— II —
Bennet Wilcox no podía creer que había encontrado a este hombre. Unos minutos más y Bennet habría perdido al hombre escondido bajo su asiento trasero. No tenía la menor idea de por qué estaba huyendo, pero cada instinto de Bennet le decía que protegiera al humano.
Parecía como si alguien estuviera empeñado en matarlo. Por suerte Bennet estaba aún más decidido a mantenerlo vivo. Tenía que hacerlo, por primera vez en cientos de años, un Chekota Criador había sido encontrado, y estaba agachado en el asiento trasero de Bennet.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó Bennet mientras esperaba que el brazo electrónico se elevara y le permitiera salir del estacionamiento.
—Walt—respondió el hombre—. Walter Reynolds.
—Mantén la cabeza abajo, Walt, hasta que te diga lo contrario. —Bennet activó el intermitente y movió el carro a la derecha como si tuviera todo el tiempo del mundo. No quería atraer ninguna sospecha de quien estuviera vigilando el estacionamiento, aunque no había visto a nadie vigilando el estacionamiento.
Entrando en el tráfico, Bennet tomó la salida hacia la I-4. Se dirigiría directamente a Yosemite. Podría haber conseguido dos boletos en un vuelo nocturno, pero Bennet no quería llamar atención no deseada de esa manera. Por otra parte, podría haber usado su telequinesis para teletransportar a Walt al territorio de Bennet, pero eso estaba fuera de cuestión, ya que no quería asustar al humano y causarle un ataque al corazón.
Nadie podía saber que él tenía a Walt. Si alguien descubría que Bennet tenía a un Chekota Criador, todo el infierno se desataría. Y Bennet había tropezado con el chico por pura suerte. No quería que ningún otro shifter lo descubriera.
—¿Puedo levantarme ahora? —Walt preguntó desde el asiento trasero del carro de Bennet mientras pasaba un tráiler de dieciocho ruedas—. Mi cuello está empezando a sufrir calambres.
Bennet miró por el espejo retrovisor, pero no vio a nadie que los siguiera. —Adelante.
Walt se deslizó al asiento y entonces miró por la ventana trasera. Bennet podía ver la luna llena y gruesas nubes flotando. En noches como ésta le encantaba tumbarse en su porche y bañarse en la luz de la luna. Su pantera negra maulló de acuerdo.
En cambio, estaba conduciendo por la carretera al otro lado de América con un humano que podría tener el potencial de salvar la raza de Bennet.
—¿A dónde me llevas? —Walt preguntó mientras curvaba sus dedos en el respaldo del asiento de Bennet, mirando por el parabrisas antes de que sus ojos color avellana se deslizaran hacia Bennet—. ¿Por qué me rescatas? ¿Nos conocemos?
—Confía en mí —dijo Bennet cambiando de carril—. Si me conocieras, no estarías haciendo esa pregunta.
Walt carraspeó. —Gran ego.
Bennet admitía que tenía un sentido bien desarrollado de sí mismo. Tenía que hacerlo. Él era el Alpha de los RiverWalker.
La confianza era una gran parte de lo que era. —Algo como eso.
—Ego o no, aún quiero saber por qué me estás salvando. —Sus miradas se fijaron en el espejo retrovisor. Bennet pudo ver que Walt estaba trabajando las cosas en su cabeza. Sus labios estaban curvados hacia arriba y sus ojos eran impresionantes. Bennet apartó la mirada. Encontrar a Walt había sido como ganarse la lotería. Fue una oportunidad en un millón. Aún no podía creer que tenía al magnífico hombre en su asiento trasero.
Aunque Walt era una especie rara, Bennet no iba a decirle eso. Los humanos eran conscientes de los shifters, pero no tenían ni idea del complejo funcionamiento del mundo de los shifters. La mayoría de los humanos consideraban a los shifter panteras y lobos como fenómenos de la naturaleza cuya inteligencia apenas llegaba al nivel inferior del coeficiente intelectual.
Los shifters permitían que los humanos siguieran con su ignorancia. Eso lograba controlar su curiosidad e impedía que investigaran más el mundo de los shifters. Les daba la ventaja a los shifters. Su ignorancia también evitaba que los humanos se enteraran sobre los Chekota. Decirle a Walt que había nacido para continuar la raza de las panteras sería una píldora difícil de tragar. El chico no tenía ni idea de que tenía un preciado don.
Está bien, Walt nació para llevar el embarazo de la raza de lobos o panteras, pero de nuevo, Bennet tenía un gran ego. Creía en asegurarse de que su raza no sólo sobreviviera, sino que prosperara. Ninguna pantera o lobo con dones había nacido en cientos de años —siendo Bennet una de las pocas excepciones. Había shifters ordinarios y luego estaban los Chekotas. Estos últimos estaban dotados de poderes especiales —poderes como el don de curar con sólo un toque, ver el futuro, y cualquier número de otros talentos. Pero los Chekota eran una especie en extinción y los shifters habían comenzado a perder la esperanza.
