Capituló 6

Sofia The First no me pertenece.


El mes de diciembre llego y Wassailia también, la familia real no se sentía con ganas de festejar ya que todavía no había ninguna señal de vida de Garrick pero no por ello dejarían que las familias de los habitantes del reino, en especial los niños, no pudieran celebrar las fiestas, sin embargo en los deseos de todos estaba el que el padre de su rey apareciera, sano y salvo.

Tan pronto los padres de Garrick se enteraron de su desaparición pensaron en ir a Enchancia para ver a sus nietos y bisnietas pero debido al extenso trabajo que tenían solo la madre de este pudo ir pero eso no significaba que su esposo no estuviera preocupado por su hijo mayor, tan pronto se desocupara iría para allá, la abuela de Hugo y Axel también se instaló en el castillo hasta que apareciera su hijo.

Y así como todos los que conocían a Hugo y Sofia se dio cuenta del distanciamiento que tenían pero su nieto solo le dijo que era por la situación con su padre y por el momento le creyó.

Cuando Axel supo que Lidia estaba en el palacio casi le da un infarto, en cambio para la chica fue una gran alegría verlo y a pesar de que aún le parecía lindo y guapo, no lo persiguió ya que ahora estaba casado y en realidad eso no le molestaba, la muchacha quedó totalmente asombrada al saber por boca de Baileywick lo que les sucedía a ese par, bueno, en realidad, sólo sabía lo poco que el mayordomo conocía pero así como Cedric y Axel, tenía la impresión de que alguien estaba tratando de romper el matrimonio de Hugo y Sofia, la buena noticia es que se llevaba perfecto con la abuela de Axel y Hugo, eran como dos gotas de agua, y eso que no eran familia.

Sofia estaba cada día más decaída, triste, aquel horrible sueño le inquietaba, ella era la esposa de Hugo, no esa mujer, no podía creer que Hugo no le perteneciera pero ¿podría ser posible?

Hugo por su parte no estaba mejor, estaba igual o peor que ella, casi no comía y se encerraba en su despacho hasta que anochecía, algunas veces tuvo que ceder a los regaños de su abuela para que comiera con todos pero cuando ambos esposos estaban en un mismo lugar evitaban la mirada y el poder cruzar alguna palabra, era un calvario para ambos.

Para el disgusto de Hugo y mala suerte de Sofia, la princesa de Malin, Rebeca, iba seguida al castillo fingiendo preocupación por Garrick y con el supuesto interés de hacer un tratado de comercio con Enchancia, por lo que a los reyes no les quedaba más opción que soportarla. Sofia sentía que la sangre le hervía cada vez que la vía muy cerca de su marido pero también le asustaba, ya que podría significar que era verdad lo que ese ser le había dicho. Rebeca y Rodrigo seguían trabajando juntos y también otras cosas, total, eran tal para cual.

Garrick estaba que casi perdía sus fuerzas pero aún se mantenía firme y no se dejaría vencer por su enemigo, varias veces sentía como si alguien lo estuviera cuidando, precisamente, un día llegó a sentir que alguien le acariciaba la mejilla, al abrir los ojos vio el rostro de su esposa mirándolo con suma preocupación parpadeo varias veces pero ya no había nadie.

El año se fue rápidamente y llego Enero pero aún los problemas estaban sin resolverse y lo peor era que...

"¡¿Cómo que el consejo real de Albuquerque declarara a mi padre muerto?!" - gritaron molestos, los hijos de Garrick.

"Lo lamento, pero me lo informó el capitán de su guardia real rey Axel, al llevar desaparecido dos meces y no haber ninguna señal de vida, han decidió darlo por muerto y retirar a la guardia de la búsqueda, aunque también me comentó que su tío y su abuelo están haciendo lo posible porque no se cancele, y claro, nosotros seguiremos hasta que usted nos diga rey Hugo o hasta que lo encontremos" - respondió firme y leal el comisario de la guardia real de Enchancia.

"Bien, le agradecemos que nos lo haya contado capitán Mails y si, la búsqueda continuará, mi hermano se encargará de hablar con el consejo real de Albuquerque, puede retirarse" - respondió Hugo sintiendo que el estrés lo estaba matando.

El hombre dio una última reverencia y salió del lugar para que los hermanos suspiraran pasándose la mano por el pelo producto de la desesperación.

"No puedo creer que esos ancianos anticuados sean tan estúpidos como para dejar la búsqueda de papá, esto tiene que ser obra de Luis, nunca lo quiso" - le comento molesto su hermano mayor refiriéndose al conde de Albuquerque.

"Si, es lo más probable, arshg" - se quejó tocándose la cabeza, el dolor era horrible.

"Hermano, ¿estás bien?, ¿tienes jaqueca?" - le preguntó revisándole.

"Si, es insoportable, me preocupa todo esto y también..." - estuvo a punto de decirle lo de sus problemas con Sofia pero prefirió no hacerlo.

"¿También qué?, Hugo, ¿Qué ibas a decir?" - quiso saber, desde que llegó con su familia al castillo supo que algo andaba mal, más allá de la desaparición de su padre.

"No, nada, no es nada" - respondió tomando una medicina para el dolor de cabeza.

"Mira, ya estoy cansado de me estés escondiendo los problemas que tienes, soy tu hermano mayor, te conozco y tus mentiras no funcionan conmigo, ¿ya no confías en mí?" - le preguntó serio.

