— IX —
—Yo me encargo de él —dijo Devyn por encima del hombro mientras trabajaba para salvar la vida de Wes—. Ve por Walt.
La sangre le latía en los oídos por su acelerado corazón. Su mente se nubló con una visión en túnel. Alguien se había llevado a Walt.
Bennet había regresado a casa para encontrar el lugar en caos, Walt no estaba en ninguna parte a la vista. Quienquiera que se hubiera llevado a la pareja de Bennet iba a morir con una muerte lenta y dolorosa. Bennet quería sostener en sus manos el corazón del hijo de perra.
Bennet, Blaine, Thad recorrían el bosque circundante, encontrando dos aromas distintivos. Bennet también reconoció el aroma de Walt. El pecho de Bennet se tensó ante la idea de que alguien lastimara a Walt. Sabía que su pareja estaba embarazado, se había dado cuenta de que el vientre de Walt lentamente estaba creciendo.
Por la noche, mientras Walt dormía, Bennet pasaba la mano por el abdomen de Walt, hablándole en voz baja a su hijo por nacer. Walt no estaba listo para enfrentar el hecho de que estaba embarazado, así que Bennet no había dicho una palabra, a la espera de que Walt finalmente creyera lo que Bennet le había estado diciendo todo el tiempo.
Y ahora Walt estaba ahí fuera en alguna parte, sólo Dios sabía lo que hacían con él. Bennet colocó una tapa en ese pensamiento. Necesitaba su concentración total para esa tarea.
Blaine se arrodilló, recogiendo un casquillo. —Tengo al tirador —el Centinela dijo mientras olía el casquillo—. Collin Rostand.
Bennet gruñó. Collin era la mano derecha de Regis. Bennet sabía que Regis era tramposo, maldito bastardo. Pero no creía que... sí, él lo hizo. Regis haría lo que fuera por ganar más territorio.
Pero se había cruzado con Bennet por última vez. Bennet conocía a Collin, y no había manera de que el hombre hubiera orquestado un ataque como este sin el permiso de Regis.
Los tres cambiaron a su forma de pantera y salieron hacia el Valle del Norte. Sabía que acercarse a Regis no iba a ser fácil. El Alpha mantenía cerca a sus Centinelas.
Probablemente porque el hombre siempre fue un bueno para nada.
Cuando entraron en el territorio del Valle del Norte, las panteras utilizaban los árboles en lugar de la tierra, moviéndose sigilosamente hacia la casa de Regis. Planeaba encontrar en donde tenían cautivo a Walt, llegar a él y teletransportar a su pareja fuera de allí. Regis no tenía ni idea del don especial de Bennet. No era como si Bennet estuviera comentándolo por ahí. Aparte de sus padres y abuelo, sólo el clan de Bennet sabía sobre su capacidad.
Thad utilizó los árboles para acercarse a la derecha, llegando muy cerca a la Casa de Regis. Bennet y Blaine se movieron a la izquierda, donde Bennet tenía una perfecta vista de la puerta principal.
Miró sobre la casa, tratando de encontrar en qué habitación Walt era retenido. Había dos Centinelas que custodiaban la parte delantera de la casa. Bennet también vio uno en la sala, viendo televisión.
En el segundo piso, Bennet vio a Regis. Se detuvo de soltar un fuerte aullido. Por primera vez desde que podía recordar, Bennet estaba en peligro de perder el control. Su pareja embarazado estaba dentro, y si Regis le había lastimado un cabello de la cabeza a Walt...
Los dos Centinelas fuera de la casa estaban hablando entre ellos, relajando la guardia. Bennet utilizó la distracción para subir más alto en el árbol y saltar a la azotea. Blaine aterrizó junto a él. Thad había desaparecido de la vista, pero Bennet sabía que la pantera estaba moviéndose hacia la parte posterior de la casa.
