Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada
Amor devoto
El suave canto de las aves que pasaban por fuera de su habitación llegaba hasta sus oídos a modo de agradable despertador matutino. Con pereza se volteó varias veces en la cama, haciendo el intento de volver a dormir, pues aún se sentía cansada, con el cuerpo y los ojos pesados, a diferencia de su mente que estaba tan despierta como los pequeños pájaros que seguían trinando alegres. Al final, decidió sentarse y estirar su cuerpo cual felino, esperando que esa acción terminara por despertarla.
Observó su habitación con detenimiento, intentando recordar cómo había pasado de desolada e insípida a acogedora y colorida. No había notado la gran cantidad de cosas que había comenzado a acumular gracias a las salidas al pueblo, hasta que se vio obligada a estar todo el día en sus aposentos otra vez. Con todo el tiempo que tenía, se dedicó a adornar las paredes y los pocos muebles que había con aquellos regalos que los aldeanos le habían entregado con total desinterés, llenando de vida aquel lugar solitario.
Bajó sus piernas con lentitud, tocando el frío suelo con sus pies descalzos, reconociendo que ese sería un día fresco debido a la brisa helada que se filtraba por la pequeña ventana, presagio de la cercanía del invierno. Con suavidad se levantó y caminó directo hacia un atril que sostenía una pintura que había hecho hacía unos días. Pasó sus dedos apenas rozando el lienzo, delineando el rostro ahí dibujado. Sus ojos brillaron al hacer presente el recuerdo de aquel día en que supo que él le atraía de una forma especial.
Estaba muy entretenida en la cocina del templo de Virgo, preparando una ensalada de frutas, afanada en su labor. Había decidido ayudar un poco a Shun, pero no tenía muchas habilidades culinarias, por lo que decidió hacer un postre para compartir con él. Dispensó al santo para que pudiera continuar con sus investigaciones y, cuando estuvo conforme en la cantidad de frutas, salió en busca de él para compartir en una exquisita merienda, muy merecida después de tan arduo día de trabajo. Feliz, sintiendo su cuerpo liviano, avanzó hacia el escritorio de Shun, suponiendo que estaría inmerso en su estudio. Sin embargo, y tal como muchas veces, él había caído rendido al cansancio, quedándose dormido sobre la mesa, rodeado de incontables libros abiertos a media lectura. Su mano se movió sola, acariciando sus suaves cabellos, intentando confortarlo. Su pacífica imagen era tan atrayente para ella, que una sonrisa se asomó a sus labios. Sabía lo agotador que resultó aquel día, ya que Shun había usado su cosmos para ayudar a varias personas, sanando heridas y ayudando a enfermos. Su recorrido atravesaba todo el pueblo, volviendo ya tarde al Santuario, solo para seguir estudiando, meditando y fortaleciendo su cosmos, que era la fuente de su poder para ayudar a aquellas personas desvalidas. Reconocía que su cansancio estaba muy justificado. Agradecía haber comenzado a ser parte de su día a día, lo que le había permitido valorar su trabajo como santo dedicado al cuidado de la humanidad y había dado inicio a un sentimiento especial, un cariño que crecía con cada gesto de él.
Embelesada, su cuerpo se inclinó hasta depositar un tierno beso en su mejilla, intentando con esa acción transmitirle el aprecio que había crecido en su corazón hacia él. El roce fue percibido por él, frunciendo el ceño en claro signo de que despertaría, por lo que ella se distanció un poco, justo para cuando abrió sus ojos somnolientos.
Shun la vio de pie junto a su lado, provocando su automático sonrojo debido a la preocupación que le demostraba.
—Athena, disculpe, volví a quedarme dormido —dijo, incorporándose, mientras pasaba su mano por su cabello.
—No te preocupes. Hoy trabajaste mucho, es bueno que descanses —le habló con una sonrisa en su rostro.
—Gracias —respondió conmovido por su comprensión—. Todavía me queda leer unas cosas más. También, necesito ir a buscar unos libros a la biblioteca —dijo, poniéndose de pie y ordenando los textos abiertos sobre su mesa, marcando los que iba a seguir usando y dejando los demás en el estante que tenía ahí.