"Axel..." - observó a su hermano, lo estaba mirando con aquella mirada de dime lo que te pasa o lo voy a descubrir, suspiro, sabía que no tenía otra opción - "Ok, ok, te diré lo que me sucede pero no se lo dirás a nadie"

Hugo procedió a contarle a su hermano todo lo que le había pasado desde que tuvo el sueño hasta ahora y este casi no lo podía creer.

"No, Hugo, eso no puede ser verdad, Sofia jamás besaría a otro por querer hacerlo, es posible que haya estado hechizada o fue una confusión, me dijiste que Nicolás tenía el mismo disfraz que tu, esa persona debe estar buscando perjudicarte, a ti y a Sofia" - no era un tonto, era perfectamente consciente de las admiradoras que su hermano y él tenían y no podía olvidar los admiradores de Sofia.

Era probable que alguien quisiera destruir el matrimonio de su hermano menor.

"No lo sé pero estos meses han sido terribles, papá desaparece y el alejamiento de Sofia y yo me ha dejado casi fuera de órbita, ¡no sabes lo horrible que es pasar la noche sin ella, sin poder besarla, hacerle el amor, lo que me muero por abrazarla y nunca dejarla ir!" - respondió recargando su espalda en el espaldar del asiento, al tiempo que se pasaba las manos por la cabeza como si con eso su mente se aclaraba.

"Estas mal hermanito, muy mal" - comentó algo divertido su hermano mayor.

"Dime algo que no sepa" - dijo con algo de sarcasmo el joven rey.

"Hugo, créeme, Sofia te ama a TI y a nadie más, me consta tanto a mí como a todos quienes los conocemos y hemos sido testigos de la fuerza de su amor, esa es el arma más poderosa que ustedes tienen, no dejes que nadie venga a arruinar tu matrimonio, Sofia y tú no se pueden dejar vencer" - le aconsejo.

"Si, tienes razón, como desearía que papá estuviera aquí, ojalá esté bien" - mencionó angustiado por su progenitor.

"Yo también, estoy seguro de que mamá, de alguna forma, desde donde este, nos ayudará encontrarlo" - intercambiaron una mirada de melancolía, deseando que su madre estuviera viva y con ellos pero también rezando porque ella los ayudara a encontrar a su padre.

Mientras, en el jardín del palacio estaban Sofia y Astrid con las bebes disfrutando, todavía el ambiente era frío pero las pequeñas y ellas estaban bien abrigadas, la reina de Albuquerque fue a su recámara buscar unas mantas para las bebes ya que estas estaban dormidas, justamente Abigayl estaba en los brazos de Sofia, la oji azul observaba con ternura a la pequeña bebe en sus brazos.

"Tan chiquita y preciosa, ¿cómo sería si yo tuviera un bebé de Hugo?" - se preguntó a sí misma para después solar un suspiro y sus ojos se humedecieron amenazando con llorar en cualquier momento - "Un bebé, un hijo mío y de Hugo" - acaricio la suave y pequeña carita de la bebita con ternura - "Hugo, ¿Por qué tuvo que pasarnos esto?, te extraño tanto mi amor" - y una pequeña lagrima salió de su ojo izquierdo

"Disculpa la tardanza Sofia, el castillo es muy grande y hay muchos pasillos que tengo que pasar para llegar aquí, ¿cómo se portaron mis bebes?, ¿no te molestaron?" - preguntó alegre la reina de Albuquerque.

"No, para nada, se portaron a las maravillas" - respondió aparentando alegría. En ese momento llegó la abuela seguida de Lidia.

"¡Hola chicas, ¿cómo están?¡" - preguntó con gran alegría la princesa.

"Bien, ¿cómo están ustedes?" - preguntó Astrid a ambas.

"Excelente, conseguí la dirección de un guardia guapísimo" - respondió soñadora la chica.

"¡Oh, Sofia te ves tan adorable con mi bisnieta en brazos!, no puedo esperar para que Hugo y tu tengan hijos" - Sofia hizo lo posible por no mostrarse triste ante ello, como estaban y con esa pesadilla no sabía si podrían llegar a tener un bebe juntos.

"Yo...yo también" - tenía miedo de perderlo.

Las noches sin él eran horribles y solo tenía pesadillas, quería que la besara, abrazarla y volver a amarse como antes, añoraba volver a sentirse en sus brazos como la primera vez.

Para las mujeres no pasó desapercibido la tristeza en la voz de la joven reina de Enchancia, algo andaba mal con esos dos y ninguno quería decirles la verdad, lo que era bastante frustrante.

De repente se sintió mal y le dio la bebe a su cuñada diciendo que se iría a su habitación a descansar, cuando se fue las demás intercambiaron mirada preocupadas, la salud de Sofia y Hugo estaba peor cada día que pasaba. Mientras camina por los pasillos se encontró con Bayliwcik.

"Reina Sofia, ¿está bien?, se ve muy agotada" - preguntó el mayordomo.

"Si, solo necesito descansar un poco, es todo" - una pregunta se instaló en su mente, tenía la enorme necesidad de verlo, quizás hablar sobre cómo iba la búsqueda de su papá, después de todo le tenía mucho cariño a Garrick –"Bayliwcik, ¿dónde está mi esposo?"

"En su despacho" - ya iba darle las gracias pero el hombre de cabello gris continuo - "Hablando con la princesa de Malin"

"¿Qué?" - preguntó asustada, esa mujer de nuevo estaba dentro de su castillo, con su esposo, apretó los puños y frunció el ceño, estaba cansada de soportarla.

"Si, acaba de llegar" - explicó el hombre.

