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La muerte de Luna
"Necesito saber para reinar"
No puede existir la luz sin la oscuridad, de ahí que me gusta pensar que fui concebida como una manera de traer equilibrio, ya que es impensable una vida sana donde un entorno no responde a la naturaleza de los seres vivos. El cuerpo que se me dio es declaración fidedigna de mi relación con el cosmos, así como mi compromiso para con los ponis, ya que soy la noche encarnizada. El silencio es jugoso privilegio en un mundo ruidoso, y afortunadamente puedo invocarlo cuando el cielo deja de hacer canto y la quietud está a merced de la magia que emana desde mi cuerno. Así, creo el hogar para el pensamiento, el estado ideal para el artista, el escritor y también para el poni contemplativo que imagina el porvenir mirando las estrellas. Flores de nostalgia y corazones rotos brotan en mi jardín de césped donde reina la oscuridad que solo conoce el infinito; ahí donde imágenes y siluetas adquieren aires sentimentales, trágicos y a veces pasionales. Los ponis sienten con más intensidad durante mi reino, y sino no sienten nada en absoluto ya que es el descanso o la pujanza del corazón que necesita gritar cuan vivo está; ya sea por la felicidad o el dolor. Frente a mis ojos han pasado generación tras generación, cada una con sus virtudes y vicios no pudiendo alcanzar la aspiración de su época. He permanecido como un retrato intacto frente a ellos, inmutable y servil cuanto he podido para justificar mi existencia. Recordar esos ponis de antaño resulta una actividad inquietante, ya que a pesar de haber visto nacer a muchos, e incluso haberlos visto crecer, enamorarse y morir, no puedo decir que significaran un gran hito en la interminable seguidilla de eventos que conforman mi memoria. Soy la monarca del mundo ideal para la contemplación de la esencia poni, y, a pesar de eso, siento una gran distancia entre los mortales y yo. Reflexionando sobre esto último, es que una noche decidí hacer algo al respecto, empleando todos los conocimientos que tenía al alcance sobre magia de carácter tanto puro como impuro, para perfeccionar un hechizo que me permitirá explorar espacios donde los velos que nublan el juicio brillaran por su ausencia. Es así como encontré una entrada al mundo onírico, en el cual se me abrieron las puertas de los temores y metas de mis súbditos, dando lugar a un aprendizaje muy complejo que quizá nunca alguien haya tenido el privilegio de absorber. Viajé por tierras que no son tales, montañas de océanos y cielos arbolados, ciudades de una sola habitación y sótanos que llevan hacia profundidades abismales. Caí en jardines de delicias, así como en tenebrosas catacumbas donde habita el miedo y la desesperación; desempeñando la mayoría de las veces el papel de una simple espectadora en lugar de una interviniente.
—Ayuda, que alguien me ayude por favor —suplicaba el poni sollozando debajo de la cripta, arrinconado por la oscuridad depredadora—. No quiero morir, no quiero morir.
El miedo a la muerte es algo común en todos los mortales, ¿Sera un rechazo a su propia naturaleza, o será un deseo de ser más de lo que son? Aunque yo jamás me vaya a marchitar no puedo sino sentir curiosidad por aquello, puesto que tiene que ser algo muy intenso para destrozar la cordura de los sabios y los prudentes; hacerlos patalear y retorcerse. ¿Sera esa la razón de porque siento esta distancia del resto de los seres vivos? La muerte nunca toca mi puerta, pero si la de los demás, ni si quiera siento su presencia y mi proyección hacia el futuro no conocen límites. ¿He de sentir tristeza por ellos, los pobres ponis? ¿Son felices sabiendo que morirán? A muchos ojos vi derramar su última lagrima, pero nunca la entendí, su semblante resultaba indescifrable como el más elaborado de los acertijos.
—No quiero alejarme de ellos —vociferó el pony sollozando debajo de la cripta—. No quiero dejarlos solos.
—Es tu fin, no hay un después para ti —dijo la espeluznante oscuridad con voz gutural.
