— IV —

—¡Todos ustedes son un grupo de locos! —Walt gritó cuando llegó junto a Bennet—. Quiero salir de este manicomio.

No era así como Bennet tenía la intención de que Walt se enterara, pero el gato ya estaba fuera de la bolsa —por así decirlo. Lo único que Bennet podía hacer ahora era controlar los daños. —Cálmate, Walt.

—¿Cálmate? ¿Cálmate? ¿Estás loco? —El hombre se veía al borde de una crisis nerviosa—. Me arrastraste a través de la nación ¿para qué, embarazarme? — Walt arrojó sus brazos en el aire como si estuviera tratando de asustar a un perro rabioso—. ¡Necesitas que te examinen la cabeza!

Bennet hizo algo que nunca había hecho antes. Se retiró.

Dejando a Walt despotricar, Bennet volvería a salir. Una vez que Walt se calmara, entonces hablarían. Walt no iba a escuchar a Bennet mientras se encontrara en shock.

—Lo siento —dijo David cuando Bennet se unió a la pantera—. Llegó justo en ese momento a la puerta. —Sacudió la cabeza—. Debió haber sido sigiloso porque ni siquiera olí que se acercaba.

Bennet tampoco. —Encárgate de archivar ese papeleo. Yo me encargo de Walt.

David no estaba muy convencido, pero se fue. Bennet podía oler a otras panteras en la zona y sabía que mantenerlos alejados era una batalla perdida. Ninguno se opondría a la orden de Bennet, pero su curiosidad era demasiado grande como para ignorar totalmente al huésped de Bennet.

La puerta de malla se abrió de golpe, y Walt salió caminando penosamente los escalones.

La ceja de Bennet se levantó. —¿A dónde vas?

Walt levantó el brazo y se despidió con el dedo de Bennet mientras seguía caminando. Un gruñido salió de su garganta y Bennet usó su telequinesis para teletransportar a Walt a la silla a su lado.

Walt jadeó y palideció. Miró hacia donde había estaba parado y luego hacia abajo entre las piernas antes de levantar la cabeza y ver a Bennet.

—¿Qué jodidos está pasando aquí?

Bennet podía oír una risita cerca y sabía que una de las panteras estaba muy entretenido.

—No te puedes ir —dijo Bennet con fingida indiferencia, aunque sentía demasiadas emociones para nombrarlas. La idea de que Walt cruzara el duro desierto era francamente aterradora. Por alguna razón Regis estaba en pie de guerra, y Bennet no podía arriesgarse a que Walt fuera capturado por uno de los hombres de Regis.

Además, se estaba encariñando del humano. El gato de Bennet ronroneó con ese pensamiento. Bueno, él estaba más que encariñado, pero tener a Walt en su cama para calmar al hombre no iba a funcionar, a juzgar por el terror en los ojos de Walt.

—Sólo me moviste desde allí. —Walt señaló hacia el camino que se alejaba de la casa—. Hasta aquí. —Señaló a su silla—. ¿Cómo?

Telequinesis. —Bennet se echó hacia atrás, esperando que desatara su ira. Si Walt había enloquecido al saber que estaba destinado a ser un criador, iba a reventársele un vaso sanguíneo por haber sido movido por la mente de Bennet.

La frente de Walt se arrugó, una pequeña mueca se formó en sus rasgos. —¿Has tenido este poder todo el tiempo?

Bennet no estaba seguro de a dónde iba Walt con su pregunta. —Sí.

Walt se puso de pie. —¿Entonces por qué diablos no nos teletransportaste desde ese maldito hotel? —El hombre gritó sus palabras con su rostro de un precioso tono rojo. Bennet no había esperado esto.

—Porque no puedo mostrar ante los humanos lo que soy capaz de hacer.

Los ojos de Walt ardían y su rostro se hizo más rojo. —¿Entonces por qué hicimos ese viaje tan largo?

—Tenía que devolver el carro de alquiler.

—Está bien, entonces ¿por qué no nos teletransportaste fuera de esa emboscada? —Ahora, Walt se veía como si quisiera arrancarle la cabeza a Bennet. Sus dedos se enroscaban y se desenroscaban, sus dientes apretados juntos. Bennet pudo escuchar el sutil sonido, mientras se mantenía en calma. Para un tipo bajito, Walt tenía sus momentos de belicosidad.

—Una vez más, tenía que devolver el carro de alquiler.

—¿Aunque jodidamente nos dispararan? —preguntó Walt.

—Estábamos seguros —aseguró Bennet—. Si hubiera pensado que realmente estábamos en peligro, te hubiera sacado de allí.

Walt se dejó caer en su asiento, con la mirada al frente. —Tengo que estar soñando todo esto. Sí, eso es. Estoy soñando. En cualquier momento voy a despertar y estaré en mi jodido apartamento. Ni siquiera la parte del asesino de Rupert será real.