"Gracias Baileywick, iré a verlo" - camino más rápido de lo que pensó, no quería dejar sola a esa tipa con su esposo.

Mientras que dentro del despacho del rey de Enchancia…

"¡Oh, Hugo, qué horror!, tú y tu hermano tienen razón, no es justo que el consejo abandone la búsqueda de tu padre, se están rindiendo muy rápido" - dijo tratando de parecer interesada.

"Gracias, si, no lo podemos probar pero pensamos que el conde Luis se está aprovechando de esto, ya que después de que Axel se convirtió en rey mi padre obtuvo el lugar como jefe del consejo y él quería ese cargo" - explicó sintiendo gran dolor en su cuerpo.

"Te noto cansado, estás pasando por mucho, ¿no?" - le dijo en el mismo tono que antes.

"Si, todo esto me esto me ha dejado sumamente exhausto" - se tocó el hombro tratando de que su dolor disminuyera...

"Debes tener una tensión en los músculos horrenda, si quieres puedo darte un masaje en los hombros, lo aprendí de uno de mis sirvientes" - se ofreció, aunque ese ofrecimiento tenía otras intenciones.

"No, gracias pero no quisiera molestarte, ya se me pasara" - dijo siendo caballeroso.

"No te preocupes, para mí será un...placer ayudarte, esto que ha pasado con tu padre es terrible y lo menos que podría hacer es quitarte la tensión" - de eso modo Hugo no pudo negarse para no hacerla sentir mal y ella felizmente se colocó detrás de él y con felicidad colocó sus manos en los hombros del joven rey comenzando a masajearlos.

"Gracias, creo que lo necesitaba" - explicó sintiéndose un poco más relajado y siendo agradecido.

"De nada, ya sabes que me encanta ayudarte" - respondió en forma de coqueteo la chica, aunque el joven no lo noto.

Aprovechando que el chico tenía los ojos cerrados se cambio de lugar poniéndose en frente de él casi plegándose a él tomándole por sorpresa y desagrado.

"¿Qué estás haciendo?" - trato de moverse pero el peso de la mujer sobre él no lo dejaba.

"Solo estoy reclamando lo que es mío, ¿no entiendes Hugo?, tú eres mío y no dejaré que una entrometida como Sofia se quede contigo" - remarcó acariciándole el rostro, acto que provocó escalofríos pero de repulsión en el cuerpo del joven.

"Estás loca" - respondió con molestia, intentando esquivar los labios de la mujer que quería besarlo.

La mujer sonrío confiada sabía que Sofia estaba cerca, de hecho la oji azul ya estaba por abrir la puerta.

"Sí, estoy loca pero loca de amor por ti" - cuando se escucho la manilla de la puerta girarse Hugo miro hacia al frente para ver quién era y la mujer se aprovechó uniendo sus labios a los de él dejándolo paralizado y espantado, mientras que la puerta se habría mostrando a Sofia.

La joven reina estaba anonadada, encontrar a una mujer encima de su esposo y besándolo además, no era lo que muchas mujeres deseaban, una furia inmensa la invadió y dijo lo primero que se le vino a la mente.

"¡¿CÓMO TE ATREVES!?" - gritó histérica al tiempo que apartaba a la mujer de un jalón del cuerpo de su esposo y le daba una fuerte cachetada que le voló la cara a la desgraciada - "¡ALÉJATE DE MI ESPOSO!" - y le dio otra más pero del otro lado, había colmado su paciencia liberando a la leona que había en ella.

Hugo parpadeo confundido, nunca había visto a Sofia de esa forma y en realidad estaba algo paralizado por el miedo, miedo de la furia de su mujer.

La otra no parecía molesta, solo sonría triunfante.

"¿En serio crees que es tuyo Sofia?, él solo está contigo para olvidarse de mi" - río mezquina la tipa, aunque sus mejillas se podían ver las marcas rojas de las manos de Sofia.

"¡Eso es una mentira!" - desmintió Hugo levantándose de un salto del asiento, pero las mujeres lo ignoraron.

Por un momento pasó el recuerdo de aquellas palabras del ser extraño por la mente de la oji azul y apretando los dientes hablo amenazante - "Largo - de - mi - casa, ¡y no vuelvas a pisar esta lugar nunca o haré que te echen a patadas de aquí y del reino!"

"Disfrútalo mientras puedas Sofia, porque él regresará a mí cuando menos te lo esperes" - hablo venenosa como serpiente al tiempo que salía riendo.

"Sofia yo..." - hablo tratando de explicar lo sucedido pero ella no lo dejo.

"¡No, no me hables!, ¡no quiero oírte!" - le exigió muy molesta.

"Sofia escúchame por favor" - le rogó intentando de calmarla.

"¡No me interesa escucharte!, ¡yo...!" - no pudo terminar la frase ya que su cuerpo había colapsado de tanto estrés y se desmayo.

"¡Sofia!" - la llamo su esposo con desesperación tratando de despertarla pero no reaccionaba - "Sofia por favor, por favor despierta. ¡Baileywick!" - gritó en auxilio a su mayordomo, quien ante el grito de su rey corrió de inmediato al despacho para encontrar tan peculiar escena, su reina inconsciente en el piso y el esposo de esta tratando de que recobrará la conciencia.

"¿Qué ha pasado?"- preguntó bastante alarmado acercándose para revisar el pulso de Sofia, afortunadamente respiraba.

"Estábamos discutiendo y de repente se desmayo, Baileywick, llama la médico, ya" - ordenó tomándola en brazos y llevándola a la habitación para recostarla en la cama.