—Pero, preparé un postre para que disfrutáramos juntos —señaló la joven con una dejo de tristeza, esperando llamar su atención con eso.
—¿Un postre? —preguntó con sorpresa.
—Sí —contestó entusiasmada al ver que había logrado impresionarlo, por lo que de inmediato lo invitó a seguirla a la cocina, antes de que se arrepintiera.
Él solo atinó a obedecerle, avanzando tras ella, observando aquel femenino caminar que había comenzado a llamar su atención desde aquel día en la playa. Tal poder ejercía su imagen, que su mente empezaba a divagar en la posibilidad de abrazarla y poder así percibir su perfume, acariciando sus cabellos, hasta que su conciencia le martillaba sus pensamientos, advirtiéndole la blasfemia de su imaginación. Al recobrar el juicio, su vista se fijó en la mesa donde se encontraban dos pocillos con variadas frutas picadas, acompañados por unos vasos de agua.
—Sé que no es mucho… pero lo hice con cariño —reveló la diosa, avergonzada de creer que eso sería suficiente para él. Pensó entonces, que quizás debió esforzarse más, preparando algo elaborado y contundente para él.
Sin embargo, el joven no cabía más de emoción al notar su esmero en intentar aliviar su cansancio, más aún después de sus últimas palabras que se repetían en sus oídos como una dulce melodía… "con cariño", eso había dicho. Sintió como su corazón aceleró sus latidos emocionado, rebosante de una alegría desconocida por él hasta ese día.
—Es demasiado —señaló, esbozando una hermosa sonrisa—. Usted no debería preocuparse así por mí.
—¿Por qué no? —preguntó extrañada—. Además, ya te he pedido que no me trates con tanta formalidad, por favor.
—Usted sabe que no puedo. Lo siento, pero usted es Athena —explicó, aunque él anhelara tener una relación más cercana a ella.
Saori liberó un suspiro de resignación, mientras tomó asiento señalándole a él que se ubicara junto a ella. Un tanto sonrojado debido a sus atenciones y a su prolífera imaginación, le hizo caso, esperando tranquilizarse un poco.
—Shun… —habló ella despacio—, quería leer algo. ¿Podrías recomendarme algún libro?
—¿Un libro? —inquirió dubitativo— Depende de qué es lo que quiera leer. ¿Ha pensado en algo?
—No realmente — respondió sincera—. Quizás una lectura liviana que me sirva para distraerme y acompañarte mientras estudias.
—¿Algo liviano como un libro de recetas de comida? —habló gracioso con cierto sarcasmo, el que no pasó desapercibido por ella.
—¡Hey! —le reclamó ofendida, cruzándose de brazos—. Ya verás que aprenderé sola a cocinar.
—Solo era una broma —dijo entre risas, debido a su actitud—. Ya sabe que puedo enseñarle cuando guste —acotó sonriente, a lo que ella respondió con un sonrojo evidente, teniendo que girar su cara a otro lado para no ser vista por él.
—¿Habrá en este Santuario alguna novela romántica? —preguntó al fin, intentando sonar tranquila.
—Déjeme pensar… creo que aquí no hay nada de eso, pero en el pueblo hay una librería y ayer vi que tenían en venta "Romeo y Julieta" —respondió relajado, mientras comía de su postre, pensando en que se quedó mirando aquel estante, atraído por aquel libro sin saber bien por qué.
—¿Romeo y Julieta? —dijo para sí misma, como tratando de recordar dónde había escuchado ese título.
—¿Nunca lo leyó? —consultó asombrado, viendo que ella negaba con la cabeza—. Eso sí que es extraño, es un libro muy conocido.
—¿De qué trata?
—De un amor imposible…
Saori observó aquel texto sobre su mesa, el mismo que Shun le había comprado al día siguiente para que pudiera acompañarlo mientras leía sus textos antiguos de medicina. Caminó hasta él, acariciándolo con cariño, observando su portada. Lo tomó y apretó contra su pecho, rogando porque aquel trágico final no fuera el de su propio amor prohibido. Decidida a solucionar su problema, se dispuso a vestirse para salir después de dos semanas completas de encierro impuestas por sus santos devotos.
