— III —
Bennet maniobró el carro rentado mientras las balas resonaban por todas partes, golpeando los costados del carro. Cuando la ventana trasera fue destrozada, Walt comenzó a gritar.
—¡Quédate abajo! —Bennet gritó mientras el carro se sacudía de lado a lado.
—Me siento saltando como una palomita de maíz. Si no dejas de girar tanto voy a vomitar.
Bennet frenó de golpe y luego movió el carro hacia adelante.
—¡Ya no quiero seguir con esto! —Walt gritó. Bennet sacudía el carro a la derecha—. Déjame salir de este loco viaje de carnaval. Encontraré la manera de volver a casa por mi propia cuenta.
A juzgar por el miedo en el tono de Walt, el hombre no estaba bromeando.
—Mantén la cabeza abajo y estaremos fuera de esto pronto. —Esta no era la manera en que Regis y sus hombres atacaban. El hombre por lo general se mostraba y exigía saber por qué alguien de los Riverwalker estaba en su territorio. Bennet bajó la velocidad del carro hasta una segura antes de que tomar de nuevo su celular.
—Aún no te veo —dijo Wes.
—¿Por qué Regis me ataca con una emboscada y disparos?
El otro extremo cayó en un silencio sepulcral. Bennet podía oír la respiración de Wes pero nada más. Finalmente, el hombre habló. —¿Está alguien lastimado?
—No.
El tono de Wes era frío como el hielo. —Ese hijo de puta va a pagar por esto.
Bennet estaba pensando lo mismo, pero sabía que tenía que averiguar por qué Regis estaba agrediéndolo de esa forma. —Dile a David que entre en el cable y averigüe qué es lo que está pasando.
—Estoy en eso —respondió Wes—. Pero aún voy a colgar a Regis de sus bolas por esto.
Bennet sonrió ligeramente. —Es por eso que eres mi Centinela en jefe.
Dejó escapar un suspiro de alivio cuando entró en territorio Riverwalker un momento más tarde. Los Centinelas de Bennet estaban junto a los árboles, ocultos a la vista mientras veían el carro entrar en sus tierras. Era el trabajo de los Centinelas, vigilar y proteger las fronteras de las tierras RiverWalker.
Cuando Bennet se detuvo frente a su casa, miró hacia el asiento trasero encontrando a Walt aún en cuclillas en el suelo. —Puedes salir ahora —dijo.
—De ninguna manera —respondió Walt, con las manos cubriendo su cabeza—. No quiero recibir un disparo. —Bennet esperó un momento más, pero Walt no se movió.
Suspirando, Bennet salió del carro y abrió la puerta de atrás, jalando a Walt del suelo. Dejó al humano de pie. —Nadie va a dispararte aquí.
Walt entrecerró sus ojos color avellana. —¿Y dónde es exactamente aquí?
Bennet hizo un gesto con la mano hacia su cabaña de madera de dos pisos. —La casa de los Riverwalker.
El lugar era impresionante y hermoso, con paneles solares y electrodomésticos de bajo consumo. Bennet la había construido unos años atrás, después de que los ingresos de su empresa habían superado sus expectativas más salvajes. En su opinión, Bennet no podría vender estas casas de bajo consumo de buena fe sino fuese el dueño de la empresa.
David siempre bromeaba con Bennet de que no sólo era el presidente de Wilcox Corporación, sino también su cliente. Los shifters habían estado luchando durante años para lograr que los humanos fueran más ecológicos. Ellos avanzaban tan lentamente que Bennet sabía que ningún progreso real se habría hecho. Así que los shifters tendrían que asegurarse de que el planeta no se fuera al infierno debido a la contaminación y los basureros tóxicos.
Pero era una batalla cuesta arriba. Los humanos eran perezosos y egoístas. Para ser justos, no todos los humanos eran de esa manera. Bennet estaba de acuerdo en que había muchos que eran conscientes del medio ambiente y el calentamiento global. Simplemente no había suficientes humanos que se preocuparan lo suficiente por el medio ambiente para hacer un cambio.
—Sigues evitando la pregunta —Walt dijo mientras veía la casa de Bennet.
—¿Qué pregunta? —Bennet jugó al inocente. Era algo que normalmente no hacía, pero Bennet no estaba listo para decirle a Walt que el humano le pertenecía y que había embarazos en el futuro del hombre.
Los humanos tendían a enloquecer por cosas como esas. Bennet quería que Walt se adaptara a su nuevo entorno antes de darle la noticia. Bennet había mantenido su deseo bajo control, mientras estaban de camino, pero ahora que estaba viendo a Walt, podía ver la verdadera belleza del hombre.
