- Mmmmm... ¡Este pollo asado esta riquísimo! Felicidades Moblit. -Pixis se acariciaba una y otra vez su panza. Estaba realmente lleno.

- Gracias Pixis, es un placer que en esta familia ALGUIEN haga la comida. -miró de reojo a su hermana, quien se estaba comiendo un par de patatas asadas sin preocuparse.

- No insinúes esas cosas Moblit, no te educamos así... -su madre lo miraba mal. Desde pequeños Hanji y Moblit siempre estaban discutiendo.

- A la que debisteis educar mejor es a vuestra hija. -la señalo. Hanji lo miro divertida.

- ¡Ojo Moblit Zoe! ¡Tu hermana es mucho más educada que tú! -su padre se limpiaba la boca con la servilleta.

- ¿Cómo? ¡Pero si hoy casi da un escándalo en el centro comercial! -golpeó con ambas manos la mesa, indignado.

- ¿A si? -Pixis la miro curioso- ¿Es cierto eso princesita?

- Pues si. Pero todo fue por culpa del enano. -se tiró para atrás con su silla.

- ¿Enano...? -sus padres lo dijeron al unísono, mirándose con duda.

- Si... Hoy mismo la hermana del chico le ha enviado un mensajito diciendo que estaba enamorado de ella, que si le regalase un beso por su cumpleaños, bla bla bla... -Moblit lo decía sin mucho entusiasmo.

- ¡¿Cómo que un beso?! ¡Nadie toca a mi hijita! -esta vez fue Richard quien golpeó la mesa furioso.

- Papá, relájate... No esta enamorado de mi. Nos odiamos a muerte. -le decía a su padre que se sentase con la mano, con un tono relajado.

- ¡Ai! ¡Deja a la niña tranquila! -lo sentó de golpe- Y dime hija, ¿cómo es él? -dijo emocionada, sin prestar mucha atención a las anteriores palabras de Hanji.

- Es enano, tiene una cara de pocos amigos, su pelo se parece al de los castrati, es un mal educado que no sabe saludar a las personas... Poco más la verdad, nada bueno que decir. -lo describió sin ganas.

- Tsk, vaya figura... -susurró su padre en un arrebato de celos.

- Mmmm, no se yo si creerte hija. Siempre has sido muy impulsiva con la gente, hasta les haces perder los estribos muy rápido...

- ¡Dimelo a mi! -Moblit se sintió identificado al escuchar eso.

- Algo bueno tendrá que tener el muchacho... -se sujetaba su mejilla, pensativa.

- Podríamos dejar ya de hablar del enano... ¡Quiero tarta de postre!

- ¡Woooo! ¡Yo también! -en esta ocasión, Moblit parecía un crio.

- ¡Vamos hermanito, quien llegue primero a la cocina tiene doble ración! -dijo corriendo hacia la nombrada cocina.

- ¡Eh! ¡Eso no vale, tramposa! -la siguió. Casi se cae al tropezarse con su propio pie.

- Y luego dice que si es adoptado... -su madre se rió por lo bajo. En realidad los dos hermanos eran muy parecidos.


El timbre volvió a sonar en la casa de los Arckeman. Mikasa sabía quien era, por lo que salió disparada a abrir la puerta, dejando atrás un poco a regañadientes a su hermano con su padre... Una mala combinación.

- ¡Jean! ¡Has tardado un montón! -hizo un puchero. No duró mucho esa cara, pues Jean le robó un tierno beso a modo de disculpa.

- Perdona princesita, mis padres se han puesto muy pesados con hacerme fotos con el esmoquin... -se rascaba la nuca avergonzado. Casi nunca Mikasa le dejaba robarle besos, siempre se enfadaba- Ademas... No me importaría que nos perdiéramos ahora mismo... -sonrojado, miró de arriba a abajo a su novia. Un seductor vestido rojo hasta poco más de las rodillas, sin mangas. Al castaño le encantaba.

- Calla, mi familia esta dentro... -le dio una palmada en el pecho, riéndose de él.

- Ups... Perdoneme Madame... -le tendió el brazo para que se cogiera. Entraron los dos agarraditos.

- ¡Oh Jean! Pensaba que no vendrías. -la mujer azabache sonrió al castaño de forma maternal.

- Nunca me perdería una celebración así junto a su hija.

- Jean... -susurró Mikasa sonrojada.

- Buenas noches Jean. -algo parecido a una sonrisa salió en el serio rostro del hombre.

- B-Buenas noches señor. -se enderezó por impulso, nervioso.

- Sentaos de una vez a la mesa. Tengo hambre... -Levi miró de forma amenazante al castaño. No le caía muy bien.

Ambos se sentaron el uno junto al otro. Entonces, pudo dar comienzo la cena de nochebuena, pero...

- Y bien, ¿qué tal tus estudios Mikasa? -el hombre habló llevándose un trozo de pavo a la boca.

