Epílogo.

El autobús llegó a su destino. Yuzuriha llegó a su destino al fin. Estaba cansada y entumecida, además había dormido poco. Esperó pacientemente a que todos bajaran, no le gustaba sentirse presionada ni que la empujaran como un saco de patatas solamente porque otros parecían tener mucha prisa. Se tomó su tiempo, así se aseguraba de no olvidar nada.

Al bajar del autobús divisó a Tokusa y sus padres que, una vez salió del andén, la recibieron con un fuerte abrazo. Debido a su accidente, tenía problemas para caminar bien aunque según los médicos, con terapia física estaría como nueva en poco tiempo. Los cuatro salieron de la estación, Yuzuriha bien aferrada al brazo de su hermano. Después de todo lo que sucedió y luego de pasar unos meses más con Saga hasta asegurarse de que estaba totalmente fuera de peligro (algo bastante extraño ya que ella también estaba delicada de salud), decidió regresar a la escuela. Ésta era su primera visita a casa después de retomar las clases.

La relación entre los cuatro había cambiado mucho. Yuzuriha quería creer que no solamente era por su accidente, sino más bien porque Tokusa estaba creciendo. Ya era casi un adulto joven, era fuerte gracias a su constancia y dedicación en los deportes y era más alto que su hermana. En nada se marcharía a la universidad al otro lado del país y eso lo estaban resintiendo sus padres. Estaban llenos de orgullo por los logros de sus hijos, pero al final, iban a quedarse solos más pronto de lo que hubieran deseado.

Afuera, Saga la esperaba con un ramo de rosas blancas, sus favoritas. Estaba emocionado de verla después de tantos meses pero su rostro, siempre serio, no lo delató. Compartieron un tierno abrazo y un beso. Aunque siempre intentaban mantener el contacto, definitivamente no había nada como un poco de contacto físico para que ambos se sintieran mejor. Saga le había comentado un par de meses atrás que haría el examen de admisión para la universidad, motivado por ella y también por la nueva oportunidad de vivir que se le había presentado. Por obvias razones había dejado ya ese estilo de vida tan poco saludable que había llevado hasta el momento en el que su corazón decidió fallar, por lo que se le veía físicamente mejor, aún no había recuperado su peso del todo pero ya caminaba erguido, su rostro tenía color y los ojos le brillaban intensos. La relación entre él y sus suegros también había cambiado pues ahora el padre de Yuzuriha ya no pensaba que era un delincuente, aunque seguía sin apoyar demasiado la relación. Por ese motivo, la pareja había decidido omitir el detalle de la ceremonia de matrimonio que habían llevado a cabo durante la salida de Saga; estaban seguros de que si llegasen a saber lo que sucedió, volverían a odiarlo con pasión.

Los cinco caminaron hasta el auto de la familia de Yuzuriha para dirigirse a su siguiente destino: el cementerio. Luego de enterarse quién había sido el donador de Saga, prometieron también visitarlo para agradecerle por haberles brindado una nueva oportunidad de vivir juntos. Eso era algo entre ellos dos, razón por la cual los padres y el hermano de la rubia esperaron en el auto.

La pareja entró tomada de la mano. Caminaron entre los cientos de lápidas en el lugar hasta encontrar la que buscaban. No era un lugar que a ella le gustara, siempre se sentía un poco abrumada, pero no lo hacía por diversión.

Aquí yace Regulus
Amado hermano, amigo e hijo.

Regulus era el hermano mayor de Aioria, ex novio de Marin. Por lo que sabían, el joven había tenido un accidente de tráfico fatal, aunque tampoco les parecía correcto pedir información detallada sobre lo sucedido. Había fallecido joven, apenas tenía treinta años pero era muy saludable. A pesar de la pérdida, Aioria y sus padres se sintieron un poco aliviados de saber que su primogénito había hecho lo que más deseaba: salvar una vida. Yuzuriha y Saga dejaron juntos una de las rosas sobre la lápida y le agradecieron infinitamente una vez más. Se quedaron ahí otro poco, como si quisieran hacerle saber que su corazón había ido a parar al cuerpo de un buen hombre. Saga se mantuvo silencio con su novia a un lado, pensaba y oraba por esa persona que había visto una sola vez en su vida. Había sido de verdad afortunado pues ambos eran compatibles y era una persona muy sana, a veces antes de dormir, no podía evitar pensar en lo cerca que había estado de morir. Como siempre, el peliazul se mantenía siempre sereno y con sus pensamientos a raya para no preocupar a nadie, especialmente a su novia. Alrededor de media hora más tarde, la pareja abandonó el cementerio. Pasaron algunas horas en casa de la familia de la rubia antes de marcharse.

Ese mismo día, al atardecer, se reunieron con Defteros, Marin y Kanon en el claro junto al río. Saga había insistido en posponer la reunión para uno o días después, así Yuzuriha podría descansar un poco del viaje pero ella, entusiasmada por ver al fina sus amigos, le convenció diciendo que se encontraba bien, con bastante energía (algo no del todo cierto pero tampoco una total mentira). Al llegar y después de una breve plática para contar los pormenores de su viaje y otras curiosidades, Marin y Defteros anunciaron que se habían comprometido aunque no tenían fecha para la boda. Todo lo que habían vivido les hizo entender que, a pesar de su juventud, al final ambos pensaban pasar su vida juntos y no veían ninguna razón para seguir esperando. Por su parte, Kanon les avisó que se iría del país durante un semestre pues le habían ofrecido la oportunidad de continuar sus estudios en otro lugar cercano al mar. Yuzuriha escuchó atenta, emocionada cada una de las buenas nuevas que, obviamente Saga ya conocía pero había prometido guardar el secreto. El chico rodeó los hombros de Yuzuriha, atrayéndola hacia él para luego dejar un tierno beso en su sien.

Los cinco juntos, sentados bajo aquél viejo árbol, mirando hacia el pacífico río, juraron estar unidos por siempre como la familia que eran. Los cinco crecerían y se protegerían hasta su último aliento. Parecía una despedida, al menos ese era el sentimiento que envolvía al grupo. Todos tomarían caminos diferentes que los llevarían a pueblos, ciudades, países, continentes diversos pero ese lazo invisible que los unía, los llevaría de vuelta al otro. Los cinco se tomaron de la mano, haciendo la promesa silenciosa de siempre volver sin importar lo lejos que la vida los llevara.

Antes de que el Sol desaparezca, rezaré para volver a ti.


Gracias a todos los que leyeron el fic (y que esperaron a que actualizara luego de un año de silencio). Espero haya sido de su agrado. Muchas gracias en especial a Archangel of Fire por sus reviews. Hasta aquí llega ésta historia. Nos leeremos pronto.