—Deja de hacerte el tonto —Walt bufó—. Estoy cansado, hambriento, y necesito una ducha. Simplemente dime por qué me rescataste. ¿Para quién trabajas?
—Todo a su tiempo. —Bennet colocó su mano sobre la espalda baja de Walt y comenzó a conducir al hombre hacia el porche delantero—. Tengo comida, una cama, y una ducha caliente esperando adentro.
—Ahora no tengo más remedio que confiar en ti —declaró Walt con un borde de irritación en su tono—. Pero voy a estar vigilándote. —Walt hizo una V con los dedos y señaló de sus ojos a Bennet—. Un movimiento en falso y yo… —El hombre hizo una pausa, como si estuviera pensando en una buena amenaza—, le diré a Rupert donde estoy.
Bennet gruñó. —Entra antes de que palmee de nuevo tu trasero. —Walt había encontrado una buena amenaza. Pensar en alguien viniendo tras Walt erizaba el vello de su cuello. A pesar de que Walt estaba emitiendo una amenaza contra su propia vida, un Chekota Criador muerto no era bueno para la raza de las panteras.
Walt sonrió. —Ten mi amenaza en mente.—Subió al porche moviendo las caderas y entró en la casa de Bennet.
El humano iba a volver loco a Bennet. Podía verlo.
Bennet olió a Wes antes de que el hombre apareciera por un lado de la cabaña. Una de las cejas de Wes estaba levantada. —¿Supongo que no le has dicho por qué lo trajiste aquí?
—¿Has averiguado por qué Regis armó una emboscada? —A propósito ignoró la pregunta de Wes. Bennet se ocuparía de Walt a su manera. El humano necesitaba ser acariciado y cuidado antes de que Bennet le dejara caer la bomba.
Wes negó con la cabeza. —David dice que no ha oído nada que causara que Regis actuara de esa manera.
Bennet se frotó la barbilla. Iba a tener que llamarle y preguntarle a Regis directamente. Bennet no estaba esperando hacer esa llamada telefónica. El Alpha del Valle del Norte no se detendría para decirle a Bennet en donde podía meterse sus opiniones. Aun así, esta era una muy inusual circunstancia y Bennet tenía que llegar al fondo de las cosas.
—Yo me encargo desde aquí —dijo Bennet mientras caminaba hacía el porche—. No quiero a todos rondando a Walt. No sirve de nada asustar al humano a muerte.
Como si eso no hubiera pasado ya un centenar de veces.
Wes se rió. —Oh, vamos. No soy tan intimidante.
—Si no lo fueras, entonces no ocuparías ese puesto. —Bennet dejó a Wes en el patio delantero, mientras caminaba al interior de la cabaña. Aunque sus hombres eran excesivamente leales, Bennet sabía que mantener a los hombres alejados sería un esfuerzo inútil —sobre todo porque todos vivían bajo un mismo techo. Su curiosidad era comprensible. Muchos no habían visto un humano en persona.
Bennet sólo esperaba que Walt no tratara de huir de nuevo. Eso no sería bueno para el humano.
Walt se olvidó momentáneamente de sus problemas mientras veía la casa de Bennet. Era el lugar más cómodo que hubiera visto en su vida. Los muebles no sólo eran grandes sino que también tenían cómodos sofás y grandes almohadas. Había claraboyas en el techo y decorativas alfombras en el piso de madera. A Walt le gustó el patrón de la alfombra de remolinos azul y crema. Los colores le daban vitalidad a la habitación.
Se aventuró a ir más adentro y Walt se quedó sin aliento cuando vio un solárium. Tenía una cascada de aspecto natural en la pared del fondo y tantas plantas que se sentía como si estuviera afuera. El techo era prácticamente inexistente. El vidrio era tan claro que a primera vista, no parecía haber ninguno en absoluto.
El departamento de Walt y de algunos de los vecinos podría caber en esta habitación. Era enorme. La casa hasta ahora era reconfortante y atractiva. Para ser una prisión, no estaba nada mal. Walt caminó por las veredas a través del follaje y se encontró con un estanque de peces en medio de un área sin vegetación.
Empezó a preguntarse una vez más por qué estaba aquí. Si Bennet no trabajaba para Rupert, entonces ¿por qué había rescatado a Walt? Los buenos samaritanos no pasaban por todos estos problemas. Y Walt seriamente dudaba de que el tipo lo hubiera traído al territorio shifter por un capricho.
