Déjame
Lo mataba en sus sueños cada noche pero ni mil muertes podían menguar su dolor porque con cada una de ellas él también moría un poco más ya que, si bien era cierto que le había arrebatado su única razón de vivir también él aunque sea indirectamente había sido el verdugo de los de su sangre. Y aunque suplicara en sueños día con día por el resto de su vida; al igual que el recuerdo de aquellos cuerpos destrozados la culpa por haber cometido aquello seria una compañera que jamás se separaría de su lado.
O al menos no hasta día de su muerte.
