Capítulo 61

Al ver la sádica respuesta de la chica de cabellos azules todos más que asombrados, quedaron con temor en su sistema nervioso, no sabían que aquella mujer pudiese ser tan despiadada. Al dirigirse hacia su habitación fue seguida por la hermana del pelirrojo quien se preocupó puesto que el sangrado de sus tobillos aún no había parado.

-ulvida, tus tobillos…- decía la hermana del pelirrojo viendo como su familiar tomaba pedazos de tela y los ataba en su heridos tobillos.

-si piensas que una bala me va a complicar el día, no sabes que es una mujer- decía aquella dama de ojos azules colocándose de pie y saliendo hacia la planta principal.

-espera, ¿Qué vas a hacer?- preguntaba la hermana del pelirrojo siguiendo a la chica de ojos azules quien cojeaba por el dolor en sus lastimados tobillos.

-¿a que te refieres con "que"?, voy a terminar con esto- decía la chica de cabellos azules haciendo que todos los soldados se hicieran presentes.

-no estás en condiciones de salir a repartir y recibir más balas, escúchame- decía la hermana del pelirrojo tomando a su familiar del brazo.

La chica de ojos azules se dio la vuelta producto del jalón de su compañera, y con ojos de furia y rostro de ira la chica de ojos claros le reclamo a su cuñada.

-en primer lugar; no vuelvas a tocarme. En segundo lugar; no vuelvas a tocarme. Ni tú ni nadie impedirá que cumpla con órdenes directas, tengo que detener a kiyama- respondía terca la chica de ojos azules y mirada frívola.

-ulvida, detente- decía la hermana del pelirrojo viéndola con ojos agazapados.

-estas aquí, estas bajo mis órdenes, prepara todo ya se para salir conmigo o para tomar un avión a Norteamérica- decía la chica finalizando la conversación.

La hermana del pelirrojo solo tras lo ocurrido decidió irse a su habitación, ya no tenía más deseos de continuar con este operativo que ya le tenía amargado su corazón y sus relaciones familiares.

Mientras la chica de cabellos azules les daba instrucciones a los soldados, el chico de cabellos celestes quiso conversar con su ex comandante.

-espera, espera, ¿A dónde vas?- decía el chico algo asustado.

-yo… me voy de aquí- decía la hermana del pelirrojo suspirando.

-¿Qué? ¿Porque?- preguntaba el chico de cabellos celestes confuso.

-tu sabes que yo haría todo por mi familia, desafortunadamente, creo que esta lucha terminara por destruirnos a todos, no quiero perderlo todo- decía la hermana resignándose a pesar de que sus argumentos no eran tan convincentes.

-¿Te da miedo dar la vida por tu hermano?, pensé que tenía una superior menos cobarde, sabes que, este lugar no es para ti, todos aquí ponemos en juego lo mismo, hoy más que nunca eres una inmadura, la más inmadura de nuestro grupo, no mereces ser llamada soldado… vete, no quisiera ser tu si Hiroto se entera de tu falsa valentía- decía el chico de cabellos celestes con su rostro lleno de lágrimas.

-afortunadamente, jamás lo sabrá- decía la hermana del pelirrojo con su maleta en la mano.

-pero nosotros sí, nos decepcionaste- decía el chico dándole la espalda para salir de allí lleno de un sentimiento de rabia.

-me veras volver gazelle- decía la chica saliendo de aquel taller con un destino especial; ningún lado".

MIENTRAS TANTO EN LA MAFIA DE MONTANA

-señor, interceptaos el mensaje del ataque de kiyama- decía uno de los empleados del jefe Montana.

-¿ataco en serio?, que terrible acontecimiento, yo adoro los terribles acontecimientos, bueno preparen a los hombres- decía aquel demente anciano.

-señor, ¿pero que se supone que haremos?- preguntaba un empleado confundido.

-sencillo, matamos dos pájaros de un tiro-

-¿Cómo, que?- decía un soldado sin entender

-entiende esto tonto, hiroto fue a atacar a su ex mujer, obviamente su memoria ira recuperándose gradualmente, además, conozco a ulvida y sé que no se quedara con la espinita de que su amado la haya atacado, esta misma noche ella ira a buscar a hiroto, no si sea para matarlo pero al tener a los dos justo ahí ustedes entraran y entonces terminamos con hiroto y colateralmente con el único y mejor equipo que tiene la ONU, fin de la cita- decía el anciano hablando en un tono descabellado.

-ya veo, ¿quiere que a todos lo que están en esa casa les demos de baja?- decía el soldado.

-¿Qué comes, que adivinas?, prepárense todos, apenas vean movimientos entren y acaben con ese idiota.

Mientras tanto en aquel taller aquel gran grupo de soldados impulsados por la ira de una sola persona estaban en camino a la casa del pelirrojo, aquellos compañeros quienes acompañaban a la chica de ojos azules, lo hacían sin dudar y sin ningún temor, por otro lado el chico de cabellos celestes no le había comentado a nadie el motivo de la desertada de su compañera de cabellos oscuros, pero en fin, todos hicieron como si nada.

Mientras tanto en la casa del pelirrojo todo era paz, bueno por el momento, el chico de cabellos rojizos dio las gracias a su compañero por traerlo y este se fue sin más que decir, el soldado entro a su casa y se encontró con su mucama quien al verlo lo abraso.

-hiroto, pensé que no ibas a volver- decía la chica de cabellos purpuras abrasando al pelirrojo.

El pelirrojo tomo a su mucama de los brazos y sacudiéndola le pidió una explicación…

-¿Cómo se te ocurre ser tan terca e irresponsable?, pudiste haber muerto- decía el pelirrojo a su mucama.

-lo hice por ti, no puedo dejar que te hagan algo, no puedo…- decía la chica viendo al pelirrojo a los ojos.

El pelirrojo al verla a los ojos solo comprendió su sentimiento de preocupación y decidió besarla, un beso que era ofrenda de agradecimiento a su gentil acto de protección, beso que la mucama disfrutaba perdiendo sus manos en el cabello de su amante.

-eres una loca mujer demente- decía el pelirrojo separando sus labios de la chica para verla a los ojos.

-pero… soy tu loca mujer demente- decía la chica para perderse en la lujuria de los labios de aquel pelirrojo que por el momento decidió dejar aquel momento solo en besos.

-bien, creo que deberías descansar, ha sido un día terrible- decía el pelirrojo mintiendo, sabía perfectamente quien vendría en busca de una nueva revancha.

-bien, pero solo iré a dormir… si tu vienes conmigo- decía la mucama algo preocupada.

-debo hablar con Montana, pero no te preocupes, no saldré de la casa- decía el pelirrojo.

-está bien, te espero- decía la mucama sentándose en el sofá.

El pelirrojo al ver que no funcionaría ese truco decidió seguirle el juego a la chica de cabellos purpuras.

-sabes que, mejor hablare con el mañana, ven, vamos a dormir- decía el pelirrojo dirigiéndose a su habitación seguido por la chica.

Continuara.