— VI —
Bennet concluyó la última de sus reuniones antes de entrar en su oficina y luego se teletransportó a casa. Encontró a Wes descansando en la sala. Thad estaba en la cocina preparando la cena.
¿Dónde estaba Walt?
Caminó hacia el solárium y encontró al humano sentado junto al estanque, hablando con un pez.
—Ya te lo advertí, Gismo. Si no tratas a Hammer con respeto, voy a tener que separarlos.
Bennet se quedó hipnotizado. Nunca antes había visto a nadie hablar con los peces. Walt aún llevaba las botas que Bennet le había conseguido. No sabía por qué, pero Bennet había querido ver a Walt en esas botas púrpura. El color combinaba con la pálida piel de Walt. También llevaba su sombrero para el sol, a pesar de que el hombre estaba adentro. Walt era toda una visión y esa imagen hacía que Bennet sonriera.
—Los otros están jugando bien. —Walt continuó hablando—. Si no dejas de ser un abusivo, te convertirás en un paria. Confía en mí, no quieres eso. Sé lo que se siente.
El corazón de Bennet se encogió ante las palabras de Walt. No tenía idea como había sido la vida del humano antes de conocerse esa noche en el hotel y ni siquiera lo había considerado. Pero por el tono desolado en la voz de Walt, su vida no había sido fácil.
—La cena está casi lista —dijo Bennet, haciéndole notar su presencia mientras se acercaba a donde estaba Walt, tomando asiento junto al chico—. ¿Cómo ha estado tu día?
Mataba a Bennet pasar tiempo lejos de Walt, pero su empresa no iba a funcionar sola. Eso hacía el cortejo más difícil, pero Bennet sabía que había dejado a Walt en buenas manos. Ninguna de las panteras tocaría a Walt, ni lo asustarían estando aquí.
Sabían que Bennet les cortaría las bolas si lo hicieron.
—Coseché verduras frescas para la cena y alimenté a los animales —dijo Walt—. Incluso podé las plantas de aquí.
Bennet miró a su alrededor y se dio cuenta de lo mucho más saludable que se veía todo. Él frunció el ceño. Un día de cuidar las plantas no debería hacer que se vieran tan vibrantes. —Te mantuviste ocupado.
—Sí, pero ahora necesito una ducha si la cena estará muy pronto. —Walt sacudió su trasero antes de alejarse. Bennet lo siguió. El pequeño humano le fascinaba. Era como si hubiera una cuerda invisible jalándolo tras de Walt, manteniéndolos unidos.
Mientras Walt se duchaba, Bennet teletransportó algo de ropa de una tienda de ropa de su propiedad. La holgada túnica dejaría la piel de Walt respirar y era amplia para cuando Walt quedara embarazado. La prenda era de Seda egipcia y los colores eran brillantes. Él le había dado a Walt también pantalones de algodón. Pero en lugar de zapatos, Bennet había teletransportado unas zapatillas cómodas.
Cambiándose a un par de pantalones de descanso y una camiseta, Bennet esperó a que Walt saliera del baño. No había pensado en nada más que en Walt en todo el día. Eso hizo mucho más difícil trabajar. Cuando Walt salió del baño con nada más que una toalla envuelta alrededor de su cintura, Bennet casi se tragó la lengua.
—Tengo algo de ropa para ti. —Bennet señaló la túnica y los pantalones en la cama. No podía separar sus ojos del delgado físico de Walt. Cruzando la habitación, Bennet jaló la toalla y la dejó caer al piso mientras veía el pene medio duro entre las piernas de Walt—. Eres hermoso.
Walt dio un paso atrás, viendo la ropa en la cama. A juzgar por la expresión de Walt, el hombre se sentía atrapado. —Yo no quiero llegar a ser… —el aliento de Walt salió jadeante.
—Ahora no —dijo Bennet—. No voy a tomarte ahora, Walt. Pero podemos encontrar otras maneras agradables para estar juntos.
Walt se estremeció con el timbre profundo y ronco en la voz de Bennet. Recordó lo paciente que Bennet había sido cuando le enseñaba a nadar, cómo el hombre se había reído cuando Walt le había salpicado deliberadamente. La risa del hombre había sido profunda, cálida y rica. Walt había estado cautivado por el sonido. La mirada que Bennet le estaba dando a Walt debería hacerle desconfiar, estar nervioso. Eso hubiera sucedido hace dos días. Ahora sólo hacía que el cuerpo de Walt reaccionara de maneras que lo dejaban sin aliento.
—De eso se trata —respondió Walt—. Me temo que lo que hagamos no será suficiente y me convencerás de tener sexo contigo.
