Capítulo 11
Antes de salir de su casa, Tea le indicó a Yami que llegaría tarde y que en esta ocasión estaría solo. El chico aceptó gustoso haciendo que Tea se marchara tranquila y segura de que nada malo le pasaría a su chico.
Realizó sus rutinas laborales como siempre lo hacía, pero deseaba que el tiempo se pasara lentamente para que se tardara en llegar la hora de reunirse en privado con su jefe.
En el transcurso del día, no pudo concentrarse debidamente en las actividades por estar pensando en cómo sería la cita con Kaiba. No se imaginaba a Kaiba romántico por lo que era ilógico pensar que la cita fuera con intenciones de amor. ¿Trabajo? Habían mencionado negocios, pero tampoco era creíble si siempre hablaban de ese tema en el laboratorio ¿Laboratorio? ¿La habrá descubierto en lo que hizo? No, no era posible.
Los nervios la comían por dentro, se mordió las uñas y miraba continuamente el reloj deseando que el tiempo se detuviera o que la tierra la tragara.
Finalmente, llegó la hora de salir del trabajo. Eran las 7:00, faltaba una hora, no pensaba arreglarse gran cosa así que sólo se dio un toque de maquillaje para verse arreglada.
Esperó en su oficina al jefe mientras terminaba de arreglar unos asuntos. No quedaron de verse en ningún lugar en especial así que lo esperaría en el lugar de trabajo.
De su despacho, con paso firme y decidido salió Kaiba y la miró arreglando papeles.
-No creí encontrarte por aquí. Pensé que volverías a tu casa.
-No le vi el sentido a volver a casa.
Kaiba notó el maquillaje que, aunque era poco dando un estilo a su rostro, se podía notar la diferencia de lo natural con lo arreglado.
-Te ves más hermosa sin maquillaje. No es tu estilo.
Las mejillas de Tea adquirieron un tono rojo, jamás creyó que Kaiba fuera de los hombres que notaban esa clase de cosas, en especial que adulara a una mujer.
-Gracias por el comentario. Efectivamente, no soy de usar maquillaje.
Kaiba extendió su mano a ella que lo miró extraña.
-¿Me acompañas?
Tea no dejaba de mirar la mano y la tomó. Se sentía cálida, no sabía qué pasaba por la mente de Kaiba, sólo sabía que él se comportaba de forma diferente con ella y no pensaba rechazar esa muestra de aprecio por su persona. Aunque claro, era sólo una relación de jefe y empleada, nada más allá.
.
.
Los ojos azules de Tea miraban de un lado a otro el restaurante lujoso donde se encontraba. Se sentía incómoda al observar sus ropas simples con el lujo del lugar y las demás mujeres que le lanzaban miradas de rareza, tanto por su vestuario como por la compañía que se sentaba frente a ella.
Kaiba cortaba un pedazo de carne enorme con sus cubiertos ante la mirada confusa y curiosa de la chica.
-¿No vas a comer?-preguntó Kaiba notando lo extraña que se sentía la chica.
-¿Eh?-ella lo miró poniéndose nerviosa-Ah, sí.
Agarró el cuchillo y el tenedor dispuesta a comer, Kaiba la observaba con detenimiento, por primera vez en todos sus años de vida su corazón fue cubierto por un sentimiento que jamás creyó sentir algún día: ternura.
-Nunca has venido a estos lugares ¿cierto?
El movimiento de los cubiertos manejados por las manos femeninas se detuvo en seco. Tea alzó los ojos y miró al hombre, notó esa mirada de ternura tan extraña en el jefe. Fingió que no había visto nada para evitar una indiscreción por su parte al hacer notorio que, el hombre que alguna había sido un jefe frío y sin emociones, mostraba sentir cariño por ella.
-Es mi primera vez aquí.
-Has trabajado conmigo durante muchos años. No sé por qué te muestras incómoda en lugares lujosos.
-Nunca nos habíamos reunido de esta manera. Solo éramos jefe y empleada que se ven cuando trabajan, no que salen a comer.
-Es verdad.
Ambos guardaron silencio por unos segundos, hasta que Tea decidió hablar sobre un tema que le intrigaba desde que este le pidiera salir con él.
-Señor, ¿Por qué me pidió reunirme con usted?
Kaiba dejó sus cubiertos colocando sus manos juntas recargando sus codos en la mesa y, con su rostro sostenido entre sus manos, habló.
-La razón es que quiero que nos conozcamos mejor.
Un balde de agua fría cayó sobre Tea que trató de controlarse para no salir huyendo del restaurante.
-¿De qué habla?
-No pienses mal. No me estoy refiriendo a eso.
Tea se tranquilizó un poco pero siguió con la guardia en alto.
-Escucha. Tú le agradas a Mokuba, más de lo que crees y me gustaría que nuestra relación fuera más cercana a una amistad. Además de que llevamos mucho tiempo de conocernos sólo como jefe y empleada, lo cual me resulta incómodo ahora.
-¿Por qué incómodo?
-Por mi hermano. Él quiere que me relacione con otras personas para que socialice más.
