Capítulo 2

Sofia The First no me pertenece.


"Entonces, ¿eso fue lo que pasó?" - preguntaba Amber a su hermana mientras tomaban el té en el jardín del palacio de Enchancia.

La oji azul asintió. Esa mañana su hermana había ido a visitarla puesto que después del nacimiento de su pequeño Andrew no habían tenido tiempo de verse pero al notar la expresión de tristeza en el rostro de Sofia dedujo que algo malo debía de estar pasando y le pidió que le contara todo, afortunadamente, Hugo estaba reunido con Desmond para conversar cosas sobre el reino y podrían hablar tranquilamente, además su bebé estaba dormido en sus brazos y no despertaría hasta dentro de un rato para limpiarlo y darle de comer.

"¡Oh, Sofia, lo que me cuentas es horrible, ese hombre es un despiadado!, les admiro a Hugo y a ti, yo ya le habría dicho sus verdades en su cara y desenmascararlo frente a su hijo pero tú marido tiene razón, decirlo es más fácil que hacerlo, se necesitaría que este cometa un error o algún tipo de prueba lo suficientemente sólida que demuestre su maldad" - hablo con angustia la reina de Satin, sentía desprecio por ese señor que fue capaz de matar a personas inocentes por no compartir sus ideas y dejar a un pequeño sin sus padres, era una atrocidad.

"Lo sé Amber pero no es solo eso lo que me preocupa" - respondió su hermanita con el ceño fruncido.

"¿Que quieres decir?, Sofia sabes que Enchancia tiene a una de las mejores guardias de todos los reinos y supongo que él lo sabe, por eso no se arriesgaría a atacar, además me dices que conocía a la madre de Hugo y que según él la amaba, eso quiere decir que no lastimaría a Hugo o a ti, al menos hasta que se entere que saben la verdad de sus mentiras" - recalcó confiada y reflexiva.

La joven reina de Enchancia le contó que después de romper la tasa por accidente este se excusó alegando que se había impresionado al saber que Elisabeth era la madre de su esposo, que la conoció y no se habían visto desde hace muchos años, desde que está se casó con Garrick, confesó que la había amado pero que desistió al verla ser feliz con este por lo que no volvió a tener contacto con ellos, hasta ahora.

Con solo mirar el rostro de Hugo, supo que él no estaba enterado, sin embargo continuo con la velada casi sin problemas, ya que lo sintió un poco rígido con Nicolás y ya en su alcoba le informó que luego hablaría con su padre y su hermano para conseguir más información y al preguntarle porque se comportaba así él solo le dijo que era la sorpresa de saber que sus padres conocían a este vil hombre.

"Me preocupa que lastime a Hugo y a ustedes cuando lo enfrentemos" - no quería decirle toda la verdad, además no pensaba que Amber creyera en la predicción de una desconocida, ni en Madam Ubetcha creía.

"Descuida, aunque lo intente no tendrá oportunidad, ni James ni yo lo permitiremos, tú solo dinos y pondremos las guardias de nuestros reinos a su disposición, eres mi hermana y jamás permitiré que te hagan daño, Hugo se puede cuidar solo pero igual también lo protegería después de todo es mi hermano político y el hombre que te hace feliz, aunque yo hubiera escogido a alguien mejor pero qué más da" - comentó con su acostumbrado movimiento con el abanico frente a su rostro, como si fuera lo más normal del mundo.

"Oh, Amber" - no le molesto, sabía que era la forma de su hermana de decir que le tenía cariño a su esposo, en algo tenía que parecerse a James, ambos jamás aceptarían que estimaban a Hugo y lo matarían si la hacía llorar.

"Es extraño que nunca hayamos escuchado de ese reino, supo mantenerlo alejado del mundo" - menciono curiosa la reina rubia.

"Me siento triste de solo pensar que la gente de allí vive amenazada, no es justo Amber y su rey ni siquiera lo sabe ya que su padre se lo ha ocultado casi toda su vida" - le costaba entender porque alguien construía su felicidad sobre la de otros.

"Lo sé pero sé que si hay alguien que puede ayudarles eres tú" - le aseguro orgullosa. Sofia mostró una débil sonrisa agradecida de contar con su hermana, toda la noche había tenido pesadillas, en una de ellas una espesa niebla oscura atravesaba el pecho de su esposo y lo dejaba sin aliento para después verlo caer al piso sin vida, mientras ella se abrazaba a su cuerpo llorando desconsolada, afortunadamente Hugo no se dio cuenta cuando se levanto asustada.

"Ya veo, piensas que este rey se enamoro de Sofia" - Desmond y Hugo estaban en el despacho del castillo, el peli negro pensó que podía hablar de su inquietud con él.

"Si, hubieras visto como la mira, lo sé porque yo la veo igual, cuando me pierdo en sus preciosos ojos azules, sus pequeños labios rosados, su suave piel, su cabello brillante y sedoso, su sonrisa, el escuchar su voz" - a la mente del joven rey de Enchancia llegaron los recuerdos del tiempo en que estudiaban en la academia real y su amor por su actual esposa era un secreto pero siempre la admiraba desde lejos, la amaba con toda su alma y le mataba de los celos ver que otro hombre la mirara con deseos de tenerla como mujer.

"¿Estás seguro?, quizás solo le tiene cariño como yo, ya sabes que ella es muy dulce y gentil con todos" - le recordó.

"Y también sabes que muchos hombres la quieren como más que una amiga" - era cierto, Sofia tenía bastantes admiradores, su inteligencia, inocencia, amabilidad y buen corazón acompañaban a su belleza física y la hacían mucho más grande, un ángel en carne propia.

"Bueno, es verdad, podría ser que sí esté interesado en ella pero está casada contigo, te ama, además es demasiado inocente como para darse cuenta de que le gusta a ese hombre" - ese era un problema y a la vez una bendición para la peli castaña, varios se le habían insinuado pero ella no tenía ni la menor idea de que era por interés amoroso, en su mente y corazón esos chicos eran conocidos o amigos, mientras que Hugo era el amor de su vida pero igual eso la hacía verse más linda. Desmond había sido testigo de eso en varias ocasiones.

Por supuesto que confiaba en el amor que Sofia le tenía pero no podía evitar sentirse celoso, ella era su esposa, su mujer, suya, estaba en todo su derecho.

"Hugo, me dijiste que el padre del rey de Aztlan conoció a tus padres y que incluso amo a tu madre" - preguntó el peli canela siendo curioso.

"Si, ni mi papá ni mi hermano me contaron alguna vez de eso, ya les envié un mensaje a cada uno para hablar con ellos" - respondió sereno.

"Y ¿hay algún familiar de tu mamá que lo conozca?" - cuestionó Desmond.

"Mi mamá tuvo un hermano mayor, el tío Eduardo pero está de viaje con su familia y no regresará hasta dentro de un mes más o menos, por lo que solo puedo preguntarles a mi papá y mi hermano" - respondió recordando las visitas al reino de su progenitora cuando era niño.

"Bueno, les preguntaré a mis padres que saben del reino de Aztlan, también deberías de avisar a James" - observó como su cuñado ponía mala cara al escuchar el nombre del hermano de sus esposas y rodó los ojos con una sonrisa, Hugo y James aún no asimilaban que ahora eran familia, cuñados, hermanos políticos y debían apoyarse - "Necesitamos toda la ayuda posible y sabes que él haría lo que sea por proteger a su hermana"

Si, tenía que reconocerlo, James siempre le tuvo rabia por estar enamorado de su hermana menor y que está le correspondiera, Desmond había corrido con mejor suerte que él, ¿a él?, a él lo dejaría morir pero se salvaba solo porque Sofia lo amaba y su hermano quería verla feliz.