Bennet esperó.

Walt giró la cabeza y miró a Bennet. Aquellos ojos ligeramente hacia arriba parecían ensancharse. —Aún estás aquí.

—Eso es porque esto no es un sueño —dijo Bennet mientras hacía todo lo posible para contener su risa—. De verdad estás en territorio de las panteras y estas destinado a continuar la línea mágica de la sangre de los Panteras Chekota.

Walt palideció incluso hasta más allá de la manzana de Adán que se balanceaba en su cuello a un ritmo vertiginoso. —No, no es así —refutó rápidamente.

—¿No estarías aquí o no llevarás la línea de sangre? —Bennet preguntó. Se habría reído como lo haría una caricatura por la manera en la que Walt habló si no creyera que el chico enfurecería.

Así que, Bennet se mantuvo en control mientras permitía a Walt procesar la información. Pero la tentación de tocarlo y acariciarlo era fuerte. Quería calmar las preocupaciones de Walt, asegurarle al humano que estaba a salvo y que esta nueva vida era algo para abrazar, no para temer.

El humano comenzó a morder su labio inferior mientras sus ojos color avellana parpadeaban hacia todo el inmenso bosque. Lo más probable era que el cerebro de Walt estuviera tratando de convencerlo de que esto no era real. Pero Bennet sabía que Walt era inteligente. Sólo necesitaba tiempo para entender todo esto. El hombre llegaría a una conclusión racional.

—Estoy muerto, ¿verdad? —Walt finalmente habló—. Rupert consiguió matarme y ahora estoy en una especie de campo elíseos. No me considero a mí mismo un héroe de algún tipo, pero eso tiene que ser la única explicación lógica.

Eso no era una conclusión racional. —Tú no estás muerto.

—Maldición. —Walt se desplomó en su silla—. Entonces finalmente me quebré bajo la presión. Aún estoy en esa habitación de hotel, ¿verdad? Estoy envuelto apretadamente en una camisa de fuerza y alucinando todo esto.

Bennet negó con la cabeza. Walt se cubrió la cara con las manos y luego a través de sus dedos se asomó para ver a Bennet. —Aún estás aquí.

Eso hizo reír a Bennet. No se estaba burlando de Walt, pero la forma en que Walt estaba manejando esto era cómica. Su mente racional no funcionaba y las conclusiones a las que llegaba eran humorísticas. —Te ajustarás a esto. Sólo que es una gran revelación para ti.

Walt se quedó sentado allí por un largo tiempo en silencio. Bennet se levantó y tomó un vaso de agua de la cocina y lo dejó en la mesa, entre ellos antes de tomar asiento una vez más.

—Yo… —Walt parecía estar luchando con sus palabras—. ¿Voy a quedar embarazado? —Tomó el vaso con una mano temblorosa y bebió toda el agua.

—Para ser honesto —dijo Bennet—. No estoy seguro de cómo un humano llegó a ser un Chekota Criador, pero llevas la marca.

Los ojos de Walt fijos en Bennet mientras bajaba el vaso. —¿Qué marca?

Bennet se inclinó y pasó el dedo por la marca fresa en su piel que se parecía a una pantera. Estaba en el cuello de Walt, justo detrás de su oreja. Bennet se había dado cuenta por primera vez de la marca cuando Walt llegó al hotel con sus escoltas. Bennet estaba ahí para unas reuniones de las que tuvo que hacer una salida precipitada con improvisadas excusas.

Después de las reuniones, había subido para ducharse y cazar a Walt, sólo para encontrar al hombre corriendo hacia los ascensores con claro miedo en sus ojos color avellana.

Los sentidos de Bennet se declararon en alerta total. Sólo un hombre que corría por su vida se vería como si hubiera visto al diablo. Para ser honesto, Bennet no tenía idea de quién era Rupert. Pero por la forma en que Walt hablaba del tipo —y el hecho de que él hubiera enviado a un asesino a sueldo tras Walt— Bennet podría inferir que Rupert no era un buen hombre.

Pero Bennet tenía la intención de averiguar quién era Rupert y por qué estaba tras Walt.

Aunque no ahora. En este momento Bennet estaba tratando con Walt. Bennet había traído a Walt aquí con la intención de poner al hombre bajo su protección hasta que una de las panteras mostrara interés por el humano y tomara a Walt como suyo. Pero lo que Bennet estaba sintiendo hacia Walt y los celos que se apoderaban de él ante la idea de que alguien se acercara al hombre sólo le decía que Walt era suyo.

Su gato había reclamado al humano como suyo.

Bennet haría lo que fuera necesario para asegurarse de que Walt tuviera lo que necesitara, incluyendo el cuidado de la salud de Walt. Después de todo, si el destino había cambiado el rumbo y convertido a humanos en Chekota Criadores, entonces, Walt podría quedar embarazado. Él llevaría al hijo de Bennet.

