— V —

Bennet se estiró y bostezó antes de sentir algo cálido y tentador presionando su pecho. Abrió los ojos para ver a Walt dormido, acurrucado en sus brazos.

Ahora, esa era una muy buena manera de despertar. Bennet acarició el cuello de Walt, inhalando el olor del humano mientras acariciaba la espalda del hombre. Bennet estaba duro, y listo mientras presionaba su erección en el abdomen de Walt. No estaba seguro de lo acogedor que el hombre fuera, pero Bennet podía quedarse aquí y disfrutar de la sensación del cuerpo de Walt hasta que el hombre se despertara y se asustara.

El hombre se agitó, moviéndose más abajo del cuerpo de Bennet. Bennet no estaba seguro de si Walt estaba soñando o si su subconsciente estaba actuando, pero el humano se arqueó ante la mano de Bennet que estaba acariciando lentamente la espalda del chico. Walt lanzó la pierna sobre el muslo de Bennet mientras sacaba su culo.

Esa respuesta sólo hizo que el pene de Bennet se endureciera más.

Los párpados de Walt se abrieron y le tomó sólo un segundo alejarse. —¿Qué estás haciendo?

—Acariciándote —dijo Bennet con un ronroneo bajo—. Ven acá y te mostraré lo que sigue.

Ahora que Bennet había decidido mentalmente mantener a Walt como propio, una necesidad primaria para procrear, para plantar su semilla en el interior del hombre lo abrumaba.

Él quería joder a Walt hasta que el chico no pudiera caminar –o caminara con una pronunciada cojera.

El cuerpo de Walt era como un faro, jalando a Bennet hacia el hombre con un hambre animal.

—No lo creo —dijo Walt mientras rodaba fuera de la cama y se ponía de pie—. No estoy seguro de creer que pueda llegar a estar embarazado, pero no estoy dispuesto a correr ese riesgo.

Bennet se puso a cuatro patas y se paseó por la cama, con los ojos puestos en Walt. —Ven aquí, gatito.

Walt tomó una almohada de la cama y la sostuvo frente a su cuerpo. —No te acerques más.

Bennet se derrumbó de nuevo sobre la cama y se echó a reír. —¿Honestamente crees que una almohada se interpondrá en mi camino? —Se dio la vuelta para alcanzar a Walt, pero el humano dio un paso rápido hacia atrás.

—¡No, significa no! —dijo Walt como si Bennet fuera tonto.

Bennet levantó la nariz. —¿Crees que te obligaría a tener sexo conmigo?

—Duh, no te conozco —respondió Walt.

Bennet estaba muy ofendido. Se dio la vuelta sobre su estómago antes de salir de la cama. —Nunca he tomado a una pareja no dispuesta en mi vida.

Pero podía ver el brillo de curiosidad en los ojos de Walt. El hombre podría estar diciendo que no, pero sus ojos estaban gritando que sí. Sin embargo, Bennet no iba a hacer un movimiento hasta que Walt estuviera totalmente de acuerdo.

Eso no significaba que a Bennet no le molestara. Se dirigió hacia la puerta antes de mirarlo por encima del hombro. —Ven al solárium. Quiero mostrarte algo.

Walt parpadeó y luego frunció el ceño. —Yo no quiero ver tu pene.

Bennet se rió. —Conclusión interesante ante mi invitación, pero eso no es lo que quiero mostrarte... aún.

Walt vaciló y luego se apresuró hacia la puerta, bordeando a Bennet con la almohada aún pegada a su frente. Bennet sacudió la cabeza mientras seguía a Walt. Una vez que entraron en el solárium, Bennet le quitó la mullida almohada al humano y lo condujo a la cascada.

Los ojos de Walt se agrandaron. —Tienes una piscina.

La cascada era alimentada desde lo alto. La cabaña estaba enclavada cerca de un acantilado y el agua que alimentaba la piscina se recirculaba y filtraba de impurezas. La ducha en la habitación de Bennet estaba construida con el mismo concepto, sólo que el agua se calentaba antes de que se utilizara.

Toda la costa oeste usaba molinos de viento como fuente de energía eléctrica. Si sólo el Medio Oeste y la Costa Este hicieran lo mismo. Ellos aún se sustentaban con torres de alta tensión que se había demostrado que causaban cáncer, sin embargo, los humanos se negaron a cambiar a energía limpia.

