Disclaimer: Los personajes y la historia de The Lost Canvas pertenecen a Masami Kurumada y Shiori Teshirogi. Fic sin fines de lucro.
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Capítulo II. El dolor de tu corazón.
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Una explosión. Continúo corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían, las lágrimas en sus ojos no le dejaban ver bien el camino, tropezó un par de veces pero aun así continuó corriendo. Ese sentimiento de desolación que tan bien conocía se abrió camino hasta lo más profundo de su corazón.
Tenía que darse prisa, quizá si lograba llegar a tiempo, esta vez podría cambiar la historia. No sabía exactamente qué podría hacer alguien como ella, pero de una cosa estaba segura, haría hasta lo imposible para evitar su muerte. Una sombra negra cruzó el cielo y al instante hubo otra explosión más. Instintivamente se cubrió el rostro con las manos mientras frenaba su acelerada carrera ante el derrumbe de un edificio. Y al abrir los ojos lo vio, al causante de todo su dolor, parado sobre lo que antes había sido una pared.
-Nuevamente tú, chiquilla tonta. -Una cruel sonrisa curvó sus labios. -¿Acaso crees que ahora sí podrás hacer algo para cambiar lo inevitable?
-¡Cállate! Esta vez no me harás perder el tiempo. -Las lágrimas corrieron libremente por sus pálidas mejillas.
-Tsk… Y yo que quiero divertirme contigo un rato. Vamos, mi impertinente marioneta, juguemos un poco en lo que tu adorado caballero entra en escena. Estoy seguro que al verte entre mis hilos tendrá motivación de sobra para darme un buen espectáculo. -Bajo de donde estaba y se detuvo frente a ella.
-No dejaré que le hagas daño, no lo permitiré. -Con determinación coloco su mano derecha frente a la hermosa rosa que llevaba prendida en su vestido.
-Jajajajaja… Por favor florecilla, no me hagas reír. Si un caballero dorado apenas y logra darme batalla, qué va a poder hacer una insignificante chiquilla como tú. No serás más que una pequeña diversión.
-Quizás no pueda detenerte, pero de una cosa debes estar seguro… ¡Esta vez no lo tocarás! ¡No te lo permitiré! -Valientemente lo encaró, y Minos pudo ver el gran valor brillando en ese par de ojos aceitunados.
-¡Pues entonces que así sea! -Visiblemente complacido por el arrojo de la castaña, el Juez ejecutó su poderosa técnica directamente hacia la silueta de la joven.
Agasha cerró los ojos sin moverse ni un milímetro, dispuesta a recibir de lleno el golpe del albino, cuando se sintió cobijada por unos fuertes brazos.
-Prometí protegerte, y aunque no esté contigo, lo voy a hacer siempre… siempre. -Susurró a su oído una voz dolorosamente familiar.
Sus ojos se abrieron con sorpresa. Su corazón latió desbocadamente, mientras que sus pulmones se llenaban de ese delicado y fragante aroma a rosas que siempre acompañaba su presencia. Sin poder emitir palabra alguna, se aferró fuertemente a su espalda.
-Vaya con el encuentro tan romántico de los tortolitos. Me van a hacer vomitar con tanta dulzura. -Minos comenzó a caminar hacia ellos, mientras el joven se giraba colocando a Agasha atrás de él. -Pero al menos así podré destruirlos a los dos. Para ser justos, cambiaremos los papeles, a la florecilla ya le toco sufrir mientras veía a su amado morir frente a ella, de modo que ahora le daremos el privilegio al caballero de experimentar ese dolor en su lugar. ¡Cosmic Marionnetion!
Con sus hilos, logró separarlos jalando a Agasha, mientras que ella sentía cómo sus huesos comenzaban a doblarse en direcciones inimaginables, provocándole un agonizante dolor.
-¡Suéltala! -El caballero hizo amago de lanzar una Piranhan Rose, sin embargo Minos jaló a Agasha frente él. La castaña sentía que estaba por llegar a su límite de resistencia y la inconsciencia comenzaba a arrastrarla.
-¡Vamos Piscis! -El Juez vio el temor en la mirada del peliceleste. -Lanza de nuevo tus rosas y estas golpearan directamente en el cuerpo de esta jovencita. No ataques y verás cómo rompo uno a uno los huesos de tan adorable marioneta. Decide ahora.
