperaba poder entrar a la sala de espera, decidió contarle a Marin su extraño encuentro con la ex novia de Saga. Obviamente su amiga estaba en clases así que sus respuestas tardaban en llegar, hasta que le dijo que estaba embarazada y entonces le llamó.

-"¿Me lo dices en serio? ¿Está preñada?" –Casi gritó Marin en el teléfono.

-"Sí, te lo digo en serio. Y se nota que ya llevas tiempo saliendo con Defteros, empiezas a hablar como él." –Dijo riendo por lo bajo.

-"Lo sé… A veces no me doy cuenta hasta que los profesores me corrigen o me llaman la atención" –Confesó –"Pero es inevitable, tiene un modo de hablar muy peculiar. Además, hablamos tanto últimamente que me sorprende que no me hayan salido colmillos aún" –Bromeó intentando relajar a su amiga.

-"Pues lo de los colmillos no suena mal. Creo que te verías linda."

-"¿Crees? Debería conseguirme unos falsos y hacerle la broma." –Ninguna de las dos se había dado cuenta lo mucho que les hacía falta hablar hasta ese instante –"¿Y cómo está Saga?"

-"No lo sé, apenas voy a entrar a verlo. Tuve una situación en la cafetería y me fui temprano." –Yuzuriha suspiró, algo que Marin entendió como una clara señal de que no le apetecía hablar del tema.

-"Defteros tampoco me ha dicho nada de Saga. Dice que lo de la otra vez fue un lapsus porque está sensible pero quién sabe. De todos modos, si te enteras de algo, espero que me lo cuentes."

-"Lo haré." –Dijo para después contarle más detalles sobre su encuentro con Shaina.

Al final, y muy a su pesar, Marin tuvo que cortar la llamada cuando vio que llevaba ya más de media hora en el baño. Prometieron hablar pronto.

Yuzuriha no tuvo que esperar tanto antes de que pudiera pasar a ver a Saga y cuando lo vio, se sorprendió al ver lo pálido que estaba aunque como siempre, él se hizo el fuerte. Lo primero que hizo él al verla fue preguntarle qué tal le había ido en el trabajo, Yuzuriha había pensado que debía mentir pero al final optó por contarle todas sus pequeñas tragedias.

-Pero si tú no eres así –Sostuvo su mano delicadamente contra su pecho y la besó -¿Algo te está molestando?

-Yo… -Suspiró –Si te soy sincera no he podido dormir bien desde el día de nuestra salida… -No pudo evitar la tristeza que inundó sus ojos –Me tienes preocupada…

-Todo está bien, solamente son cosas de mi condición –Mintió. No había sido su intención pero la verdad se rehusó a escapar de sus labios –Si estás a mi lado todo irá mejor.

-Saga… ¿estás seguro que no tienes nada?

-Estoy seguro –Sonrió con ternura.

-¿Sabes? Anoche estuve pensando en algo –Comenzó la rubia de pronto para cambiar de tema.

-¿En qué?

-Que me recuerdas a un río –Dijo ella con una sonrisa tímida –Eres muy tranquilo y…

-No… -La interrumpió gentilmente para luego besar su mano con cariño –La verdad es que prefiero ser el cielo para encontrarte donde quiera que te encuentres y defenderte de quien quiera hacerte daño –Sus profundos ojos verdes parecían mirar a través de ella.

-Entonces, si eres el cielo, cada vez que lo mire pensaré en ti –Respondió en voz baja, sólo para él –Un cielo despejado significará que estás de buen humor; un día lluvioso significará que estás llorando –Acarició con infinito amor sus mejillas –una puesta de sol significará que estás avergonzado –Hizo una pequeña pausa –Y un cielo nocturno significará que me abrazas gentilmente –Finalizó ella con un beso tierno en los labios.

El momento duró lo que pareció una eternidad. Ambos dejaron que esa sutil energía de amor que les envolvía llenara la habitación, el espacio entre ellos y sus cuerpos. Esa era toda la intimidad que necesitaban y que les importaba. Una vez que el mundo volvió a existir, Saga rompió el silencio.