Un exquisito aroma a comida recién preparada despertó al castaño que aún permanecía en su cama. Su compañera había decidido animarlo con una receta italiana especial esa mañana. Llevaba varios días con el ánimo decaído y un tanto irritable. Habían conversado acerca de la causa, sin embargo, aunque ella le creía lo que él le decía de su devoción por Athena, siempre la duda oprimía su corazón. Es por eso que deseaba disipar cualquier rastro posible de inquietud, pasando aquella mañana junto a él.
—¿Cómo amaneciste? —preguntó Shaina al oído de su amado, depositando un beso en su mejilla.
—Creo que mejor —respondió, abrazándola y atrayéndola hacia él.
—Eso suena excelente —dijo contenta—. ¿Quieres comer? Te preparé algo.
—Por supuesto. Déjame levantarme y te alcanzo en la cocina —indicó con una sonrisa, mientras se levantaba de la cama.
Ella se alejó feliz, esperando que esa respuesta fuera el regreso a su vida normal, antes de aquel incidente que había alterado su alegría. Estaba poniendo los platos, con una sonrisa en su rostro cuando vio aparecer en la entrada al joven culpable de su preocupación. Se detuvo, quedándose sorprendida por su presencia, ya que él había optado por alejarse de todos después de lo sucedido.
—Shun —susurró apenas en un hilo de voz, temiendo ser escuchada por su amado.
—Disculpa, Shaina —dijo con tristeza—. No quiero molestar, pero, necesito hablar con Seiya. ¿Crees que será posible?
—En verdad, no sé si él quiera, aunque para mí, sería lo mejor. Él no ha vuelto a ser el mismo desde ese día… —explicó.
—Lo siento, nunca quise que alguien saliera lastimado. ¿Puedes decirle que lo estaré esperando en Virgo?
—No será necesario —escuchó decir a su hermano con voz seria—. ¿Qué es lo que quieres?
—Sólo quiero conversar contigo, como amigos y hermanos que somos. Ya no aguanto la angustia de saber que estás enojado conmigo —reveló Andrómeda con clara desazón en su rostro.
—¿Crees que conversando podrás solucionar lo que hiciste? —inquirió con sorna el castaño.
—No, sé que no. Pero, al menos déjame explicarte —expuso.
—No te preocupes, Shun. Yo misma haré que vaya a conversar contigo —sentenció la amazona—. No quiero que siga este aire de malestar entre nosotros, no es correcto que ustedes estén distanciados. Si el enemigo atacara en este momento, ¿qué harían?
Ambos se miraron; Andrómeda feliz de vislumbrar una salida a su angustia y la de su hermano, mientras Pegaso tuvo que dejar de lado su orgullo para aceptar el sabio consejo de su amada.
—Espérame en tu templo. Bajaré después de comer —aceptó finalmente. Por nada se perdería esa exquisita comida preparada por la amazona.
Vieron como Shun asintió con más alegría en su rostro, girándose para regresar a Virgo, con su corazón más tranquilo que cuando llegó.
—Gracias por aceptar —dijo Shaina, feliz de que él tuviera una reacción sensata—. Verás que después de que conversen sus problemas ya no existirán.
—Lo dudo. Lo que él hizo es imperdonable —replicó—. Pero, acepto que me duele estar distanciado de mi hermano.
La hermosa joven tomó de la mano a Seiya, conduciéndolo hasta la mesa, obligándolo a tomar asiento. Luego, lo abrazó con fuerza por la espalda, apretando sus brazos sobre su pecho, intentando confortar su corazón angustiado, besando su mejilla con absoluto cariño. Cuando pensó que era hora de servir la comida, intentó separarse de él, pero Pegaso le sostuvo sus brazos con sus manos, agachando su cabeza, mientras ella percibía las cálidas lágrimas que salían de sus ojos al caer sobre su piel. Al fin, él liberó aquel dolor que traía atorado desde aquel día en silenciosos sollozos que fueron escuchados por ella, haciéndola feliz debido a la confianza mutua.
—Gracias —susurró él con voz aún amargada.
—De nada. Sabes que puedes contar conmigo desde que prometí estar a tu lado para toda la vida.
