Capítulo 59
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El pelirrojo iba con alma y vida a recuperar la dignidad de su mucama y también algo de la suya al recordar ser derrotado por esta chica de cabellos azules, piso el pedal del acelerador con furia y su automóvil que respondía con potencia hacia su labor frente a la solicitud de su dueño.
Mientras tanto en el taller la chica de cabellos azules estaba tratando de consolidad el sueño; pensaba en alguna forma de someter a su rival y saber de una vez por todas que planeaba o que había pasado durante todo ese tiempo. En el resto del taller ya muchos de los soldados estaban fundidos en el sueño, otros hacían guardia aunque con problemas, los compañeros de la chica estaban también profundos aunque nunca vulnerables.
El pelirrojo se dirigía hacia su destino mientras su teléfono sonaba, en un impulso desesperado el chico bajo la ventana de su automóvil y lanzo su teléfono por la misma quería llegar con ímpetu y en medio de una noche asustada irrumpió en aquel taller chocando las rejas de entrada, varios soldados quienes se alertaron por el ruido empezaron a dispárale, el pelirrojo estaciono su automóvil y bajándose de este con un par de disparos fulminantes dejo fuera de combate a los 4 soldados que estaban de guardia en la zona superior, al oír los disparos el gremio de soldados quienes estaban descansando sacaron sus armas debajo de la almohada, y se prepararon para lo que fueran, la chica de cabellos azules quien estaba en paños menores tomo el intercomunicador de su escritorio y comenzó a dirigir a su equipo.
-que bien, algo de acción, ya me estaba quedando dormida- decía la chica de cabellos azules a la vez que sus demás compañeros portaba su comunicador.
-Hitomiko, Van, encárguense de la parte superior, los demás primera planta a las 12- decía el chico de cabellos celestes mientras veía a la chica de cabellos blancos levantándose de la cama…
-yo creo que es mejor que te quedes dormida preciosa- decía el chico mientras su compañera cargaba su arma de mano preparándose para el combate.
-y perderme la diversión, no lo creo guapo- decía la chica qatarí colocándose de pie…
-segunda planta, ¿Qué ven?- decía la chica de cabellos azules escondiéndose tras de un muro evitando la balacera entre sus soldados y el pelirrojo.
-¡es hiroto!- decía la chica de cabellos oscuros.
-lo acompañan dos autos más atrás de el- complementaba el chico de cabellos carmesí.
-Gazelle, Deka, vayan por las puertas laterales, detengan esos autos, Hitomiko y Van, la azotea, cubra a deka y a gazelle- demandaba la chica de cabellos azules sonriente.
-¿y tú que harás?- decía la hermana del pelirrojo preocupada.
-yo me encargo de hiroto, ¡detengan esos autos!- decía la chica de cabellos azules quien sonreía al tener a la vista a su rival y ex pareja.
Casi todos atendieron a las órdenes de la chica y fueron en busca de esos automóviles para detenerlos.
Cuando los soldados se acabaron en la primera planta el pelirrojo busco a su verdadera rival.
Mientras tanto las personas en los dos autos que aparentemente estaban del lado del pelirrojo abrieron las puertas de sus vehículos y comenzaron disparan a diestra y siniestra lo que hizo que el grupo de compañeros se refugiara y no se dieran cuenta de que uno de esos hombres había entrado al taller.
En el taller ya no se oía ni un solo disparo y la chica de cabellos azules espero el momento y salió en busca de abatir a su rival, sin embargo el pelirrojo fue más rápido y disparo justo a donde quería, a los tobillos la chica de cabellos azules cayó al suelo lejos de su arma de fuego para responder.
-¿creíste que iba a dejar las cosas así?- decía el pelirrojo arrodillándose para mirar a su ex pareja a los ojos.
-no, siempre supe que eras más idiota y que las dejarías peor- decía la chica sosteniendo la mirada con su rival. El miedo no hacia parte de su sistema nervioso en ese momento.
El pelirrojo recargo su arma pero en ese momento un disparo en su mano hizo que soltara su arma de fuego, era su hermana quien defendía a su cuñada.
-sabes que nunca me dio miedo usar mano dura con mi "bello hermano pequeño"- decía la chica de cabellos oscuros apuntando a un adolorido pelirrojo quien sostenía su mano ensangrentada.
-¿hermano?- decía el pelirrojo confundido viendo a su hermana mientras que un hombre por detrás amenazaba con matarla…
-no te muevas preciosa- decía uno de los hombres apuntando a la cabeza de la hermana del pelirrojo.
-Arturo- sonreía el pelirrojo mientras que la chica de cabellos azules amenazaba de nuevo con otra arma de fuego esta vez la que se le cayó de las manos a su ex pareja.
-cuidado hiroto- decía el hombre sin bajar la guardia a lo que el pelirrojo piso fuerte la mano de su ex amada para que ella no disparara…
-aggg, eres un maldito cobarde kiyama- decía la chica de cabellos azules desde el suelo.
-¿Qué?, ¿cobarde?- y ofendido el pelirrojo se arrodillo de nuevo y coloco la cara frente a la de su ex amada –adelante, dispara- la chica coloco aquella arma de fuego en el mentón de su rival sin embargo vio en sus ojos un par de años de recuerdos, vio a su hija y… no quiso disparar.
-eres un idiota- decía la chica de cabellos azules bajando su arma y estampando su rostro en el suelo.
-eso pensé, hora de irnos- decía el pelirrojo confiado,
-¿y ya?- preguntaba el compañero del pelirrojo.
-y ya- sentenciaba el pelirrojo.
Y apuntando su arma ambos salieron del taller donde los disparos seguían lloviendo. De un momento a otro se detuvieron al llamado de la chica de cabellos oscuros…
-muchachos, hirieron a ulvida, regresen todos- decía la hermana del pelirrojo y así lo demás dejaron sus puestos. O por lo menos no todos, el chico de cabellos carmesí antes de irse logro acertar un disparo a un hombre del auto cuya arma se había quedado sin municiones.
El pelirrojo y su compañero al ver que ya no había más disparos decidieron salir en huida en uno de esos dos vehículos.
-vámonos- decía el pelirrojo.
-¿y aphonso?- preguntaba preocupado por su compañero con quien compartía su fortuna gracias a su invento.
-daño colateral, y seamos realistas, eres un maldito envidioso con toda esa fortuna que tienes Arturo, arranca el auto, ya te diste cuenta que las personas en ese taller nos son capaces de matar a alguien- decía el pelirrojo molesto por la situación en aquel taller, por otro lado su compañero con el rostro lleno codicia encendió el auto y salió de ahí lo más rápido que pudo.
Continuara…
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