—¿Quieres nadar? —Bennet preguntó mientras empezaba a despojarse de su ropa. Walt al instante giró la cabeza, las mejillas se colorearon de rosa a rojo. Cuando Bennet estuvo desnudo, se zambulló en la piscina y salió a la superficie para ver a Walt observándolo—. Mantén tu ropa interior, si lo prefieres.

Walt se quitó la camisa y los pantalones prestados. Se quedó allí en bóxer antes de entrar en el agua. Bennet había agregado la piscina el año pasado y se alegraba de haberlo hecho. En la parte menos profunda, estaban los escalones para entrar en la piscina que incluso al pequeño hombre el agua le llegaba al pecho. A la derecha de la piscina había una tina de hidromasaje que Bennet planeaba usar con Walt en algún momento en el futuro próximo.

—Está caliente —comentó Walt mientras permanecía de pie en las escaleras, moviendo los dedos de los pies en el agua.

Bennet señaló hacia el techo de cristal. —El sol calienta el agua.

Walt se movió hacia la piscina. Bennet mantuvo su distancia. Esperaría hasta que Walt se relajara antes de acercarse al hombre. Había más en su relación que sexo. Bennet quería conocer a Walt. Pero hasta que pudiera reclamar a Walt se calmaría, no podía pensar en nada más que hundir su pene profundamente en el cuerpo del hombre.

—¿Le tienes miedo al agua? —Bennet preguntó cuándo Walt al fin entró un poco más.

—No sé nadar —Walt admitió.

—Entonces te voy a enseñar. —Bennet se acercó y tomó la mano de Walt.

Walt comenzó a apartarse, pero Bennet lo movió rápidamente hacia el centro de la piscina. El hombre se pegó a Bennet, aferrándose a su cuerpo.

Bennet se echó a reír. —No te puedo enseñar a nadar cuando estás actuando como un pulpo con sus tentáculos envolviéndose a mi alrededor.

Aunque a Bennet le gustó la cercanía. Sus dedos le picaban por acunar el trasero de Walt y jalar al chico incluso más cerca, pero se comportaba.

—Me voy a ahogar si te dejo.

—El agua solo tiene un metro ochenta de profundidad —señaló Bennet.

—Eso es más alto que yo —declaró Walt mientras sus dedos se clavaban en los hombros de Bennet—. Lo siento, pero no voy a correr ningún riesgo.

Decidiendo dejar que Walt se acostumbrara al agua, Bennet nadó hacia atrás con Walt aún aferrado a él. Extendía sus brazos mientras con los pies pateaba llevando al chico a la parte profunda de la piscina, donde Walt no tendría más remedio que confiar en Bennet para que lo mantuviera a flote.

Las piernas de Walt eran como una tenaza en torno a la cintura de Bennet. Bennet se dio cuenta que su erección se acomodaba contra el bien redondeado culo de Walt. Aunque no estaba seguro de si Walt lo notó. El hombre estaba demasiado ocupado viéndose como si se fuera a ahogar a cualquier segundo.

—Juegas sucio —Walt dijo mientras estrechaba sus ojos—. Ahora llévame de nuevo a la parte menos profunda.

—Nada hacia la parte menos profunda.

Walt gruñó y Bennet estaba impresionado. —Te dije que no sé nadar.

—Entonces suéltame para que pueda enseñarte. —Bennet envolvió sus brazos alrededor de Walt, con la intención de ayudar al hombre a soltarlo. Pero lo que comenzó como una buena intención terminó con Walt sonrojándose y Bennet dolorido con una más profunda hambre de lo que podía haber imaginado posible. El hambre no era sólo por el sexo —aunque ese fue su primer pensamiento— sino por una familia, una pareja que estaría al lado de Bennet, y tener a alguien con quien compartir su vida.

Bennet ansiaba esas cosas, pero nunca había pensado que alguna vez estuvieran a su alcance. Podía ver la posibilidad en los hermosos ojos de Walt.

—¿Listo para nadar? —Bennet carraspeó cuando sus palabras salieron roncas y ásperas.

