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Capítulo 30
Un avión privado aterrizó en el aeropuerto principal muy cerca de la bahía donde, un año atrás, había tenido lugar el deceso del primer homúnculo creado a base de clonación. De este transporte de uso exclusivo descendieron por una escalera de fierro un joven de cabello corto y traje blanco llamado Mokuba seguido de su hermano mayor vestido con una capa morada, su nombre era Seto Kaiba.
-Señor Kaiba, nos alegra que haya venido por aquí.
Un trabajador de la empresa se inclinó en una reverencia con respeto a su jefe que lo miraba seriamente.
-Estaré aquí por poco tiempo, o al menos eso espero.
Kaiba siguió avanzando por el camino directo a la salida del aeropuerto; su destino era llegar al mejor hotel de la ciudad para hablar con el dueño, justo como quedaron por teléfono. Terminó aceptando la oferta de trabajar con los servicios hoteleros junto con los parques de diversiones KC para que de esa forma, ambas empresas crecieran. Ese fue el motivo por el cual se vio en la obligación de viajar a la ciudad que le indicaron para crear un parque KC unido al servicio hotelero de la compañía.
Al salir del aeropuerto, ambos hermanos subieron a un auto, también de uso privado, y se marcharon al hotel donde se alojarían.
-¿Estás seguro que debemos dormir en un hotel, hermano?
-Mokuba, si vamos a trabajar con estas personas lo mínimo que debo hacer es verificar la calidad del servicio y saber con quienes haré negocio.
-Eso sí, tienes razón.
Tanto Mokuba como Seto observaron la ciudad y la bahía desde las ventanas del auto sintiendo fascinación por la belleza del lugar.
-Ahora que lo recuerdo, dicen que aquí el amanecer y el atardecer lucen más hermosos que en otros lugares.-comentó Mokuba con una sonrisa en el rostro.
-Para mí eso es lo que menos me interesa.
Kaiba cruzó sus brazos severamente mientras decía esto. Su forma de ser volvió a ser fría como antes desde que Tea había renunciado al trabajo en la compañía. Aun no podía olvidarla, le hacía mucha falta, no como empleada sino como su amiga, confidente y compañera. Su corazón ardía de ansias por verla nuevamente, tenía la sospecha de que el homúnculo había muerto ya, no podía seguir vivo tras un año entero. Esperaba que Tea se hubiera recuperado de la muerte del clon, aunque con lo obsesiva que era tenía la sospecha de que no era así.
Aun resonaban en sus oídos las últimas palabras que le dijo Yami antes de desaparecer junto con Tea.
Cuando muera, asegúrate de cuidarla y hacerla feliz en mi lugar.
Su alma se estrujó por dentro. Eso era lo que más deseaba: cuidarla y hacerla feliz. Desafortunadamente, no tenía ni la más remota idea de donde estaba; supo por Mai que se había mudado pero la rubia no quiso decirle donde, se excusó diciendo que Tea deseaba sentirse libre y descansar. Continuamente pensaba en ella y guardaba la esperanza de que algún día la encontraría, aunque no supiera de qué forma o cómo lo haría.
Tras un largo recorrido, llegaron a su destino y se hospedaron en el hotel indicado. Su habitación era grande y llena de lujos, típico de alguien que representaba el futuro de la compañía hotelera.
Saltando de felicidad, como si todavía fuera un niño, Mokuba se tumbó en la cama con los brazos extendidos hacia los lados suspirando y sonriendo aliviado.
-¡La cama es muy cómoda! ¡Justo como me gustan!
-Mokuba, no te acomodes aquí. Haré lo posible por terminar todos mis asuntos pronto para que volvamos a la Ciudad Domino.
-Pero Seto…-levantó medio cuerpo de la cama haciendo puchero.
-Lo que oíste. No trates de sentirte tan cómodo aquí.
Con paso firme y mirada severa, Kaiba se encerró en el cuarto donde dormiría mientras Mokuba lo seguía con la mirada.
-No has cambiado nada.
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Los pasos de unos zapatos de tacón alto sonaban en el piso de mármol dirigiéndose a la salida del hotel. Después de pedir su identificación de vuelta, cruzó la puerta giratoria y el viento meció su pelo castaño mientras miraba el cielo azul de la tarde. Bajó las escaleras del hotel y se marchó a su hogar recorriendo todas las calles y avenidas. La ciudad se encontraba muy cerca del mar por lo podía ver en ocasiones desde la distancia las aguas azules moverse formando olas. Se detuvo en un puente y miró hacia ese mar azul, el último lugar donde estuvo con su homúnculo. Casi todos esos lugares le recordaban a Yami aunque no sentía el mínimo dolor por él ahora. Sólo era tristeza lo que podía sentir por el ser que creó.