Los ojos aterrados del guardián de Piscis vieron resignación en la mirada aceitunada. Agasha sabía que inminentemente había llegado su final, así que con lo que le quedaba de fuerzas, compuso una estoica sonrisa en su rostro y se entregó a la oscuridad, mientras un desgarrador grito rompía el silencio.
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Abrió los ojos mientras se levantaba de golpe, viendo solo oscuridad. Poco a poco su mirada se fue acostumbrando a la escasa luz y comenzó a distinguir las formas conocidas de su habitación. El sol aún no se asomaba por el horizonte. Todavía podía sentir aquel punzante dolor en todo su cuerpo. Trató de controlar su agitada respiración mientras se secaba las lágrimas con el dorso de su mano. Su corazón golpeaba fuertemente, como queriéndosele escapar del pecho.
-Solo fue un sueño, solo fue un sueño. -Se repetía entre sollozos.
Sí, había sido solo un sueño, un sueño muy realista, tal vez demasiado, tanto que podía sentir el ardor en sus brazos ahí donde los hilos del Juez la habían sujetado. ¿Acaso ahora también iba a ser torturada en sueños? ¿Qué pecado tan grande había cometido como para que se ganara el desprecio de los dioses de esa manera? ¿Sería que había ofendido a Hera al rechazar tantas propuestas de matrimonio o a Eros por desdeñar el día dedicado al amor?
Sea como fuere, lo cierto es que esa pesadilla había abierto de nuevo la herida en su corazón, y ahora se sentía peor que antes. Es cierto que tuvo miedo al sentirse rodeada por los hilos de la Cosmic Marionnetion del Juez de Griffo, pero lo que verdaderamente hizo mella en su corazón fue ver esa mirada llena de miedo en aquellos hermosos ojos, siendo que nunca lo llego a ver amedrentado. La sola idea de que hubiera algo que lo dañara de esa manera, le hacía doler su corazón.
Volvió a recostarse aún con las lágrimas resbalando por sus pálidas mejillas, se acurrucó contra la esquina de la habitación y llevo sus rodillas a su pecho mientras ahogaba débiles sollozos, hasta que el sueño la volvió a vencer.
Poco tiempo después, Lysandro entró sigilosamente a la habitación de su hija, encontrándola hecha un ovillo en la esquina de la cama y con el rastro de lágrimas en su rostro. Se sentó en orilla del lecho y acarició dulcemente los cabellos de la joven, quien instintivamente se apegó a él en cuanto sintió el toque. Se quedó un rato ahí, hasta que vio que el semblante angustiado de Agasha cambiaba por uno de tranquilidad. Con cuidado acomodó a su pequeña y salió del cuarto, ya en la intimidad del pasillo se permitió derramar un par de lágrimas.
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Agasha se despertó al escuchar ruidos en la cocina, miró por la ventana y vio que el sol ya había salido. Se levantó rápidamente y tras cambiarse bajó. Lysandro y Pakia ya habían regresado de ir a cortar las flores, incluso el desayuno ya estaba hecho. Se disculpó diciendo que se sentía mal y su desmejorado semblante la respaldaba.
-No te preocupes cariño, será mejor que descanses hoy para que te sientas mejor. -Lysandro sonreía, pero Agasha pudo ver una sombre de tristeza bajo sus ojos verdes, la misma que veía diariamente cada que miraba al espejo.
-Ya vez pequeña, te hemos dicho que no te sobre esforzaras -Pakia le revolvió los cabellos a Agasha mientras le robaba una sonrisa.
-Hoy te quedarás en casa y descansarás. Ya has avanzado con la gran mayoría de los arreglos. Lo que te falte podrás hacerlo mañana. Pakia, hoy ya no tomaremos más pedidos.
-Pero papá… -Agasha intentó repelar ante la decisión, pero una mirada de Lysandro la hizo callar. -Está bien.
-Bueno, vamos a desayunar. Prepare un estofado con papas. -Pakia sirvió tres platos. -Denle el visto bueno a mi guisado.
-Vaya, está muy bueno. -Lysandro probó la comida. -Pruébalo Agasha.
La castaña tomo un bocado y su semblante se ilumino.
-En verdad está riquísimo.
-Jé, muchas gracias. Aunque no creo que sea para tanto. -El joven se rascó la nuca.