El pensamiento hizo que un escalofrío de miedo y una chispa de emoción recorrieran a Bennet. —Naciste con esa marca —Bennet finalmente le respondido a Walt—. El parche color fresa se asemeja a una pantera.

Walt se estiró y recorrió con la punta de los dedos su marca de nacimiento cuando Bennet se apartó. —Mi marca de nacimiento dice que soy... ¿Cómo llamas a eso?

Chekota Criador —respondió Bennet—. Es el nombre que se le da a una persona que nace para dar a luz a las panteras con capacidades especiales.

—¿Cómo puede un hombre quedar embarazado?

Bennet se pasó la mano por la mandíbula. —Tu cuerpo pasará a través de un cambio que te permitirá llevar un niño.

Walt puso las manos en el regazo, curvando los dedos mientras contemplaba a Bennet con ojos de reproche. —Entonces qué ¿voy a ser entregado a todos tus compañeros hasta que pegue?

Bennet gruñó en voz tan alta que Walt saltó en su asiento. —No vas a ser entregado a nadie. —El aire crepitaba alrededor de Bennet, sus poderes chispeaban mientras su ira lo recorría—. Si alguien te toca, lo mataré.


Unas horas más tarde, Walt estaba en el solárium, tratando de darle sentido a su situación. Se sentó en una piedra grande que estaba junto al estanque viendo a los peces koi nadar alrededor. ¿Qué tan extraño era que una pantera tuviera un estanque?

—Ustedes tienen una vida tan fácil —les dijo a los peces que eran de varios colores: blancos, negros, rojos y amarillo, y azul y crema. Eran verdaderamente hermosos. Podía ver por qué Bennet los había añadido a este lugar, eran impresionantes.

Walt empujó sus piernas hasta el pecho cuando una pantera bajó por el camino. Estaba casi seguro de que era Bennet por la forma y fuerza que emanaba de cada poro del cuerpo del gato. Se dio cuenta de que los ojos de Bennet seguían siendo del mismo color azules profundos aun cuando estaba en su forma de gato. Su pelaje negro era liso y brillante.

Walt quería extender la mano y acariciar al gato, pero el miedo le impedía hacer algo tan estúpido. Bennet en su forma de pantera evidentemente era diferente a su forma humana, pero Walt no podía dejar de ver fijamente la belleza de gato.

La pantera dio un profundo aullido que envió un escalofrío por la columna vertebral de Walt. Por extraño que pareciera, Walt sabía que el sonido no fue para asustarlo, sino para tranquilizar a Walt de que estaba a salvo.

La pantera se dejó caer en el suelo y se estiró, tomando el sol bajo la gran cúpula de cristal. Walt se sentó allí mirándolo, con miedo para hacer un movimiento. Bennet bostezó y Walt vio los gruesos y largos caninos de la pantera. Apoyó la cabeza hacia abajo, haciendo caso omiso de Walt.

Este probablemente era el momento más extraño en la vida de Walt, y era decir algo después de lo que acababa de pasar. El momento era tranquilo y aterrador al mismo tiempo.

Sólo esperaba que Bennet no quisiera ser acariciado. Walt no se acercaría a ningún lugar cerca del gran gato negro.

El sol comenzaba a ponerse por encima de las copas de los árboles, proyectando largas sombras por toda la habitación. Bennet no se había movido. Si Walt no se equivocaba, Bennet se había quedado dormido.

Levantándose de la piedra, Walt bordeó su camino alrededor de la pantera y entró en la casa de Bennet hasta que estuvo de vuelta en el dormitorio. El agotamiento finalmente le golpeó y la cama parecía tan acogedora que Walt se metió bajo el edredón suave y cerró los ojos.

Se tensó cuando sintió que la cama se hundía. Giró la cabeza y vio a Bennet—aún en su forma de gato— estirado a su lado. —Si deseas mantener una vigilancia constante sobre mí, porque tienes miedo de que huya, no tienes que preocuparte. —Un bostezo se escapó de Walt—. Estoy demasiado cansado en este momento.

El gato embistió suavemente la cabeza en un costado de Walt, antes de dejarla descansar en una de las almohadas.

—No puedo creer que vaya a compartir la cama con una pantera —Walt refunfuñó antes de darle la espalda y acomodarse. El aire de la casa tenía una temperatura agradable, pero a Walt le gustaba dormir con una manta, incluso en su apartamento mantenía el aire acondicionado encendido sólo para que estuviera agradable y frío. Era difícil dormir cuando hacía demasiado calor.

Y Bennet exudaba mucho calor.

—¿Te importa? —Walt preguntó mientras jalaba las mantas. Bennet se inclinó y lamió la mejilla de Walt.