Continúo caminando. Llegó a su casa y se sentó en el sofá una vez estuvo dentro de ella. La casa donde vivía tenía muchos recuerdos de ella con Yami, vivieron en esa casa los últimos días de la vida del homúnculo. Consiguió esa casa gracias a un amigo que la rentaba, pero tras la muerte de Yami se la ofreció en venta ya que nadie querría comprar una vivienda donde hubo un deceso; a pesar de que se anunció que el tricolor murió mientras dormía, la gente temería, muchos era supersticiosos así que no creerían nada de esa historia. Lo más probable era que armaran un escándalo, así que lo mejor fue venderla a la última habitante de ella: Tea. Se sentía más cómoda viviendo en ese ambiente lejos de la Ciudad Domino, lejos de sus amistades y conocidos, al menos en la bahía donde estaba nadie la conocía, aunque se ganó la fama de la viuda negra.
Constantemente recordaba a Yami y todo lo vivido con él; la bahía, el mar, las montañas, todo el ambiente le hacía recordarlo, sin embargo era diferente. Ya no había dolor, ya no sufría por su muerte, ya no lloraba por las noches al acordarse del cuerpo inerte de Yami, ya no sentía pena. Por lo contrario, se sentía aliviada, tranquila, en paz, feliz; después de muchos años de pasar sus días en amargura sus fuerzas y deseos por vivir bien regresaron. Sí, finalmente: estaba dejando morir los fantasmas del pasado que la atormentaron durante días, noches y años.
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La bahía relucía mucho junto con el ambiente natural nocturno dando un espectáculo bello a la gente que habitaba esa zona. Seto Kaiba observaba, desde el balcón de su habitación hotelera, las estrellas relucientes en el cielo y sus pensamientos volvieron a enfocarse en Tea.
-Me pregunto dónde estarás.
Kaiba nunca fue un hombre de pedir deseos a las estrellas, no era creyente de esas cosas, pero en esos exactos momentos en que un cometa surcó el cielo estrellado, pidió con toda la fuerza de su espíritu, alma y cuerpo lo que más ansiaba, lo único que todo el dinero que poseía no podía darle.
-Quisiera verla una vez más. Quiero ver a Tea otra vez.
Apretó con su mano el barandal y sonrió extrañado.
-Que tonto. Estoy pidiendo deseos a algo que no razona como las estrellas.
Giró y entró en la habitación nuevamente, pensando que estaba enloqueciendo. Mañana tendría mucho trabajo por hacer, debía ir a hablar con los dueños del hotel principal. Si hubiera revisado la lista de empleados del hotel hubiera encontrado lo que su corazón estaba buscando realmente.
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Sentada junto a la ventana de su cuarto, Tea no dejaba de mirar las estrellas adornando como puntos blancos y brillosos el cielo oscuro. El transcurrir del año le había ayudado mucho a entender el valor de la vida, la importancia de no dejar pasar el tiempo en balde y en disfrutar cada segundo de ella al máximo. Su querido Yami le ayudó mucho a entender el significado de lo que es "disfrutar y vivir al máximo", él gozó de la vida aunque fue muy corta su existencia; por ese motivo ya no quería perder el tiempo, no más. No volvería nunca más a llorar por los muertos, Yugi estaba en el pasado igual que Yami; ambos tricolores estaban muertos y por muy triste que fuera eso, los muertos no pueden volver a la vida.
Era verdad: amó a Yugi Moto más que a cualquier persona en el mundo, por eso creó un ser a su imagen y semejanza, más ahora su corazón entendía que el amor no consiste en aprisionar a una persona que ya se fue a un lugar mejor; el mismo Yugi no hubiera querido eso.
Su corazón amó intensamente a Yami, al final de todo terminó queriéndolo por ser Yami no por ser parecido a Yugi. Él le dejó una gran enseñanza que nunca podría olvidar, pero era el momento de dejar atrás a Yami. Dejar descansar esos fantasmas que la atormentaron por años.
Justo en el instante en que pensaba eso, un cometa atravesó el cielo nocturno dejando su trayectoria en el camino. Aunque sonara extraño por parte de alguien que siempre fue científica, una especie de corazonada le indicó a Tea que debía hacer una petición a ese astro, era la primera vez que sentía algo así.
Juntó sus manos como si fuera a orar y miró a las estrellas.
-Quiero dejar todo atrás definitivamente. Deseo que pueda amar a otra persona y que logre abandonar cualquier sentimiento que me une con Yami y Yugi.
Momentos después sonrió, es curioso que su alma pidiera esa clase de deseos, sobre todo el de amar a otra persona. Y es que su alma estaba dispuesta, por fin, a querer a alguien en serio.
Se puso de pie y fue hacia su ropero, de entre sus ropajes sacó una caja, la abrió y miró el contenido. Fotos, estaba repleta de fotos de ella con Yugi y Yami; las mismas fotos por las que Yami descubrió la verdad sumada las fotos que se tomó con Yami durante sus vacaciones de dos semanas donde vivieron al máximo sin preocupaciones, sin pleitos, sin reglas.
Examinó por largos minutos cada foto, cada recuerdo que seguía vivo en ella y entonces supo lo que debía hacer: lo último, el final de todo para enterrar definitivamente a los tricolores y cumplir la promesa que le hizo a Yami: olvidar.
Continuara...
Cote Dark Dangerous Love: No sabía cómo darle un final a la participación de Alister y creo que fue lo mejor para él tomar ese camino, aunque no es recomendable. Ya pronto se resolverán tus dudas con respecto a mi chica favorita de Yugioh, XDDD.
