PENÚLTIMO CAPÍTULO

Capítulo 31

Eran las cuatro de la mañana cuando la mujer de cabello castaño despertó, estiró su cuerpo recibiendo el nuevo día que aún no mostraba los rayos del sol. Se quedó mirando el techo durante media hora y recordó lo que debía hacer, lo que había decidido hacer tras reflexionar por horas su decisión. Bajó de su cama, se colocó una blusa amarilla con una mini falda y unos mayones cubriendo sus piernas del frío, agarró todas las fotos de sus dos amores y salió de la casa con ellas en mano.

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Aproximadamente como a las cinco de la mañana, aún en la oscuridad de la noche, el CEO se despertó en la habitación del hotel donde se hospedaba. La reunión a la que lo citaron por el tema de los hoteles y los parques de diversiones era hasta las 11 de la mañana, por lo cual tenía suficiente tiempo libre; perdió el deseo de dormir, así que quedarse en la habitación del hotel encerrado mientras esperaba a que dieran las 10 para ir camino a la asamblea era un desperdicio. Pensó por un momento que conocer el lugar era una buena idea, aunque tampoco era mucho de su agrado; nunca fue un hombre que se interesara en la naturaleza y las ciudades. Caviló por unos minutos el plan matutino y entonces se levantó para vestirse, como siempre, con su gran capa que le daba un semblante severo y poderoso, dejó un recado en la mesa avisando a Mokuba que saldría por ahí antes de llegar a la reunión. Salió de la habitación del hotel.

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Con paso lento, recorría las calles observando cada detalle de los lugares que se mostraban en las fotos. En cada una de ellas estaba acompañada de Yami, en la ciudad, en las montañas, en los ríos, era como si cada lugar tuviera un pedazo de su esencia. Una ligera tristeza se apoderó de ella, pero no era momento de flaquear; tenía que cumplir su propósito, por Yami lo haría, por ella misma. Con cada paso que daba un peso en su cuerpo la aplastaba, como si algo quisiera impedir que fuera al sitio que su corazón le indicaba, pero no dejaría que nada le frenara el llegar al destino señalado.

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Las calles resultaban desconocidas para él, pero no era de las personas que se perdieran tan fácilmente; por algo tenía experiencia en viajar alrededor del mundo. Por la hora supuso que el sol estaría por salir en poco tiempo así que un pensamiento curioso y extraño pasó por su mente: el amanecer. Casi eran las 6, lo que significada que la luz comenzaría a iluminar la ciudad y finalmente aparecería el sol en el horizonte. Un único sonido rompía el silencio en medio de la oscuridad; reconoció que se trataba del sonido del mar. Así que su idea de contemplar el amanecer cobró sentido, por lo que dirigió su caminar a ese mar que se extendía en todo su esplendor.

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Había luz natural iluminando la ciudad, el día estaba comenzado, pero el sol aún no se dejaba ver. La arena del mar tenía un camino de pisadas surcando por la orilla, el ambiente estaba silencioso causando que Tea se sintiera más cómoda mientras caminaba entre la arena. Finalmente detuvo su marcha y se puso de cara al mar mirando cómo la luz iba en aumento. Sería la primera en contemplar la salida del sol, el crepúsculo matutino. Yami murió después de un crepúsculo vespertino, por lo cual consideraba que el momento adecuado para deshacerse del pasado era este, justo cerca del amanecer. Sabía lo que tenía que hacer, llegó la hora.

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Los ojos azules del CEO visualizaron el mar y comprendió que estaba muy cerca de llegar. No era costumbre suya caminar entre la arena del mar, ni siquiera era de visitar playas, pero su corazón estaba ansioso. Algo lo movía hacía allí, algo lo guiaba y no encontraba la lógica, pero deseaba con toda su alma ver ese mar del que tanto se presumía, era bello.

Llegó al mar y comenzó a caminar por la arena mirando a la dirección donde aparecería el sol, cuando de pronto distinguió, con la poca luz que aún había, un camino de huellas que comenzaban a borrarse debido al viento que movía la arena. No parecían tener mucho tiempo allí, así que supuso que la persona que las dejó estaba cerca. Sin darle importancia, continúo su recorrido sin pensar en eso, ni si se encontraría con el dueño de las pisadas.

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Sus orbes azules miraban cada foto, recordaba cada momento en que se las había tomado, en algunas estaba con Yugi y en otras con Yami. Las fotos con Yugi estaban un poco viejas, pero lucían bien a pesar del tiempo transcurrido, mientras que las fotos con Yami se veían más recientes, aunque ya había pasado un año desde que se tomaron dichas fotografías.

Ahora eran los únicos recuerdos que conservaba de Yami y Yugi, no quedaba nada más de ellos en su vida; no había objetos personales, ni regalos, ni nada ya que ella misma destruyó, vendió y regaló todo lo que quedó de ellos asegurándose de que no hubiera ninguna cosa que pudiera traerle a memoria a sus dos amantes tricolores.

Esas fotos eran lo último, por un año se dedicó a acabar con el pasado para enterrarlo definitivamente, dejando sólo esas fotos. Las miró por última vez, en todas sonreía y siempre estaban uno de los tricolores a su lado ya fuera tomándola de la mano, besándola o abrazándola.

Sin sentir remordimiento, ni dolor, ni pena, comenzó a romper las fotos en miles de pedazos, haciéndolas añicos, destrozándolas completamente. Eran tantas que tardó un poco en deshacerlas hasta que por fin lo logró, sus manos estaban llenas de pedazos diminutos de papel. Acercó su rostro a sus manos como si quisiera oler el papel fotográfico, suspiró aliviada y justo cuando una ráfaga de viento matutino surcó la playa llevándose los granos de arena y levantando pequeñas olas, Tea levantó sus brazos y soltó los restos de los recuerdos.

El viento era demasiado fuerte y cada fragmento de papel se fue por los aires perdiéndose para siempre, parecía como si nevara, como copos de nieve en el cielo. Tea sonrió ante el espectáculo presentándose frente a sus ojos; como hojas levantadas por el viento sus recuerdos de Yami y Yugi se iban para siempre, al fin descansarían en paz.

Su concentración en mirar la belleza del olvido fue tanta, que no se percató de algo. Cerca de donde ella estaba, un pedazo grande de fotografía llegó a los pies de un hombre que caminaba por la orilla de la playa, lo recogió sin saber de qué se trataba y se sorprendió al ver a Yami en ese pedazo de lo que parecía ser una fotografía. Levantó sus orbes azules y distinguió, gracias a la luz que iluminaba con más intensidad que antes, a una hermosa mujer de cabellos castaños con la mirada perdida en el horizonte.

Abrió los ojos descomunalmente sorprendido al reconocerla.

-¡Tea!

La aludida también abrió los ojos asombrada sabiendo quien era el poseedor de esa voz, llevaba un año sin escucharla pero jamás podría olvidar al hombre que hablaba de esa forma.

Giró hacia él, ambos estaban perplejos, se miraban con gesto estupefacto mientras el viento movía los cabellos y las ropas de los dos.

-Seto…

Continuara...

El siguiente capítulo es el final.

Cote Dark Dangerous Love: Efectivamente, el final está a un paso. El próximo episodio responderá tus dudas. Gracias por todo el apoyo hasta ahora. Me hizo muy feliz ver tu interés por la historia. Pero ahora es momento de finalizar.