-Por cierto, si no te importa me gustaría que me hicieras un favor –El joven se estiró y abrió el cajón de un pequeño buró que estaba junto a su cama -¿Podrías llevar esto a encuadernar? –Preguntó mientras sacaba un folder que contenía bastantes hojas sueltas –Y también lleva éstas fotos a imprimir –Pidió mientras sacaba una pequeña memoria externa –Me haría mucha ilusión.

-Claro, lo haré en cuánto pueda –Yuzuriha no entendía bien pero obedecería los deseos de su novio.

-Jovencito, vengo a llevarlo a su revisión –Dita, el enfermero de Saga, entró a la habitación empujando una silla de ruedas vacía. La verdad era que el hombre era muy apuesto: unos ojos azules bastante grandes, pestañas largas y tupidas, un cabello que, aunque corto, era sedoso y quebrado, piel pálida pero impecable y un lunar bajo su ojo derecho hacía muy difícil el no mirarlo.

-¿Por qué tanta formalidad? –Preguntó Saga con fingido fastidio.

-Pues nunca está de más, ¿verdad? –Le guiñó un ojo a Yuzuriha y sonrió.

-Si tú lo dices… -Saga pasó con cuidado a la silla, Yuzuriha se acercó para besarlo –Volveré pronto –Dijo el chico con tranquilidad.

Saga y Dita salieron por esa puerta, ambos sonrientes y bromeando pero ella tuvo una horrible sensación en el pecho al verlo partir así. Para deshacerse de ese feo presentimiento, decidió ir a hacer lo que Saga le había pedido. Salió del hospital y se encaminó a la tienda de fotografía más cercana. Entregó al dependiente la memoria con las fotos y el dependiente le dijo que eran demasiadas y tardaría entre treinta minutos y una hora para imprimirlas todas. Yuzuriha decidió dejarlas pagadas e ir a buscar un lugar para encuadernar las hojas.

El cielo estaba nublado y hacía frío, nada extraño si se tomaba en cuenta que seguían en invierno; por suerte no llovía. Escondió el rostro bajo su bufanda intentando entrar en calor, sonrió al notar que estaba impregnada con el perfume de Saga. Al final encontró un lugar que vendía artículos escolares y preguntó si ahí podrían ayudarle con su encargo, la dependienta dijo que sí por lo que Yuzuriha le entregó el folder. Al hacerlo, notó que había algo escrito en él: "Mi vida no es sólo mía… La mitad le pertenece a ella." Aquello le hizo sentir que el alma se le iba al suelo y el mal presentimiento volvió a invadirla. La dependienta sacó a Yuzuriha de sus pensamientos al avisarle que tardaría alrededor de dos días para tenerlolisto.

Mientras caminaba de vuelta a la tienda de fotografía, el olor a mar invadió su nariz. Miles de recuerdos se arremolinaron en su mente, buenos, malos, tristes. Y no sólo giraban alrededor de Saga, también de su familia, sus amigos. Le pareció totalmente extraño pero no le dio importancia. Al llegar a la tienda, el dependiente le entregó la memoria y también las fotos en una bolsa grande pues eran bastantes. Yuzuriha agradeció con una sonrisa y salió del local para dirigirse de nuevo al hospital.

-Todo está bien… -Se dijo en voz baja para tranquilizarse –Estarás ahí en poco tiempo… -Respiró hondo y siguió su camino.

Su teléfono sonó.

-¿Diga?

-Yuzu, ¿en dónde estás?

-¿Kanon? ¿Qué pasa?

-Yuzu, ¿en dónde estás? –Volvió a preguntar su interlocutor con angustia, logró escuchar algo de ajetreo a lo lejos.

-Kanon, estoy cerca, ¿Qué sucede? –El corazón de Yuzuriha comenzó a latir veloz, algo andaba mal.

-Es Sa… -La llamada pareció cortarse.

-¿Hola? ¿Estás ahí?

-Es Saga, Yuzu. Saga… -Kanon parecía agitado y desconcertado.