El joven rey bufo molesto, no le gustaba tener que ver al hermano de su mujer pero Desmond tenía razón y sabía que si podía contar con que alguien protegiera a Sofia era James y le tenía estima aunque no lo dijera.

Mientras tanto en el hotel más lujoso del reino estaban desayunado Nicolás y su padre, sin embargo el chico no parecía tener ganas de comer y el autor de sus días sabía porque, era hora de iniciar su plan.

"Hijo, te noto melancólico, ¿qué sucede?" - preguntó aunque ya sabía la respuesta.

"Es que..." - el joven no sabía si decirle a su padre sobre sus sentimientos por la reina Sofía de Enchancia ¿y si le reprochaba por ser una mujer casada?

"Vamos hijo, cuéntame" - lo instó a que hablara sin miedo.

"Bueno, papá, te molestará pero me he enamorado de la reina Sofia, sé que dirás que es una mujer casada pero es que no puedo evitarlo, es tan linda, adorable y hermosa pero descuida se que está fuera de mi alcance" - confesó con tristeza, se había fijado en una mujer que ya tenía dueño.

"Oh, hijo, no te afliges en el corazón no sé manda, es cierto, la reina de Enchancia es muy bella pero… ¿quien dice que no puede ser tuya?" - cuestionó con una sonrisa mezquina y su unigénito lo vio asombrado de sus palabras.

"Padre..." - intento refutar pero su progenitor no lo dejo.

"Hasta un matrimonio puede romperse, de repente podrías llegar a enamorarla, ella se parece mucho a ti, bondadosa, amable, dulce, inocente, podrían congeniar muy fácilmente, además te convertirías en el rey de esta gran nación" - río con malasia su progenitor.

"No papá, yo jamás sería capaz de eso, es su esposa y se aman, lo vi" - agregó con sumo dolor pero decidido - "Por eso no sería capaz de arruinar un amor como el de ellos, además se trata de mis principios, nunca aria mi felicidad por encima de la de otros, me sorprende oírte hablar así" - le reprochó molesto, siempre lo pensó como alguien justo y recto y ahora lo escuchaba insinuarle que podía destruir el matrimonio de la mujer que le gustaba solo por ver su felicidad y olvidarse de la de ella.

"Hijo, por favor, no me veas así, tan solo quiero tu felicidad, me duele que aún no te hayas casado ¿y si nunca lo haces?" - le preguntó para ver si podía hacerlo dudar.

"Todo a su tiempo papá, ya llegará alguien que sí sea para mí por el momento amaré a Sofia en silencio, no destruiré su felicidad. Saldré a caminar, con permiso" - y así se fue, incrédulo y enojado de oír esas palabras de su propio padre.

"Pues si tú no quieres lo aré yo" - se levanto de la mesa y subió a sus habitaciones, busco entre sus cosas y sacó una varita negra con la punta blanca - "Garrick me gano una vez pero ahora llego el momento de la venganza y ¿qué mejor que hacerlo con su hijo menor?, mi hijo se quedara con la reina de este reino así tenga que matar al rey Hugo con mis propias manos"

La noche llegó rápidamente y Sofia ya estaba en la habitación que compartía con su esposo preparándose para dormir.

Mientras se cepillaba el cabello frente al espejo recordaba el rostro de ese hombre al enterarse de que su esposo era el hijo de la mujer que supuestamente había amado y se preguntó si era posible que ese hombre sintiera algo como el amor, después de matar fríamente a personas indefensas, en ese momento las palabras de la anciana llegaron a su memoria - "la oscuridad asechara a su esposo, su vida corre peligro" - Oscuridad, maldad, ¿podría ser que Rodrigo intente algo contra Hugo? El sonido de la puerta abrirse la saco de sus pensamientos, era su esposo.

Entro y le dio un beso para luego comenzar a quitarse la corbata mientras le contaba las respuestas que recibió de su padre y hermano.

"Entonces, ¿tú papá vendrá mañana por la tarde?" - preguntó ella al tiempo que lo veía buscar su piyama gracias al espejo.

"Si, mi hermano me escribió que tampoco estaba enterado, y me pidió que le escribiera contándole lo que papá tenga que decirme ya que también le interesa, ¿quien se hubiera imaginado que mis padres conocían a ese señor? y además amar a mi madre. Bueno, no le culpo, mamá era muy hermosa, como tú" - agregó con una sonrisa. Los retratos de su progenitora le permitieron ver cómo era ya que siendo apenas un bebé cuando murió no podía recordarlo.

Observo a su esposa, estaba usando su camisón corto de encaje violeta que delineaba muy bien su delicada figura, dejando ver un poco de su piel a través de este, rápidamente se sintió atraído por su extraordinaria belleza, los pensamientos sombríos de que ese rey estaba detrás de ella quedaron apagados, en este momento solo estaba la silueta perfecta de su mujer y lo mucho que la amaba. Podía verla sonrojarse por el espejo y no pudo parécele más linda y adorable. Dejó de buscar su ropa de dormir, no la necesitaría, se acerco a ella y la rodeó con sus brazos por detrás, enterrando el rostro en su cuello y dejando que aquel perfume femenino llegara a su nariz mientras su boca comenzaba a devorar aquella parte del despampanante cuerpo de su amada.

"Sofia, te amo demasiado" - susurraba cerca de su oído haciendo que la joven reina se estremeciera de pies a cabeza.

"Hugo" - pronunciaba Sofia entre suspiros, cada vez que su esposo la tocaba hacía que su cuerpo temblara de emoción y su temperatura aumentará.

Se levanto de la silla para verlo de frente y luego rodear su cuello con sus brazos para besarlo con pasión y anhelo, mientras las manos masculinas recorrían su figura con vehemencia, sin romper el beso la cargo y la coloco sobre la cama.

Las pequeñas y finas manos de ella lo despojaron del chaleco para luego seguir con su camisa y finalmente quitársela permitiéndole acariciar su pecho fuerte y firme, se sintió traviesa y de un tirón lo volteó cambiando de lugar, ahora ella estaba encima de él, con su boca comenzó recorrerlo feliz de escucharlo gemir de placer pero si ella creía que él no daría batalla estaba equivocada.

De un tirón cambio los lugares a cómo estaban antes y con sutileza comenzó a bajarle cada uno de los tirantes de sus hombros entres besos robándole suspiros de placer a su esposa que no eran más que música para sus oídos.

Al poco tiempo, toda la ropa estaba tirada en el piso mientras los reyes disfrutaban de la dicha de hacerse el amor.

"¡Sofia, eres tan hermosa!" - musitó él buscando su boca una vez más.

No importaba cuántos hombres se interesaran en su mujer, ella era suya, solo él conocía su pasión y lujuria, ellos eran el uno para el otro, se amaban intensamente y nadie podría romper esa unión.

"¡Oh, Hugo, mi amor!" - gimió aferrada a su espalda mientras él volvía a la carga con su cuello.

Y así pasaron la noche, disfrutando de aquella unión única, física y espiritual que tenían desde su noche de bodas. No, ellos ya la tenían solo la habían llevado a otro nivel, uno en el que las palabras sobraban y sus besos y caricias se convertían en aquel lenguaje del amor.

Al día siguiente Sofia aún estaba preocupada por aquella predicción pero se había propuesto pensar en el aquí y el ahora, no sabía que lastimaría a su esposo pero fuera lo que fuera lo defendería a capa y espada si fuera necesario.

Estaba previsto que ella le mostraría el pueblo al rey Nicolás mientras Hugo conversaba con su padre y luego la alcanzaría, no le gustaba dejarla sola con él pero tenía que saber toda la historia de boca de su progenitor.