-No estamos exagerando. Te ha quedado muy sabroso. Supongo que esto no tiene nada que ver con la hija del carpintero ¿Cómo es que se llama Agasha? -Volteó a ver a un sonrojado Pakia.
-Dianthe… Es verdad que ella con sus hechiceros ojos ámbares ha embrujado a nuestro querido Pakia. -Agasha esbozo una sincera sonrisa al ver el rostro del ex aprendiz de Capricornio.
-No… No sé de qué están hablando.
Padre e hija soltaron sonoras carcajadas mientras el joven no sabía dónde esconder su rostro. Lysando miró el pálido rostro de su pequeña, al menos había logrado borrar su tristeza, aunque fuera a solo por un momento.
Después de que hubiesen terminado el desayuno, los dos hombres salieron de la casa dejando a la castaña para que descansara. Agasha subió a su habitación y se dejó caer en la cama. Se reprochaba el haber preocupado a su papá así como el estar afectando su pequeño negocio, y esto todo por su actitud.
Comenzó a dar vueltas sobre la cama, cuando ya no pudo más se levantó e hizo lo mismo en la habitación.
Cada minuto que transcurría la acercaba más y más al terrible 14, si antes tenía motivos para detestar ese día, ahora todo su odio estaba más que justificado. Intentó pensar en alguna solución a su problema, pero por mucho que se esforzaba no conseguía nada. A su parecer solo tenía dos opciones, rechazar la petición de Ajax, consagrarse como la solterona de Rodorio y condenar a su papá por el resto de su vida, o aceptarla, asegurar el futuro económico de su pequeña familia y ser infeliz para siempre.
-¿Qué hago? ¿Qué hago? Diosa Athena por favor, ilumíneme para tomar la mejor decisión... - Interrumpió su plegaria porque una idea asalto su mente.
¿Y si ingresaba cómo doncella en el Santuario? Estaba segura de que el señor Shion no rechazaría su ayuda, y así podría estar siempre cerca de él. De esta manera se libraba de todas las propuestas de matrimonio, paraba con las habladurías de las personas y aseguraba una vida respetable para su papá. Su papá. Ingresar como doncella significaba qué debía de dejar de lado a su familia y dedicarse por completo al servicio de la diosa Athena. No, definitivamente no podría separarse para siempre de su querido papá. Desde la muerte de su mamá, habían sido ellos dos, y así tendría que ser para siempre.
-Por favor señorita Athena, ayúdenme. Dígame qué debo de hacer.
Con un suspiro lleno de pesar se levantó para continuar con sus labores.
El resto del día transcurrió con normalidad, armaron algunos pedidos y Pakia la sustituyó en las entregas. Agasha estaba más que agradecida de no tener que salir de su casa, lo que menos deseaba era toparse con Ajax y repetir una escena cómo la anterior. Lo único que lamentaba era no haber podido ir a entregar la ofrenda al Santuario, estaba segura que el señor Shion se preocuparía por eso y quizá bajará a ver lo que sucedía.
-Tal vez sería bueno que venga, así podré comentarle todo lo ocurrido. -Se dijo mientras enlazaba varias flores.
-¿Qué dices cariño? -La voz de Lysandro la sacó de sus pensamientos.
-Ehh... No, nada papá, solo estaba pensando en voz alta. -En verdad no había notado el momento en el que entró a la pequeña habitación.
-¿Ya te sientes mejor? -Preguntó mientras le tocaba la frente.
-Sí, ya estoy mejor, no te preocupes. Quizá solo fue cansancio. -Se esforzó por sonreírle.
-Bueno, eso me alegra mucho. Y es algo conveniente por que mañana necesitaré que hagas una entrega en el muelle, cerca del astillero.
-¿Hasta allá? -Se sorprendió ante la petición de su papá, ya que ella nunca hacia entregas tan lejanas.
El viejo astillero se encontraba en el extremo opuesto del puerto y era una zona en ruinas, ya que tras el ataque de Minos de Griffo quedó totalmente devastada, y por diversos motivos nadie se interesó en reconstruirlo. En la actualidad nadie vivía ahí a excepción de una extraña mujer.
-Sí, mañana tendré que salir con Pakia para llevar los encargos a Eleusi... Por favor cariño, ve a entregar el ramo de tulipanes rojos que ha pedido la señorita Hallie.
