- ¿Qué estas haciendo con mi móvil Hanji? -Moblit aparecía con una toalla blanca atada a su cintura, bastante sexy con todas esas gotas de agua recorriendo su espalda, por no hablar del pelo mojado. Ese era su mayor encanto.
Sobresaltada, Hanji casi dejó caer el móvil al suelo, afortunadamente lo cogió antes de que impactara en él.
- Ñeeeh, avisa antes de entrar... -lo miraba intimidante, mirando de arriba a abajo las pintas de su hermano- Podrias haberte vestido antes de salir así del baño... Hay que ver que mal educado eres... -se sujetaba su frente decepcionada.
- ¡Mira quien habla! ¡Ese movil es mio, MIO! ¡Y encima estas en mi habitación! -caminó rapidamente hasta Hanji, arrebatandoselo de las manos. Miró a la pantalla: estaba leyendo un mensaje.
- ¿Mikasa Ackreman? ¿De quien es este número? -pregunto inocente a Hanji, quien se tumbó en su cama mientras jugaba con su pelo.
- Es la hermana del enano. ¿Recuerdas que me dio su numero? -seguía con la mirada perdida en el techo blanco.
- Si... -dudoso, la intimidó con la mirada, pero ella parecía ignorarlo completamente- Si no recuerdo mal, tú no le diste tu numero... -esperó impaciente para regañarla.
- No. Le envié un mensaje con él para que me llamara.
- ¡AJA! -la señalo- ¡Has utilizado mi móvil sin mi permiso para llamar a tu amiguita!
- No exactamente. Era para preguntarle si el pañuelo que hemos encontrado era del enano. No era nada especial... -dijo despreocupada, haciendo que Moblit la mirase alucinado.
- Aveces pienso en que lo tienes todo planeado desde un principio... -suspiró resignado, releyendo el mensaje de la azabache.
- Soy demasiado lista para ti hermanito, deberías haberte resignado hace ya mucho en que discutir conmigo es inútil.
- Oye, oye, oye... -repitió nervioso, con los ojos como platos- ¿Cómo que un beso de regalo? ¿Y eso de que eres su cuñada? -con la boca abierta, miraba una y otra vez a Hanji preocupado.
- Primero, no le voy a regalar un beso. Segundo, no soy su novia. Tercero, ahí pone que me quiere como cuñada, solo eso. -se incorporó, sentándose en el borde de la cama.
- P-Pero, ¿Y lo de que él esta enamorado de ti que?
- Levi no esta enamorado de mi. -se acomodó las gafas, haciéndola parecer interesante.
- ¿Levi? Así se llamaba... -sujetaba su mentón, volviendo a leer el mensaje- ¿Vas a quedar con él para darle el pañuelo?
- Si. Tranquilo, le pediré la factura. -guiño un ojo y se levanto de la cama, yendose directa a su cuarto-
- Espera Hanji. -su hermana paró antes de salir por la puerta- No hace falta que se lo cobres, que lo considere un regalo de cumpleaños...
- Como quieras, hermanito. -dijo antes de cerrar la puerta, dejando que Moblit se vistiera.
- ¡MIKASA! ¡No te lo digo más veces, abre la puerta! -aporreaba con sus puños la robusta puerta de madera.
Como si por arte de magia se tratase, la puerta se abrió, dejando ver a una sonriente Mikasa salir de su cuarto.
- Ya he salido, ¿y ahora que quieres pesado?
- No se lo has enviado, ¿verdad? -clavó su mirada en la de Mikasa, la única diferencia era que la suya era más divertida.
- Si, se lo he enviado. ¿Pensabas que solo estaba de broma?
- Te mato... -la cogió de la camisa que llevaba.
- Tranquilo, tranquilo... Dice que quiere quedar contigo, se ve que se llevaron por error un pañuelo tuyo. -varias gotas de sudor frío cayerón por el rostro de Mikasa.
- ¿Un pañuelo? Si yo no tengo ninguno...
Entonces recordó aquel pañuelo de seda tan caro... ¿Lo habían comprado ellos?
- No me jodas... -susurró mirando al suelo, dejando que Mikasa se riera escandalosamente.
- ¡Al final si que era tuyo! -se soltó del agarre del azabache- Después de la cena ve donde os visteis por primera vez, yo la avisaré que te lo lleve.
- No pienso ir... -se fue serio, caminando a lo largo del pasillo algo molesto.