"¡Hijo!" - lo saludó con alegría su padre al entrar al palacio.

"Hola papá, ¿cómo estás?" - le preguntó con una pequeña sonrisa. Luego de que su hermano mayor se convirtiera en el rey de Albuquerque su padre se mudó a una mansión en el mismo reino pues ahora era el rey padre y ya que él se había casado y convertido en el rey de Enchancia utilizaba su amor por la arqueología y de vez en cuando hacía viajes a ruinas antiguas o algunos reinos lejanos, a pesar de que varias veces sus hijos le decían que debería de quedarse tranquilo en casa, ya que era un hombre cerca a la edad mayor pero él les decía que eso solo estaba en la mente y que no se podía sentir más joven, aunque no quería decir que no les gustaba visitarlos.

Ahora que Axel y Astrid tuvieron a sus gemelas, porque resultaron ser dos bebes los que esperaba la reina de Albuquerque, Abigail y Elizabeth (en honor a su esposa y madre de sus hijos), dedicaba más tiempo a visitarlas y jugar con ellas.

"Bien, recibí tu carta ayer y quedé impresionado, no me imaginé que él volviera" - murmuro más para sí mismo que para su hijo.

"Papá, por favor dime cómo mamá y tú conocieron a Rodrigo" - preguntó, necesitaba saberlo todo.

Su padre suspiro y luego de que se fueron a su despacho, para hablar en privado, comenzó a contarle la historia.

Flashback

Una pequeña Elisabeth estaba sentada en una de las sillas de las amplias y lujosas mesas del comedor de la academia real de aquellos años. Mientras comía conversaba con su amigos Cesily, Roland II, Matilda "Tilly", Geraldine y Rodrigo.

Aunque lo cierto era que los ojos y mente de la misma estaban concentrados en observar con curiosidad a un Garrick de su misma edad apartado de todos, sentado en una mesa algo lejana a las demás pero visible para ella y sus acompañantes.

"Y luego Magnus me echo en cara muchas de las cosas que sus padres le compraron, es un egocéntrico" - comentaba Rodrigo con evidente desagrado - "¿Puedes creerlo Elizabeth?, ¿Eli?"

La pequeña princesa de cabellos castaño con reflejos rojizos y unos ojos verde oscuro como el bosque estaba más pendiente de lo que aquel niño nuevo hacía por lo que no le prestaba atención a lo demás. Tilly le tocó el brazo y por fin la trajo de vuelta a la realidad. La niña volteo sobresaltada a verla.

"Amiga, estabas en la luna" - comentó divertida Cesily - "Creo que alguien está interesada en el niño nuevo"

Los demás rieron ante la cuestión, todos menos Rodrigo y Roland, el primero estaba con el ceño fruncido, mientras que el otro estaba triste.

"¿Qué?, no" - se apresuró a decir sonrojada - "Es solo que me pregunto ¿por qué se sentará solo y tiene esa mirada tan seria?"

"Bueno, él no nos ha saludado ni nada, seguramente no tiene modales" - comentó Rodrigo con desprecio.

"¿Y porque no vamos nosotros a él?" - los presentes, a excepción de Tilly, la vieron como si estuviera loca - "Vamos, probablemente sea tímido, no es fácil ser el nuevo, invitémoslo a comer con nosotros, ¿quién me acompaña?"

"Yo" - aseguraron Cesily, Roland II, Geraldine y Matilda.

Rodrigo quedo estupefacto al ver como la mitad de sus amigos y la niña que le gustaba se iban a buscar a un extraño, un niño nuevo.

Garrick estaba concentrado en su lectura mientras comía, siendo ajeno a lo que sucedía en las otras mesas, este era su primer día en una escuela, todo su vida había estudiado junto a su hermano menor con sus padres en casa.

Su mamá era dulce y amigable pero su padre era frío y tosco, bastante estricto, aun así lo respetaban, su madre lo convenció de inscribirles a su hermano y a él para aprender más y sobre todo socializar con otros niños. Su hermanito estaba en una clase menor que la de él y se le había hecho más fácil conseguir amigos, de modo que este estaba más ocupado con ellos y él no quería molestarle.

"He...disculpa" - escucho la voz de una niña hablarle por lo que levantó su mirada de su lectura al frente y vio a una princesa con el cabello castaño rojizo y unos ojos verdes que le recordaban a la hermosa naturaleza de la tierra. Junto con ella estaban algunos niños más y todos lo veían con atención.

Al ver que él no respondió, decidió continuar - "Hola, soy la princesa Elizabeth de Cimmeria y ellos son mis amigos, Roland, Matilda, Cesily y Geraldine" - cada uno saludo para que supieran quiénes eran - "¿Cómo te llamas?"

Garrick los vio un poco extrañado para finalmente responder sin cambiar su expresión - "Garrick, príncipe mayor de Albuquerque"

"Oh, ¿tienes un hermano?" - preguntó curiosa Elizabeth.

"Si, Gael pero él está en primero de primaria por lo que no tenemos el mismo horario" - respondió dado a que su hermanito no estaba presente.

"Bueno, nos preguntábamos si te gustaría comer con nosotros" - la verdad esperaba que dijera que sí.

"Lo siento pero no puedo, tengo muchas cosas que hacer y de hecho ya termine, tal vez otro día" - respondió con seriedad.

"Oh, bueno, entiendo, nos vemos en clase" - le dijo con decepción pero eso no haría que la niña se rindiera, lograría que él hiciera amigos, sabía que podía convencerlo.

"¿Lo ven?, seguro se cree mejor que todos" - se burló Rodrigo ganándose las miradas de desaprobación de sus compañeros.

Pero ninguno se dio cuenta de que Garrick lo había escuchado y lo dejo con el ánimo bajo, si quería hacer amigos pero tenía miedo de que su padre los alejara con su actitud.

Más tarde ese día, estaba practicando para la carrera de prueba para entrar al equipo del Derby volador de la escuela como su padre, era muy bueno, puesto que su progenitor le enseño desde que aprendió a caminar.

Un joven Sir Gillium le felicitaba por su velocidad y gran desempeño, a lo que él le agradeció con respeto, cuando estaba dándole de comer a su caballo volador, escucho a alguien que lo llamaba, al voltear se encontró con la cara sonriente de la pequeña Elizabeth.

Canción: Yo puedo hacer de Ricardo Montaner

Yo puedo hacer, que las violetas abran hoy como a las diez
Que la luciérnaga no apague hasta que pase el tren
Y que septiembre en adelante caiga 8 todo el mes
Yo puedo hacer, que los deshielos de mi alma no te mojen
Que las provincias de tu cuerpo se rindan, a mis versos

Y el arco de iris te sorprenda en blanco y negro

"¡Ah!, ¡¿qué haces?, casi me matas del susto!" - le reprochó ya que se había aparecido de improviso. "Disculpa, es que vine a preguntarte si te gustaría venir a mi castillo mañana, para tomar el té y jugar, ¿qué dices?" - preguntó con inocencia.

"He, lo siento, no puedo" - le respondió con algo de pesar dándole la espalda.

"Vamos, será divertido" - continuó intentando.

"¡¿No entiendes un no por respuesta niña?!" - le cuestionó debido a su necedad.

"Aunque me digas que no, yo no me rendiré" - respondió con decisión y él volteo a verla sorprendido - "Sé que puede ser difícil ser el niño nuevo pero alejarte de los demás no es la respuesta, no le temas a hacer amigos" - se quedaron en silencio por rato, mirándose fijamente el uno al otro - "Entonces, ¿mañana en mi castillo?"

