Capítulo 5

«¿Va a doler?» pregunto Emma

«No, solo es un poco molesto» dijo Mary Margaret cogiendo un tubo largo que se parecía extrañamente a un pene.

La rubia abrió desmesuradamente los ojos

«¡Espera! No iras a meterme esa cosa rara en mi…»

«Emma, es así como se hace una ecografía la primera vez, el feto es muy pequeño de momento para verlo»

«¡Oh, mierda, qué vergüenza! No voy a atreverme a venir a verte otra vez»

La enfermera estalló en risas

«Soy una mujer y no tienes que preocuparte, no voy a gritar a pleno pulmón lo que he visto»

«Bien» dijo la rubia

La pequeña morena se colocó frente a Emma

«¿Preparada?»

«No»

«Allá vamos»

La joven no pudo evitar tensarse cuando sintió el tubo entrar en ella. Miró hacia el techo, intentando pensar en otra cosa que no fuera en la situación embarazosa en la que se encontraba. Al cabo de unos interminables minutos, Mary Margaret retiro el cacharro y se quitó los guantes

«Bien, todo está perfecto, el feto se porta de maravilla»

«¿De verdad?»

«Sí, ¿por qué te mentiría? Puedes vestirte»

Emma se sintió aliviada con la noticia, se puso su camisa deprisa antes de salir de la enfermería y volver a la lavandería. La joven se sorprendió de no encontrar allí a Regina, se encogió de hombros y comenzó con su trabajo

Regina, por su parte, había sido llamada, porque tenía visita. Sabía quién era: su padre Henry Mills. Sólo él iba a verla desde que había sido encarcelada por el asesinato de su madre. Henry no la culpaba, él sabía la verdad y había prometido a Regina que siempre estaría ahí para ella.

«Buenos días, papá» dijo ella acercándose a él para abrazarlo

«Buenos días, cariño, ¿cómo estás?»

Se sentaron en una de las mesas

«Tirando, ¿y tú?»

«Yo estoy bien, te he traído chocolate y champú con olor a manzana, como a ti te gusta»

Regina sonrió ante la atención por parte de su padre

«Gracias. No sé lo que sería de mí sin ti»

«Valor» dijo él cogiéndole las manos «Entonces, dime, ¿qué hay de nuevo en la prisión?»

La morena desvió la mirada al pensar en Emma y sintió sus mejillas enrojecerse

«Tengo una nueva compañera de celda»

«Oh, eso está bien» dijo Henry sonriendo

«Sí»

«¿Es amable?»

«Sí, muy amable, divertida y también muy guapa»

El hombre levantó una ceja

«Te gusta, ¿eh?»

Regina puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar que una sonrisa iluminara su cara

«¡Podría!»

«¿Y esa Ruby de la que me has hablado?»

«Oh, eso es agua pasada» dijo la morena con una mueca

«Ok, ¿y cómo se llama esa encantadora joven?»

«Se llama Emma Swan»

«Bonito nombre» añadió él

«Yo también lo creo»

La guardiana que vigilaba las visitas les avisó de que se había acabado el tiempo. Regina abrazó a su padre una vez más, cogió las cosas que él le había traído y salió para volver a su celda…

Emma había pasado el resto de la sobremesa en compañía de Ariel. Como la víspera, habían hecho algo de deporte, pero con menos esfuerzo porque la rubia no quería arriesgarse a perder su bebé haciendo movimientos bruscos. Había leído en una revista que podría tener un parto prematuro si no se descansaba lo suficiente. Una vez acabada la sesión, decidió ir a ducharse mientras que Ariel se había quedado con Belle, su compañera de celda. Emma entró en el bañó y comenzó a desvestirse. No había mucha gente a esa hora para alegría suya. Iba a poder lavarse con más comodidad sin que nadie estuviera esperando a que acabase. Enrolló una toalla en su cuerpo y abrió una puerta para entrar en la cabina de ducha. La joven se quedó parada al ver la escena que se desarrollaba delante de ella. Mulan a punto de lamer la intimidad de Aurora mientras le acariciaba los pechos. Aurora gemía de placer aferrándose a los cabellos de la joven asiática. A su pesar, Emma no pudo dejar de contemplar cómo el cuerpo de Aurora se doblaba de placer bajo los dedos y la lengua de su compañera. La asiática notó su presencia y paró todo movimiento, provocando un gruñido de frustración a Aurora. Cuando esta abrió los ojos y vio a la rubia, le sonrió

«¿Te unes a nosotras?»