—No entiendo cómo me aguantas…
—Te aguanto porque te amo —dijo.
Shaina soltó al castaño para colocarse a su costado, tomado su rostro entre sus manos, limpiando sus lágrimas y uniendo sus labios en un beso tranquilo, a lo que él respondió con desesperación, como si con eso intentara borrar todos los malos ratos que le había hecho pasar, acariciando su espalda y apretándola contra él con ansiedad.
Pasado aquel momento íntimo de confianza y reconciliación, comieron con alegría hasta que llegó la hora de que él partiera a solucionar su problema con su hermano.
—Pórtate bien, Seiya —sentenció la amazona con su característico humor, levantando su dedo índice para reafirmar su orden—. Quiero que cuando regreses ya no tengas diferencias con Shun.
—Está bien —respondió, feliz de verla actuar con más normalidad, ya que le preocupó verla tan triste por su causa—. No me vayas a castigar después, por favor.
Salió corriendo del templo de Sagitario, descendiendo por aquellos escalones, sintiendo la ansiedad acelerar su corazón, pues aún no se sentía listo para aceptar los sentimientos mundanos de su hermano y mucho menos reconocer que ella lo había aceptado. Sin embargo, temía lastimar a Shaina por su actitud obtusa, después de todo ella había aceptado sus explicaciones sin reclamo, demostrando confianza absoluta en sus sentimientos. Disminuyó la velocidad al pasar por Libra, pues no quería llamar la atención de Shiryu, quien lo dejó pasar sin decirle nada, pues estaba al tanto de su encuentro con Andrómeda.
Bajando los últimos escalones, pudo ver a su hermano esperándolo en la salida del Templo, el que le sonrió con sinceridad al comprobar que al fin podrían conversar, esperando solucionar aquel problema. Caminó con más pesadez, sintiendo su corazón oprimido, pero intentando calmar sus emociones desbordantes que querían salir en miles de palabras hirientes hacia su compañero. Se detuvo sin decir nada, solo mirándolo de forma directa con ojos fríos y sentenciadores.
—Gracias por venir, Seiya.
—Espero no haber perdido mi tiempo viniendo hasta aquí.
—Claro que no. Responderé todas tus preguntas si lo deseas. ¿Quieres pasar?
—No, por ahora prefiero que conversemos aquí.
Shun no pudo evitar soltar un suspiro, pues deseaba que él dejara de lado aquella coraza de indiferencia que se había empeñado en levantar desde el día en que se habían separado. Ya estaba preparado para una respuesta negativa, por lo que decidió hacerle caso en todo con tal de volver a contar con su amistad y confianza.
—¿Te parece que nos sentemos al menos? —preguntó, señalando los peldaños de las escaleras, a los que les llegaba el tenue sol del otoño. Ante la respuesta positiva del Pegaso, tomaron asiento, disfrutando de los cálidos rayos luminosos, manteniéndose en silencio unos minutos, en los que intentaban buscar la mejor manera de iniciar aquella incómoda conversación.
—Lo siento, Seiya —dijo al fin Shun con pesadumbre en su voz. Al darse cuenta que su compañero no diría nada, decidió continuar hablando—. Nunca deseé herirte, amigo. Ni yo mismo me di cuenta de cómo se dieron las cosas. Saori…
—¿Cómo es posible que la llames por su nombre humano? ¿En verdad ya dejaste de verla como nuestra diosa? —inquirió el castaño, intentando no sonar tan antipático como su corazón lo deseaba.
—No sé cómo explicártelo, Seiya, pero cuando estoy con ella puedo percibir la diferencia entre Saori y Athena. El tiempo que logré compartir con ella, pude ver sus deseos de que la vieran como humana y que la trataran como tal.
—Eso es imposible, ella es nuestra diosa y no puede dejar de serlo por seguir a un hombre, no importa quién sea —respondió disgustado.
—Te entiendo. Yo no quiero que ella deje de ser nuestra diosa, comprendo la importancia de su trabajo para con la humanidad. Sin embargo, no puedo evitar lo que siento por ella —reconoció con franqueza.
