Capítulo 7

Emma y Ariel estaban en el patio. La rubia no podía disfrutar del sol penando en Regina, que estaba en aislamiento desde hace tres largos días. No podía dejar de culparse.

«¡Deja de poner esa cara! Regina va a salir, ella no hará como las otras, estoy segura» dijo Ariel

La joven giró rápidamente la cabeza hacia su amiga

«¿Qué quieres decir?»

«Bueno…de hecho…algunas prisioneras que fueron enviadas allí no salieron vivas»

Emma puso los ojos en órbita ante la revelación de la pelirroja

«¿Quieres decir que se suicidaron?»

«Sí»

La rubia se levantó de un salto, y caminaba de aquí para allá.

«¡Oh, no, no es posible, espero que no haga una cosa parecida! Todo es culpa mía…»

«¿Por qué dices eso? Fue Aurora quien la provocó, ¡no tienes nada que ver!»

«Si yo no estuviera aquí, Ruby no estaría celosa y no habría enviado a sus esbirros a provocar a Regina»

Ariel puso los ojos en blanco

«¡Con los "y si" se arreglaría el mundo! Siéntate, es malo para el bebé»

Emma lo hizo

«No, la culpable es Ruby» continuó la joven «no comprendo por qué está celosa de ti. Después de todo, no hay nada entre Regina y tú»

La rubia sintió el rubor subir a sus mejillas al pensar en el beso que se habían dado. Al no tener respuesta de su amiga, Ariel se dio la vuelta y pudo observar que estaba de un rojo escarlata

«¡No! ¿No me digas que os habéis acostado?»

«¿Eh? ¡No! Solo…nos besamos»

El rostro de la pelirroja se ilumina

«¿De verdad? Pero, ¿tú no eres hetero? ¿Cómo ocurrió?»

«Sí, de verdad. Bien, sí, en principio lo soy. Regina me habló de su relación con Ruby y después me preguntó si yo había besado a una mujer, yo dije que no, y ella me quiso enseñar»

Ariel sonrió

«Super como técnica de ligue»

«¡No estaba ligando!»

«Pero, por supuesto» dijo la pelirroja riendo, «¿Y entonces? ¿Cómo fue?»

Emma sonrió

«Fue bueno…en fin, quiero decir, bien»

«Emma Swan, ¿no estarás enamorándote de Regina?»

«¿Eh? ¡Pero, no, no digas tonterías! Solo fue por probar»

«Sí, ya veremos»

La rubia miró al cielo, ¿acaso tendría razón la joven y se estaba enamorando de su compañera de celda?»

No lejos de ellas, David observaba a las dos mujeres charlando. Había escuchado parte de la conversación y tuvo una idea.

«Swan» gritó haciendo sobresaltarse a la joven «ve aquí»

Emma se levantó y se dirigió hacia el guardia

«¿Sí? ¿Qué ocurre?»

«He creído comprender que te llevas bien con Mills»

«Heu…sí » dijo la rubia, no sabiendo a dónde quería llegar el hombre

«Tengo una propuesta que hacerte. Esta tarde es mi turno de guardia en el ala donde se encuentra Regina. Si quieres pudo hacerle pasar una nota de tu parte»

El corazón de Emma se infla de esperanza

«¿De verdad? ¿Por qué harías eso?»

«Porque Mary Margaret te aprecia mucho»

Emma puso los ojos en blanco pensando en la actitud mamá gallina de la enfermera, pero estaba contenta con la propuesta del joven.

«Pasaré a verte a tu celda alrededor de las 18:00 para recoger la nota que hayas escrito»

«¡De acuerdo! Y gracias, es realmente gentil de su parte»

«Venga, ahora vete antes de que las otras empiecen a hacerse preguntas»

Emma asintió y se alejó, con la sonrisa en los labios. Ahora solo tiene que encontrar qué decirle a Regina.