—Eso es totalmente asqueroso. —Se apartó, dándole al gato la espalda, cerrando los ojos y rezando para que cuando despertara, todo hubiera sido un mal sueño.


Wes se apoyó en un árbol, mirando hacia la cabaña mientras la cola se movía de ida y vuelta. No podía creer que Bennet hubiera traído a un humano a su territorio. Desde que tenía memoria, ningún humano había puesto un pie en la costa oeste.

Por supuesto, muchos shifters habían viajado al este. Ellos fácilmente podían cambiar de forma y caminar entre los humanos sin ser detectados. Durante años, Wes había observado la peculiar raza, y eran muchas cosas lo que no entendía acerca de ellos.

Como el que ellos aún usaran carros llenos de gasolina cuando los híbridos se encontraban en alta demanda entre los shifters. La tecnología había avanzado en los últimos cien años, sacando de los teléfonos celulares las baterías de litio por teléfonos con energía solar. A los humanos no parecía importarles que las capas de hielo fueran casi inexistentes y que el clima hubiera cambiado tan drásticamente que la agricultura fuera obsoleta. Nadie había cultivado en casi ochenta años.

Al menos no los humanos. Los shifters aún dependían de la tierra para su alimento.

Wes cayó del árbol y cambió cuando vio a John y Thad acercarse a través del bosque, Wes les cerró el paso a Thad. —Bennet no quiere que lo molesten —les dijo a los hombres que se acercaban.

—¿Es cierto? —Thad preguntó mientras sus ojos se dirigían hacia la casa—. ¿Bennet trajo a un humano aquí?

Wes se apoyó contra un árbol, con los ojos siempre vigilantes en la zona alrededor de la casa. Aunque estaban profundamente dentro del territorio Riverwalker, una vez que se difundiera la noticia acerca de Walt, mierda iba a golpear el ventilador. —David dijo que tiene la marca en su cuello.

—Interesante —respondió Thad. Thad era el centinela más joven, sólo estaba en su etapa juvenil. Él tenía mucho que aprender, pero tenía un gran potencial. En ocasiones se exaltaba y no siempre pensaba antes de actuar, pero era un buen luchador para cuidar tu espalda—. ¿Bennet reclamó al hombre para él?

Wes asintió.

—¿Tiene el Chekota Criador un hermano? —La sonrisa de Thad era contagiosa, John se echó a reír. Thad frunció el ceño—. Lo digo en serio.

Las panteras no se preocupaban por el género. El sexo era el sexo y el amor era el amor. Sin importarles a ninguno de ellos lo que colgaba entre las piernas. Si Bennet reclamaba a un hombre, a nadie le importaría. La única cosa que les importaba era que el linaje Chekota continuara.

—David me dijo que Walt es guapo —Thad continuó, obviamente, haciendo caso omiso de las sonrisas divertidas en la cara de todos—. ¿Lo has visto, Wes?

—Aún no —respondió Wes—. Bennet está siendo un poco posesivo en estos momentos. —Todos los gatos lo eran a la hora de aparearse. Aunque nadie se había acoplado en el clan Riverwalker. Los Centinelas eran todos solteros, aunque los hombres tenían amantes, pero ninguna pantera se había establecido. Wes tenía esperanzas de encontrar a su propio Chekota Criador. Sabía que las probabilidades estaban en su contra, pero si Bennet había encontrado uno, entonces había esperanza.

—Vinimos por él —dijo John—, porque queríamos conocer al compañero de Bennet. —John miraba hacia la cabaña—. Aunque no estoy seguro de que Bennet esté dispuesto a mostrar al hombre ahora mismo.

Thad se rió. —Probablemente ya esté tratando de tomar a Walt.

John palmeó la parte de atrás de la cabeza con cabello corto y castaño de Thad. —Ten un poco de respeto.

A juzgar por la mueca en la cara de Thad, le molestó que John lo hubiera castigado frente a los demás. Las panteras tenían un montón de orgullo.

John abrazó a Thad alrededor del cuello, jalándolo en un abrazo para calmar el ego dolido del hombre. Thad dejó de fruncir el ceño y le sonrió de nuevo.

Wes se limpió la garganta por lo fácil que el joven pantera se calmó. —Si van a entrar, traten de mantenerse alejados de Walt en estos momentos, estoy bastante seguro de que Bennet va a gruñirle a quien se acerque al chico.

Una vez más, Thad se rió, pero esta vez mantuvo sus comentarios para sí mismo. Una vez que los tres regresaron a patrullar, Wes se movió y volvió a subir al árbol donde tenía una vista aérea perfecta.

Sólo esperaba que nadie fuera tan estúpido como para entrar en la tierra Riverwalker. Bennet estaba cortejando a Walt, lo que significaba que iba a matar a cualquier persona que se acercara al chico.