"Si, está bien, como sea" - respondió después de un suspiro y la pequeña dio un gritico de alegría.

"¡Muy bien!, te espero a las 3 de la tarde, ¿de acuerdo?" - preguntó y él solo asintió encogiéndose de hombros como si no le importara mucho.

Elizabeth salió sonriente y brincando contenta, como si jugara a la rayuela, mientras Garrick la veía con atención y sin que la niña lo notara una sonrisa se formó en su rostro, esta pequeña en verdad que le parecía interesante.

Sin embargo, no estaban solos, Rodrigo los estaba espiando y francamente no le gustaba para nada que a la niñita que quería se mostrará tan interesada en aquel niño nuevo.

Al día siguiente se fue en su carruaje al reino de Cimmeria, se sentía extrañamente nervioso, sería porque tenía la oportunidad de tener una amiga de verdad, no, a él no debía importarle eso, solo iba para cumplir con su promesa como todo un caballero, porque tenía dignidad y valores.

Su mamá se había emocionado al saber que tenía una cita de juegos con una amiga de la academia, a pesar de que él le dijera que no era su amiga, su progenitora convenció a su padre de que sería una buena relación para el reino y que si quería que él fuese rey tenía que dejarlo socializar con otros miembros de la realeza y como por magia este accedió.

Al poco rato había llegado al palacio de Elizabeth. Éste estaba rodeado de un hermoso campo de rosas rojas y mariposas volaban por doquier, los pájaros cantaban, todo el castillo era inmenso como el suyo, pero con un precioso aire primaveral que te dejaba fascinado. Las puertas del portón se abrieron y el mayordomo lo invito a pasar para llevarlo con la princesa Elizabeth, una mucama fue en busca de la niña y en unos segundos la vio correr las escaleras contenta.

"¡Si viniste!" - gritó al abrazarlo con emoción, sorprendiéndole.

"Princesa, sus modales" - le recordó con calma el mayordomo.

"Oh, verdad, lo siento" - respondió apenada y rápidamente hizo una reverencia - "Bienvenido príncipe Garrick"

"Gracias" - le dijo algo apenado.

"Vamos" - tomó su mano sin permitirle que se negara y lo guió hasta la parte de atrás del palacio, allí pudo darse cuenta de lo extenso que era el jardín pero de este lado habían otra muchas variedades de flores que tenían un aroma bastante agradable - "Esta es mi parte favorita del castillo, me encanta las flores, mis favoritas son las rosas"

De repente escucharon una campanilla y al voltearse vieron un espacio en el jardín para tomar el té y sobre la mesa ya estaba una bandeja con una tetera de porcelana, dos tazas y una azucarera del mismo tipo junto con unas cucharitas de plata y en un plato de bronce estaban unos panecillos de chocolate que por lo que se veían estaban recién horneados.

"El té está servido, adelante" - les informó el mayordomo y este les acomodo las sillas para que se sentarán. La pequeña niña le contaba todo lo que le gustaba y lo que no, su comida favorita, su color favorito, en fin todo lo que podía de ella y él la oía atento.

"Y dime, ¿qué te gusta?" - le preguntó mientras mordía un trozo de su panecillo con chocolate, lo que le hizo ganarse otro reproche de su mayordomo.

"Yo...he...me gusta el Derby Volador y muchos otros deportes..." - poco a poco pero con un agradable sentimiento de alegría comenzó a abrirse ante ella, algo que no hacía con cualquiera.

"Wow, eres un niño increíble" - él se sonrojó ante el cumplido y a la hermosa sonrisa de la niña - "Oh, es cierto, no me has contado sobre tus padres, ¿cómo son?" - de pronto el rostro del niño se puso melancólico y ella lo noto - "Disculpa, creo que no debí preguntar" - se excusó apenada.

"No, es...solo que...mi papa es algo...difícil y mi mamá es muy alegre, linda, dulce y encantadora" - respondió sabiendo que alguna vez tendría que contarle sobre sus progenitores.

"Oh, me encantaría conocerles algún día" - ambos sonrieron, definitivamente esta pequeña le había alegrado la vida.

Yo puedo hacer, que tu camino sea igualito al mío
Que tus tristezas sean mis tristezas
Yo puedo hacer, que el cielo se traslade hasta tu puerta
Yo puedo hacer, de cada día tuyo; un siglo mío
De cada sueño tuyo un sueño mío

Yo puedo hacer, que veas amanecer con un suspiro

Dos semanas después llegó el gran día de la carrera de prueba y Garrick estaba en las caballerizas junto con los demás corredores preparándose, se encontraba muy contento pues Elisabeth era su amiga e incluso varios de sus amigos también le estimaban, su vida había tomado un rumbo diferente con ella y le agradaba.

"Te crees mucho, ¿no?" - escucho la voz altanera de Rodrigo y bufo irritado. Rodrigo era el único amigo de Elizabeth que no lo quería o lo trataba con respeto solo cuando estaban con los profesores y otros adultos.

"¿Que es lo que quieres?" - le preguntó con él seño fruncido al voltearse para mirarlo.

"Eres un tonto si piensas que puedes ganar esta carera y...a Elisabeth" - pronunció con frialdad el pequeño rubio.

"¿Qué?, ¿a qué te refieres?" - preguntó, no entendía porque le hablaba de ella como si fuera un trofeo.

"¡No te hagas el inocente!, ¡sé que te gusta!" - gritó con rabia su interlocutor.

Garrick se sonrojó para luego sacudir su cabeza rápidamente.

"¿De qué hablas?, ella es mi amiga, solo eso" - respondió aún con la cara algo roja.

"¡No te creo! ¡Y más vale que te vayas preparando, porque yo voy a ganar esta carrera y ser parte del equipo del Derby de la escuela!" - y con aquella amenaza se fue bastante confiado.

Mientras que el entonces príncipe mayor de Albuquerque se preguntaba si lo que decía Rodrigo podría ser verdad. Al poco rato la carrera de prueba inicio y Garrick logró estar a la cabeza pero Rodrigo lo alcanzo y los dos se debatían entre el primer puesto. Al mismo tiempo en las gradas Elizabeth y sus otros amigos observaban todo con suma atención, aunque la niña de ojos verde oscuro podría jurar que algo raro pasaba.

Parecía que se convertiría en un empate pero antes del campanario Garrick aumentó la velocidad y dejo atrás a Rodrigo, de hecho otro niño logró rebasarlo debido a que rebajó la velocidad ante la sorpresa de ser vencido por su enemigo. Segundos después retomó la velocidad pero ya era tarde Garrick iba de primero y atravesó la meta dejándolo a él en cuarto lugar, algo que realmente lo hizo rabiar.

Tan pronto pudieron acercarse Elizabeth y sus amigos bajaron y sin importar nada le dio un fuerte abrazó al pequeño Garrick junto con un tierno beso en la mejilla, dejándole el rostro más rojo que un tomate y todos menos Roland II y Rodrigo estaban contentos y divertidos.

Los años pasaron y Rodrigo intentaba alejar a Garrick de Elizabeth pero nada le funcionaba.

El príncipe mayor de Albuquerque había descubierto que estaba enamorado de ella y su amor era correspondido, con mucho esfuerzo logró confesarle sus sentimientos y se hicieron novios, lo que enardeció al joven príncipe de Aztlan.

Por demás que Garrick y Rodrigo tenían familias diferentes pero a la vez iguales, el príncipe de Aztlan no tuvo buenos padres, alguien de su familia que le enseñara lo que era el amor, al ser como era sus amigos se alejaron de él, hasta Elizabeth, con gran pesar dejó de frecuentarlo. La princesa de Cimmeria amaba tanto a Garrick que no le importo el frío trato que recibía del padre de este pero con la madre y el hermano se llevaba excelente y su familia se llevaba más o menos con la de él.