Walt asintió mientras aflojaba la presión, pero sus ojos nunca se apartaron de Bennet. Sostuvo los costados de Walt, manteniéndolo cerca mientras el hombre comenzó a agitar sus brazos en el agua. —Es un poco difícil concentrarse cuando estás desnudo —dijo Walt antes de que rápidamente desviara la mirada.

Bennet materializó un traje de baño en su cuerpo. —¿Mejor?

Walt arrugó el ceño mientras sacudía la cabeza. —Aún no sé cómo haces eso.

Bennet instruyó a Walt sobre cómo nadar durante las siguientes dos horas. Walt no sólo tomó las lecciones como un profesional, sino que también a propósito salpicó a Bennet un par de veces. Bennet detuvo las lecciones de Walt cuando vio que el hombre se estaba convirtiendo en una ciruela pasa y estaba temblando ligeramente. El sol se había puesto y la luna estaba alta en el cielo, lanzando sombras sobre el agua resplandeciente.

Para su sorpresa, Walt nadó hasta la parte menos profunda y sin ninguna ayuda. —¿Estás seguro de que no sabías nadar? —preguntó Bennet mientras salía de la piscina y materializaba dos toallas, entregando una a Walt.

—Te lo juro. —Walt se rió mientras se secaba—. Nunca he nadado, ni un día en mi vida.

Bennet pudo ver que Walt comenzaba a relajarse. No estaba tan tenso como había estado antes, y nada hacía más feliz a Bennet que ver a Walt sonreír.


A la mañana siguiente Walt abrió los ojos para encontrarse aún en la casa de Bennet. Sólo que Bennet no estaba en la cama. No podía creer que ayer —o el día anterior— no había sido un sueño. Walt realmente estaba en el territorio de las panteras.

Echando a un lado la sabana, Walt se levantó de la cama y abrió las puertas francesas. Se quedó sin aliento cuando vio un gran jardín en la parte trasera, lleno de árboles frutales y verduras frescas. Había incluso un corral con cabras y otro con gallinas.

Walt sintió un hormigueo de emoción recorrerlo mientras salía y veía el jardín. Había de todo, fresas, tomates, y hasta col y pepinos. Estos shifters realmente llevaban una vida sana.

—¿Encuentras todo bien? —Bennet preguntó a su espalda.

—Tienes cabras. —Walt señaló lo obvio. Quería golpearse la frente.

Bennet se acercó aún más en el jardín, arrancando algunas uvas y arrojándolos a la boca. —Y gallinas.

Walt miró el cuello de Bennet y como los músculos de la garganta trabajaban al tragar, luego desvió la mirada. Él podía sentir sus mejillas calentándose y buscó algo inteligente que decir.

—He estado buscando a alguien para hacerse cargo de este jardín. —Bennet arrancó unas cuantas uvas de la vida—. David generalmente lo atiende, pero ha estado inundado de trabajo.

Walt podía sentir la emoción dentro de él. —Soy bastante bueno con la vegetación, solía trabajar en un vivero. Tengo un pulgar verde —se jactó con una sonrisa. Aunque Walt quería escapar de este lugar y salir corriendo por las colinas, tener algo para ocupar su tiempo no lastimaba.

—¿Quieres encargarte del solárium? —Bennet le preguntó mientras le sonreía, y Walt tuvo que contenerse para no inhalar bruscamente. ¿Sabría Bennet lo realmente guapo que era? El aire pareció espesarse alrededor mientras Walt veía los ojos azules de Bennet.

—¿Walt?

Walt parpadeó y sintió su piel cada vez más caliente cada segundo que pasaba. Le resultaba difícil manejar un pensamiento inteligente cuando Bennet estaba tan cerca. El hombre podría ser un loco, pero tenía el poder de hipnotizar a Walt. —¿Sí?

Dios, era un tonto.

—¿Quieres encargarte del solárium? —El tono de Bennet era de diversión. El tipo sabía que Walt estaba mentalmente babeando como un idiota. Sabía que probablemente alimentaba el enorme ego del hombre.

La niebla de lujuria se disipó y Walt fue capaz de pensar de nuevo. —Voy a necesitar botas de hule, guantes, herramientas de jardinería, y un sombrero para el sol. Mi piel tiende a quemarse con facilidad.

