— VII —

—Walt está ardiendo.

Devyn siguió a Bennet a la habitación donde había acomodado a Walt. Bennet sabía que Devyn era un maldito buen médico, pero él era un doctor pantera. Sólo esperaba que el hombre supiera qué hacer por Walt.

Llegando con Walt, Devyn sacó una linterna de bolsillo y apuntó cada uno de los ojos del humano. Comprobó el pulso de Walt, y luego su temperatura. A Bennet no le gustó cuando Devyn gruñó. Devyn deslizó la linterna lapicera en el bolsillo antes de girarse hacia Bennet con una mirada pensativa.

—Bueno —preguntó Bennet. No era de juegos ni tenía paciencia. Sabía que Devyn no estaba deteniéndose intencionalmente, pero Bennet quería saber qué demonios le pasaba a Walt.

—¿Han tenido sexo ustedes dos?

Cualquier otra persona que hubiera hecho esa pregunta, estaría recogiendo sus dientes del suelo. Pero Devyn era médico así que la pregunta tenía que tener cierta relevancia. —No penetración. —Incluso a Bennet, su respuesta le sonó demasiado malditamente clínica. Definitivamente no iba a entrar en detalles—. Oral.

Devyn asintió. —No voy a pedir que des los detalles. —El tipo arrugó la nariz como si no quisiera la imagen en su cabeza. Devyn podría ser su médico, pero Bennet y Devyn también eran buenos amigos—. Pero voy a asumir que tu semen está dentro de él.

Bennet se apartó, curvando el labio por la forma en que Devyn había expresado su suposición. —Esto es…

—Extraño —Devyn terminó por él—. Lo sé, pero si el humano… —Devyn hizo girar su mano, dejando que Bennet supiera que no quería repetirse— entonces su cuerpo está pasando por el cambio.

Está bien, Bennet estaba totalmente perdido. —¿Puedes ser un poco más específico?

Devyn se apoyó en la cómoda, con una expresión pensativa.

—Aunque nunca he oído hablar de un humano siendo un Chekota Criador, eso no significa que no vaya a pasar por el mismo proceso que cualquier otro Chekota Criador. Su cuerpo se está preparando para ser embarazado.

Bennet se pasó la mano por la boca mientras daba un paso hacia la cama, y se dejó caer sobre el colchón. —¿Qué puedo hacer?

—Mantenlo hidratado —dijo Devyn—. Los síntomas deben desaparecer una vez que el proceso se haya completado.

—¿Quieres decir una vez que quede embarazado? —preguntó Bennet.

Devyn se rió, sus ojos de obsidiana llenos de alegría. —No, quiero decir que una vez que su cuerpo termine el cambio.

Era cierto que Bennet había querido una familia, quería a alguien que llamara suyo. Pero nunca había soñado con que el proceso fuera tan complicado. Al ser de la raza pantera, el sexo nunca fue un problema cuando se trataba de sexo. Pero Bennet había pensado que si alguna vez tuviera hijos, vendrían de una mujer.

Parecía que el destino tenía otros planes. Sí, sabía que Walt era un criador, pero los detalles de la forma en que iba a suceder, no habían entrado en su mente. Su cerebro había estado demasiado preocupado por conseguir llevar a Walt a la cama.

—Sólo mantenlo cómodo. —Devyn le dio al brazo de Bennet una palmadita antes de girarse para irse. Bennet tomó un paño y lo humedeció con agua fría, colocándolo sobre la frente de Walt.

Hubo un fuerte tirón en el corazón de Bennet y sabía que estaba empezando a importarle Walt—realmente a importarle. Por primera vez en su vida, Bennet se estaba enamorando. Sus emociones estaban por todo el lugar, por lo que Bennet se sentía como que no sabía si iba o venía. Colocó su mano sobre el pecho de Walt, sintiendo el fuerte latido. La necesidad de estar cerca del humano ardía dentro de Bennet. Era una llama constante que quemaba sus entrañas con una fiebre posesiva.

Walt se agitó. Sus párpados se abrieron lentamente antes de que sus ojos avellana se posaran en Bennet. —Oh, hombre. Pensé que lo había soñado todo.

Bennet dio la vuelta al paño sobre la cabeza de Walt. —Lo siento, estás atrapado en mi lio.

Walt extendió la mano y tomó el paño de la cabeza, colocándolo junto a él cuando trató de incorporarse.

—Wow. —Bennet colocó sus manos sobre los hombros de Walt, alentándolo a acostarse—. El doctor dijo que debes descansar.

Levantando la mirada hacia el techo, Walt preguntó: —¿Qué me pasa?

Bennet vaciló. No estaba seguro de cuanto enloquecería Walt cuando se enterara que su cuerpo estaba pasando por un cambio que haría que pudiera quedar embarazado. No todos los días se le decía a un hombre que podría concebir. —Hablaremos más tarde.

Walt entrecerró los ojos. —Eso significa que no quieres decirme. —Walt señaló con su dedo la cara de Bennet—. Ya te conozco.