Como dato curioso, a los 14, Roland le había confesado que estaba enamorado de Elizabeth también pero que Geraldine lo había enamorado con su dulzura y encanto y ahora estaban comprometidos en matrimonio y se hicieron grandes amigos.

Ambos tenían un padre algo difícil, aunque Roland I sabía ser más relajado cuando estaba con su familia.

"¡Vaya, es hermoso!" - comentaba Geraldine al ver una cajita elegante roja con un hermoso anillo hecho de diamantes con un efecto del símbolo infinito en todo el aro y en el centro diamante dándole un parecido con una rosa.

"Si, este es el anillo de compromiso que han usado las prometidas de mi familia por años, mamá me lo dio para dárselo a Elizabeth, ya nos graduamos de la academia real y es el momento perfecto para pedirle matrimonio" - comentó sonrojado un joven Garrick de 21 años.

"¿Y tú papá lo sabe?" - preguntó algo serio un Roland II que tenía 22 años.

A la mención de su padre, Garrick mostró un semblante triste para luego darles a sus amigos una débil sonrisa.

"Si y no está de acuerdo pero...no me importa, amo a Elizabeth y nada me detendrá para pedirle que se case conmigo" - aseguró con decisión.

Roland y Geraldine le sonrieron estando de acuerdo, eran testigos del gran amor que sus amigos se tenían y los ayudarían en lo que pudieran.

Yo puedo hacer, a los costados de tu cuerpo
Mi remanso y en los balcones de tu pecho mi cabaña
Y en el invierno de los pozos de tu rio beber agua

Unos días después se había organizado un baile real en Cimmeria por el cumpleaños de la madre de la reina y Garrick pensó que sería el momento perfecto para pedirle matrimonio a su amada Elizabeth.

"Hermanita, tú príncipe está muy nervioso, ¿no crees?" - se burlaba el príncipe Eduardo, el hermano mayor de Elizabeth, la cual le dio mala cara y estuvo a punto de darle un pisotón pero el sonido de un cuchillo golpeando una copa les llamó la atención a todos los presentes en la sala.

"Buenas noches, familia real de Cimmeria, como sabrán soy el príncipe Rodrigo de Aztlan y me gustaría decirles unas palabras, especialmente y mi muy querida amiga Elizabeth" - hablo con una malévola sonrisa un Rodrigo de la misma edad que Garrick.

Elizabeth veía con preocupación a su viejo amigo, mientras que los padres y hermano de esta lo observaban con atención pero algo confundidos, los únicos por parte de la familia del príncipe mayor de Albuquerque eran la reina y su hermano, su padre no había querido ir por lo mismo de estar en desacuerdo con la decisión de su hijo mayor.

Al no haber respuesta el príncipe continuo - "Como sabrán su hija está emparejada con...el príncipe Garrick de Albuquerque" - se había esforzado para no decirle algún insulto enfrente de los demás - "Bueno, ya que estimo mucho al novio de su hija" - Garrick levantó una ceja inquisitivo, ¿desde cuándo le agrada a Rodrigo? - "Sé que él estará muy nervioso, así que lo haré por él, Garrick ha venido hoy con la intención de pedirle matrimonio a su hija"

Todo el mundo quedo sorprendido ante la revelación de Rodrigo.

"¡¿Garrick, es cierto?!" - preguntó emocionada y feliz Elizabeth pero la felicidad no le duró por mucho.

"Claro, es una lástima que el padre de Garrick no esté...de acuerdo con este matrimonio, es triste y tú qué crees mucho en la familia Eli, sin contar que este lo quiere casar con otra princesa" - mencionó con la intención de que Elizabeth se sintiera culpable de separar a padre e hijo.

Garrick le mostró su ceño bien marcado a Rodrigo, ¿cómo supo que le daría a Elizabeth un anillo de compromiso? La vedad ahora tenía problemas mayores, los padres de Elizabeth lo observaban disgustados y su madre trataba de calmarlos, sabía que estaban molestos por pensar que su padre consideraba poca cosa a su hija, mientras que la misma lo miraba con tristeza.

Yo puedo hacer, que tu camino sea igualito al mío
Que tus tristezas sean mis tristezas

Yo puedo hacer, que el cielo se traslade hasta tu puerta
Yo puedo hacer, de cada día tuyo; un siglo mío
De cada sueño tuyo un sueño mío
Yo puedo hacer, que veas amanecer con un suspiro

Yo puedo hacer

La princesa salió corriendo al jardín tratando de ocultar sus lágrimas y él la siguió no sin antes ver la mirada triunfante en el rostro del príncipe de Aztlan.

Al alcanzarla la tomo del brazo para detenla.

"¡Eli, Elizabeth, escúchame por favor!" - tuvo que forcejar un poco con ella para que no se fuera.

"¡Suéltame Garrick, suéltame!" - no quería velo estaba triste, el padre de su amado no la quería e incluso planeaba unirlo a otra mujer - "¡Yo no soy la indicada para ti, no quiero que por mi culpa tu padre te odie!"

En un momento la volteo para robarle un beso mostrándole todo el amor que tenía por ella.

"Yo te amo a ti Elizabeth, jamás podría ser feliz con otra que no seas tú, me importa muy poco lo que piense mi padre" - ella intentó refutar pero él no la dejo - "No te sientas culpable, mi padre cree que sabe lo que es mejor para mí pero yo no podría vivir sin ti a mi lado"

Le abrazo con fuerza, tenía miedo de perderla.

"Garrick, te amo demasiado" - susurro entre sus brazos y acurrucada en su pecho.

La madre de Garrick logró convencer a la familia de ella para que confiaran en el amor que su hijo le tenía a la suya, destruyendo el plan de Rodrigo.

"Bueno, si ambos se aman, no podemos separarlos, príncipe Garrick puede tomar la mano de mi hija en matrimonio" - el mencionado se arrodilló frente la princesa de Cimmeria y saco la cajita roja.

"Elisabeth, mi amor, ¿quieres ser mi esposa?" - le preguntó con una sonrisa, mientras abría la caja para mostrar el anillo.

La joven estaba tan emocionada que sus lágrimas se hicieron notar otra vez pero no eran de tristeza sino de felicidad - "¡Si, si Garrick, si quiero!"

El príncipe deslizó el anillo en su dedo anular izquierdo, al tiempo que compartían un largo beso. Encerrados en su propia felicidad ninguno se fijó que con que Rodrigo rechinaba los dientes de rabia, odio y fuerza hacia la pareja.

Después de ese día nunca más volvieron a saber de él, la madre de Garrick le dio un ultimátum a su esposo que si no permitía que su hijo mayor se casara con la princesa de Cimmeria jamás volvería a dirigirle la palabra y aunque fuera estricto y frío amaba a su esposa y sus hijos y accedió. Aunque no estaba muy conforme entendía que no podía entrometerse en la vida de su primogénito y decidió que los dejaría casarse y ser felices.

Yo puedo hacer, que tu camino sea igualito al mío
Que tus tristezas sean mis tristezas
Yo puedo hacer, que el cielo se traslade hasta tu puerta
Yo puedo hacer, que las violetas abran hoy como a las diez

Fin del Flashback

"Entonces, ¿nunca lo volvieron a ver?" - preguntó Hugo algo impresionado, era la primera vez que le contaban esta historia, su hermano y él conocían a sus abuelos paternos y habían vivido en carne propia la tensión entre padre e hijo en las reuniones familiares.