Bennet cambió a su forma humana y bajó por uno de los tragaluces abiertos se asomó por la gran ventana antes de deslizarse en el interior, cayendo silenciosamente en pie. Blaine se dejó caer a su lado. Había visto la habitación de Regis donde él se encontraba, Bennet quería evitar esa habitación hasta que hubiera revisado las otras habitaciones.
Bennet hizo su camino a través de las salas iluminadas con la luz de las velas mientras revisaba cada habitación en el segundo piso. Su instinto le había dicho que Walt no estaba en ninguna de ellas, pero tenía que comprobar sólo para estar seguro. Cuando llegó a la habitación de Regis, Bennet miró a Blaine, que seguía aún en su forma de pantera, antes de abrir la puerta y entrar.
No sólo estaba Regis en la habitación, sino que Walt estaba atado en la cama con los miembros extendidos. Los ojos de Walt estaban muy abiertos mientras veía a Bennet con desesperación. El bastardo incluso había amordazado la boca de Walt con un paño. Bennet levantó la cabeza, sus colmillos alargándose mientras avanzaba, dispuesto a arrancarle la cabeza a Regis, hasta que el Alpha levantó una botella transparente.
Estaba vacía.
—Le he dado al Chekota criador un suero especial. —Regis envolvió con sus dedos la botella, con una mirada de triunfo en su rostro—. Si no le doy el antídoto pronto, morirá.
Bennet no estaba seguro de si el hombre estaba mintiendo o no. Si no lo hacía y Bennet lo mataba, entonces nunca sabría cómo salvar a Walt. No estaba dispuesto a correr ese riesgo. —¿Qué quieres de mí?
La mirada de suficiencia de Regis lo decía todo. —Tu territorio. Todas las setecientas mil hectáreas.
California ya no era un estado superpoblado. Las panteras habían tomado la tierra cuando la guerra había terminado en el 2065. Toda la Costa Oeste ahora estaba cubierta de bosques, desde San Diego hasta las costas de Washington.
Bennet era propietario de una gran parte de la tierra de California. Abrió la boca para estar de acuerdo, pero algo lo detuvo. Él haría cualquier cosa, sacrificaría todo, para mantener a Walt y su aún no nacido hijo a salvo, pero había algo más en esta situación de lo que se veía. Bennet vio la delgada línea de sudor que cubría la frente de Regis y sabía que algo más estaba pasando.
¿Pero qué?
Incluso si transportaba a Walt fuera de aquí, eso no quitaría la droga del sistema de su pareja. ¿Pero por qué Regis estaba mirando hacia la ventana? Bennet miró por encima del hombro a Walt para ver al humano negando con la cabeza, con los ojos tan abiertos que dominaban su rostro.
Bennet realmente deseaba saber lo que Regis estaba tramando.
—Estás desperdiciando mi tiempo.
—Bueno, caramba, que mal. —Bennet cerró la boca en el momento en que las palabras salieron, Regis entrecerró los ojos. Realmente necesitaba mantener el control de su temperamento si esperaba conseguir el antídoto de Regis—. Sería feliz de irme tan pronto como me des el antídoto.
—¿De verdad crees que voy a dejar que salgas de aquí con mi Chekota Criador?
Ni siquiera un rayo desde el cielo hubiera evitado que los labios de Bennet se curvaran hacia atrás mientras un amenazante gruñido salió de su garganta. —Walt es mío.
La mirada de Regis de nuevo fue hacia la ventana. —No por mucho tiempo.
El corazón de Bennet golpeó en su pecho cuando miró hacia la ventana que Regis estaba viendo y vio una procesión de carros subiendo por el camino de entrada. Sólo tenía segundos para llegar hasta su pareja y escapar.
Bennet gruñó mientras saltaba hacia Regis, sostuvo la mano en la que el hombre sostenía la botella. Oyó movimiento detrás de él y rezó para que fuera Blaine y no otro miembro del clan de Regis. Si se trataba de uno de la gente de Regis, estaba jodido.