En ese momento llegaron todos preocupados.

"Hugo ¿qué sucedió?, oímos los gritos, ¿qué le pasó a Sofia?" - le preguntó su hermano al verlo tomar la mano de una inconsciente Sofia.

"Discutimos y se desmayo" - respondió sin dejar de observar el rostro de su amada esposa, acariciando su cabello.

"Pero ¿por qué discutieron?" - quiso saber Astrid.

"Rebeca me engaño y se me pego mientras estaba sentado y se aprovechó para besarme y Sofia lo vio, solo la parte en la que ella me besaba" - los demás quedaron sin aliento - "se enojó mucho, le fue encima a Rebeca y le dio un par de cachetadas en ambas mejillas y le exigió que se fuera"

"¡Esa maldita zorra!, es una cualquiera, todo el mundo lo sabe" - mencionó con repulsión la princesa Lidia.

"Hugo fuiste muy ingenio y ahora Sofia paga las consecuencias" - le regañó su hermano mayor. "Gracias por el regaño Axel pero en este momento no me ayuda" - replicó desesperado ya que su mujer estaba inconsciente.

"Ya sabía yo, este es una maldición que todos los hombres de nuestra familia tienen, atraer a las mujeres malvadas, su madre y yo tuvimos esos problemas antes y se lo advertí, antes de que fuera tarde, lastimosamente no pude decirle a Sofia" - se lamentaba la abuela de los hermanos - "¡Oh y mi pobre Garrick…no está!" - lloro desconsoladamente la madre del antiguo rey de Albuquerque.

"Sofia, despierta, a la única que amo es a ti, por favor, a pesar de que no seas mía aún te sigo amando" - rogaba mentalmente Hugo.

El médico llego y reviso a la reina, quien ya había vuelto en sí para el alivio de todos.

"Bien majestad, al parecer tubo un desmayo debido al estrés o una gran impresión, debe cuidarse, noto que no se ha estado alimentando muy bien, debe comer para no enfermarse, le recetaré unas vitaminas y con eso recuperará el apetito" - explicó el galeno mientras escribía la prescripción médica para dársela a Hugo.

"Gracias, doctor, Baileywick lo llevará hasta la salida" - respondió estrechando la mano del hombre para después ver a su esposa que parecía tener más interés en ver la pared que a él pero lo cierto era que no quería hablarle o verle, a pesar de que la realidad era que se moría porque la abrazara y la besara pero le dolía bastante lo que había visto.

"Sofia...yo...quiero que sepas que..." - de nuevo ella lo interrumpió.

"No me interesa tu explicación Hugo, en este momento no quiero verte o oírte, sal, déjame sola, por favor" - le dijo sería aún sin voltearse a verlo aunque también era para que no la viera llorar.

"¡Sofia, por Dios! esto no es justo, déjame explicarte la verdad de lo que pasó" - le refutó disgustado.

"¿La verdad?, ¿cuál verdad?, dejaste que esa mujer, si se le puede llamar así, te besara, ¡en mi cara y en mi casa!" - respondió al fin mirándolo y mostrándole las lágrimas de sus ojos. Hugo se sintió culpable pero al mismo tiempo tenía un gran enojo ya que a su memoria llego lo sucedido en la fiesta de Halloween del año anterior - "¡Y supongo que el que tú te besaras con Nicolás no es nada, ¿verdad?!"

"Eso fue una equivocación, pensaba que eras tú" - se defendió levantándose de al cama.

"Si, me imagino" - respondió con duro sarcasmo - "¡Seguro te gusto que te besara! Sintiéndose ofendida le dio una bofetada a su esposo - "¡No me vuelvas a ofender!, no puedo creer que dudes de mi"

"Y yo no puedo cree que tu dudes de mi" - respondió en el mismo tono, ambos estaban dolidos.

"Sal de mi habitación, ¡ya!" - le exigió.

"¡Bien!, no voy a molestarte más con mi presencia" - y furioso salió tirando la puerta.

Y a grandes pasos llegar a la suya para hacer lo mismo pero con él adentro.

Mientras que en la recámara que se suponía era de ellos, Sofia se deshacía en llanto, sentía como si su mundo se hubiera acabado pero no sabía que Hugo estaba igual, lloraba y se reprochaba por haber permitido que esto pasara pero sobre todo ambos sufrían porque gracias a las mentiras de Rodrigo y su nueva aliada, creían que uno ya no amaba al otro, que el amor entre ellos no era mutuo.

"Lo escucharon, ¿verdad?" - preguntó Lidia.

Después de que Sofia despertara se fueron al salón del té para tomar un buen te que les ayudará a pasar el mal rato pero los gritos de la pareja se escuchaban por todo el palacio dejándolos más preocupados que antes.

"Nunca me imaginé que esto pasaría, esto tiene que ser obra de alguien que quiere hacerles daño, Sofia y Hugo se aman, me consta que si" - respondió Axel seriamente.

"Es cierto pero ¿quién podría ser?" - preguntó Astrid.

"¿Quién más?, Rebeca, ¡es una malvada!" - respondió aún muy molesta Lidia, quería jalarle los cabellos a Rebeca y lanzarla bien lejos y sin boleto de regreso.

"Es probable pero no tenemos pruebas" - comentó la madre de Garrick.

"Bueno, lo que necesitamos ahora es que Hugo y Sofia se reconcilien, la pregunta es ¿cómo?, tienen alguna idea" - cuestionó Astrid, en ese momento Axel tuvo una idea.