A Garrick nunca le gustó que su padre pusiera un gran peso sobre los hombros de sus hijos, esto había obligado a Hugo a hacer lo que le hizo a Sofia en la carrera de prueba para el Derby en la academia, la presión del legado familiar a la que él había también sido sujeto.

Era consciente que su padre había influenciado a sus hijos porque él se lo había permitido al no querer que las diferencias familiares también los incluyeran a ellos, además Hugo era apenas un niño, era normal que la presión del autor de sus días lo orillará a eso, por esa razón decidió pasar más tiempo a su lado, mostrarles su amor y afecto hacia ellos, agradecía que Sofia nunca le tuviera rencor a Hugo y le enseñara lo que era la amistad, permitiendo que la verdadera personalidad de su niño saliera a relucir, sin duda le recordaba a su esposa, tan alegre, vivas, dulce, valiente y amorosa como ella.

Después del campeonato de la corona voladora fue testigo del gran cambio en él, su pequeño campeón sonreía cada vez que escuchaba el nombre de la princesa menor de Enchancia, la misma sonrisa que él mostraba cada vez que Elizabeth estaba en su mente, ella también los había unido más como padre e hijo, al ayudarlo a aceptar el deseo de este por practicar baile sobre hielo, por verlo feliz era capaz de lo que sea y sabía que aquella felicidad solo la podía alcanzar al lado de esa princesa que ahora era su esposa.

"Así es, Elisabeth siempre sintió lastima por él, se culpaba por no haberlo ayudado a tiempo, nunca se los había contado porque no pensé que fuera necesario, me sorprende que tenga un hijo de tu misma edad" - comentó con pesar al recordar la tristeza de su esposa al hablar de Rodrigo.

"La extrañas mucho, ¿verdad?" - le preguntó al ver la sonrisa melancólica de su padre.

"Todos los días de mi vida pero siempre la veo reflejada en tu hermano y en ti, tú heredaste su ojos, esos ojos que deseo tus hijos también hereden, nunca he dejado de amarla ni por un segundo" - le respondió con los ojos cerrados, recordando la hermosa sonrisa que siempre mostraba su querida Elizabeth y que sus hijos poseían.

"Papá, ¿sabías que ese señor es capaz de matar a personas inocentes?" - le preguntó serio, retomando el tema anterior. Los ojos del antiguo rey de Albuquerque casi parecían querer salirse de sus órbitas, sabía que Rodrigo era rencoroso pero nunca pensó que sería un acecino.

"No, jamás volvimos a ver su reino, ¿cómo sabes eso?" - le preguntó ya que la carta de su hijo solo decía que Rodrigo y él hijo de este los habían visitado por un tratado de comercio.

"Una anciana que vivió en el reino de Aztlan vino al castillo para hablar con Sofia, su hija y su yerno fueron asesinados por Rodrigo así que por el temor de perder a su nieto se vino a vivir al pueblo de Dunwiddie, le contó que los tenía en una grave dictadura y a su hijo, quien es ahora el rey, le ha ocultado todo, supuestamente él es diferente a su padre y por eso no le dice la verdad y amenaza a los habitantes de su reino con que si le rebelan todo los encerrara y es capaz de matarlos" - Hugo aún tenía en duda que ese hombre no siguiera los pasos de su padre pero no podía asegurar nada.

A pesar de ser benevolente no era tan confiado como Sofia y siempre evaluaba a las personas antes de darles su confianza, sin embargo eso no le quitaba el buen corazón que poseía y algunas veces era tan inocente como su esposa.

"No me imagine que llegara a tanto, ¿él está aquí verdad?" - preguntó, quería ver cara a cara al hombre que casi lo separa de su difunta Elizabeth.

"Si, Sofia y yo le prometimos a la señora que airamos lo posible por salvar su reino, nadie merece sufrir lo que ella, sabíamos que no podíamos solo decirle a su hijo que su padre era un villano así como así, no nos creería así que después de mucho pensarlo le envié una carta con la excusa de un tratado de comercio para hablar pero no contamos con que su padre viniera con él y nos ha dificultado las cosas pero..." - no sabía si decirle a su papá sus miedos.

"¿Qué sucede campeón, te ha hecho algo malo?" - preguntó preocupado.

"No, es solo que...papá, tengo la impresión de que él hijo de Rodrigo se ha enamorado de Sofia" - esto sí que lo tomó por sorpresa, ¿acaso tendría que pasar por la misma prueba que él?

"¿Estás seguro?" - quiso confirmar.

"Desmond me pregunto lo mismo pero yo lo vi, vi como la observaba, como un hombre enamorado" - respondió con el ceño fruncido.

"Hijo, aunque intentarán quitártela ella jamás se alejaría de tu lado, te ama demasiado como para poder hacerlo" - le recodo con una sonrisa suave.

Hugo solo asintió, su padre estaba en lo cierto pero aún no confiaba en ese tipo.

"Por cierto, ¿donde Sofia?" - quiso saber.

"Está con él enseñándole el pueblo, quede en alcanzarla luego de terminar de hablar contigo, ¿quieres venir?" - le preguntó al levantase para abrir la puerta.

"Claro" - de este modo padre e hijo salieron en un carruaje en busca de Sofia.

"Enchancia es muy grande reina Sofia" - comentaba el rey de Aztlan mientras caminaban por el pueblo de Dunwiddie - "Y me dice que estuvo en el equipo del Derby Volador de la academia real, estoy impresionado, mi padre me enseñó todo lo que se y según él las princesas no practicaban ese deporte pero ya veo que usted lo revolucionó por completo"

"Gracias, si, el día que me anote para probarme para el equipo fue...el día que conocí a Hugo" - el chico noto con pesar la sonrisa enamorada y las mejillas sonrojadas de la joven reina, definitivamente estaba muy enamorada de su esposo.

"Reina Sofia" - le llamo sacándola de su ensueño - "¿Cómo se conocieron su esposo y usted?

"Oh, bueno..." - la antigua portadora del amuleto de Avalor tenía una pequeña gota sobre la cabeza, ¿cómo explicarle a Nicolás el principio de su historia de amor con Hugo? - "Es que...la verdad, digamos que lo nuestro no comenzó como un cuento de hadas...Hugo era uno de los chicos que no creía que las princesas podían hacer el Derby Volador y...nos molestaba a mi hermano James y a mí y el día de la carrera...bueno, él..bueno, eso ya no importa" - el joven parpadeo confundido pero ella continuó - "Aunque estuvo reñido entre los tres, mi hermano y yo ganamos y él quedó en tercer lugar y eso lo molesto, al año siguiente fue el campeonato de la corona voladora y James y yo quedamos para la final pero mi hermano se cayó y se lastimó la muñeca y el campeonato era en tres días así que Hugo lo reemplazó ya que era el tercer mejor jinete de la escuela, fue muy difícil estar con él y convencerlo de practicar una importante maniobra para ganarle al equipo de la academia de caballeritos, después supe que Hugo se estaba presionado mucho puesto que su familia siempre había estado en el equipo, todos menos él y lo comprendí un poco más, hable con él y finalmente aceptó practicar la maniobra de la resortera voladora pero él quería ser el primero en cruzar la meta así que intentamos que fuera yo quien lo lanzará pero siempre acaba tirándolo del caballo" - recordó con una gran gota sobre la nuca y una risita nerviosa, nunca había sido muy fuerte físicamente y su baja estatura no la ayudaba – "como no lográbamos hacerlo bien se molestó y quiso dejarlo pero encontré la forma de inspirarlo y mostrarle lo que era ser parte de un equipo y antes de que empezara la carrera me mostró su verdadera sonrisa, dulce y tierna, la primera de muchas"

"¿Y lograron ganar?" - quería saber, quizás quería convencerse de que ella no era para él.