Las panteras no eran conocidos por su hospitalidad. ¿No había dicho eso Bennet? Con lo impresionante que era este lugar, Walt sabía que tenía que conseguir salir de aquí. Él había cambiado una prisión por otra, y eso no era aceptable en su libro.
Bennet era caliente como el infierno y hacía que el cuerpo de Walt reaccionara de maneras que lo dejaban desconcertado, pero un carcelero era un carcelero. Dios, Bennet era tan malditamente atractivo.
«Ya basta.
Esos ojos azules son francamente sexis.
Él es tu carcelero»
Walt sabía que su voz interior estaba en lo cierto, pero deseaba que lo dejara durante cinco segundos mientras fantaseaba con el atractivo hombre que aceleraba su corazón cada vez que lo veía. Merecía perderse en la lujuria durante cinco segundos antes de tener que volver a la realidad.
Saliendo del solárium, Walt se aventuró por un pasillo. Entró en una cocina que contrastaba con el resto de la casa. Era artística, brillante, y no se veía ni un poco como si la naturaleza se hubiera hecho cargo.
—Hay comida en el refrigerador.
Walt se giró para ver a Bennet de pie en la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho. Sus ojos color cafés estaban vivos con inteligencia mientras Bennet lo observaba. Y si Walt no se equivocaba, también estaban llenos de calor.
Walt se aclaró la garganta y se dirigió al refrigerador. A pesar de su afirmación anterior, Walt no tenía hambre. Su apetito estaba afectado con el estrés de su vida en este momento. La comida era la última cosa en su mente. Aun así, Walt abrió el refrigerador para encontrar estantes con frutas y sobras. Tomó un recipiente en donde había chuletas de cerdo y lo destapó. El olor le hizo agua la boca.
—¿Puedo calentarlo? —Walt preguntó mientras veía alrededor buscando un microondas.
—No soy ni la mitad de malo —admitió Bennet mientras señalaba a un cromado microondas empotrado en la pared. No era como nada que Walt hubiera visto en su vida. Había tantos malditos botones que no estaba seguro de ser capaz de hacer funcionar esa cosa.
Podía ver la leve sonrisa en los labios de Bennet cuando el hombre cruzó la habitación y tomó el recipiente de Walt, mostrándole sin palabras cómo calentar algo. Bennet se movió al refrigerador y sacó un plato de fruta fresca y quesos que estaba envuelto en plástico transparente. Lo dejó en el impecable mostrador.
Una vez que las chuletas de cerdo se calentaron, el apetito de Walt regresó con venganza. Podría haber sido el aroma de la deliciosa comida, pero no estaba seguro, Walt se sentía hambriento. Se sentó en una de las sillas de respaldo alto en la isla y comenzó a comer como si se hubiera negado alimentos por una semana. Mientras comía, Bennet tomó un vaso del gabinete y sirvió una especie de líquido con un tinte de color naranja.
—Jugo de mango —declaró Bennet sin que le preguntara.
—Para ser un carcelero —Walt dijo mientras mordía las rodajas de naranja con el mejor sabor que había comido—. Sabes cómo alimentar a un chico. —Los ojos de Walt rodaron a la parte posterior de su cabeza cuando mordió la chuleta de cerdo. ¿Alguna vez había probado algo mejor? Si lo hubiera hecho, no lo recordaba. Walt lamió el jugo de sus dedos antes de preguntar—: Entonces, ¿qué planes tienes para mí?
Pensó que había colado furtivamente la pregunta.
—Asegurarme de que tengas un montón de comida y descanses —contestó Bennet sin perder el ritmo. El hombre era demasiado inteligente como para contestar la pregunta que Walt dejó deslizar. Pero valía la pena intentarlo.
Walt dejó la conversación y se dedicó a comer la comida frente a él. Cuando terminó, se sintió como un pavo relleno. Su estómago ligeramente distendido y soltó un eructo. Walt rápidamente se cubrió la boca mientras miraba a Bennet.
El hombre se echó a reír. —Me lo tomaré como un cumplido. —Bennet limpió los platos antes de señalar hacia la puerta—. Ven, te llevaré a tu habitación.
Walt no confiaba en este hombre. Nadie podía ser tan agradable con alguien que habían secuestrado. En un primer momento se había ido con Bennet, porque uno de los hombres de Rupert habían estado persiguiéndolo con una pistola. Pero Walt había intentado escapar varias veces, y cada vez Bennet lo había atrapado y empujado de nuevo al carro.
Eso era un claro caso de secuestro.