-¿Qué pasa con él? –Yuzuriha estaba perdiendo la paciencia –Kanon, ¿qué sucede con Saga?

-Saga… Yuzu… -Se escuchó ruido y después nada.

Asustada, Yuzuriha miró su teléfono, solamente para encontrarse con Saga del otro lado de la pantalla. Sin poder evitarlo, comenzó a llorar mientras corría.

Saga parecía intentar decir algo pero ella no lograba entenderle.

-Cariño, llegaré pronto. No te preocupes –Habló como pudo mientras corría y miraba la pantalla –Por favor, aguanta un poco más.

Saga volvió a murmurar algo y ella tuvo que detenerse para escucharlo mejor. A lo lejos se escuchó que alguien le pedía que cortara la llamada e intentaba arrebatarle el teléfono, obviamente sin éxito.

-Saga… Cariño, no hables… Espera un poco…

-Son… ríe… -Murmuró Saga –Sonríe, Yuzu…

Ella pudo ver que la vida de su novio se escapaba, ¿cómo se le ocurría pedirle eso? ¿Acaso no entendía lo que le estaba sucediendo?

-Sonríe… -Volvió a pedir y ella obedeció. Sonrió para él aunque sus lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-Saga, iré pronto… -Repitió la rubia.

-Esperaré… -Fue lo último que dijo antes de que la llamada se cortara.

Yuzuriha corrió lo más rápido que pudo pero tropezó y cayó al suelo, tirando también la bolsa con las fotos. Al intentar recogerlas, notó que todas eran de ella. Todas sin falta eran de ella. Trató con todas su fuerzas de contener las lágrimas que no cesaban, recogió las fotos, se levantó y volvió a correr. Estaba tan enfocada en llegar pronto que no vio el auto que venía hacia ella y que no frenó a tiempo.

En el hospital, los médicos intentaban por todos los medios mantener a Saga con vida, su corazón intentaba latir de nuevo, él se aferraba a la vida como podía pero empezaba a dudar si sería suficiente. Kanon, Defteros, Sasha y Aspros esperaban afuera, desesperados e impotentes por no poder hacer nada; la frustración tatuada en cada uno sus rostros.

Kanon no podía soportar el hecho de que su hermano estuviera marchándose de su lado y decidió ir a dar una vuelta por el hospital para intentar encontrar fuerzas o algo que le ayudase en esa situación tan complicada. Pensó en llamar de nuevo a Yuzuriha pero creyó que ya había hecho suficiente al interrumpirla y preocuparla. En eso estaba cuando escuchó una ambulancia y mucho ruido. No sabía en dónde se encontraba pues había caminado sin rumbo por ahí. Segundos después se arrepintió de todo lo que había hecho.

Justo a unos metros de él, vio que empujaban una camilla a toda velocidad por un pasillo, una persona estaba montada sobre alguien y trataba de resucitarla; una escena bastante impresionante que cobró un escalofriante giro cuando Kanon vio cabellos rubios, algo rojo y una mano pálida, con un brillante anillo plateado en su dedo corazón. Era Yuzuriha. Sabía que era ella. En ese pueblo la familia de esa muchacha era la única con cabellos del color del Sol. El mundo se le vino abajo y echó a correr buscando a sus padres, a alguien que pudiera escucharlo.

-Yuzu… Yuzu está aquí –Habló entre jadeos; el rostro pálido, los ojos enrojecidos.

-¿Cómo que está aquí? ¿En dónde? –Defteros preguntó tratando de mirar a su alrededor para localizarla.

-Está… Algo pasó, está… La vi…

-¿Qué mierda dices? –Dijo el moreno sin entender nada.

-Está en el hospital –Dijo al fin Kanon que sentía que todo a su alrededor perdía color –Está lastimada. La vi…

-No me jodas… -Murmuró Defteros.

A lo lejos escucharon a alguien anunciar que tenían un corazón sano listo y que prepararan a Saga para la cirugía.

El alma de ambos chicos abandonó sus cuerpos.

Abrázame y llévame contigo.

Silencio.