"Si, logramos hacer muy bien la maniobra y pudimos ganar por primera vez en cien años para la academia y cuando me agradeció me apene bastante, fue lindo comenzar a ver su verdadero yo" - respondió contenta e ilusionada.

"¿Su verdadero yo?" - preguntó sin entender el rubio.

"Si, yo sabía que él Hugo que había conocido al principio no era el verdadero. Luego de eso pasó otro año y en el invierno me inscribí con mi hermana Amber para practicar baile sobre hielo ya que era una nueva materia en la escuela, mi hermano y él estaban en el equipo de Hockey y el primer día de clases decidieron compartir la pista, por lo que vimos clases juntos, sin que nadie lo notara se había maravillado con los movimientos y acrobacias que hacíamos, que al comienzo no me salían bien, cuando los maestros vieron que era mejor separar las clases debido al poco espacio Hugo no se fue con el equipo y se quedó observándonos, casi me caigo al piso pero me salvó y mi hermana se burlo de él porque los chicos decían que el baile sobre hielo era para niñas, así que para mostrar sus habilidades de patinaje acepto probar y le dieron unos patines encantados, nos sorprendió a todas al ser muy bueno en la materia, supo hacer en un único intentó una voltereta triple y disfrutaba hacerlo" - contó con una sonrisa nostálgica.

"¿Entonces su esposo practico baile sobre hielo?" - preguntó bastante asombrado el chico.

Ella asintió con una sonrisa - "Aunque al principio no fue fácil, como dije, todos los chicos creían que el baile era solo para niñas y aunque le encantaba tenía miedo de que los demás se burlaran de él así que solo las de la clase los sabíamos y para no levantar sospechas decidió seguir con las prácticas de hockey pero el problema era que ambas clases eran al mismo tiempo, así que inventaba excusas para faltar al hockey o salir por unos cuantos minutos e irse a la otra clase, se supone que éramos pareja para una presentación así que pasamos más tiempo juntos" - recordó sonrojada, ahora que lo pensaba en ese entonces no se había dado cuenta pero él ya había entrado en su vida y en su corazón y hasta el más pequeño minuto a solas con él era muy importante - "No quería decirle a su padre por miedo al rechazo y bueno, es algo normal siendo un niño pero su papá quería pasar más tiempo con él y este consiguió que el entrenador de hockey lo colocará como asistente, así que estaría en todas las prácticas"

"Debió ser extenuante para él" - exclamó imaginándose lo difícil que sería.

"Ni que lo digas, Hugo tenía que correr de una clase a la otra y él estaba muy confiado de que nadie se iba a dar cuenta pero sus compañeros del equipo lo vieron bailando y a pesar de que intentó cambiar el tema ya era tarde así que no tubo de otra más que confesar la verdad y es algo curioso que fue gracias a mi hermano que lo comprendieron y aceptaron que le gustaba bailar sobre hielo" - recordó con ironía y algo divertida.

"¿Porque lo dice?" - preguntó Nicolás con un signo de interrogación sobre la cabeza al no entender porque se reía.

"Oh, no, no es nada" - río nerviosa por la pena y es que ¿cómo decirle que su esposo y su hermano no se llevaban y fue el mismo James quien evitó que Derek se burlara de él?, aquella relación amistad - odio de ellos no muchos la entendían - "Bueno, Hugo estaba muy feliz de que sus amigos lo entendieran pero todavía no quería decirle a su papá, llegó el día de la presentación y su padre lo vio y se lo llevó a la práctica de hockey, intente que se lo dijera pero no lo hizo. Sin embargo supe algo importante, Hugo...él lucho por mi…cuando pensé en rendirme porque no podía hacer una voltereta, no me dejo hacerlo y fue gracias a él que la aprendí..así que lo intente una última vez y le mostré que no importa lo que piensen los demás, si te gusta, hazlo, así que le contó todo a su padre y nos fuimos a la presentación, bailamos y a todo el mundo le encanto, incluso a su padre que nos estaba viendo" - mencionó sintiéndose dichosa de tenerlo como su marido, al recordar aquel baile mágico y precioso que compartieron y acabaron compartiendo cada invierno, él solo pensar en él hacía que su corazón latiera a mil por hora y sus ojos brillaran mostrando el evidente amor eterno que le tenía.

"Y ¿su padre lo dejo seguir haciéndolo?" - tenía curiosidad por conocer al padre del rey Hugo, después de todo su papá lo conoció.

"Si, inclusive le pidió a la maestra Flora que le diera un puesto para estar en las prácticas y desde entonces estuvo en todas y también en la competencias" - le comentó animada.

"Qué curioso, hubo una similitud de eventos, en un principio usted quería practicar un deporte que era solo para chicos y después él quiso practicar un deporte considerado solo para niñas, convirtiéndoles a ambos en los primeros en intentarlos y siendo los mejores, que casualidades de la vida, ¿no?" - dijo con una sonrisa suave el rubio.

Ambos compartieron una sonrisa pensando en ello pero luego escucharon una voz conocida.

"Sofia" - era Hugo y venía con su padre.

"¡Hugo!" - exclamó la oji azul contenta, mientras corría a los brazos de su esposo, ante la mirada triste pero comprensiva del rubio - "Llegaste tarde"

"Perdón es que papá se tardó un poco" - sonrío apenado el joven rey.

"¡Qué alegría verte de nuevo hija!" - le saludó con una de sus radiantes sonrisas su suegro.

"Sr. Garrick, ¿qué bueno que este aquí, llego bien?, ¿se quedara?" - le preguntó, no lo veía desde el nacimiento de sus nuevas sobrinas por parte del hermano mayor de su esposo.

"Bien y sí, me quedo dos días, suficiente para que me digan papá te vamos a hacer abuelo" - comentó jocoso y a carcajadas al notar las caras rojas que ponían ambos - "Tranquillos no les voy a molestar en su intimidad, no tienen porque ponerse rojos"

"¡Papá!"- le reprochó su hijo menor totalmente azorado ante la desfachatez de su padre al hablar de un tema como ese en medio de la calle y con la presencia del rey de Aztlan, aunque pensándolo bien así entendería que Sofia era su esposa, su mujer, su amante y nunca podría quitársela.

"Oh, es verdad, él es el rey Nicolás de Aztlan, rey Nicolás él es el rey padre de Albuquerque, Garrick, el padre de Hugo, mi suegro" - los presento esperando cambiar el tema.

"Así que tú eres el hijo de Rodrigo, un gusto conocerte" - respondió con seriedad Garrick, mientras le daba una reverencia.

"El placer es mío señor" - le dijo el rubio del mismo modo - "Mi padre nunca me había contado sobre usted o su difunta esposa pero por lo que me ha dicho su dulce nuera, es una persona muy agradable que ama a su hijos" - Hugo le dirigió una mirada de pocos amigos al escucharlo llamar a su esposa con ese término pero el chico no se fijo.

"Me imagino y ¿tu padre no vino contigo hoy?" - le preguntó al no ver a Rodrigo por ninguna parte.

"No, se quedo descansando en el hotel"- respondió con calma el joven.

"Que mal, esperaba verlo" - quería ver con sus propios ojos la cara de un acecino.

"No creo que tengas que esperar mucho Garrick" - sin que nadie se lo esperaba allí estaba él, Rodrigo, mirando con odio infinito al padre de Hugo.

"Papá, creí que estarías todo el día en el hotel" - cuestionó sorprendió su hijo.