Hasta ahora.
—Tengo que hacer pis —dijo Walt mientras empezaba a moverse en el asiento trasero—. ¿Puedes encontrar una gasolinera?
—¿No puedes aguantar? —preguntó Bennet. Hacer cualquier tipo de parada en estos momentos no sería lo mejor. No sabía si quien estuviera tras Walt estaba siguiéndolo, o si algún otro enemigo sabía que Bennet tenía a un criador con él. Había una gran cantidad de humanos que creían que los shifter deberían ser metidos en un agujero y matarlos. Bennet no quería detenerse hasta estar en territorio de las panteras.
—¿Por cuánto tiempo?
—Aproximadamente treinta y nueve horas.
Walt hizo un sonido que parecía que se tragaba la lengua. —¿Y quieres que aguante tanto tiempo? —casi gritó las palabras.
Apretando los dientes, Bennet tomó la siguiente salida. Divisó una gasolinera, justo adelante. —Hazlo rápido.
Llevó el carro rentado hacia una de las bombas. Podría poner combustible mientras estaban aquí. Saliendo del asiento delantero, Bennet miró el pueblo y sus alrededores antes de abrir la puerta de atrás.
—Ya regreso —dijo Walt y se apresuró a entrar en la estación de la gasolinera y entonces salió y corrió por un lado del edificio. Bennet utilizó su tarjeta de crédito y pagó en la bomba. Se apoyó en el carro, cruzando los brazos sobre el pecho, siempre vigilante.
Cuando la bomba se detuvo, Bennet echó un vistazo hacia el lado del edificio, pero Walt aún no había regresado. Cerró el tapón de la gasolina y luego fue a ver qué le estaba tomando tanto tiempo.
Cuando Bennet rodeó el edificio, vio a Walt correr a través del campo detrás de la estación. Con un gruñido irritado, Bennet cambió y corrió tras Walt.
Para ser un humano, el chico era rápido. Pero Bennet era más rápido. Le tomó solo unos segundos alcanzarlo y saltar sobre él. Walt gritó mientras era impulsado hacia adelante. Bennet cambió de nuevo para atrapar al humano antes de que cayera de cara en la tierra.
—¡Oh Dios mío! —Walt luchaba por liberarse de los brazos de Bennet. Siseaba y gruñía, pateando por liberarse—. ¡Eres un shifter!
Por el tono de temor de Walt, Bennet supuso que el chico no era demasiado aficionado a las razas peludas. —¿Por qué infiernos huiste?
Walt empujó a Bennet en vano. —Por Dios, no te conozco. ¿Qué si me estás engañando? Podrías ser uno de los hombres de Rupert.
—Ya te dije que no lo soy. —Bennet sujetó los brazos de Walt a sus costados. El chico se retorcía demasiado y temía que Walt se lastimara.
—¿Se supone que confíe ciegamente en ti? ¿Tengo 'estúpido' tatuado en la frente? —Las palabras de Walt se cortaron—, podrías estar mintiéndome. Siempre existe esa posibilidad.
Mientras Bennet sostenía a Walt, el olor del humano llenó sus pulmones. El aroma era acogedor e hizo que el pene de Bennet se endureciera. Gruñó ante la forma en que su cuerpo estaba reaccionando en el momento más inoportuno. Bennet levantó a Walt y arrojó al pequeño humano por encima del hombro. Trató de no pensar en lo bien que Walt se sentía en sus brazos, y lo dulce que el hombre olía, o lo mucho que quería joder al chico aquí mismo, detrás de la gasolinera. Bennet normalmente tenía más control sobre su cuerpo que esto, pero Walt estaba excitándolo y eso perturbaba a Bennet.
Walt golpeaba la espalda de Bennet, jaló la cintura de los jeans de Bennet, y trataba de patearlo moviendo sus piernas hacia arriba y hacia abajo, casi logrando golpear a Bennet en la cara con su talón.
Bennet levantó la mano y palmeó el trasero de Walt. —Compórtate.
—¿Acabas de azotarme? —Walt preguntó con indignación en la voz.
«Sí, y maldición si eso no me excita».
—Y voy a hacerlo de nuevo si intentas huir. —Bennet se ganó algunas curiosas miradas de los demás en la estación, pero los ignoró mientras colocaba a Walt sobre sus pies y luego abrió la puerta de atrás—. Entra o te meteré yo mismo.
Walt le dio a Bennet una mirada desafiante, con las manos en puños, levantando la cara hacia él. —Esto se llama secuestro.
