Capítulo 4

Cuando entró en su celda después de haber terminado su trabajo en la lavandería, Regina encontró a Emma acostada en la cama, con los ojos rojos de haber llorado

«¿Todo bien?» preguntó la morena, intrigada

La joven secó sus lágrimas con el dorso de la mano y sonrió débilmente a su compañera

«Sí, todo va bien»

«¿Qué te ha dicho la enfermera?»

«Heu…Solo ha sido una indigestión» mintió Emma

«Nada sorprendente con lo que comemos aquí»

La rubia asintió. Estaba perdida, culpaba a Neal de haberla dejado embarazada y de haberle tendido una trampa para que la encarcelaran, sin nadie a quien confiarse. A Emma le hubiera gustado contárselo a Regina, pero tenía miedo de su reacción, sin saber realmente por qué. Y además, seguramente le daría igual. La sirena anunciando la comida empezó a sonar. La morena se levantó y esperó delante de la puerta a que el guardia viniera a abrir. Emma se colocó a su lado y la miró.

«¿Regina?»

«¿Sí?»

«¿Te molestaría si como contigo?»

La morena miró a la joven, veía hasta qué punto estaba mal y no se había creído ni por un segundo la historia de la indigestión.

«No, en absoluto» dijo sonriendo.

Emma expulsó un suspiro de alivio en el momento en que la puerta se abrió. Siguió a Regina hasta el refectorio, tomo una bandeja y esperó a que fuera su turno. Una vez servidas, las dos jóvenes se dirigieron a una mesa al fondo de la sala. Apenas acababan de sentarse cuando Ariel llegó

«Hey, hola, ¿puedo sentarme?»

Regina iba a responder que no, pero no tuvo tiempo

«Por supuesto» dijo Emma

La pelirroja se colocó al lado de Emma, en frente de la morena

«Entones, ¿cómo ha ido esa primera mañana en la lavandería?»

«¡Un desastre!» dijo la rubia, «he sido amenazada por una prostituta y he vomitado sobre Regina»

«¡Oh!» exclamó Ariel mirando a la morena

Regina levantó los ojos, molesta por la mirada de asco que la joven posaba sobre ella

«Me he cambiado, si es eso lo que te inquita» dijo ella con voz fría

Ariel se sonrojó ante el apuro y se giró hacia su amiga

«¿Qué tienes para haber vomitado? ¿Gastro?»

«¡No! Solo algo de indigestión, eso es todo»

«Ah, de acuerdo, eso me tranquiliza, porque, bien, la gastro se puedo contagiar»

La morena fusiló a la pelirroja con la mirada y soltó

«¿Podríamos dejar de hablar de esas cosas en la mesa? ¡No tienes ninguna educación!»

Ariel bajó la cabeza, avergonzada y no se atrevió a pronunciar una palabra más. Regina recorrió la sala con la mirada y vio que Aurora y Mulan las miraban. Ella les lanzó una negra mirada y las dos mujeres bajaron los ojos. Emma intentó acabar su comida, pero sentía subir las náuseas poco a poco. Se levantó precipitadamente y corrió hasta los baños donde vomitó otra vez. La crisis fue más violenta que las precedentes y la rubia no pudo atajar las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Nunca se había sentido tan sola y abandonada. ¿Debía quedarse con ese niño? ¿Qué tendría de bueno? ¿Qué fututo tendría con una madre soltera y que había estado en la cárcel? Todo el mundo se burlaría de él. ¿Qué le diría cuando preguntará sobre su padre? Lloró todo su malestar antes de recomponerse. No debía rendirse, no ahora, si no, estaría perdida. Emma se levantó, tiró de la cadena y salió. Allí, se encontró a Ruby, apoyada en la marco de la puerta. La rubia se paró, sin saber qué hacer. La joven caminó hacia ella con paso felino y la empotró contra la pared

«¿Qué es lo que no comprendiste de la frase "no te acerques a Regina"?»

«Heu…yo…yo no he hecho nada, solo comíamos, es todo»

«¡Eso ya es mucho! Veo que no entiendes muy bien las cosas, sin duda por el color de tu pelo»

Emma intentó empujarla, pero en vano

«¡Déjame!»

«¡No sin que antes hayas comprendido lo que quiero! ¿Es que quizás las amenazas no son suficientes y es necesario que pase a la acción?»

«¿Qué…?»

Pero la rubia no tuvo tiempo de acabar su frase, porque Ruby le asestó un puñetazo en plena cara, dejando medio trastornada a la joven.

«¡Eso por no haber tomado mi primer aviso en serio!»

Ella golpeó de nuevo a Emma, pero esta vez en el vientre

«Y esto, para que asimiles bien mi segunda advertencia»

Ruby escupió sobre la rubia, que jadeaba en el suelo, con sangre en los labios. Iba a salir cuando su cara fue empotrada contra la pared dura y fría

«¡Hey!» gritó

«Tampoco tú Ruby debiste entenderme bien esta mañana»

«¡Regina, suéltame, me haces daño!»

