Disclaimer: Ni Warren ni Betsy son míos, me los he pedido prestados un rato y tengo pensado devolverlos... En algún momento.


Pairing: Psylocke/Archangel.

Rating: T Género: Angst/Tragedy/Romance

Palabras: 802

Música: Desert Song de MCR.

Notas: Ambientado en la película X-Men Apocalypse. No obstante, la trama gira sobre cierto suceso de los cómics. Es mi adaptación de ese acontecimiento al UCX. Algo así.


Reglas de tiempo II:

El futuro no existe

.

—¿Por qué lloras, Betsy?

La silueta de Warren se corta oscura contra la tibia luz del atardecer. Su voz es un rumor áspero que protesta en el viento a medida que se acerca. Psylocke llora fuera de aquella fantasía, pero se esfuerza por sonreír para Ángel dentro de ella.

Ha usado el apodo cariñoso, el que utilizaba al principio. Elizabeth recuerda y siente el nítido crujido de algo en su interior; quisiera doblarse de dolor, como anticipando el momento para venirse abajo en pedazos.

Dios, aún entonces, en el inicio, Warren era muy joven, el niño asustado que huía. Niño tonto, casi siempre huía.

Ella llevaba un tiempo siendo la rabiosa confusión que él juzgó fascinante. Lo cierto es que Psylocke tornó en absoluto caos cuando Warren apareció, urgiendo su fatalidad.

Porque Elizabeth siempre fue una para arruinar cosas.

Más pronto que tarde, lo arruinó a él también.

Una noche despertó, tanteando en la cama para no encontrarlo ahí. El vacío entre las sábanas acusó lo que su conciencia trataba de rechazar: le había colocado cadenas a sus alas y una jaula a su escasa libertad. Si algo más dijo la gélida sensación de no estar envuelta en sus alas, fue que no le restaba sino huir.

No admitió que ella misma se había quedado sin libertad cuando lo perdió.

Quedó esperar lo mejor —que Warren muriera pronto, por favor.

Nada salvo el consuelo de estar viva ella misma. No era libre, había olvidado cómo, lo había dejado atrás, con Warren, en Alemania. Pero respiraba y acaso guardaba esperanza: que si el indómito rubiecillo, que era más demonio que ángel, no moría pronto, viviría para siempre.

Elizabeth conjeturó mal. Ni Warren moriría en la jaula alemana, ni viviría para siempre.

Siente la fantasía fluctuar y debe concentrarse.

—Yo no lloro, bobo —replica con el cariño casi maternal que le tuvo en un inicio.

Warren sonríe, aún titubeante.

Es hermoso, como lo era antes de todo aquello. El cabello rubio algo largo, los chispeantes ojos azules y la ropa de niño rico. Detrás, las alas blancas descansan laxas, rozando el suelo.

—Tuve un sueño extraño —confiesa de repente, inclinándose sobre ella con aire confidente. Tensa sus facciones en un súbito semblante de pánico—. Tú sí me quieres, ¿no, Elizabeth?

Los oscuros ojos de Psylocke arden aún dentro de la ilusión que se esfuerza por implantar en la mente de Warren. Asiente repetidamente con la cabeza y él sonríe en un alivio instantáneo que la mantiene a ella en un abismo de remordimiento.

—Entonces tuve un sueño estúpido. —Warren alza los hombros—. Tú te ibas, y yo…— Otro gesto de dolor atraviesa las facciones del rubio.

Warren confunde lo que en verdad ha sucedido con un mal sueño.

Elizabeth se concentra en su mutación, tratando de resanar aquella oscuridad en la mente del chico. No va a dejarlo partir con la idea que se hizo sobre sí mismo atrapado en aquella prisión. No quiere dejarlo ir con la errónea creencia en la que refugió su miedo, porque Warren no es un monstruo.

Elizabeth no quiere que recuerde la frialdad de las alas que ese otro mutante profanó alegando supremacía.

No quiere que recuerde (Elizabeth misma no desea hacerlo) que fue ella quien llevó a En Sabah Nur hasta él. Que no conforme con truncar su libertad una vez, ahora le arrebataba la vida.

—Ha sido solo una pesadilla, Warren.

Sus palabras mueren antes de que pueda anunciar su pena en un rebelde sollozo.

—Lo sé —replica él tras soltar un suspiro—, es sólo que… Aún ahora me siento tan vacío. —Pasan algunos segundos antes de que Warren intente ahora con una amplia sonrisa, típica de él—. Incluso las alas eran una cosa extraña. En serio fue todo muy raro... De cualquier manera, ¿dónde estamos?

Mira entorno, dándose cuenta de que el lugar le es familiar pero no ajusta con ninguna memoria reciente. No tendría por qué. Es África. Es el sitio en el que… Warren está muriendo.

Psylocke va más allá con su ilusión. Explora un futuro que no será jamás. Una colección de momentos acerca de una larga vida que valió la pena vivirse.

—En casa, Warren. Llegamos a casa.

Juntos.

Elizabeth desea eso y nada más. Quedarse con Warren en la esquina tibia y tranquila donde, por una vez, todo marcha bien. Un último refugio para estar juntos cuando el mundo afuera está roto y gris.

La mente de Warren se diluye en dulces pero falsas memorias hasta que deja de sentirla.

Se ha ido.

Warren se ha ido.

Elizabeth retira sus dedos de las sienes del rubio y apoya la frente contra la suya.

No se mueve. Ahora sabe que su libertad murió y que lo que pueda quedar de vida no es sino un delirio del futuro que no habrá de suceder.


N/A: No fue... todo lo dramático que planeé, pero ey, no hay forma de ganarle a ese momento plasmado en imágenes entre Elizabeth y Warren de los cómics.

¿Zapatazos, felicitaciones, quejas?