—Pruébame. —Bennet agarró a Walt por el cuello de su camisa, dispuesto a empujar al chico al asiento trasero. Pero Walt levantó las manos en un gesto de rendición.
—Puedo entrar yo solo.
Bennet no estaba seguro de si había salvado a Walt o se había condenado él mismo. El hombre le estaba afectando de maneras que Bennet nunca había experimentado antes.
Este iba a ser un largo viaje.
Walt inhaló lentamente, tratando de dar sentido a la situación. Estaba enloqueciendo por estar en el mismo carro que un shifter, pero también estaba tratando de controlar su excitación. No debería sentirse atraído por su captor. Eso no tenía ningún sentido en absoluto.
El tipo entró de nuevo en la carretera sin decir nada más. Walt se sentó en el asiento de atrás, tratando de ver al hombre. Dios el tipo era sexy como el infierno.
«¡Detén eso! Lo que necesitas es averiguar por qué la pantera quiere a un don nadie como tú».
Nada tenía sentido para Walt.
Como nunca se había topado con alguien de esa especie antes, Walt no sabía qué debía hacer. Había un montón de rumores sobre los esquivos shifters que dominaban la costa oeste, pero las panteras no permitían la presencia de extraños en su territorio.
Dado el tiempo que el tipo le había dado a Walt, se dirigían directamente a la tierra de los shifters.
¿Por qué?
Estaba tentado a preguntarle, pero ahora que sabía lo que era su secuestrador, Walt tenía miedo de hacer algún ruido. Sólo veía la parte posterior del cabello en punta del hombre, esperando que no tuviera horribles planes. Ser atrapado por uno de los hombres de Rupert estaba empezando a sonar un infierno mejor que ser rehén de una pantera.
«¿Cómo es que me meto en estas situaciones?»
Walt se mordió el labio inferior, sus ojos regresaron a ver el perfil del tipo. Su captor no estaba lleno de músculos, pero tampoco era un enclenque. Llevaba un traje que le quedaba a la perfección, acentuando su bien definido cuerpo.
Walt se detuvo de babear.
Apenas.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Walt, haciendo todo lo posible para romper el silencio. La pantera no podía enojarse por eso. Lo peor que esta persona podía hacer era ponerle fin a la vida de Walt. Lo que podría ser una bendición, dependiendo de qué misteriosos planes tuviera el tipo.
—Bennet.
¿Por qué Walt estaba esperando algo como Aragon o Lucius? Bennet no parecía tan mal nombre. Al crecer, Walt había tenido un perro llamado Benny. Había sido el mejor labrador negro en el mundo.
Pero decidió no compartir esa pequeña información. Bennet no parecía del tipo que le gustara bromear. Probablemente no encontraría ningún humor en la similitud —o que había compartido su nombre con un perro.
Metiendo las manos entre las rodillas, Walt hizo todo lo posible para lograr descansar un poco. Iba a necesitar toda su fuerza cuando llegaran a su destino. Pero eso no significaba que Walt no fuera a tratar de escapar de nuevo.
—¿Cuánto tiempo más ahora?
Bennet miró el reloj. —Cuarenta minutos menos que la última vez que preguntaste.
Hundiéndose en su asiento, Walt cerró los ojos.
Se despertó con una sacudida, sentándose mientras miraba alrededor. La luz del sol era brillante, haciendo que Walt entrecerrara los ojos para acostumbrarse. Bajó el vidrio de la ventana, y para su consternación, sólo bajó a la mitad del camino antes de detenerse. Pero fue suficiente para tener aire fresco. El viento estaba caliente y húmedo. Afortunadamente Bennet había encendido el aire acondicionado en el carro, pero Walt quería sentir la brisa en el rostro.
Observando un letrero en el camino, Walt se dio cuenta que estaban en Louisiana. —¿Cuánto tiempo dormí?
—Cerca de diez horas.
Maldición, debió haber estado muy cansado. Walt se acordó de su sueño interrumpido en el hotel y la forma en que realmente no había conseguido dormir mucho la noche antes de eso. Ahora que él no estaba agotado, pensó en lo ocurrido en la gasolinera.
Bennet se había convertido en una pantera. Si Walt no lo hubiera visto con sus propios ojos, no lo habría creído. Pero una pantera negra lo había perseguido y lo había derribado.
Walt se acercó a la parte trasera del asiento de Bennet. —¿Por qué me rescataste? —Bennet nunca había respondido a esa pregunta. Su pregunta no incitó ningún cambio visible en la expresión de Bennet. El hombre ni siquiera parpadeó. Frustrado, Walt regresó a su asiento.
Después de conducir cerca de un día y medio, Bennet estaba exhausto. No había dormido, y aparte de para llenar el tanque, no se había detenido. Pero ahora que estaban entrando en territorio shifter, estaba en alerta máxima.