-Sí papá, no te preocupes, lo iré a dejar temprano. -Colocó el último ramito de flores en un balde que dejo junto a la ventana.
-Gracias pequeña... -Depositó un beso en la cabeza de su hija. -Ahora ve a descansar.
-No te desveles mucho papá, descansa tú también.
Esa noche no logró conciliar el sueño. Le aterrada saber que solo un día la separaba del temible 14 y aún no sabía que hacer...
Se levantó cautelosamente y ente lágrimas elevó una silenciosa plegaria a los dioses. Dejó que su corazón expresara todo el dolor que había contenido durante estos tres años.
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A la mañana siguiente, Agasha caminaba nerviosamente por las calles del puerto, no era muy común que ella anduviera por esa zona, por eso se sentía en extremo inquieta. Paso junto a un navío que desembarcaba, y a lo lejos pudo ver a Ajax conversando con su padre. Apretujo el hermoso ramo de tulipanes junto a su pecho y apresuro su paso, conteniendo la respiración y rogando a todos los dioses que no la reconociera. Decidió internarse por las ruinas de lo que antes había sido un callejón justo en el momento en el que Ajax volteaba en su dirección, de modo que el joven rubio solo alcanzó a ver el vuelo del vestido azul que la castaña llevaba.
Una vez que se encontró a salvo tras los derruidos muros de lo que un día fue una magnífica casa, se dejó caer al suelo mientras soltaba el aire que había contenido. Gracias a los dioses había podido escapar de Ajax. Tras tomarse unos instantes para sosegarse, continúo con su camino. Al instante se arrepintió de haber tomado ese camino, ya que de toda la zona de desastre, esa era la peor. Un nudo apretujo su corazón al ver los silentes testigos de aquel terrible día. Las lágrimas se agolparon en sus ojos y continúo su camino inundada en llanto.
Se detuvo frente a una desvencijada reja de madera que en un pasado debió lucir un reluciente tono blanco, mientras se limpiaba las lágrimas. Con recelo movió la puerta y se topó con un hermoso jardín repleto de bellas camelias. Se enjugó las lágrimas y con paso decidido se adentró, comenzó a andar por un caminito de piedras hasta llegar a una gran puerta de madera igual de vieja que la de la cerca. Dubitativa llamó mientras se aferraba más al ramo de flores que llevaba.
Después de un breve tiempo, que a la castaña se le hizo eterno, la puerta se abrió dejando ver a una bella mujer pelirroja.
-Eres Agasha, ¿cierto? Pasa pequeña, pasa. -Con una gran sonrisa la invitó a pasar dentro de la casa.
La castaña estaba más que sorprendida. Aunque nunca antes había visto a la mujer que le precedía, gracias a los comentarios que circulaban en Rodorio, se había hecho una imagen mental totalmente errónea de ella. La mujer de enmarañado pelo cano y ropas andrajosas que hablaba sola no coincidía absolutamente en nada con la elegante dueña de la casa. En cuanto a edad, le era imposible determinarla, su blanquísima piel se la ponía dificil. Su largo pelo lo llevaba atado con un descolorido listón verde que se perdía entre los fulgurantes destellos rojizos. Sin embargo un par de ojos de un apagado tono grisáceo le devolvían tristemente la mirada. Debajo de ellos se veía una fina línea rojiza que manchaba la pulcritud de aquel rostro de porcelana, haciendo evidente que había llorado y mucho.
-Toma asiento, descansa un poco. ¿Te ofrezco una taza de té o un vaso de agua?
Las palabras de la pelirroja interrumpieron las cavilaciones de Agasha, con un asentimiento acepto la taza de té.
-En verdad tenía muchos deseos de conocerte. Tu papá siempre me habla de ti, de lo linda que estas, de cuánto has crecido y de lo talentosa que eres para armar los arreglos de flores. Pero en verdad se ha quedado corto, eres más que hermosa. En eso me recuerdas mucho a tu madre, solo que sacaste los dormilones ojos de tu papá.
-¿Usted conoció a mi mamá? -Sin pensarlo, la pregunto escapó de sus labios.
-Sí. Hace ya muchos años, tuve la oportunidad de conocerla y tratarla. -Miró el rostro interrogante de Agasha mientras tomaba asiento frente a ella. -¿Te gustaría que te contará esa historia?