Eso agradó a Bennet más allá de las palabras. Le gustaba que Walt lo conociera. Pero ahora no era el momento para sonreír. Walt lo podría tomar de la manera equivocada. Sabiendo que el tipo no lo dejaría hasta que Bennet le dijera, se sentó en la cama y le explicó lo que había dicho Devyn.

La mano de Walt revoloteó hasta su estómago. —Tienes que estar bromeando.

—Me temo que no. —Bennet reajustó el paño sobre la cabeza de Walt—. Voy a buscar algo para que bebas. Devyn dice que necesitas mantenerte hidratado.

Sin decir nada más, Bennet dejó a Walt para ir por algo con electrolitos. Cuando regresó, se encontró con el hombre saliendo de la cama. —¿Qué estás haciendo?

Walt le dirigió una mirada que debería haber congelado a Bennet en el sitio. —Salir de aquí. Todos ustedes son una pandilla de lunáticos. Los hombres no se embarazan. No puedo creer que casi me convences de todas estas tonterías.

La ira tensó todos los músculos en el cuerpo de Bennet. Sabía que tenía que tener cuidado con Walt, pero iba a hacer lo que fuera necesario para asegurarse de que el hombre no se fuera. —Uno, es demasiado peligroso que salgas de aquí solo.

—Entonces llévame —dijo Walt con un toque acerado en su tono.

Bennet ignoró la petición del hombre. —Dos, eres un Chekota Criador. No puedo dejar que te vayas.

Walt se llevó el dedo al lado de su cuello, donde su marca de nacimiento yacía. —Esto no prueba nada. —Los hombros del humano cayeron—. Por favor, sólo llévame a casa. No soy una fábrica de bebés, Bennet. Me gustas. En serio. Pero lo que estás diciendo no es ni remotamente posible y tengo que salir de aquí antes de que me arrastres en el abismo de la locura.

La desesperación que llenaba los ojos de Walt, hizo un nudo el corazón de Bennet. La mente de Walt estaba teniendo dificultades para enfrentar que era posible que concibiera. El chico estaba mentalmente luchando en contra de la idea. Bennet no culpaba al hombre. Walt no lo conocía. Si se encontrara en sus zapatos, Bennet sabía que para él sería una píldora difícil de tragar.

—Entonces olvídate de todo lo que te dije. —Esas fueron las palabras más duras que Bennet hubiera dicho—. Quédate hasta que estés mejor, Walt. Y entonces, si sientes la necesidad de irte, te llevaré a casa.

Bennet no iba a obligar a Walt a nada en esta vida. Quería que Walt quisiera estar aquí. Él era muchas cosas, pero secuestrar y forzar creencias sobre otra persona no era su estilo. —Aunque tengo que averiguar quién está detrás de ti antes de dejarte en libertad.

El corazón de Bennet se estaba rompiendo.

—No regresaré a Orlando, así que los hombres de Rupert no me van a encontrar —dijo Walt.

—¿Quién es Rupert? —preguntó Bennet.

Un visible escalofrío recorrió a Walt. —¿De verdad no lo sabes?

Bennet negó con la cabeza.

Walt dejó escapar un largo suspiro antes de sentarse en la cama. —Yo estaba en ese club cuando decidí salir a tomar un poco de aire. Había tres hombres en el callejón y un chico de rodillas, rogando por su vida. Yo estaba demasiado aterrorizado para volver a entrar, porque no quería hacer ruido y llamar la atención de nadie. —Walt deslizó las manos por sus muslos y Bennet podía verlas temblando ligeramente.

—Uno de los tres hombres dijo algo que no pude oír antes de que le disparara al chico que estaba de rodillas. Esperé hasta que los tres hombres se fueran antes de acercarme al chico. —Walt tragó—. Estaba muerto. Salí corriendo y fui directamente al departamento de policía.

—¿Supongo que sabes quién era el tirador? —preguntó Bennet.

Walt asintió. —Es un señor de la droga. Vi su foto una vez en el periódico y lo reconocí. Melvin Rupert.

Bennet se quedó inmóvil. ¿Por qué ese nombre le sonaba tan familiar? Pero por más duro que Bennet se devanaba los sesos, no podía recordar. Haría que David lo investigara. —Entonces déjame arreglar la situación de tu seguridad antes de que te vayas.

Walt levantó la cabeza. —No puedes arreglarla, Bennet. Rupert no es un hombre con quien se juegue. Él te matará antes de que te enteres que va tras de ti.

—Recuerda —dijo Bennet con un gruñido—. Tengo un gran ego. Sólo dame unos días para resolver esto.

—Unos días —Walt estuvo de acuerdo—. Entonces, ¿me llevarás a casa?

Con el corazón encogido, Bennet asintió.


—¿Cómo está Walt? —David le preguntó a Devyn una vez que volvió a entrar en la cocina.