-Si es así, yo no soy la más adecuada. Yo estoy en el mismo trabajo que usted.
-Lo sé, pero te considero de suma importancia en mi vida y eres de confianza.
Tea abrió ligeramente los ojos pudiendo sentir esa honestidad en la voz de su jefe. Ella era importante para él.
-Pero ¿qué pasaría si todo cambiara? Si usted sintiera algo distinto por mí, yo no le puedo corresponder.
-¿Por qué no?
Intentó hablar pero calló antes de que se le ocurriera decir algo sobre Yami y el laboratorio.
-No me siento capaz de amar.
-Yo tampoco.
Le sorprendió esa respuesta.
-Por eso dudo mucho que llegue a amarte. No me siento capacitado para tener una mujer conmigo, Mokuba es el que más desea que tenga una novia y me pidió que tratara de conquistarte.
El interés de Mokuba por ayudar a su hermano hizo que la chica bajara la cabeza sonriendo.
-Aunque tampoco me cierro a la posibilidad de amarte.
Levantó la cabeza nuevamente con sorpresa.
-Señor Kaiba, yo…
-No me llames por mi apellido, dime por mi nombre.
-Seto, yo no puedo ahora…
-Lo sé y lo entiendo. No te estoy pidiendo nada de compromiso. Sólo te pido que me permitas seguir reuniéndome contigo como ahora.
-Seto…
-Seré sincero, no creo que esto pase de una amistad, pero al menos mi hermano se sentirá mejor si me ve contigo como mi amiga.
Tea sabía, por los chismes de otros trabajadores, que Mokuba era todo para Kaiba así que haría cualquier cosa por complacerlo.
-De acuerdo, Seto.-respondió haciendo una reverencia.
-Gracias por aceptar.
La chica apretó los labios y continuo comiendo sin más, Kaiba de la misma forma siguió consumiendo sus alimentos. Ahora ambos estaban al corriente del porqué tendrían más contacto íntimo desde ese día.
.
.
Entró en su casa cerrando con llave la puerta tras de sí. De pronto se percató de que había un silencio muy profundo en su hogar y las luces de la sala estaban apagadas. La sangre se le congeló en las venas, un miedo terrible se apoderó de ella petrificándola, la vista se le nubló por el susto. Con paso decidido y pesado, caminó por el vestíbulo hacia la sala, encendió la luz y respiró llena de alivies cuando, acostado en el sofá con un libro en mano, vio al chico de cabellos tricolores con el que compartía su vivienda.
Con amor en su mirada, se acercó a él y acarició sus cabellos y frente con las yemas de los dedos, sonriendo cálidamente ante la presencia del tricolor tan parecido a su Yugi.
De pronto, recordó a Kaiba y la conversación que tuvieron. ¿Sería posible que terminara enamorándose de Kaiba y él de ella?
Fijó su mirada azul en Yami que dormía plácidamente, acercó su rostro al del chico y le dio un beso en los labios, justo como cuando lo trajo a su casa. Al alejarse, su sonrisa y los gestos de su rostro se mostraron más suaves. Ahora sabía la respuesta. No, no podría amar a otro que no fuera Yami, él representaba al mismo Yugi que 5 años atrás perdió; su cuerpo, alma y espíritu le pertenecían a Yugi por siempre y para siempre.
Dejó de pensar en eso cuando Yami comenzó a despertar poco a poco.
-¿Tea?-habló el chico soñoliento cuando la vio.
-Yami, ya volví.
-Qué bueno, ya es tarde. Me quedé dormido esperándote.
Tea lo miró con incredulidad, sorpresa e intriga. Esa forma de hablar no era de un niño.
-¿Te sucede algo? Haz cambiado.
-Estoy bien. He estado leyendo tus libros mientras no estás así me entretengo.
No hablaba como niño, sino como alguien más adolescente, aunque maduro. Por unos instantes, pensó que eso de que creciera tan rápido no era muy bueno ¿podría significar que se moriría más pronto? No, eso no podía ser verdad. Además, Yami sólo crecía mentalmente pero su cuerpo era el mismo.
Agitó su cabeza en señal de que decidía alejar los pensamientos negativos para concentrarse en su chico.
-¿Ya cenaste?
-Sí, después de comer da sueño así que decidí dormir.
-Pues tendremos que acostarnos a descansar aún más ya que mañana iré al trabajo.-dijo la chica con una sonrisa.
.
.
La castaña se acostó en su cama cubriéndose con las colchas calientes haciendo que su cuerpo se sintiera relajado. Nuevamente, una gran sonrisa adornaba su rostro como nunca antes. Estaba convencida de que Yugi volvería pronto a su vida.
Mientras tanto, en su habitación, Yami miraba el techo. No tenía sueño, era obvio si durmió por la tarde; así que se levantó de su lecho y se asomó por la ventana. La luz de la luna brillaba con tal magnitud que casi podía ver las calles y caminos.
Se llevó una mano al corazón latiente en su interior.
-¿Por qué? ¿Qué es lo que me está pasando? ¿Por qué siento este vacío en mí? ¿Por qué? ¿Por qué?
Continuara...