"Creo que tengo una, necesitaré enviar un mensaje a Freezenburg" - y con eso salió apurado dejando a las tres mujeres sin comprender a que se refería, en especial a su esposa.

"Oye ¿no crees que él prisionero se ve como si se fuera a morir pronto?" - preguntaba uno de los guardias a otro.

"Si, aunque no podemos ayudarle, su excelencia, el rey padre no nos permite dejarlo salir" - respondió temeroso ante la mención de su jefe.

En la celda, Garrick estaba ya con sus ropas sucias y desgastadas, su cabello suelto y desordenado y parecía que en cualquier momento desfallecería.

"Mis hijos...mis hijos...Hugo...Axel..." - era lo único que decía, los llamaba como si lo pudieran oír, era una tristeza que no lo abandonaba.

"Garrick...resiste, resiste" - escucho de una voz femenina y dulce pero angustiada por él pero cuando abrió los ojos no había nadie más que él en esa celda, a veces podría jurar que era la voz de su esposa pero eso era imposible.

"¡Mi nieto es el rey, no pueden dejarse influenciar por un hombre que siempre nos a odiado a mi hijo y a mí!" - exigía el padre de Garrick.

"Entendemos su frustración su majestad pero su hijo mayor lleva dos meces desaparecido y ya está por cumplirse el tercer mes, lo único que podemos alegar es que lamentablemente está muerto" - explicó uno de las ancianos del consejo real de Albuquerque.

"¡Es ridículo!, el cuerpo de mi hermano aún no ha sido encontrado, no se puede especular tal cosa" - reclamo el hermano menor de Garrick, sus hijos habían intentado ir hasta Albuquerque pero estaban muy ocupados con sus labores reales pero le pidieron a su padre que les informaran de todo.

"Es cierto, pero al no a ver ninguna pista más, solo podemos decir que su cuerpo se descompuso y se lo comieron los gusanos" - hablo sin ningún tipo de preocupación el conde Luis.

Padre e hijo lo vieron con rabia, sabían perfectamente que odiaba a Garrick.

"¡Cállate!, ¡mi hermano no está muerto!" - refutó intentando golpearlo, el hermano de Garrick pero su padre lo retuvo para que no cometiera una tontería.

"Luis, mi hijo es el rey padre de esta nación y el jefe del consejo real, es crucial encontrarlo inmediatamente y sabes que aunque tengas poder en el consejo mi nieto Axel es el rey, lo que significa que él siempre tendrá más poder que tú, por lo que no tienes más opción que seguir nuestras órdenes y nosotros la familia real hemos decido que no se detendrá la búsqueda" - hablo el padre de Garrick siendo inteligente y recuperando su imperturbable forma de ser de siempre.

"Podrá ser pero la familia real siempre a respetado las decisiones del consejo, hemos hecho una votación justa y como tal deben aceptarla, ya que la ley es la ley y hasta ustedes deben seguirla" - respondió como última jugada el conde de Albuquerque.

"El conde tiene razón, hemos votado y de una forma justa por tanto las labores de búsqueda de su excelentísimo rey padre se suspenderá y se procederá a los días de duelo y a preparar todo para el funeral del mismo, se termina la reunión" - y así tocaron el mazo de madera para terminar con la cesión.

Mientras padre e hijo se sentían decepcionados y desconsolados el conde sonreía satisfecho.

Pasó una semana y todo había sido peor que antes, Axel puso el grito en el cielo al enterarse de lo que el consejo había decidió, los amenazo a todos con un juicio, su padre siempre fue justo y amable con todos ¿y así era como le pagaban?

Los reyes de Enchancia habían empeorado su relación, en el día se veían con disgusto y no se dirigían la palabra pero en la noche seguían sufriendo el estar separados, lo que indicaba que a pesar de todo, todavía seguían amándose.

Los demás ya no sabían qué hacer para juntarlos y cuando creyeron que todo estaba perdido un par de visitas inesperadas llegaron a la puerta del palacio.

"¡Hermana!, ¿qué haces aquí?" - preguntó Astrid viendo incrédula a su hermana Hildegard, la reina de Freezenburg, en frente de ella.

"Axel me escribo una carta diciendo que viniera urgentemente porque me necesitaba para algo importante con respecto a Sofia y Hugo" - respondió con su mismo tono creído de siempre la ahora reina de Freezenburg.

"¿Y quién es usted...? - preguntó curiosa la madre de Garrick, al personaje que estaba alado de Hildegard.

"Me llamo Nicolás, solo el rey de Aztlan, el hermano del rey Hugo me explico la situación, me imagino que la reina de Freezenburg está ahí por lo mismo" - hablo con respeto el joven.

La princesa lidia estaba más ocupada en ver lo guapo que se veía el joven rey de Aztlan, pensando que más tarde podría pedirle la dirección de su reino para salir alguna vez, mientras que las otras dos mujeres presentes observaron con confusión al peli castaño rojizo.

"Las únicas personas que pueden hacer entrar en razón a Hugo y Sofia son ellos, Hildegard que estuvo a punto de robarse a Hugo y Nicolás que ya sabemos que le interesa Sofia" - el chico enrojeció ante la explicación del rey de Albuquerque - "Bueno, Nicolas, Hugo está en su despacho y Hildegard, Sofia está en su habitación.

Ambos monarcas fueron a las direcciones indicadas.

Sofia estaba en su habitación, le habían llevado el almuerzo pero apenas podía comer, la tristeza de no tener a su marido junto a ella le hacía sentir sin ánimos de probar bocado y casi no seguía la prescripción del médico. Unos toques en su puerta la hicieron levantarse para abrirla pero vaya sorpresa que se llevó al ver a Hildegard parada en la puerta.