Walt lo aceptaría por ahora. No tenía otra opción. Pero a la primera oportunidad que tuviera para escapar, la tomaría. Bennet llevó a Walt a un dormitorio por el pasillo. Había una enorme cama en el centro de la habitación que se veía muy tentadora. Había también muchas almohadas de gran tamaño en una esquina.
¿Qué tenía este chico por las almohadas? Quizás a su pantera le gustaba dormir en ellas. La habitación estaba decorada con colores oro y verde. Los colores gritaban masculinidad. Un armario de aspecto antiguo ocupaba el espacio al lado de las almohadas, y de nuevo, los techos tenían claraboyas. Lo que llamó la atención de Walt eran las grandes puertas francesas que llevaban a una terraza trasera.
¿Sería tan fácil huir? Walt sintió su corazón acelerarse ante la posibilidad de salir de aquí.
—Ni siquiera pienses en eso —dijo Bennet mientras le daba una toalla suave a Walt y le señalaba una puerta al otro lado de la habitación—. Mis hombres están vigilando los bosques de los alrededores y no llegarías muy lejos antes de ser visto.
—Tus hombres —preguntó Walt, confundido.
Bennet sonrió. —Soy Bennet Wilcox el Alpha de RiverWalker.
Walt casi dejó caer su toalla. Bennet era un Alpha. Incluso con su experiencia limitada sobre los shifters, Walt sabía lo que eso significaba.
Él estaba en serios problemas.
Después de que Walt se había duchado y se había acostado en la cama, Bennet salió a la suave brisa. Tenía que salir de la casa y respirar un poco de aire fresco. El aroma de Walt estaba volviendo loco al gato de Bennet. Era cada vez más difícil que Bennet evitara frotar su olor por todas partes del humano.
—Puedes salir de tu escondite —dijo Bennet en el suave viento. Sabía que una pantera estaba cerca por el chasquido de las ramas, alertando a Bennet de su presencia. También vio el carro híbrido verde de David estacionado al lado de la casa.
—Sólo quería hablar de unos contratos que están por vencerse —afirmó David mientras se movía a la línea de visión de Bennet, pero los ojos de color marrón oscuro de la pantera seguían viendo hacia la cabaña. David Thompson no sólo era la mano derecha de Bennet y manejaba todo el papeleo de Wilcox Corporación, sino que era el residente friki en el clan Riverwalker y conocía íntimamente las computadoras. Tenían un edificio de oficinas en las afueras de Yosemite, pero David a menudo traía el trabajo a casa.
Evitaba que Bennet tuviera que ir a la oficina todos los días y con Walt aquí, era una comodidad que apreciaba. Bennet no quería dejar al humano solo hasta saber que no intentaría huir.
Bennet bajó los tres escalones para llegar a la ruta de acceso y se acercó a David. —¿Y tu repentina urgencia no tiene nada que ver con que traje a casa a un Chekota Criador?
Los hombros de David se levantaron cuando se encogió de hombros. —Quizás.
Bennet se rió y lanzó un brazo sobre los hombros de David. —A su debido tiempo, David. Deja que se acostumbre a nuestra casa antes de irrumpir allí. Él no confía en mí en este momento y no quiero asustarlo con nuevas caras.
Bennet mantuvo su tono amable cuando habló con David. El chico era el mejor cuando se trataba de contratos y computadoras, pero un poco tímido —incluso para una pantera. Bennet no se sentiría bien levantándole la voz al hombre. —¿Qué necesitas que firme?
Bennet llevó a David al porche donde se sentó y tomó la carpeta de David. Vio por encima los documentos antes de garabatear su firma en la parte inferior. Todo el tiempo, David veía hacia la puerta principal.
—Sin faltarte al respeto, Alpha —David se giró hacia Bennet—, pero ¿él sabe que es un Chekota Criador? ¿Sabe que está aquí para embarazarse y continuar el linaje Chekota?
Cuando la puerta de tela malla se abrió, Bennet levantó la vista para ver a Walt ahí parado con asesinato en sus ojos color avellana.
Regis Caldwell se paseaba por su estudio, la frustración marcando cada uno de sus pasos. La emboscada que había creado no había salido bien. Bennet había sobrevivido. Sin embargo Regis había dado instrucciones explícitas para que sus hombres no le dispararan al Chekota Criador, Regis quería al hombre para sí mismo, independientemente de lo que Rupert hubiera ordenado. Una vez que Regis le robara el premio a Bennet, sería fácil entrar y acabar con los RiverWalker.