—Sabes que eso está prohibido, ¿por qué insistes? —preguntó, girándose para verlo de frente al fin—. Mírame a mí, yo dejé de lado esos sentimientos humanos por ella, para evitarle problemas. En cambio tú, solo estás buscando tu propia satisfacción, sin pensar en nadie más.
—Creo que estás equivocado, Seiya. Yo no busco mi ventaja, solo deseo que ella sea feliz, aunque eso signifique que tenga que sacrificarme por ello. Mi única petición en este momento es que la dejen libre, que pueda volver al pueblo, que no siga atrapada entre esas cuatro frías paredes —explicó, intentando que él entendiera su postura suplicante.
—¿Te preocupa que esté encerrada? —preguntó con ironía—. Debiste pensar en eso antes de… de besarla como lo hiciste —dijo con amargura en su voz al pronunciar aquello que le oprimía el pecho cada vez que lo recordaba.
—Necesito saber algo, Seiya. ¿Sientes que te traicioné como hermano o como compañero de batalla? —inquirió para entender de dónde provenía tanto disgusto.
—Me traicionaste de las dos formas —contestó con dolor en su voz—. Sabías de mis sentimientos por Saori y no te importó respetarlos.
—Pero, llevas tres años con Shaina… yo pensé que tus sentimientos por ella ya habían cambiado, al menos, eso fue lo que nos dijiste en aquella época —le recordó con tacto para no dar la impresión de estar acusándolo.
—Es cierto. Pero, jamás pensé que existiría la posibilidad de que ella decidiera entregar su corazón a uno de sus santos. Me alejé sin decir nada, creyendo que eso era lo mejor.
—En verdad, lo siento, Seiya. Mis sentimientos han ido surgiendo poco a poco debido a su compañía, en ningún momento busqué traicionarte. Pensé que tú…
—Eso ya no importa. De todas formas, es un pecado. Athena es una diosa virgen y nunca ha amado a ningún dios, hombre o santo. Jamás nadie permitirá lo que sientes por ella —intentó explicar ya más resignado.
—Aceptaré cualquier castigo si es necesario, pero nada ni nadie cambiará lo que ahora siento por ella —dijo decidido, esperando que él entendiera que su sentir no era pasajero o una mera diversión—. Además, la misma Athena aceptó que mis sentimientos son sinceros.
—¿Quieres ser el causante de una nueva guerra santa? —preguntó cansado el Pegaso.
—No sé cuál sea mi castigo, pero lo enfrentaré solo, así es que no te preocupes, Seiya. Jamás permitiré que la hieran. Tampoco los haré pagar a ustedes por mis acciones.
—Al parecer ya has pensado en todo.
—Han pasado dos semanas ya. He tenido todo el tiempo para pensar en las consecuencias de lo que he hecho —reconoció con confianza.
—¿En verdad la amas? —consultó con sinceridad en su mirada.
Shun prefirió no contestar, pues sintió que las palabras ya estaban de más, solo miró el cielo y sonrió, disfrutando la brisa helada que cruzaba el espacio abierto de las escaleras que unían los templos de Virgo con Libra. Seiya entendió su silencio y no insistió en preguntar, percibiendo que al fin, de alguna forma, el peso de su corazón se había alivianado.
—¿Me acompañarías al pueblo hoy? —preguntó al fin, acabando con el silencio que se había formado.
—¿Al pueblo?
—Sí. Tengo muchas cosas que hacer hoy y tu ayuda me vendría bien.
—Bueno —aceptó.
En sus aposentos, la joven diosa estaba decidiendo qué vestido usar aquel día que pensaba salir de nuevo. Aunque todos eran blancos, se quedó mirando uno azulado que había comprado en el pueblo junto a Shun. Él había enrojecido al verla modelarlo en la pequeña tienda, reconociendo que se veía más hermosa con él, pues contrataba a la perfección con su blanca piel. Decidió usarlo, abrigándose con una capa blanca. Decidida, salió otra vez de aquella habitación, disfrutando del aire helado de otoño, comenzando su descenso hacia su destino, Acuario.