La castaña solo asintió mientras llevaba la taza de té a sus labios.
-Bien, veamos… Hace mucho tiempo, más o menos unos 20 años, mi familia y yo llegamos a Rodorio, yo era apenas una niña, más pequeña que tú…
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Algunas horas más tarde, Agasha salía de aquella vieja casa. Su pasos lentos y dubitativos demostraban que se hallaba inmersa en sus propios pensamientos. Mecánicamente continuó caminando, sin importarle ya si era vista por Ajax. Las palabras que Hallie le había dicho resonaban una y otra vez en su mente. Ahora podía comprender mejor todo lo que le rodeaba y se sentía culpable por haber juzgado a aquella buena mujer sin haberla tratado, ¿quién le hubiera dicho que ambas tenían tanto en común?
También había descubierto que el hablar con ella le ayudaba a sacar un poco del dolor que oprimía su corazón. En verdad admiraba la pelirroja por cómo se había atrevido a enfrentarse a todo Rodorio. Ella deseaba tener tan siquiera una mínima parte de ese coraje para afrontar su amarga realidad.
Sin sentir cómo, sus pasos la habían llevado a aquella calle donde todo había pasado. Desde ese trágico día, no había vuelto a pisar ese lugar. Un pesaroso suspiro escapó de sus labios. Pese a que la habían reconstruido en su totalidad, ella lograba ver las pequeñas grietas en las piedras donde se habían clavado las Piranhan Rose. Su corazón se apretujo mientras ella se encorvaba por el inmenso dolor.
Se quedó un momento en esa misma posición, hasta que sintió un ligerísimo peso posarse sobre su cabeza. Al levantar la mirada, se dio cuenta de que el ambiente no era normal, parecía como si el mismo tiempo se hubiera detenido, instantes después vio muchas mariposas traslúcidas bailar en torno a un rayo de luz. Hipnotizada por esa mística visión, continuo parada en el mismo sitio, hasta que una melodiosa y delicada voz la sacó de sus cavilaciones.
-Bello capullo de rosa, la negrura de la tristeza opaca el brillo de tus ojos. Las lágrimas que has derramado te impiden ver el brillante sol.
Del haz de luz, una silueta humana comenzó a formarse. Agasha solo abrió los ojos de la impresión y no movió ni un músculo cuando la mano de aquel ente se posó sobre su mejilla limpiándoles las lágrimas.
-Tus plegarias han llegado a mis oídos y a los de mi madre y mis hermanos, y no podemos seguir ignorarlos. Es por ello que hemos decidido entregarte este obsequio. Cuando tu alma esté lista, solo hasta entonces.
La luz se comenzó a desvanecer paulatinamente, y en una abrir y cerrar de ojos, todo había vuelto a la normalidad. Agasha respiro y fue hasta ese momento cuando se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. Apretó sus puños y sintió un objeto en sus manos, objeto que antes no traía. Lentamente abrió la palma y vio en ella una bella mariposa de cristal que brillaba con destellos azulados.
-Entonces, nada de esto fue un sueño…
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Hola a todos :D... Soy una ingrata por haberme desaparecido tanto tiempo, pero me enferme, me trasladaron del trabajo y tuve ciertos problemas, pero como lo prometido es deuda, y las deudas son deudas de honor (?, heme aquí de nuevo. Sé que dije que solo faltaría un capítulo más pero mi inspiración no lo quiso así y pues bueh. (En verdad ya tenía armado el cap, pero se me hizo muy soso, así que lo reescribí de nuevo :s)
Bueno, ahora quiero agradecerle su apoyo en esta loca historia. En especial a Goddess-Ambrosia1, Erikawaii95, InatZiggy-Stardust (Senpai :3), Kevin-Levin11, Jin-Kazama6, Virginia Millan, ana2109, nemesisdea y a sakura tsukiyomi lefey por haber comentado, ponerme en favoritos y marcarme como alerta. Este capítulo va dedicado a todos ustedes. Mil gracias. Los amo *inserte corazón aquí*
Nuevamente, comentarios, saludos, felicitaciones (?, reclamos, tomatazos, amenazas de muerte (que las merezco, lo se :s) son bien recibidas.
Nos leemos pronto (que no digo cuando por que luego me demoro mucho, comprendanme, soy un caracol).
Saludos.
Ezarel :3