—¿Tan fácilmente te dejas llevar? —Bennet bajó la cabeza y pasó la lengua por debajo de la oreja de Walt, haciendo que Walt se estremeciera. El olor a almizcle y esencia masculina de Bennet llenaron los pulmones de Walt y lo dejaron jadeando por más.
—Sí, lo soy.
La risa de Bennet tuvo éxito en relajar más a Walt. —Voy a ser lo suficientemente fuerte por ambos. Lo prometo. —Bennet movió la mano de Walt a su ingle, mientras le besaba el cuello. Bennet estaba totalmente erecto, su pene palpitando a través del suave material.
Incapaz de detenerse, Walt palmeó la caliente carne en la mano.
—Quiero joder tu boca —dijo Bennet mientras acariciaba el cuello de Walt—. Quiero ver esos lindos labios abiertos, ver mi pene hundirse en tu boca.
Lujuria recorrió a Walt mientras caía de rodillas. Walt desabrochó los pantalones de Bennet, jaló la tela a un lado, y luego se tragó la cabeza de la erección de Bennet. Lamió la parte inferior, lo chupó, y gimió al saborear el presemen que se había derramado desde la pequeña ranura en la punta.
—Dios, sí —dijo Bennet con un siseo de brutal placer—. Más profundo, gatito.
Walt tomó a Bennet más profundo, pasando su lengua por el pene y deslizándolo a la parte posterior de la boca y luego llevó la carne caliente a su garganta.
Walt lamió con avidez la erección mientras movía su cabeza hacia atrás y dejaba que el eje de Bennet se deslizara por su garganta. Él palmeó las bolas de Bennet antes de mover la cabeza hacia adelante.
Las piernas de Bennet temblaban ligeramente mientras Walt veía el fuego en los ojos del hombre, la lujuria que los llenaba mientras Walt luchaba por complacer al hombre que rápidamente se estaba convirtiendo en lo más importante para él.
«No, no lo es. Deja de pensar de esa manera».
Bennet colocó sus manos sobre la cabeza de Walt, sujetándolo antes de mover sus caderas hacia atrás y hacia adelante. Walt rodó las bolas de Bennet en su mano mientras Bennet comenzaba a moverse más duro.
Walt tuvo un segundo para tomar el aliento antes de que Bennet apretara la mandíbula, y chorros de esperma llenaran la garganta de Walt. Incluso antes de que hubiera terminado de lamer a Bennet y limpiarlo, el hombre levantó a Walt y lo acostó sobre su espalda y entonces Bennet se tragó el pene de Walt.
Walt gritó una palabrota mientras giraba sus caderas, retorciéndose bajo el potente toque de Bennet. Bennet sostuvo las caderas de Walt en su lugar mientras llevaba el pene de Walt a su garganta.
Aguantar más tiempo no era opción. No cuando Bennet insertó un dedo en el culo de Walt. El grueso dígito se movió hasta que Bennet tocó el punto caliente de Walt y Walt gritó mientras se corría, sacudiéndose y estremeciéndose mientras Bennet lo bebía, lamiendo un camino por el pene hasta que se ablandó, antes de apartarse.
La mayoría de los hombres con los que Walt había estado habrían encontrado una razón para irse una vez que la diversión había terminado. Walt temía que Bennet hiciera lo mismo, dejándole una sensación de frío y soledad. Bennet no hizo eso. Levantó a Walt y lo envolvió en sus brazos.
Walt estaba aturdido. Estuvo a punto de pedirle a Bennet que lo jodiera hasta que una imagen de un vientre hinchado invadió su mente. La imagen mató las palabras antes de que tuvieran la oportunidad de formarse.
Walt miró la túnica y los pantalones que Bennet le había ofrecido. —Por favor, no me digas que los robaste. —Walt dijo mientras metía la cara en el fuerte pecho de Bennet, inhalando el olor del hombre.
—Son de mi tienda de ropa —Bennet admitió—. Voy a dejar que David lo sepa para que pueda retirarlos del inventario.
Walt se apartó. —¿Cuántas empresas tienes?
—Las suficientes para no tener que preocuparme por ir a la quiebra pronto.
Walt tomó la ropa y la examinó. La camisa estaba hecha de la tela más suave que Walt hubiera tocado. Era tan suave que Walt creería que estaba hecha de aire si Bennet no le hubiera dicho que no era así. Se dio cuenta de que la tela no era barata.
Al parecer, Bennet no era dueño de Walmart. Las etiquetas de los precios no eran nada despreciables. Incluso había un par de zapatillas a los pies de la cama. —Gracias.
Bennet tomó la mandíbula de Walt, colocando un suave beso en los labios. —De nada.
Tomando los artículos que Bennet le había dado, Walt se dirigió al cuarto de baño. Se detuvo cuando vio una sombra que se movía más allá de la ventana.