Como ya estaba acostumbrada, en cuanto puso sus pies dentro del templo, el frío característico de su ocupante la hizo temblar, obligándose a abrazarse a sí misma, esperando que eso al menos mantuviera su calor corporal. Avanzó con cautela, esperando que el Cisne escuchara sus palabras primero. Al fin pudo divisarlo, de pie junto a la entrada de aquella casa zodiacal, dándole la espalda, aunque ya había percibido su presencia.
—Hyoga… —susurró.
—¿A qué ha venido, Athena? —preguntó sin siquiera mirarla.
—A conversar contigo —respondió.
—No tenemos nada de qué conversar. Usted solo debe volver a sus aposentos.
—¡No! —contestó—. Hoy bajaré a Rodorio y tú vendrás conmigo —ordenó, obligando a su santo a voltearse debido al tono serio de su voz.
—Eso no es posible. Usted sabe que ya no puede salir.
—No te estoy pidiendo permiso, Hyoga, te lo estoy ordenando. Que yo sepa, aún soy tu diosa —dijo, sosteniéndole la mirada.
El joven de cabello rubio soltó un suspiro, pues nunca esperó que ella tomara esa actitud, por lo que no sabía con exactitud qué hacer o decir. Era una orden directa de su diosa y no podía desobedecerla, pero, si le hacía caso, después podría solicitar otras cosas más. Dudoso y curioso por su actitud, se limitó a darle la pasada, extendiendo su mano en señal de que la seguiría.
Ella pasó por su costado, feliz de haber logrado doblegar su tozuda voluntad, esperando llevar a cabo su plan tal como lo había trazado en su mente desde hacía varios días. Seguía su descenso, acompañada de cerca por él, quien mantenía su mirada seria y su boca cerrada, dispuesto a solo ser su escolta, manteniendo la distancia.
Al pasar por Sagitario, vieron la casa vacía, suponiendo que Seiya y Shaina habían bajado al campo de entrenamiento. Llegaron a Libra, donde Shunrei los recibió con una enorme sonrisa en su rostro.
—Señorita Saori —dijo con felicidad—. Tanto tiempo sin poder verla.
—¿Cómo has estado Shunrei? ¿Cómo va tu embarazo? —preguntó la diosa.
—De maravilla. Shun me ha atendido con mucho esmero —respondió, tocándose el vientre—. Ya se me nota un poco, ¿no cree?
El ruso miraba la escena sorprendido. ¿Shunrei estaba embarazada? ¿Shiryu sería padre y él ni siquiera se había enterado? ¿Cómo era posible de que nadie se lo hubiera dicho? En realidad, se daba cuenta de que había llevado al extremo las enseñanzas de su maestro, aislándose incluso de sus hermanos, más aún después del día que había descubierto los pecaminosos sentimientos de su diosa y compañero. Se hizo el indiferente ante la situación, manteniendo su postura de guardia, dispuesto a demostrarle a Athena el correcto comportamiento de un santo, aún a pesar de sentirse solo por su propia voluntad.
—Sí, se nota un poco. Tengo la seguridad de que no podrías estar en mejores manos —dijo la diosa, feliz de saber que Andrómeda la estaba atendiendo, lo que indicaba que él había continuado su rutina, a pesar de su castigo.
—Me da gusto ver que al fin pudo salir de nuevo. No es bueno que siempre esté encerrada en aquel cuarto. Eso no es humano —dijo la joven china a propósito, sabiendo que sus palabras las escucharía el Cisne.
—El punto es que ella no es humana, es nuestra diosa —respondió el rubio, dejando salir todo su malestar en esas palabras.
—No te preocupes por mí, Shunrei, estoy bien. Pronto todo esto se solucionará —le habló en voz baja, de forma confidencial, mostrando que estaba decidida a cambiar su destino.
—Me alegra que piense así. Esta situación es muy injusta. Shun es muy bueno, jamás querría dañarla a usted o a sus hermanos —dijo, respaldándola con sus palabras.
—Nos vemos cuando regrese. Cuídate mucho —se despidió la joven con una sonrisa de felicidad en el rostro por haber hablado con ella.