Devyn había notado cómo David y Walt habían empezado a hablar y estaba feliz de que David tuviera a alguien con quien pudiera relacionarse. El asistente personal de Bennet era una persona tímida, y conectar con alguien podría hacerle bien al hombre. —Su cuerpo se está preparando para la concepción.

—La fábrica de bebés se está abriendo —dijo Blaine mientras llevaba el tenedor lleno de brócoli a la boca. Para un hombre que se ganaba la vida con el don de la palabra, a veces Blaine podría ser de mal gusto.

—Eres un imbécil —dijo Devyn.

Blaine se encogió de hombros. —Me gano la vida con discursos estructurados y palabras cuidadas. ¿Por qué tengo que pretender en casa?

«Buen punto». Aun así no excusaba su falta de cuidado. Pero esa no era una batalla que Devyn estuviera dispuesto a librar.


A la mañana siguiente Walt se sentía mejor. Decidió que ordeñaría a la cabra y cuidaría el jardín. Necesitaba algo para ocupar su mente. La idea de que podía quedar embarazado era ridícula, y no iba a jugar con la idea de que su cuerpo estaba listo para concebir. Sólo la idea de llevar un bebé hacía que Walt sintiera escalofríos.

Bennet le había dicho que la cabra chico era billy y la cabra chica era nanny. Walt tomó un taburete y un cubo, poniéndolos al lado de la cabra. —Hola, nanny.

La cabra miró a Walt con una expresión en blanco.

—Voy a tomar un poco de leche, si no te importa. —Walt se sentía incómodo tocando el bajo vientre de la cabra, pero sabía que era un proceso natural. Sólo esperaba hacerlo correctamente.

Vio que Wes y Thad lo observaban, y Walt maldijo su suerte. ¿Por qué no podrían esos dos ir a buscar algo que hacer?

—¿Qué estás haciendo? —Bennet preguntó mientras caminaba detrás de Walt.

—Ordeñando la cabra. —Duh, ¿no era obvio?

Wes y Thad ululaban de risa y Walt no podía entender por qué. ¿Qué era tan malditamente gracioso en lo que estaba haciendo?

—Uh, Walt —Bennet se acercó más y se colocó en cuclillas antes de señalar a la cabra—. Ese es el macho cabrío.

Walt se quedó inmóvil, sintiendo su estómago revuelto. —Estoy ordeñando su…

—Sí, lo haces.

Walt salió disparado de su asiento tan rápido que el banco se cayó. Lanzaba sus manos al frente mientras corría hacia las puertas francesas. Asqueroso. Asqueroso. Asqueroso. Él y Billy iban a necesitar terapia después de eso.

Después de entrar al baño, Walt tomó un cepillo de dientes del soporte. Se quitó los guantes y empezó a frotar su piel con fuerza. Bennet entró en el cuarto de baño. —Hey, ¡ese es mi cepillo de dientes!

Walt ignoró al hombre mientras intentaba arrancarse la piel de los dedos.

Había tocado el… de Billy. Se frotó aún más duro.

Wes y Thad sabían que Walt estaba ordeñando la cabra equivocada y no habían hecho nada para detenerlo. Ambos incluso se habían reído de Walt. Las lágrimas brotaron de sus ojos y Walt quería irse a casa. Él no encajaba aquí. No encajaba tampoco en Orlando.

Walt no encajaba en ninguna parte.

Bennet agarró las manos de Walt. —Detente antes de que no te dejes nada de piel.

Walt se giró, lanzándole el cepillo de dientes a Bennet. —¡No me gusta estar aquí! La ganadería es una estupidez. La jardinería es estúpida. ¡Las panteras son estúpidas!

—Hey, hey, hey. —Bennet limpió las lágrimas de Walt con los pulgares—. ¿Por qué infiernos lloras?

Walt intentó apartar a Bennet, pero el hombre no lo dejó salir del cuarto de baño. —He sido el blanco de bromas y tratado como menos que humano muchas veces. No tenía amigos en Orlando. Todo lo que tenía era mi trabajo. Pensé que a lo mejor… —Walt se secó los ojos, maldiciendo el hecho de estar llorando. Odiaba cuando sus emociones se mostraban—. Pensé que por fin encajaba en alguna parte, pero... —Walt ni siquiera podía terminar ese pensamiento.

Bennet se inclinó y besó a Walt en su frente. —Quédate aquí, gatito.

Curioso, Walt siguió a Bennet a las puertas francesas. Observó a Bennet caminar hacia Wes. Bennet señaló con su dedo a Wes y luego hacia la casa. Walt se quedó sin aliento cuando Bennet lanzó un golpe a Wes que lo hizo caer de culo. Walt corrió hacia el cuarto de baño cuando Bennet se giró y se dirigió hacia las puertas.

¡Santo infierno! Bennet había derribado a Wes quien cayó sobre su plano trasero. Ahora Walt sintió pena por Wes. No había querido causarle problemas al hombre. Bennet entró por las puertas. —Thad quiere mostrarte la forma correcta de ordeñar una cabra.