"¿Hi...Hildegard?, ¿qué haces aquí?" - le preguntó sin comprender que sucedía.

Al mismo tiempo Hugo observaba casi de la misma forma a Nicolás.

"¿Qué estás haciendo aquí?" - le preguntó disgustado, el recuerdo del beso entre su esposa y él aún estaba claro en su memoria.

"No, tú no eres Sofia" - respondió Hildegard escaseando a la oji azul de arriba hacia abajo.

"¿Qué?, ¿de qué hablas?, claro que soy yo" - cuestionó sin entender porque ella decía esas cosas.

"No, es que tú no puedes ser la Sofia que yo conocía y digo conocía porque parece que ella está muerta" - hablo duramente la reina de uno de los reinos más fríos del Ever Realm.

"Sé lo que ha sucedido entre Sofia y tú, no debiste hablarle así, la culpa fue mía, no sé cómo pasó pero ella me confundió contigo ya que usaba el mismo traje que tú, ella jamás sería infiel a ti, créeme" - le hablo tan serio como la misma Hildegard en este momento con Sofia.

"Si, si, la Sofia que yo conocí, era fuerte y no se dejaba vencer por nada, la Sofia que me derrotó y se quedo con Hugo no es la misma que yo veo aquí. Mírate, te ves pálida, totalmente desarreglada, tu cabello ha perdido brillo y esas ojeras que tienes" - hizo una mueca de asco - "Te ves deplorable, esta no es la misma mujer que me quitó a Hugo y cambio mucho de la realeza"

"Tú estás enamorado de mi mujer, ¿no?, ¿por qué vienes a darme explicaciones ahora?" - preguntó con el sueño fruncido.

"Si, no te lo voy a negar estoy enamorado de Sofia, pero lamentablemente sé que ella solo te mira a ti, sin importar que, ella siempre te escogerá a ti ¿y tú la amas?" - el plan era llegar al corazón de ambos.

"Yo...por supuesto que soy ella" - hablo molesta Sofia.

"¿En serio? Ya me contaron lo sucedido, te has rendido muy fácilmente Sofia, ¿dejarás que una mujer venga y te robe a tu esposo?, ¿acaso ya no lo amas?" - Hildegard sabía que esa era la única forma en que ambos orgullosos reaccionarán.

"Yo...yo…" - no sabía que responder, Hildegard tenía razón en eso.

"Yo...la amo, la amo más que a nada en este mundo pero ahora...ella y yo..." - era difícil para él contar sobre sus problemas maritales a su rival - "No estamos muy unidos como quisiéramos" - respondió cortante.

"Si, ya se eso" - respondió el joven rubio sin perturbarse - "Es por eso que vine, para hacerte entrar en razón, Sofia te ama, no dudes de ello"

Los dos cerraron los ojos pensando en cada momento vivido juntos, la carrera de prueba para el Derby en la escuela, cuando por fin ella conoció al verdadero Hugo, en la clase de baile sobre hielo, de adolescentes, el inicio de su noviazgo, luego su compromiso y después su boda, su luna de miel, la primera vez de ambos, aquella noche, había sido mágica y especial, la primera de muchas, como extrañaban besarse y que la hiciera suya en sus brazos, sentir que podía morir en ellos, si, habían perdido el rumbo pero ya estaba claros en lo que sentían.

"Si, la amo" - declaró él.

"Si, lo amo" - respondió ella, ambos con una sonrisa.

"Pues entonces, ve y búscalo/la" - les hablaron sonriendo por un trabajo bien hecho.

Hugo fue al cuarto que ocupaba para buscar sus cosas, y llevarlas de nuevo a su habitación pero ella se le adelantó y llego a este para verlo entrar, intercambiaron una sonrisa de alegría y se dijeron el uno al otro - "Perdón"

Canción: Amor quédate de Jeancarlos Canela

No quiero que te vayas… aun la noche es larga
Cada momento nuestro quisiera detenerlo en esta cama

Que larga son las horas cuando tú te demoras
me vuelvo loco… esperarte me mata

Amor, quédate… quédate
Quiero más de tus besos, necesito tu cuerpo
Hazme el amor, mátame de placer
Amor, quédate… quédate

Desearte así es un vicio del cual nunca me curare
Amor, quédate

Y rápidamente se besaron como si sus cuerpos hubieran pasado por una larga época de sequía.

"Perdóname...fui un tonto..." - murmuro él con la respiración entrecortada mientras la besaba con pasión y lujuria.

"No...yo..también me porte…terrible contigo..¡Hugo, Hugo, te necesito...te necesito mi amor!" - declaró gimiendo de placer y felicidad al volver a sentir sus brazos masculinos rodearla y sus manos y boca recorrerla de pies a cabeza.

Los meses separados habían sido un infierno, un verdadero infierno, se amaban, se deseaban y gracias a un jarabe de lenguas de sus más grandes rivales, habían comprendido que hicieron mal y que no podían estar separados, Rodrigo y Rebeca habían fallado la separación solo había logrado que el amor entre ellos creciera y se fortaleciera.

El atardecer comenzaba a mostrarse y los cuerpos de ambos, libres de cualquier prenda, brillaron con el sol parados frente a la ventana de la habitación. Se miraron con amor, deseo, pasión, se necesitaban con urgencia.