Siguieron su descenso hacia Virgo, por lo que ella comenzó a sentir su corazón acelerarse debido a los recuerdos que afloraban al estar en aquel lugar. Miles de imágenes se presentaron en su mente, reviviendo momentos de felicidad. El aroma de Shun inundaba el Templo, aunque para el santo que la acompañaba era imperceptible, sin embargo, para ella era casi palpable. Notaron que él no estaba presente, por lo que con cierto desazón, siguió caminando, sabiendo que estaría en el pueblo. Hyoga avanzaba tras ella, intentando leer sus acciones, preparándose para eso que ella buscaba hacer. Sabía que su objetivo era encontrarse de alguna forma con Shun, por algo había decidido bajar a Rodorio. Lo que no lograba comprender era cómo podría saber dónde estaba, ya que todos los días él tenía algo distinto que hacer. Debía pensar en cómo adelantarse a la situación, pues no podía desobedecerla, pero sí le estaba permitido prevenir su encuentro.
Lo que no sabía el Cisne era el cariño y la conmoción que su compañero provocaba cuando iba al pueblo, lo que lo hacía fácilmente ubicable. La gente siempre lo seguía a medida que avanzaba, buscando sus consejos y ofreciéndole regalos a modo de gratitud.
Seiya se había asombrado por el recibimiento que todos le habían dado, agradeciéndole por la ayuda que el Santuario le daba al pueblo. Él nunca había puesto un pie en Rodorio, ni siquiera le preguntaba a Shun qué hacía ahí. Shaina era la que compraba las provisiones que necesitaban, por lo que no tenía la necesidad de ir él mismo. Sin embargo, todos lo recibieron felices de conocer a otro santo de Athena, ofreciéndole pequeños obsequios a él también. Contagiado por aquella bienvenida, sintió que su corazón al fin latió alegre, libre de angustia, después de dos largas semanas de ansiedad. Una sonrisa adornó su rostro, dejando ver su personalidad chispeante que lo caracterizaba. Su compañero lo observaba con detenimiento, reconociendo que por fin él había dejado ir aquellos oscuros sentimientos que oprimían su pecho.
Toda esa escena de felicidad fue observada a la distancia por Athena y el santo de Cisne, quien no podía dar crédito a lo que sus ojos le mostraban. Ella había decidido detenerse para no importunar el acercamiento entre Seiya y Shun, suponiendo que él también había decidido solucionar aquel problema con sus hermanos. Una sonrisa se dibujó en sus labios al ver que ambos estaban disfrutando ese momento, dejando que los malos entendidos quedaran atrás. Hyoga observaba todo con curiosidad, intentando encontrar una explicación al cambio de actitud en el impetuoso castaño.
La felicidad de Seiya se vio interrumpida al encontrarse de golpe con los ojos de Saori, que lo miraba aun con su hermosa sonrisa desde la distancia acompañada por Hyoga. Su hermano aún no notaba su presencia, pues permanecía de espaldas a ella. No supo cómo reaccionar, hasta que vio cómo ella desvió su mirada hacia él, reflejando el anhelo de verlo en sus transparentes ojos azules… la misma mirada que Shaina le dedicaba a él. Miró dudoso a Hyoga, sin saber cómo actuar, viendo cómo negaba con la cabeza, haciéndole señas con la mano para que se lo llevara de ahí, impidiendo su encuentro. Sin embargo, Seiya sentía que ya no podía seguir oponiéndose a ellos y a sus sentimientos, reconociendo que no era nadie para separarlos. Llevándole la contraria al Cisne, tomó del hombro a su hermano para llamar su atención y señaló hacia atrás, para que él se girara.
No entendiendo bien qué era lo que le mostraba, se volteó un tanto dudoso, encontrándose de frente con la maravillosa figura de Saori de pie a cierta distancia. Su corazón palpitó de inmediato con fuerza, después de dos semanas sin verla. Aun así, no fue capaz de moverse, pues Seiya estaba a su lado, mientras ella venía acompañada por Hyoga. Ambos se miraban con el anhelo de abrazarse y poder recuperar el tiempo que se les había negado de estar juntos esos días separados. Pero, también tenían claro que lo mejor era actuar como amigos hasta que ellos entendieran sus sentimientos y aceptaran su relación.
—Ve a saludarla —le dijo el castaño, ante su asombro.
—Pero…
—No te preocupes por mí. Yo ya entendí —reveló.