Bennet estaba en marcha en cuestión de segundos. ¿Cómo infiernos había alguien logrado superar a sus Centinelas? Su pregunta fue respondida cuando vio a Thad tendido en el suelo, inmóvil.
—Cuida de Thad y de Walt con tu vida —Bennet le gritó a Wes mientras cambiaba a su forma de pantera y fue tras el ligero aroma. El que había llegado tan cerca de su casa era una pantera. Le enfureció a Bennet saber que alguien había entrado en su territorio. Iba a enfrentar al intruso de una manera que haría que cualquier persona lo pensara dos veces antes de acercarse al territorio Riverwalker.
Bennet corrió por el bosque, siguiendo el olor dejado por el intruso. Cuando Bennet se acercó a la sinuosa carretera que conducía a su casa, vio un carro azul en la distancia. Mentalmente maldijo antes de cambiar y regresar a casa.
Thad seguía inconsciente, y Wes levantó un dardo. —Quien fuera, tranquilizó a Thad.
Ya era hora de que Bennet tuviera una charla con Regis. —Voy a llamar a Devyn para que vigile a Thad —dijo Bennet, sabiendo que el sanador del clan estaba en la ciudad, surtiéndose de sus suministros médicos—. Mientras tanto, llévalo adentro y acomódalo en el sofá.
Mientras Wes hacía lo que se le ordenó, Bennet llamó al sanador del clan, le explicó a Devyn lo que había pasado y luego colgó. Bennet entonces le marcó a Regis.
—¿A qué debo esta molestia? —Regis preguntó mientras contestó su teléfono. Bennet apretó los dientes y contó hasta diez. Él no iba a entrar en una pelea a gritos con el imbécil.
—Quiero saber por qué estás atacándome y a mi clan. —Bennet miró hacia la sala para ver que Thad aún no se había movido, si algo le pasaba al joven Centinela, Bennet iba a arrancarle las bolas a Regis a través de la boca.
—Por mucho que amaría tomar el crédito por cualquier cosa mala que te pase, no he hecho nada... últimamente.
Bennet sabía muy bien que Regis quería el territorio de los Riverwalker. La mayoría de las panteras hacían todo lo posible para evitar a los otros clanes. Todos los Alphas habían acordado mantener su propio terreno. Pero había unos cuantos —como Regis— que querían ser dueños de toda la costa oeste.
«Bastardo codicioso».
—Fui atacado y acribillado de camino a mi casa, Regis. ¿Estás diciéndome que no tuviste nada que ver con eso? —Bennet no podía creer que Regis no supiera lo que sucedía en su propio territorio. Eso era una estupidez. Ningún Alpha que se precie de serlo permitiría que sucedieran ataques sin su conocimiento.
—¡Tuvo mucho que ver con eso! —Walt gritó desde atrás de Bennet. Fue lo suficientemente alto para que Regis lo oyera. Bennet ni siquiera sabía que Walt estaba en la habitación. El hombre tenía los hombros tensos y miró a Bennet—. ¿A quién le estamos hablando? —susurró Walt.
—Veo que tienes público —respondió Regis burlonamente—. ¿No eres lo suficientemente hombre para manejar tus propios líos?
—Soy lo suficientemente hombre. —Bennet gruñó las palabras.
—¡Limpiará el suelo contigo! —Walt gritó una vez más desde detrás de Bennet.
Bennet se giró y envolvió su brazo alrededor de los hombros de Walt y colocó su mano sobre la boca del chico. Este no era el momento para que el humano se hiciera valer.
—¿Es una amenaza? —Regis gruñó.
Walt luchó para liberarse, pero Bennet lo sostuvo con firmeza. —Eso no es una amenaza, Regis. Vi a uno de tus hombres acercarse a mi cabaña. Si no dejas de hacer eso, nos obligarás a ir a la guerra.
Walt levantó la pierna y pisoteó el pie de Bennet. Bennet maldijo mientras mantenía su brazo alrededor de Walt. La pequeña mierda era fuerte cuando quería. No estaba seguro de por qué el hombre lo estaba defendiendo de esa manera tan vehemente, pero no era el momento para que el chico se enfureciera.
—Cuando envíe a mis hombres, Wilcox, lo sabrás. Hasta entonces, déjame en paz. —Regis colgó.
Bennet lanzó el teléfono sobre el mostrador antes de envolver a Walt entre sus brazos. —¿Qué fue todo eso?
Walt sacó la barbilla con una mirada de desafío. —El otro tipo te estaba hablando golpeado.
Bennet podía oír una risita proveniente de la sala y sabía que Wes encontraba la conversación entretenida. Bennet le dio a Wes una mirada fija y el Centinela se arrodilló junto a Thad, examinando al hombre.