- Que mal mientes hermanito... -dijo en voz baja, mirándolo con compasión.
- ¡Hola mamá!
Hanji abrazaba emocionada a una mujer más bien joven, de un cabello castaño ondulado y unos ojos chocolate como los suyos. Vestía un vestido negro sin mangas hasta las rodillas, acabado en volantes, no con demasiado escote. Ella, también se alegraba de ver a su hija.
- Hanji, madre mía... ¡Has crecido un montón! -la cogía de ambos hombros, observándola detenidamente.
- ¡No como Moblit que aun sigue bajo y flacucho! -como si un soldado raso se tratase, se puso firme ante la afirmación de su madre.
- ¡Oye!
Moblit aparecía en escena con un precioso traje negro, con una corbata roja oscura y su pelo, peinado de una forma alocada.
- Hijo mio, que guapo estas... -a la mujer le brillaban los ojos al ver a su hijo tan bien vestido.
- ¿Pero ya tienes novia, verdad hijo?
Un hombre también joven posó su mano en el hombro de su mujer. Un bonito traje negro, al igual que su hijo, con una corbata verde oscura y un bonito corte que tapaba su frente con un bonito flequillo de un castaño más claro que el de su mujer. Todos tenían los mismos ojos chocolate.
- Papá, él nunca encontrara novia. Yo lo he asumido, es mejor que vosotros también... -Hanji se agarraba al hombro de su padre, intentarlo consolarle.
- ¡Jajaja! ¡Vamos Hanji! Tu hermano seguro que encontrara una novia, a los treinta, pero la encontrara... -padre e hija se rieron al ver que a Moblit se le empezaba a notar la vena de la frente.
- Hablando de novios... Hanji, ¿tú tienes ya uno? -un gran "¡JA!" se escuchó de fondo por parte de Moblit- Tú también vas preciosa esta noche, seguro que tienes a alguien... -afirmó picarona.
En efecto, Hanji tenía un precioso vestido azul oscuro de manga larga y apretada, que le llegaba hasta los tobillos. Al final, formaban unas hondas perfectas que realzaban lo alta que era. Justo en su cintura, un bonito lazo negro con poca pedrería, perfecto para realzar su escote en "V". Su cabello, estaba más ondulado de lo habitual, recogido en una coleta baja hecha a un lado de la cabeza, haciendo que su pelo cayera libre por su hombro.
- Eeeeh... -se rascó su nuca- Yo tampoco tengo, la verdad... -se rió nerviosa.
- Por Dios Hanji... ¡Una mujer como tú no debe de estar si novio! -su madre saco pecho, quería contagiar a su hija con ese orgullo.
- Prefiero que este así antes que con cualquiera... -el hombre abrazó a su hija de forma sobre protectora. Miraba a su mujer con cara de pocos amigos.
- Richard por el amor de Dios, que tienes treinta y cinco años... -sonrió de forma maternal.
- Para mi Maddeline, seguirá siendo mi pequeña... -acariciaba el cabello de Hanji, con cuidado para no despeinarla.
- De verdad que pienso si soy adoptado... -Moblit estaba resignado ante tal escena.
- No, mi pequeño tesoro... ¡Eres un Zoe como todos aquí presentes! -su madre acunó el rostro de Moblit entre sus manos.
- Lo suponía... -un poco más, y tendría un par de lagrimas de cocodrilo recorriendo sus mejillas.
- Bueno, ¿vamos a cenar ya? -el hombre se separó a regañadientes de su hija.
- No papá, aun queda alguien más.
- ¿Quien? -preguntaron todos al unisono.
De repente, un par de golpes respondieron a su pregunta en un abrir y cerrar de ojos. Hanji emocionada, abrió la puerta, dejando ver a Pixis con su traje blanco marfil y pajarita negra. Bastante elegante para ser el que siempre limpia la escalera. Siempre se le veía con ropa desgastada, era impactante verlo tan elegante.
- ¡Madre mia Hanji! ¡Estas preciosa! -Pixis abrazó a la castaña, con cuidado de no despeinarla.
- Tú también estas guapísimo viejito, es raro verte con esas pintas... -se rió por lo bajo, mirándolo bien de arriba a abajo.
- Tsk, te sorprendería saber que trucos tiene este viejito bajo la manga... -la miró amenazante, aunque no por mucho tiempo.