Shun sintió la felicidad inundar su pecho, pues al fin podía contar con el respaldo de quien pensó que sería el más difícil de convencer. Asintió, aceptando sus palabras, comenzando a caminar hacia ella con lentitud, esperando estar haciendo lo correcto.
—¡Miren! —gritó una señora de entre la multitud—. Es la señorita Saori. Al fin regresó.
Las personas miraron hacia donde ella estaba, acercándose a recibirla después de todos esos días de ausencia, cruzándose en el camino del santo, quien no tuvo más remedio que detenerse y esperar a que ellos la saludaran, sabiendo que la habían extrañado casi tanto como él. Seiya llegó hasta su lado, golpeando su brazo con su codo a modo de reproche por no aprovechar la oportunidad que se le había dado, más él sonrió feliz de contar con su apoyo, esperando que ese fuera el inicio de la solución a su problema.
Continuará…
Notas: Hola! Lamento el retraso, pero tuve algunos problemas de inspiración debido asuntos personales, no graves por si acaso jejeje. Dejé un mensaje en mi perfil para quienes quieran leerlo, sobretodo para quienes leen otras historias mías, esperando su comprensión.
Agradezco sus lecturas, en verdad espero cumplir con las expectativas que tienen de esta historia, pues han depositado en mí su confianza. Cuando comencé este fic, no pensé que esta pareja tendría seguidores, pero con el tiempo he notado que a varios les gusta, por lo que siento una responsabilidad mayor de poder escribir algo interesante para sus fans.
También, agradezco sus comentarios, que cada día son un impulso para seguir escribiendo e imaginando. Es poco el tiempo que tengo, pues la vida adulta carece de recreos, pero, me esfuerzo por continuar dándome el espacio para tener mis hobbies de escribir y dibujar. Es por eso, que muchas veces no respondo los reviews, pero quiero que sepan que los leo todos y cada uno con cariño, esperando que dejen sus opiniones y apreciaciones del capitulo.
Me tomaré estas líneas para decirles a Tepucihuatl-Shun, SakuraK Li y Mary Martin que recibir comentarios suyos es todo un honor. Ustedes fueron las que leí hace tres años atrás, cuando descubrí este mundo del fanfic, además de otras escritoras, cuyas historias despertaron mi imaginación y mi deseo de escribir. No saben la emoción que provocan en mí al ver sus reviews en esta y otras historias mías. En verdad, espero cumplir con las expectativas que han depositado en mí :)
También, darkacuario que me ha acompañado desde el inicio en todas y cada una de mis historias. Tu apoyo ha sido vital en mi avance como escritora, muchas gracias.
Kamiry hatake también has seguido historias mías desde la vez anterior que escribí y agradezco que aún pueda seguir siendo parte de esas historias que lees.
Saga Dreamer, KausKP, erait-san , Jen23, Normanda Lethar, ANONYMA200, Danimel, WienGirl, Alnp, samirasama cullen, venganzassss, Mirizore , xjapan... todos ustedes han dejado comentarios en esta historia y creo que es la primera vez que me leen, lo que agradezco enormemente, al darme la oportunidad de llegar a ustedes con mis palabras e imaginación. En verdad, espero poder transmitir una historia interesante y atrayente para todos ustedes :D
Quería tomarme el tiempo para responder sus palabras de apoyo, demostrando de esta pequeña forma la gratitud que siento por el tiempo que se toman para dejarme sus opiniones. Muchas gracias a todos quienes leen, y agregan a favoritos o siguen este fic, que en verdad nunca esperé que recibiría tal respaldo.
Me despido hasta la próxima entrega, Selitte :)
PD: Estuve releyendo los capítulos anteriores y vi varias fallas de escrituras, dedazos, palabras repetidas o redundancias. He estado buscando un beta sin resultado, debido al poco tiempo que tengo para subir cada actualización. Pido perdón por eso, en verdad, releo varias veces lo que escribo, pero después de tantas veces, ya no soy capaz de ver los errores. Si alguien se interesa en ayudarme a revisar el capítulo antes de publicarlo, le agradecería comunicarse por PM conmigo, sino, seguiré con mis errores XD