Las panteras tenían propiedades en Arizona, California y Utah, mientras que los Lobos en Oregón, Idaho y Washington. A pesar de que estaba en el territorio de las panteras, no estaba en Yosemite. Eso significaba que tendría que tratar con otras panteras. Y algunos de los Alphas en esta región no eran demasiado amables —incluso con su propia especie.
Sacando su teléfono celular del bolsillo, Bennet marcó el número de su Centinela en jefe.
—¿El encuentro terminó? —preguntó Wes.
—Estoy entrando al Valle del Norte. —El hecho de que estuviera en esta región lo decía todo. El Alpha de esta área era un malhumorado hijo de puta que sabría que Bennet estaba aquí en el instante en que cruzara la frontera.
—Voy a enviar refuerzos para respaldarte.
—No hay necesidad —dijo Bennet—. No quiero darle a Regis alguna razón para iniciar una guerra. Entre menos RiverWalker implicados, mejor. Ya nuestra coexistencia con el clan Regis es inestable.
La mayoría podría pensar que las panteras tenían un problema con los Lobos. Los humanos no sabían que las panteras luchaban entre ellas. Pero mantenían sus disputas en privado, ocultas del mundo exterior.
—Tengo a un Chekota Criador conmigo.
Wes permaneció en silencio antes de que su voz saliera en un tono bajo y ronco. —¿Hablas en serio?
Bennet lo miró por el espejo retrovisor para ver la mano de Walt pegada a la ventana, con la nariz tocando el cristal mientras observaba el paisaje.
Una vez más, su pene se sacudió ante la vista. —Muy en serio.
—Vamos a estar observándote. —Wes colgó.
Bennet deslizó su teléfono celular en el bolsillo.
—¿Acabas de decir que estamos en territorio enemigo? —Walt frunció el ceño mientras contemplaba a Bennet—. ¿Me trajiste hasta aquí para hacer qué, que me maten? Podría haberme quedado en Orlando para eso.
—Nadie te va a matar —Bennet respondió mientras conducía por el maltratado camino—. Pero mantendría mi cabeza abajo, si yo fuera tú. —Claro, Bennet estaba bromeando, un poco—. Las panteras no son conocidos por su hospitalidad.
Bennet estaba tratando de cambiar eso. Creía que si los shifter no se unían, los humanos recuperarían el territorio de la Costa Oeste, una vez que los diferentes clanes pantera se mataran unos a otros. Pero Regis creía en las viejas formas. El tipo no se movía cuando se trataba de la tradición.
La tradición iba a lograr que todos ellos estuvieran extintos. Lo que funcionó hace cientos de años ya no se aplicaba ahora. Había un infierno de más humanos en el planeta y un menor número de shifters. Si no aprendían a trabajar juntos, su especie estaba condenada.
—Si ustedes no pueden llevarse bien con los demás, ¿por qué infiernos metes a un humano en la mezcla? —preguntó Walt—. Sólo digo.
A Bennet le gustaba el seco sentido del humor de Walt. El hombre había sido entretenido durante el viaje hasta aquí. Había tratado de escapar dos veces más mientras que Bennet estaba cargando gasolina. Las dos veces —como con la primera—, Bennet había atrapado a Walt. Y en cada ocasión Walt se puso histérico. Había sabido que Walt iba a tratar de huir. Bennet lo dejó hacerlo.
El chico necesitaba estirar las piernas.
Pero ahora estaban en territorio de las panteras, Bennet no podía permitir que Walt saliera del carro hasta que estuvieran en lo profundo de las tierras RiverWalker. Incluso entonces sería peligroso porque nadie sabía quién era Walt.
Bennet giró hacia el camino que conducía a Yosemite cuando vio un carro estacionado en medio del camino. Cada instinto en Bennet le decía que esto era un montaje. No había un conductor en el carro.
—¿Alguien necesita ayuda? —Walt preguntó mientras se inclinaba hacia adelante, apoyando los brazos en la parte posterior del asiento del pasajero—. Esto me parece muy sospechoso.
—Mis pensamientos exactamente —dijo Bennet, inhalando el olor de Walt y lamentando el movimiento. Su sangre comenzó a correr por sus venas cuando Walt se inclinó aún más cerca.
—Creo que deberíamos salir de aquí —Walt susurró mientras giraba la cabeza y miraba la selva a cada lado de ellos—. La palabra emboscada está gritando en mi cabeza.
Bennet sacó la pistola de la guantera y la puso sobre su regazo mientras movía su carro alrededor del carro abandonado.
Atrapó el movimiento por el rabillo del ojo justo antes de presionar el pedal del acelerador hasta el fondo.