«Yo…yo…» balbuceó Emma

La bella rubia retrocedió y salió de la cabina a toda prisa. Se volvió a poner su ropa rápidamente y se precipitó a su celda.

«¡Oh, mierda!» exclamó sorprendida

Regina, que se estaba comiendo una barra de chocolate que su padre le había traído, se detuvo y se levantó de un salto para dirigirse hacia su compañera

«¿Qué ha pasado? ¿Es el bebé, es eso?»

Emma miró a Regina, aturdida. El bebé que ella llevaba no tenía nada que ver con la morena, pero se comportaba como si fuera ella la que iba a ser mamá. La rubia se instaló en su cama

«No, todo va bien, el bebé está bien, es solo que iba a tomar una ducha y he visto a Aurora y Mulan…»

La joven no pudo acabar su frase, demasiado avergonzada

«¿Qué?» preguntó Regina

«Ellas estaban…Mulan hacía…Aurora…»

La morena estalló en risas

«Estaban teniendo sexo, ¿es eso?»

«¡Sí!»

Regina se puso al lado de la rubia

«Emma, ¿qué creías? Estamos en una prisión en la que no hay sino mujeres, es normal que al cabo de un tiempo, pase eso»

La joven observó a su compañera de celda como si estuviera viendo a un fantasma

«¿Quieres decir que tú también, tú…haces…eso?»

Regina asintió lentamente, de repente tenía miedo a la reacción de Emma. ¿Y si la rubia la rechazaba porque se acostaba con mujeres?»

«¿Tú y Ruby?»

«Sí» murmuró la morena

«Ahora comprendo mejor porque la ha cogido conmigo, ¡está celosa de mí!»

«Ciertamente» dijo Regina

Emma se paralizó. ¿Acaso tenía Ruby razones para estar celosa? ¿Es que la morena se sentía atraída por ella? La rubia se sintió conmocionada de repente y no supo decir por qué. Plantó su mirada en la de Regina

«¿Cómo es?»

«¿El qué?»

«Hacer el amor con una mujer»

La morena sonrió

«Bueno, puede ser dulce como puede ser violento. Depende de la persona. Ruby, por ejemplo, ella prefiere el amor violento»

«No sé por qué, pero no me asombra» dijo riendo Emma «¿Y tú?»

Regina de repente se puso seria

«Yo prefiero la dulzura. Descubrir el cuerpo de la otra, acariciar tiernamente su piel, besar casa centímetro de su cuerpo…»

La temperatura de la celda había aumentado de repente mucho y Emma tenía calor. Tragó saliva al sentir el cuerpo de su compañera tan cerca del suyo

«¿Nunca has besado a una mujer?» preguntó la morena

«Heu…no»

«Déjame mostrarte»

La voz de Regina era sensual y ronca. Se aproximó despacio a Emma, pasó su mano por su nuca y la atrajo a ella. Con una lentitud infinita, se inclinó para depositar un tierno beso sobre los labios de Emma. Esta se sorprendió respondiendo al beso y entreabrió la boca cuando Regina pidió acceso con su lengua. Comenzó un loco baile, en la que cada una intentaba dominar a la otra. Regina disfrutaba del sabor de Emma y no pudo evitar gemir. La rubia sintió como la excitación subía en ella y pasó una mano por los cabellos de Regina. Casi sin respiración, la morena puso fin al beso. Emma se quedó estática, quieta, sin poder decir una palabra.. Acababa de besar a Regina Mills y le había gustado…