—Yo no necesito tu ayuda. —Bennet estaba furioso. Aunque se alegraba de que Walt estuviera comenzando a ser parte del clan, el hombre iba por el camino equivocado. Tuvo que contar hasta diez, o habría puesto a Walt sobre sus rodillas.
—Parecía que la necesitabas —Walt murmuró antes de alejarse. Bennet miró a Walt con la boca abierta. ¿Hablaba en serio el chico? ¿Durante qué parte de su llamada telefónica a Regis, Bennet parecía que no tenía el control de la situación? Dando un gruñido bajo, Bennet fue tras de Walt.
Lo encontró en la parte trasera del jardín, con una expresión desolada en su rostro. Era la misma expresión que Walt tenía mientras hablaba con los peces. Bennet ni siquiera se había dado cuenta de que Walt llevaba la túnica y los pantalones. La ropa se veía impresionante en el delgado hombre.
—Lo siento —dijo Walt sin girarse—. No sé lo que se me metió.
Bennet se acercó al hombre que sería su pareja y envolvió sus brazos alrededor de Walt. Apretó la espalda de Walt contra su pecho, con la mirada perdida en el bosque. —Regis es una mala persona. No quiero que sepa que estás aquí.
—Eres la primera persona en la que he confiado en mucho tiempo —Walt confesó mientras sus dedos se cerraban alrededor de los brazos de Bennet. Bennet bajó la vista y vio como el viento alborotaba el cabello de Walt, moviendo las hebras suavemente. Se sentía mal por haberle gritado al hombre, pero sabía que Walt tenía que aprender a no interferir en las llamadas telefónicas de Bennet.
Aun así, Bennet no pudo resistir besar a Walt en la sien mientras le decía con suave voz. —No soy tu enemigo, Walt.
—Las cosas están muy confusas en estos momentos. —Bennet notó la amargura en la voz de Walt, y una extraña oleada de proteccionismo lo recorrió.
Abrazó a Walt fuerte. —Vamos, o nos vamos a perder la cena.
—¿Qué pasa con Thad? —preguntó Walt—. ¿Va a estar bien?
Bennet llevó a Walt por la puerta trasera, el olor a pescado era fuerte en el aire. La boca de Bennet se hizo agua cuando Blaine apagó la estufa. Había seis solteros que vivían en esta casa y todos se turnaban para cocinar. Sin preguntar, Walt comenzó a ayudar en la cocina. Blaine le dio a Bennet una mirada especulativa, pero Bennet solo se encogió de hombros.
—Los platos están aquí si quieres ayudar —le dijo Blaine a Walt mientras sacaba una pila de platos y se los entregaba. Bennet pudo ver que Walt estaba un poco nervioso alrededor del otro hombre, pero trató de ocultarlo mientras ponía la mesa. Blaine seguía mirando a Walt, con una expresión de curiosidad.
Los otros hombres comenzaron a entrar en la cocina, todos menos Thad.
—Sólo tiene que dormir la mona —Devyn dijo mientras tomaba asiento—. Va a estar bien, pero aun así mantendré un ojo en él por si acaso.
—¿Has averiguado quién era la persona afuera de la ventana? —Blaine preguntó mientras tomaba asiento, haciendo una pausa cuando vio a Walt sentarse junto a Bennet. Ese era por lo general el lugar de Blaine, pero el hombre no dijo una palabra mientras se sentaba en otro lugar.
—Atrapé el aroma de una pantera, pero él se escapó. —A Bennet no le gustaba ser derrotado y estaba decidido a averiguar qué infiernos estaba sucediendo en su territorio. Nada tenía sentido. Regis negó cualquier participación, pero a Bennet no se le ocurría ninguna otra explicación.
—¿Dónde infiernos estabas, Wes, cuando todo esto estaba pasando? —Blaine preguntó mientras llenaba su plato.
—Teniendo sexo con tu madre, cabrón maleducado —Wes respondió. Ambos hombres se gruñían el uno al otro, pero Bennet sabía que no llegarían a las manos. Ellos eran los mejores amigos y siempre actuaban de esa manera.
Pero la expresión de Walt le decía que él pensaba que los dos hombres estaban a punto de destrozar la cocina. El hombre estaba allí con la boca abierta viendo a los dos.
—Ya te acostumbrarás a ellos —le dijo David a Walt—. Son como la mala medicina. Sólo tienes que hacer una mueca y tratar con eso.
Wes gruñó, pero tomó su comida en vez de comentar el insulto de David. Walt tenía una peculiar expresión antes de disculparse y levantarse de la mesa.
—No creo que estuviéramos tan mal —dijo Wes.
Bennet tampoco. Pero se levantó para revisar a Walt y encontró al hombre inclinado en el baño, con sudor cubriendo su cara. Bennet se acercó a tocar la frente de Walt justo cuando el hombre se desmayó y empezó a caer al suelo.