La sonrisa de Bennet era de ensueño. —Puedo conseguirte todo eso.

—Gracias. —Walt se apresuró a entrar antes de avergonzarse aún más. Cuando entró en el solárium, vio los elementos que había pedido, en una pequeña mesa. Había incluso un radio junto a los guantes. No estaba seguro de cómo Bennet hizo su pequeño truco, pero Walt estaba agradecido de poder comenzar de inmediato.

Mientras el sonido de jazz llenó el solárium, Walt pasó el resto del día podando un montón de plantas. También las roció con una mezcla de vitaminas que él había creado, cuando trabajaba en el invernadero, una vez hecho esto, tomó asiento junto al estanque. Walt abrió un contenedor de comida para peces y lanzó un poco al agua. El pescado azul comió con avidez, parecía comer más que los otros.

—Ahora, Gismo —dijo Walt, decidiendo que no podía lastimar ponerle nombre al pez—. Deja que los demás coman. —Walt vio que el pez crema era más pequeño que los demás y lo nombró Hammer. Darles a los peces un nombre totalmente masculino podría aumentar su ego.

Walt apagó el radio y vagó en el exterior para contemplar el corral. Él no sabía nada sobre el cuidado de los animales.

—Hola.

Walt se giró para ver a un hombre delgado detrás de él, de piel color chocolate y corto cabello. —Soy David.

Walt se mordió el labio inferior mientras miraba hacia las puertas francesas. Aunque David era mucho más pequeño que Bennet, Walt sabía que el hombre era una pantera. Eso le intimidaba.

—Soy el asistente personal de Bennet —dijo David, en tono suave—. Y no soy una amenaza para ti, Walt. Lo prometo.

Recordaba al chico. David fue el que había dicho que Walt era un Chekota Criador. El hombre estaba tan loco como Bennet. Pero tenía ojos amables. —¿Sabes algo sobre el cuidado de las cabras y las gallinas?

David soltó una suave risa. —He estado cuidando de ellos durante mucho tiempo. Pero mi trabajo se está volviendo demasiado. —David señaló a las cabras—. Hay que ordeñar la cabra. A nosotros las panteras nos encanta la leche de cabra caliente. También tienes que recoger los huevos cuando las gallinas los ponen.

Eso sonaba bastante fácil. Walt nunca se había imaginado a sí mismo como un granjero, pero era mejor que quedarse sentado haciendo girar los pulgares. Él notó cómo David estaba mirando sus botas de hule. —¿Está algo mal?

—Tus botas son... eh... púrpura.

—Bennet las eligió —dijo Walt a la defensiva. Él siempre había amado el color extraño en la ropa —aunque Walt no estaba seguro de cómo Bennet lo había sabido. La gente siempre se había metido con Walt por su forma de vestir, y él no iba a estar aquí y dejar que David se burlara de él.

—No. —David agitó las manos hacia atrás y adelante—. No me entiendes. Me gustan.

Walt miraba al hombre con desconfianza, sin saber si David se estaba burlando de él o no. —No te ves cómo una pantera —le señaló.

David miró hacia la casa. —No todos nosotros nacemos depredadores.

Walt podía oír el tono triste y lamentó señalarle ese hecho a David. Quería cambiar de tema y borrar la triste expresión en los ojos del hombre. —¿No te importa que me haga cargo de la jardinería?

—Date el gusto —respondió David—. Pero ten cuidado con Wes y Thad. Les encanta robar fruta de la huerta. No sería un problema, pero Wes come lo suficiente para tres hombres. —David se dirigió hacia la casa y luego se dio la vuelta—. No dejes que ellos abusen, Walt. Nuestro clan es bueno, pero algunos de los hombres podrían tratar de ver hasta dónde pueden presionar.

Walt sonrió con picardía. —Voy a presionarles en respuesta.

—Bien. —David una vez más se dio la vuelta y se dirigió hacia el interior. Walt tenía la sensación de que él y David iban a ser amigos.

«No, no seas, idiota. No vas a quedarte aquí. Solo estás ocupando tu tiempo hasta que puedas escapar».

¿Por qué ese pensamiento molestó a Walt?