- Ah... Bien, estoy ya en el segundo año de derecho, creo que esta todo perfecto. -sonrió al plato que tenía delante. Hacia mucho que no hablaba con su padre.

- ¿Y tú, Levi? -lo miró de reojo.

- No te interesa como va mi vida, ¿verdad que no? -lo miró de mala manera, al igual que su padre lo miraba a él.

- De verdad, fue un completo error mandarte al internado. Ahora mismo serias un hombre hecho y derecho, como tu padre.

- No quiero ser como tú. Pero en lo que fue un error, tienes toda la razón, deberías haberte hecho cargo de tu hijo cuando debías.

- ¡Como osas decirme eso a mi, insolente! -se lebantó bruscamente de la mesa- ¡Disculpate ahora mismo!

- No tengo por qué disculparme ante alguien como tú. Me odiaría a mi mismo...

- ¡Largo de aquí! ¡Vete ahora mismo! ¡Eres la vergüenza de la familia, por eso mismo te mandamos a un internado, para deshacernos de ti y que volvieras hecho un hombre de verdad! Pero por lo que veo, todo salió peor...

- Entonces... -se levantó bruscamente de la mesa- Si no me quieres tranquilo, no volverás a saber nada de mi... -miró a su madre- Madre... -y se despidió de ella con la cabeza, antes de salir por la puerta principal de un portazo.

- Papá... -Mikasa lo miraba enfadada- ¿Crees que eso a sido bonito?

- Se lo tiene merecido, por ser un mal hijo... -volvia a sentarse, intentando relajarse.

- ¡Tú eres el mal padre! Siempre lo has despreciado... -una lagrima recorrió la mejilla de la azabache.

- Tranquilízate hija, disfruta de la cena... -su padre se lo ordenó, dejándola que su hija se fuera a su cuarto, molesta.


- ¡Un hipopotamo! -dijo Moblit cuando vio a su hermana imitar a uno. Acertó sin duda.

- Jooooo, Mobliiiit... ¿Por qué eres tan bueno en la mímica?

- ¡Tú que eres buena haciendo la tonta! -se chantajeó de ella.

- ¡Me toca a mi! -el hombre salió a escena, cogiendo una tarjeta de un montón que había en la mesa- ¡Hanji, deja a tu hermano que tu padre va a actuar! -le hechaba la bronca a su hija, quien ya le estaba estirando de los cabellos a su hermano.

- Jooo... Pero es que me ha dicho tonta... -hizó pucheros. No le duró mucho el enfado, pues ver a su padre hacer de Mary Popins fue demasiado gracioso.

Entonces, el móvil de Hanji sonó de repente encima de la mesa. Saltó del sofá y cogió el móvil. Un mensaje de Mikasa:


Hanji, ¿qué tal la cena? La nuestra ha sido un completo desastre... Tu futuro suegro ha enfadado a tu futuro novio y se ha ido de casa...

Ya casi es la hora que dijiste para entregarle el pañuelo. No se si ira para allá, como esta enfadado... Espero que lo encuentres... Si ves a un enano disfrazado con esmoquin, acuérdate de esta foto.

Perdona su expresión, pero no sabe poner otra cara. Además, se la hice a traición :P No me dirás que no tengo un hermanito apuesto! ¬¬

PD: Feliz navidad Hanji. Regalale un besito, que se alegre un poco ;D

-Un beso, Mikasa.


Hanji sonrió como una tonta al ver la foto del azabache. Su familia la miró sorprendida, mirándola embobada delante del móvil.

- Estooo... ¿Hanji? -su padre la miraba preocupado. Era la primera vez que veía a su hija así.

- ¿Os acordais del chico del que os hable? -les dijo a todos, enseñándoles la foto con el móvil. Todos se quedaron boqui abiertos de lo apuesto que salia el azabache, aun poniendo mala cara- Parece que es demasiado gruñón después de todo... -sonrió.

- Pues debe haber alguien que lo soporte, ¿no? -su madre acunó el rostro de Hanji en sus manos, sonriéndose como solo una madre sabe hacer.

Hanji entendió perfectamente las palabras de su madre. Entonces, recordó lo que le dijo Mikasa por el móvil: Levi se había ido enfadado de casa. De repente, se fue a su cuarto a por su abrigo negro y dejó a todos sorprendidos, sentados en el sofá.

- ¡Volvere enseguida! -dijo, metiéndose una caja azul marino en el bolsillo de su abrigo.

- ¿Uh? ¿Qué es eso? -Moblit habló entre Pixis y su padre.

- Es el pañuelo de esta mañana. Ya que me dijiste que se lo regalara, ¿no se lo voy a dar sin envolver, verdad? -se colocó bien sus gafas, en un gesto de superioridad.

- Anda que... -su hermano le sonrió y le hizo el gesto con la cabeza de que se fuera. No tardó en hacerlo.

- Parece que nuestra princesita ya ha encontrado a su príncipe de verdad... -el anciano hablaba, mirando de reojo la carta que le tocaba interpretar- Oh, me toca hacer de caballo... -susurró para si.