- Bueno, supongo que ahora ya estamos todos. -habló Richard con impaciencia, estaba hambriento.
- Sii~ ¡Vamos a cenar que ya es hora! -Hanji cogió a Pixis y lo adentró en la casa, guiándolo hasta la mesa ya preparada para recibir la cena de nochebuena.
- Uiish Levi, estas muy guapo... -sacó su móvil para hacerle una foto, claro estaba, no cambiaba para nada su expresión, pero aquel esmoquin negro le quedaba como un guante.
- ¿Ya has acabado?
- Si. Ahora se la mando a Hanji, que seguro que se hecha unas risas con el careto que has puesto... -salió corriendo instintivamente. Hizo bien. Levi salió despedido detrás de ella, pero no llego a tiempo para impedir que Mikasa se encerrase en el baño.
- ¡Mikasa! ¡Estoy harto de que le vayas mandando mensajitos a esa loca! ¡Y ENCIMA MIOS! -golpeaba con furia la puerta.
- Tranquilo, si seguro que a ella le gustan. -al otro lado de la puerta, Mikasa se burlaba de él con un sin fin de carcajadas.
De haber sido una discusión normal, todo hubiera acabado con un pescozón para Mikasa, y la satisfacción de Levi por hacerla pagar un poco por sus fechorías. Pero, al ser nochebuena, esperaban a la familia y justamente ella, entró en escena tocando al timbre.
- ¡Aaaai! ¡Esos son papá y mamá! -salió del baño apurada, pues aun tenía la ropa de estar por casa puesta.
- Eso te pasa por estar jugando...
- ¡Levi! ¡Hazme un favor y abre tú la puerta! -gritó desde su cuarto.
- ¿Cómo? -desesperado, miró hacia dentro de la habitación, esperando que Mikasa se diera cuenta de que estaba molesto por lo que acababa de decir.
- ¡Abre la puerta! -dijo desesperada al escuchar un segundo timbrazo.
- Tsk, maldita sea... -susurró cuando se dirigía a la puerta.
Sin más, abrió la pesada puerta. Detras de ella, una preciosa mujer con el pelo azabache liso hasta los hombros y unos ojos grises como los de su hijo, lo miraba con alegría. Llevaba un vestido largo negro hasta el suelo.
-Oh, hijo... -susurró. -No pensaba que nos abrieras tú... -ambas manos se las llevó al pecho, emocionada.
- Mikasa se esta cambiando. -se dejó besar en las mejillas por su madre, un poco a regañadientes.
Levi miró al hombre que se encontraba detrás de su madre. Un hombre alto, sin duda él heredó la altura de su madre. Su cabello era negro como el mismísimo carbón, y su cara era igual de terrorífica que la de su hijo, impasible.
- ¿No le dices hola a tus padres? -preguntó el hombre de mala gana.
- No tengo por qué. -se dió media vuelta, dejando que su padre fuera el que cerrase la puerta con un portazo.
-Hijo mio... -su madre lo miró con tristeza.
- Levi Arckeman, ¿acaso no te enseñaron modales en el internado? -dijo con la intención de ofender a su hijo. Recibió un gruñido como respuesta- Vaya forma de tratar a tus padres, y encima en nochebuena...
- Debisteis darmela vosotros, parece ser que ellos me educaron "mal".
Se hubiera desatado una gran pelea verbal, de no ser porque Mikasa salió de su cuarto apurada, debido a las voces elevadas.
- Oooh hija, estas preciosa... -su madre la abrazó, ella lo siguió con gusto.
- Gracias mamá, tú también lo estas... ¿Te estan dando muchos problemas? -susurró esto último, intentando que los hombres no la escuchasen.
- Para nada. No es nada del otro mundo que esto pase... -dijo con una sonrisa en aquel apenado rostro.
- Tranquila... -se separó de ella- ¡Eh! ¡Vamos a dejar las discusiones para otro día del año! ¡Es nochebuena!
Y como si las palabras de Mikasa fueran mágicas, los dos hombres se relajaron un poco, sentándose cada uno en una punta de la mesa de navidad, a la espera de la comida y seguramente, la noche más larga para ambos.
-LOOOOOOL Este capitulo me ha salido inmenso owo No sabía que podía escribir tanto xDD En el maratón de este viernes le diremos adios a este fic para siempre... TT_TT Solo faltan dos capitulos más... Bueno, esperemos que todo salga bien ewe Nos leemos!-