"Si pero...me dieron ganas de salir y caminar, así que aproveche para verlos y saludar a mi viejo amigo - respondió con cinismo" - Garrick, cuánto tiempo sin verte.

"Lo mismo digo Rodrigo, no te veía desde que casi provocas que no me casara con Elizabeth" - Garrick iría directo al grano. Nicolás estaba asombrado y confundido, ¿su padre había hecho algo como eso? Y Sofia no estaba mejor, sin embargo Hugo le dio una mirada de que luego le contaría todo y decidió prestar atención a la conversación de los dos antiguos monarcas.

"Te equivocas, yo solo quería que los padres de Elizabeth supieran la verdad, tu padre era un hombre sin corazón, frío y calculador" - repudio, dado a que en realidad así había sido el suyo.

"Mi padre podrá ser lo que tú quieras pero nunca un hombre vil y ruin como tú, ¿nunca le has contado la verdad a tu hijo?" - le preguntó ganándose que el otro lo mirase con el ceño más pronunciado.

"Veo que llegaste con las pilas puestas" - respondió con sarcasmo.

"Sabes que protegeré a mi familia de ti de ser necesario, Elizabeth estaría decepcionada de ver en lo que te has convertido" - Garrick no permitiría que su viejo enemigo le hiciera daño a Hugo o a Axel, menos a sus nueras y sus nietas, primero muerto.

"Nicolás, vámonos, rey Hugo, reina Sofía hasta mañana" - se despidió con una reverencia haciendo caso omiso a la mirada de enojo de Garrick.

"S...si...hasta mañana" - respondió el rubio aún sin comprender lo que pasaba.

Más tarde esa noche Hugo y Sofia estaban en su alcoba ya listos para dormir pero la mente de la antigua portadora del amuleto de Avalor estaba en lo sucedido esa tarde, Hugo le contó la historia de sus suegros y casi no podía creer que el padre de Nicolás pudiera amar y por si fuera poco, era sorprendente la diferencia entre ellos.

"¿Sofi, estás bien?" - le preguntó Hugo al verla callada y preocupada.

"Si, no te preocupes es solo que aún me parece increíble la diferencia que tiene Nicolás con su padre" - le dijo pensativa.

"Nicolás" - murmuro el peli negro con disgusto.

"Es muy extraño, él es gentil, amigable, dulce y amable pero su padre es lo opuesto, lo mantuvo alejado del mundo, ¿no es triste Hugo?" - le preguntó pero al ver la cara de enfado de su esposo se inquieto - "¿Sucede algo malo mi amor?"

"No, solo estoy cansado, vamos a dormir que mañana tenemos que levantarnos temprano por lo de la fiesta de Halloween pasado mañana" - le dio un beso rápido y se recostó del lado izquierdo de la cama Sofia no entendía nada pero tenía el presentimiento de que algo le ocultaba, decidió que luego le preguntaría por ahora lo dejaría descansar, así que apago la luz y se colocó del lado derecho y pronto cayó en los brazos de Morfeo.

Horas después la mente de Hugo estaba en un extraño lugar oscuro y frío.

"¿Dónde estoy?" - se preguntó a sí mismo confuso, mirando a todos lados - "¡Sofia!, ¡papá!" - les llamo pero no había nada, todo era un espacio en negro.

"Es inútil majestad" - se escuchó una voz a lo lejos, una voz varonil algo tétrica detrás de él.

Al voltearse brinco algo asustado ya que su interlocutor estaba vestido con una túnica negra con capucha que le cubría el rostro excepto por la boca que fácilmente podrías confundirle con la muerte.

"¡¿Quien rayos es usted?! ¡¿Dónde estoy?!" - interrogó molesto y con miedo.

La figura fantasmal solo mostró una sonrisa fría.

"¡¿Qué le parece gracioso?!" - cuestiono de nuevo.

"Dígame majestad, ¿está seguro de su vida?, ¿confía en que su esposa le pertenece a usted?" - hablo con clama el encapuchado.

"¡¿Qué?!, ¡explíquese!" - estaba cansado del misterio de este tipo.

El ser parecía imperturbable, mantuvo su sonrisa a pesar de la irritación del otro.

"Verá, soy una persona que tiene el poder de ver el destino de cada uno y puedo asegurarle que el destino de su esposa no es usted" - respondió con maldad el tipo.

"¿Cómo?, ¿que... quiere decir con eso?" - Sofia era su esposa, él la amaba, así como ella a él, ¿no?

"Que se casó con una mujer que tiene otro hombre en su destino y es más, ya está presente en sus vidas" - con un movimiento de su mano le mostró al joven rey de Enchancia imágenes de Sofia y... ¿Nicolás?

"No...no es posible, ¡eso es una mentira!, Sofia es mi esposa, mi mujer, ¡no puede ser!" - intentó negarlo con frustración.

"Lo siento pero esa es la única verdad, muy pronto el verdadero destino de su esposa se cumplirá y ella se ira de su lado para siempre" - respondió sin abandonar aquella frívola sonrisa.

"¡No, nooooooooo!" - gritó el oji verde oscuro con fuerza y al abrir los ojos se encontró de nuevo en su habitación sudando frío y respirando con dificultad - "Fue...una pesadilla" - susurro para luego volver su vista hacia la figura de su esposa que estaba durmiendo a su lado, pasivamente sin ser consciente de su miedo.

A pesar de todo no pudo evitar pensar que se veía hermosa y angelical dormida, estiró su mano para acariciar delicadamente su bello rostro con dulzura y ella sonrió.

"Hugo" - lo llamo entre sueños mientras se removía un poco.

Se levanto de la cama sin hacer ruido para no despertarla y se colocó la bata de su piyama azul oscuro para salir del lecho conyugal, no podía dormir con todo el enojo que tenía encima, enojo por el miedo y terror de que esa pesadilla fuera verdad y su esposa no le perteneciera.

Fue al único lugar en donde podía drenar todo eso, al gimnasio, de niño y adolescente había practicado artes marciales junto con su amigo Jin ya que le recomendó que era una buena forma de alejar la mente de los malos pensamientos y calmar la rabia y las tensiones, equilibrar las emociones, sabía que además de su entrenamiento con la espada y demás instrucción en defensa y ataque, necesitaría aprender un tipo de combate cuerpo a cuerpo y además le ayudaba a mantener esa figura arrogante que tenía, no muy flaco pero tampoco con tantos músculos, todo un cuerpo de antología y por si fuera poco eran responsables de su agilidad y destreza.

No era de extrañarse que las mujeres le llovieran por montones, su rostro precioso y masculino, un cuerpo bien proporcionando, con unos músculos bien formados pero tampoco exagerados, todo él era una obra de arte masculina, ciertamente Dios lo había bendecido y aunque podía conseguir cualquier mujer en el mundo a la única que miraba y amaba era a Sofia. Se quitó la bata y la camisa de la piyama dejando ver su pecho tonificado y comenzó a practicar los movimientos que se sabía de memoria, haciendo lo posible por alejar esa pesadilla de su mente, porque era imposible, no podía creer en algo así, eso era solo un mal sueño creado sus miedos con ese hombre.

Mientras en la azotea del hotel más lujoso de toda Enchancia estaba Rodrigo con su varita brillando y una sonrisa triunfante plantada en el rostro.

"El comienzo de mi plan ha sido todo un éxito, pobre rey Hugo, las pesadillas apenas comienzan y tu querida esposa tampoco se librará de mí y para tu padre tengo algo especial" - río con gusto ante el pensamiento de ver a su enemigo de rodillas pidiendo piedad - "Mi venganza apenas comienza"