Bennet gruñó cuando con un golpe de suerte de Regis lo golpeó, abriéndole el labio. Bennet gruñó mientras balanceaba el brazo para golpear al hombre. Mientras su puño conectaba la mandíbula de Regis, los dedos de Bennet se cerraron alrededor de la botella en la mano del hombre.
Bennet aumentó la presión sobre la pequeña botella y empujó a Regis hacia la ventana lo más fuerte que pudo. Oyó el vidrio hacerse añicos y Regis caer por la ventana y aterrizar en el techo del porche.
Ni siquiera esperó a ver si Regis rodó fuera de la azotea o regresaba por la ventana. Bennet se lanzó a la cama, envolviendo su brazo libre alrededor de Walt. —¡Ahora, Blaine!
Blaine se aferró al otro lado de Walt mientras Bennet los transportaba de nuevo a su territorio. La puntería de Bennet estaba un poco perdida. Cuando cayó en la piscina, buscó aterrorizado a Walt. El agua al lado de él se movió y la cara de Walt apareció, el agua goteaba de su cabello, Bennet se sintió desmayar.
—Walt, ¿estás… ¡Joder! ¿Por qué has hecho eso? —preguntó mientras acunaba su dolorida mandíbula. ¿Quién sabía que su pequeño y adorable pareja podría empacar un golpe así? Bennet casi se sentía orgulloso.
—¡Me embarazaste!
Bennet sonrió. —Sí, lo hice.
Walt rodó sus ojos cuando se dio la vuelta y caminó hacia los escalones de la piscina. Blaine salió del agua a su lado, murmurando que alguien era un imbécil. Bennet ignoró al Centinela mientras veía hacia la forma húmeda de Walt.
—Vamos, Walt. Sabías que esto podría suceder. Te lo expliqué.
—Muérdeme, Bennet. —Walt se detuvo de repente en el borde de la piscina—. No, no importa. Es probable que lo harías. —Los ojos de Walt se estrecharon a pequeñas rendijas de ira. Señaló con el dedo la ingle de Bennet—. Acerca a mí esa cosa de nuevo y voy a cortarla.
—¿Por qué? —Bennet estaba tan contento que prácticamente flotaba. Podía ver que lo de Walt eran solo bravatas—. Ya estás embarazado. Podemos tener tanto sexo como quieras. No puedes embarazarte si ya lo estás.
—¡Eres un idiota! —Walt gruñó y pisoteó el pie antes de girarse y salir furioso del solárium.
Bennet se apresuró a salir del agua y corrió tras Walt, levantó al hombre en sus brazos justo cuando llegaron al dormitorio. Una vez dentro, cerró la puerta y bajó lentamente a Walt.
Tan suavemente como pudo, Bennet deslizó la mano por la leve distensión en el abdomen de Walt. —Este es nuestro hijo, Walt, tuyo y mío. —Toda la risa había desaparecido de su voz, sustituida por una seriedad que era necesaria que Walt oyera—. Él o ella es una bendición, un regalo para ser valorado igual que tú.
Las lágrimas se aferraban a las pestañas de Walt cuando levantó la vista. —Tengo miedo, Bennet.
—Lo sé, pero no estás solo en esto. No voy a dejar que trates con esto solo. —La respiración de Bennet quedó enganchada cuando todo lo que había soñado estaba reunido en este pequeño y delicado humano en sus brazos—. Nunca te dejaré.
—¿Cómo puedes decir eso? —Susurró Walt—. Apenas me conoces.
Bennet pasó los nudillos por la mejilla de Walt. —Quiero conocerte, lo que piensas, lo que sientes, lo que quieres.
Walt tragó. —Quiero saber cómo infiernos un hombre puede quedar embarazado.
Bennet sonrió mientras caminaba con Walt hacia la cama. —Déjame que te muestre.
Bennet lo jaló hacia la cama y empezó a chupar eróticamente su cuello. La sola sensación hizo que el pene de Walt estuviera más duro y más palpitante, por debajo del material que llevaba. Unas manos suaves se deslizaron por los costados de Walt hasta que llegaron a la cintura de sus pantalones sueltos.