La pequeña mano femenina acaricio su mejilla con una gran ternura y devoción, él la tomo y la unió a la suya para besar con pasión la palma de su mano, cada uno de sus dedos, provocando corrientes eléctricas que recorrieron su cuerpo, solo él podía hacerla sentir así, un cosquilleo agradable en el cuerpo que liberaba a la mujer apasionada que era.

Él sonrió divertido y contento al notar que aún podía hacerla sentir que se derretía con su cuerpo, la pego más a él, atrapando su cintura con sus fuertes brazos, disfrutando de revivir cada parte del cuerpo de su mujer, aquel que tanto conocía, la beso fundiendo su boca con la suya, deleitándose con el aroma y sabor de su piel, una piel suave y exquisita que se sentía dichoso de ser el único que la conocía.

"Hugo perdóname, te hice daño mi amor..." - quiso explicarse su esposa.

Él la silencio con un beso para luego colocar un dedo sobre su boca - "Shh, silencio querida" - susurro al tiempo que besaba su cuello con besos ardientes que hicieron que la joven sintiera sus piernas de gelatina, la levanto al estilo novia para recostarla en la cama con él sobre ella - "Esta noche, solo quiero amarte, besarte, hacerte el amor como un loco, necesito de ti y de tu cuerpo, eres mi vicio incurable, el que más me encanta, te amo tanto, mi reina"

De ganas yo me enfermo cuando tu amor no tengo
Hasta escuchar tus pasos y verte entre mis brazos
me siento preso

Que largas son las horas cuando tú te demoras
me vuelvo loco… esperarte me mata

Amor, quédate… quédate
Quiero más de tus besos, necesito tu cuerpo
Hazme el amor, mátame de placer
Amor. Quédate, quédate

Desearte así es un vicio
Del cual nunca me curare
Amor quédate

Sonrieron en un común acuerdo de que sus besos y caricias hablaran por ellos, fue así como dejaron que la pasión y el deseo guardado desde hace tantos meces por fin saliera a flote, quería morir de placer en el cuerpo femenino de ella, sentir que lo amaba a él y a nadie más.

Ella por su parte sentía que estaba en el cielo, después de tantas noches sin él por fin volvía a sentir que ella era su única dueña, pelearía, Hildegard tenía razón, Hugo la amaba solo a ella, seguro que ese sueño había sido una treta de aquella mujer porque él nunca había dejado de amarla, sus besos y sus caricias se lo decían.

Y continuaron amándote en la infinidad de la noche concentrarse en borrar todo mal sabor de su bocas, el sabor de esas bocas ajenas que nunca debieron entrar en ellas.

"¿Ya le he dicho que se ve muy bien con solo mi camisa puesta reina Sofia?" - mencionó mientras comían un poco de helado que habían dejado frente a la puerta, cortesía de sus sirvientes, que estaban felices con la reconciliación de sus reyes y supieron que tendrían hambre después de... ¡Ehmp!

Y puesto a que no había ninguna de las prendas de ella en aquella habitación solo había podido ponerse la camisa usada por él para cubrirse, aunque le quedaba algo grande para él se veía hermosa y sexy.

¡Vamos!, ellos no eran unos tontos, ya todo el castillo sabía que se habían reconciliado.

"No, creo que no, ¿me lo podrías repetir?, no sé, para volver a recordar" - sonrieron cómplices y se besaron de nuevo - "¿Helado?" - le dio de comer de su helado para luego acurrucarse en sus brazos - "¿sabes?, me siento intensamente feliz, ya no soportaba estar sin ti""

"Lo sé, no puedo vivir sin ti pero no dejaré que nada ni nadie nos separe nunca más. Te amo Sofia, te amo más allá de la vida, más allá de la muerte, para siempre" - y sellaron la promesa con un beso de pasión y anhelo...lo triste era que el destino podía tener sorpresas indeseadas en el momento menso deseado.

La mañana había llegado y con ella la luz del sol, después de tantas noches de dormir en habitaciones separadas y dormir mal, por fin habían podido dormir felices, contentos, al final se habían perdonado el uno al otro, claro aún ninguno sabía de las pesadillas del otro pero ahora sentían que eso no era más fuerte que ellos, lucharían por su amor, ahora más que nunca.

Soy adicto a tu boca, a como me provocas
a tus ojos de cielo, a tu risa y tu pelo,
a tu forma de ser
Adicto a tu querer

Amor, quédate… quédate
Quiero más de tus besos, necesito tu cuerpo
Hazme el amor, mátame de placer
Amor, quédate… quédate

Desearte así es un vicio del cual nunca me curare
Amor quédate

Abrió los ojos y suspiro muy pero muy feliz de tener, de nuevo, a la mujer que amaba, profundamente dormida, parecía un ángel, por fin los días lejos de ella se acabaron... ¿o tal vez no?, el sonido de la puerta siendo tocada llamo su atención y con cuidado de no despertarla se levantó para colocarse algo de ropa y al abrir la puerta vio a Baileywick con un sobre en la mano pero el mayordomo parecía extraño, sus pupilas parecían pérdidas.

" Baileywick, ¿estás bien?" - preguntó desconcertado jamás había visto así al hombre.

"Si, su majestad, llegó un mensaje para usted" - hablo casi como robot el mayordomo.

"He, gracias, ¿de quién es?" - preguntó sin entender mucho mientras revisaba el sobre.

"No sé, no tiene remitente" - contestó mecánicamente el otro.

"Bien, puedes retirarte" - Baileywick hizo una reverencia y se fue sin decir nada. Hugo abrió el sobre y encontró una carta pero quedo impactado al leerla.