Quizá todo se pueda traducir en un deseo acérrimo por permanecer junto a los vivos. La muerte equivale a separarse permanentemente de aquellos con los que convivimos, por mi parte, no soportaría separarme de mi hermana Celestia para siempre. Si la entiendo de esa manera, creo comprender mejor el pesar de los mortales; en el fondo es un deseo egoísta completamente razonable. El máximo de bienestar posible lo puedo lograr solo junto a mí hermana mayor, ya que somos seres que fueron creados iguales, lo mismo aplica para los súbditos. Me planté en medio de un océano de estrellas, dejando que la corriente me arrastrara junto con los lamentos de los huérfanos, para reflexionar mirando el espejo hecho de lágrimas del sueño.
—¿El mundo onírico será más grande que la realidad misma? —me pregunté curiosa, y mi voz rebotó en paredes que se esconden de mí.
—Si así lo fuera, serias muy feliz —me dijo mí corazón.
—Necesito comprender más de los mortales, solo así seré una mejor princesa. Si este es un desafío de las fuerzas que rigen lo divino, no he de desistir.
—Estoy segura de que aprecian tu devoción y esfuerzos.
—Si no lo hicieran estaría muy, muy triste.
—Lo sé mejor que nadie, tu amor por ellos no conoce fronteras. Por eso es que has llegado tan lejos.
Me sumergí en las aguas celestiales e insondables, ahí reinaba una fantasmal luminosidad junto con los lúgubres lamentos de aquellas almas miserables y abandonadas. Mi cuerpo se sentía liviano, como si estuviera entre las nubes y podía respirar perfectamente aquel aire perfumado de procedencia incierta. Antes de darme cuenta, estaba cayendo desde mi cielo nocturno dentro de una gota de lluvia que se dirigía a un campo de rosas azules que gustaban de danzar al ritmo de un viento melodioso, que soplaba desde montañas lejanas hechas de flautas afiladas. Al liberarme de mi prisión acuática descendí delicadamente en aquel campo, había muchos elementos que se contrastaban en el panorama, parecía que dependiendo del camino que escogiera podía acabar en una determinada estación climática del año. Decidí avanzar donde el aire se ponía más gélido y terminé rodeada de montes nevados, así como de figuras de hielo que representaban flora y fauna. El escenario me ponía melancólica, en mi mente evocaban imágenes cálidas de días pasados previos a Equestria donde mi hermana y yo compartíamos habitación en un modesto hospedaje. El intercambiar nuestras inquietudes propias de nuestra naturaleza inmortal nos consolaba, pero ese hábito se perdió como muchos otros con la entrega cada vez más pronunciada a los demás ponis. ¿Por su mente pasarán cosas similares? No me atrevo a fisgonear en su cabeza, pues su furia podría poner en jaque lo que queda de nuestra relación. Es enteramente mi misión, pues, encontrar las respuestas que necesito para que mi corazón esté en más afinidad con lo que sienten los mortales. No bastan unos cuantos aspectos, la muerte forma parte de su realidad y he de entregarme a ella para comprenderlos.
—¿Vivir para otros no te convierte en una muerta en vida? —preguntó mí corazón con un toque de ironía.
—Aunque así fuera no significaría objeto de congoja, ya que es algo que podría explorar por medio de la razón, sin caer en la locura.
Frente a mi yacía un lago congelado, en cuyo centro se erigía un árbol gigante de cristal que extendía sus ramas hasta las más elevadas alturas, como si fuera un pilar que sostenía el cielo. En su tronco había miles de rostros pacíficos que parecían estar durmiendo. Contemplando al coloso es que una idea atravesó mi mente como un rayo, y es que puedo hacer algo más que simplemente imaginar cómo se siente ser mortal, también puedo soñar como lo hacen ellos e incluso tener de servidor a este mundo de espejos, sentimientos y aspiraciones. La magia es una llave para muchas cerraduras, solía decir un gran mago, y esta vez no es la excepción.
—Esta noche, por un instante de infinito no habrá princesa Luna.
—No es necesaria una lúgubre ceremonia.
Acomode mis largas extremidades en la helada nieve, y apoye mi cabeza sobre un montículo que sobresalía del suelo. Entonces, me quede respirando el aire congelado hasta que la tierra me trago y me vi siendo parte de un torbellino de pétalos negros donde finalmente encontré lo más parecido a una muerte de verdad.
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Este capítulo esta parcialmente inspirado en "Informe sobre Ciegos", el cual puede que encuentren como un libro aparte, pero yo lo tengo contenido en "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sabato; una de mis novelas favoritas.
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