Un poco más tarde, ella esperaba a que David apareciera. Había tenido que reescribir la nota para Regina al menos diez veces antes de encontrar algo que fuera apropiado. Se aburría tanto que había comenzado a leer uno de los libros de la morena.

«No, pero qué caliente es esto…» dijo en voz alta «¿Cómo Regina puede quedarse tan impasible? ¡Hacen el amor en casa capítulo estos dos!»

Cerró el libro y suspiró justo en el momento en que la puerta se abrió.

«Perdón, voy con un poco de retraso, ¿tienes la nota?»

«¡Sí!»

Ella le tendió y le agradeció una vez más.

«Si ella te responde, te lo daré mañana por la mañana porque tengo guardia toda la noche»

«De acuerdo, ningún problema»

Él le sonrió y salió de la celda. David se dirigió en seguida hacia la otra ala de la prisión para llegar a las celdas de aislamiento. Cuando llegó, miró en la lista cuál era el número de la celda en la que se encontraba Regina. Atravesó un largo pasillo antes de pararse ante una puerta y abrir una pequeña ventanilla que permitía ver el interior. Regina estaba allí, sentada en el suelo, las rodillas recogidas en su pecho, la cabeza entre sus manos.

«Mills» dijo David

Ninguna reacción. El guardia la llamó de nuevo, en vano

«Regina, tengo una nota de Emma» susurró

La morena elevó bruscamente la cabeza, los ojos llenos de esperanza. Se levantó con gran esfuerzo y se acercó a la puerta. David hizo un movimiento de retroceso al ver en qué estado se hallaba la joven. Estaba pálida, tenía los labios cortados y grades ojeras bajo los ojos.

«¿Estás bien?»

«La nota de Emma» dijo ella ignorando la pregunta idiota del guardia

Él abrió la ventanilla que servía para pasar las bandejas de la comida y le tendió el trozo de papel. Regina tenía el corazón acelerado y temblaba de impaciencia.

«Adoré el beso que nos dimos…Mantente por mí, por nosotras…Emma»

A Regina se le llenaron los ojos de lágrimas. Hace apenas una hora se decía que iba a poner fin a sus días porque estar encerrada ahí le era insoportable. Pero esas simples palabras le habían devuelto la esperanza. No iba a rendirse, ahora no, porque ella quería más que nada volver a ver a la rubia.

«Me…me gustaría responderle» dijo Regina plantando su mirada en la del joven

«Espera» dijo él rebuscando en sus bolsillos «Toma»

La morena cogió el bolígrafo y la hoja de papel que David le tendió. Escribió algunas líneas antes de devolvérsela al guardia.

«Voy a traerte agua, necesitas hidratarte. ¿Estás comiendo?»

Regina se echó a reír, una risa sin alegría

«La comida es inmunda, ni una rata se la comería»

«Muy bien, voy a intentar pasarte chocolate, pero queda entre nosotros»

La joven asintió, como signo de reconocimiento, aunque tenía miedo de que esta repentina amabilidad escondiera algo más.

«Bien, tengo que irme. Hasta después»

«De acuerdo. Y, muchas gracias…»

David le sonrió antes de cerrar las dos ventanillas, orgulloso de la buena acción de que acababa de hacer…

El Sr. Gold estaba confortablemente sentado en su sillón cuando alguien tocó a la puerta de su despacho

«Entre»

Jefferson apareció

«¿Me hizo llamar, señor?»

«Sí, siéntese» dijo el director señalando con la mano una silla

El guardia lo hizo

«Dígame, ¿cómo se porta Regina Mills en la celda de aislamiento?»

«Parece que lo soporta bien»

Gold hizo una mueca. Esa chica era más tenaz de lo que él pensaba

«Por lo que cuentan, usted es el más loco de los guardias de esta prisión»

Jefferson sonrió

«Sí, es lo que dicen de mí»

«Bien, espero que esté a la altura de su reputación. Me gustaría que me hiciera un pequeño favor»

«Le escucho»

«Me gustaría que empujara a Regina hasta tal extremo que ella misma decida poner fin a su miserable vida…»