Buenos días rey Hugo, lamentó arruinar su felicidad pero tengo que decirle que yo sé dónde está su padre.

Está en mi reino, en el calabozo y si quiere volver a verlo con vida será mejor que venga solo o su esposa y su hermano sufrirán las consecuencias. No tiene otra alternativa, más le vale que nadie más que usted lea esta carta o será peor para ellos y eso incluye a su padre. Así que venga solo a buscar a Garrick o si no me veré obligado a matarlo, la dirección está en el sobre.

Con cariño, Rodrigo.

¡No podía creerlo, Rodrigo, ¿como no lo había pensado?!

Y ahora lo estaba amenazando, no, tenía que ir, la vida de su familia corría peligro.

Volteo su vista hacia su esposa aún dormida, removerse un poco en la cama haciéndola verse adorable pero a la vez sensual, sonrío con ternura y le dio un beso en la frente para susurrarle - "Te amo" - y así se baño, se vistió y buscó su espada pero también su haz bajo la manga, el brazalete de protector, tenía magia y pensaba que Rodrigo no se lo esperaba, estaba confiado de que podría salvar a su padre solo.

Escribió una nota y la dejo sobre la mesa, vio por última vez a su esposa y salió de la recámara asegurándose de que nadie lo siguiera, ya en los establos tomo uno de los carruajes y salió hacia la dirección que indicaba el mapa que estaba en el sobre.

El mapa lo guió en medio del bosque del reino de Aztlan, en este había un inmenso mar pero no había nada, usó su magia, algo le decía que había más allá de lo que veía.

Se concentró cerrando los ojos y pudo ver una cárcel invisible, intentó sentir la energía vital de su padre y puedo captar una energía algo débil que venía de adentro.

Subió la capucha de su capa y para sorpresa de él, no necesito manipular la puerta, estaba prácticamente abierta, con la luz de su brazalete de protector pudo ver en la oscuridad y con voz baja llamó a su padre.

"Papá, papá" - busco y busco hasta que escucho un quejido de una de las celdas, al acercarse con cautela a las rejas de la misma, quedo mudo, su padre estaba dentro bastante deteriorado - "¡Papá!"

"¿Hu...Hugo?" - pronunció casi sin energías.

"Papá, descuida te sacaré de aquí" - saco su espada.

"No...no, Hugo..sal, vete, vete de aquí antes..de que sea tarde" - le rogó su padre sin poder controlar una tos, le costaba hablar mucho.

"No me iré, no puedo dejarte aquí" - iba a destruir el seguro con su espada pero otra espada se le interpuso.

Rápidamente unos 15 guardias lo rodearon y unos aplausos se escucharon - "¡Oh, es un placer para nosotros que hayas venido a acompañarnos rey Hugo!" - de las sombras salió Rodrigo acompañado de Rebeca, ambos con una cara triunfante.

"¿Rebeca?, ¿qué haces aquí?" - preguntó sin comprender.

"Eso pronto lo vas a saber, mi amor" - respondió con cinismo la mujer.

"Bueno, porque no le damos a él rey su recámara o mejor dicho celda" - Hugo iba a atacar pero Rodrigo lo detuvo - "No, yo no haría eso sí fuera tu niño, porque si no..." - señaló detrás de él para mostrar a uno de los guardias jalando los cabellos de Garrick y con una dada pegada a su cuello - "Tu padre se irá al otro mundo"

El peli negro captó el mensaje y soltó su espada para ser confiscada por uno de los guardias y otro se encargará de encerrarlo en la celda de junto a la de su padre.

Hugo pensó en usar su magia y la de los protectores para escapar pero cuando intento abrir la cerradura no pasó nada.

"¿Te sorprende?, estas celdas son a prueba de magia, así como la de los protectores" - el joven rey quedo sin habla, ¿cómo sabía él de lo protectores? - "Todavía no te das cuenta, ¿verdad?, yo sé que tú eres descendiente de Clow, sé que tienes magia y sé que eres uno de los protectores del Ever Realm y sabes ¿por qué?, porque yo soy el descendiente de Wang Liu" - el oji verde oscuro retrocedió asustado - "Sí, yo fui quien te dio ese horrible sueño, también controle a mi hijo para que engañara a tu esposa y lo besara creyendo que eras tú, me encargue de que ella también tuviera la misma visión solo que creyendo que Rebeca era tu verdadero amor y juntos nos encargamos de que ustedes discutieran para separarlos y así mi hijo se casara con tu mujer al creerte muerto"

"¡No!" - gritó cansado de escucharlo - "¡Si le pones un dedo encima, lo pagaras!"

"¡Oh¡ pero si apenas estoy empezando, tu padre y tu nunca saldrán de aquí, pero descuida Rebeca no te dejará morir, serás como... su mascota" - río con sorna el hombre vil y ruin.

Hugo se sintió frustrado pero confiaba plenamente en las habilidades de su esposa, ella nunca se rendiría, ahora también le preocupaba su padre, se veía en unas condiciones bastante precarias.

Mientras que en Enchancia, Sofia despertó y al no hallar a Hugo se desconcertó pero luego noto la carta en la mesa y al ver su contendió se extraño.

Perdón, tengo que ir a un viaje urgente, pero regresaré cuando pueda, te amo.

Siempre tuyo, Hugo.

Sonrío y pego la carta a su pecho en un suspiro feliz, la noche pasada había sido maravillosa, pensaba que a partir de ahora las cosas mejorarían pero lo que no sabía es que era la calma antes de la tormenta.