La morena se apretó un poco más contra el cuerpo de la joven y le susurró al oído

«¡Creía que te gustaba esto, la violencia!»

Ruby intentó soltarse

«¿Por qué la defiendes? ¿Quieres tirártela, es eso?»

«No todo el mundo es como tú, que saltas sobre todo lo que mueve»

La joven se quedó callada ante las palabras de Regina que tenía una sonrisa diabólica en sus labios.

«¡Y sí, estoy al corriente de lo tuyo con Belle!»

«¿Cómo…?»

«Os he visto. ¡Y estabas disfrutado mucho!»

Ruby se enrojeció de furia y se soltó de la morena

«A partir de ahora, si te encuentro una vez más amenazando, golpeando o hablando con mi compañera de celda, te rompo los huesos uno a uno, ¿ha quedado claro?» dijo Regina con un tono de voz frío

«Sí»

La joven bajó la cabeza y se fue. Regina se precipitó sobre Emma que estaba todavía en el suelo

«¿Estás bien?» pregunto con voz preocupada

«Es necesario que…vaya…a la enfermería»

La morena asintió y llamó al guardia por segunda vez en el día. Él abrió desmesuradamente los ojos al ver en qué estado se encontraba la rubia

«¿La golpeaste, Mills?»

«¿Usted cree que si yo la hubiese golpeado lo habría llamado?»

«Heu…No. ¿Quién ha sido?»

«No lo sé» mintió Regina. «Ayúdeme a levantarla en lugar de preguntar tanto»

Así lo hizo y se dirigieron los tres a la enfermería. Una vez allí, David ordenó a Regina que se sentara en una silla del pasillo. Él entró en la sala con Emma. Mary Margaret se precipitó hacia ella

«¡Oh, Dios mío! ¿Qué ha pasado?»

«Agresión» respondió el joven en lugar de la rubia

«¡Oh!, Por el amor de Dios, realmente están locas en esta prisión»

La pequeña morena instaló a la joven en la camilla y fue a buscar con qué curar su labio. Emma comenzó a llorar

«¿Te duele en algún lado?» se inquietó Mary Margaret

«No, solo es que me han golpeado en el vientre»

«¡Oh! ¿Y te gustaría que te examinara para ver que todo esté bien?»

«Sí, por favor» imploró Emma

«Bien, pero no puedo hacerlo hoy, no tengo el material necesario para practicar una ecografía. Te avisaré cuando lo tenga, ¿de acuerdo?»

Emma asintió, ligeramente aliviada

«¿Habrá que esperar mucho?»

«No, espero que mañana sea posible»

Mary Margaret curó el labio de Emma antes de dejarla marcharse con David y Regina. Una vez solas en la celda, la rubia se acostó en la cama y lloró una vez más. La morena, que se sentía culpable por Ruby y sus malditos celos, se sentó al lado de la joven

«Lo siento» dijo ella

«¿Por qué?» preguntó ella entre dos sollozos

«¡Es mi culpa si Ruby te ha golpeado!»

Emma no respondió y hundió su mirada en la de la morena, inspiró profundamente infundiéndose valor para confesarle su secreto

«Estoy embarazada…»

Durante unos segundos, Regina no reaccionó, estaba como hipnotizada por la mirada de desesperación que la rubia le lanzaba

«Oh…»

«Estoy perdida, no sé qué hacer. Ese estúpido de Neal se ha marchado, dejándome aquí y con este pequeño regalo. ¿Qué vida tendrá este niño con una madre soltera ex presidiaria?»

Regina se acercó con suavidad a Emma y colocó una mano en su muslo para tranquilizarla

«Hey, cálmate, ¿de acuerdo? ¡Ese pequeño que está creciendo en ti no ha pedido nada, merece vivir y estoy segura de que aunque su padre sea un cabrón, él tendrá una madre formidable!»

La rubia sintió cómo sus mejillas enrojecían

«¿Tú crees?»

«Estoy segura, Emma…»

La joven sonrió a través de sus lágrimas, lo que hizo que la morena frunciera el ceño

«¿Qué? ¿Qué he dicho?»

«Me has llamado por mi nombre»

Regina sonrió y desvió la mirada, incomoda por haberse dejado llevar. Se había jurado no acercarse a Emma no sólo porque esta era hetero sino porque además ella había sufrido mucho en el amor.

«Mañana, debo hacerme una ecografía para ver si el bebé va bien después de la agresión de Ruby»

«De acuerdo, estoy segura que todo va bien» dijo la morena con un tono tranquilizador

La joven se levantó y se echó sobre su cama con un libro en la mano

«¿Regina?»

«¿Sí?»

«Necesitaré apoyo en esta prueba, tú sabes y…»

«Estaré ahí para ti, Emma…»