Capítulo 14
Emma estaba en el refectorio con Ariel y buscaba a Regina con los ojos.
«Mierda, pero ¿qué hace?»
La pelirroja suspiró
«Oh, Emma, déjala vivir, sin duda llegará de un momento a otro
«Eso espero…»
La puerta de la sala se abrió y la rubia divisó a Ruby, decepcionada hundió la nariz en su café. Se asombró cuando sintió que alguien le tocaba el brazo y vio que se trataba se Ruby
«Oh, Emma, acabo de pasar un gran momento en la duchas con Regina, ¡hemos follado como locas!» dijo Ruby sonriendo antes de alejarse
La rubia se quedó con la boca abierta mientras que Ariel había dejado de comer y miraba a su amiga. Algunos minutos más tarde, Regina entró en la sala, con una sonrisa en los labios. Se sentó al lado de Emma.
«No adivinarías nunca lo que acabo de hacer» dijo la morena de forma entusiasta
«Oh, sí, créeme, ¡lo sé!» dijo Emma al borde de un ataque de nervios
«¿Lo…sabes?»
Regina miró a su compañera con una expresión interrogadora antes de que esta se levantara y se dirigiera a la puerta
«¿Qué…?»
La morena se giró hacia Ariel que la miraba con expresión triste
«¿Me he perdido algo?»
«Bueno, antes de que llegaras, Ruby se acercó para decirnos que ella y tú os habíais acostado juntas»
Regina abrió los ojos de par en par
«¿Qué? ¿Y Emma se ha creído tal cosa? Tengo que ir a verla y explicarle que eso no es en absoluto lo que he hecho»
Tras decir esto, la joven se levantó y se dirigió al único lugar donde la rubia podía encontrarse a esa hora: la lavandería
Emma estaba metiendo de forma rabiosa la ropa sucia en la lavadora. Rumiaba su cólera contra Regina y contra sí misma. ¿Cómo había sido tan idiota para imaginarse que podría vivir feliz con la morena? Después de todo, es la cárcel y en la cárcel, todo el mundo se acostaba con todo el mundo, eso, lo había comprendido bien. Regina entró en ese momento en la sala
«Emma…»
La rubia se giró hacia la joven
«¡Una noche! ¡Solo nos hemos separado una noche y ya estás con otra! ¡Nunca hubiera pensado eso de ti! ¡Estoy tan decepcionada! Pensaba que podríamos formar una familia…»
«¿Has acabado?» interrumpió la morena con voz seca
«¡No!»
«¡Me da igual, me vas a escuchar de todas maneras! Primeramente, sabes muy bien que no soporto la infidelidad»
Emma bajó la cabeza
«Y en segundo lugar, ¡sí, fue a ver a Ruby a las duchas, pero no fue con la intención de acostarme con ella! ¡Fui a decirle que da igual lo que intentara para separarnos, no lo conseguiría porque te amo y porque vamos a tener un hijo juntas, nuestro hijo! Pero, aparentemente, me equivoqué, ¡ella ha logrado lo que quería!»
Regina giró y se dirigió hacia la mesa donde se encontraba la ropa limpia para doblar. Emma levantó la cabeza, las lágrimas en los ojos y se dio cuenta de su error. Se acercó despacio a su compañera
«Regina, lo siento, ¡perdóname! He sido…»
Pero la rubia no tuvo tiempo de acabar su frase porque sintió los labios de la morena en los suyos. Ella pasó sus manos por los cabellos de la joven para profundizar el beso. Regina llevó a Emma hacia la mesa y la levantó para que esta se sentara en ella. La morena acarició los muslos de su compañera que empezó a gemir en su boca.
«No, ¡pero estoy soñando!»
Ruby acaba de hacer su aparición en la lavandería. Las dos jóvenes se separaron. Emma, incómoda por haber sido sorprendidas, no sabía a dónde mirar, mientras que Regina disfrutaba con la situación.
«Oh, Ruby, discúlpanos, pero, ya sabes, desde que Emma fue transferida a tu celda, es difícil para mí resistirme a su cuerpo tan perfecto, ¿entiendes?»
La joven estaba que se subía por las paredes
«¡No me importa en absoluto tus impulsos, Regina! ¡Volved al trabajo!»
La morena estalló en risas y ayudó a Emma a bajar de la mesa. Cogió las sábanas y comenzó a doblarlas correctamente bajo la furibunda mirada de Ruby.
Más tarde, Emma y Regina se encontraban en el patio con Ariel
«¡Estoy contenta que no os hayáis peleado! Sería una pena que se acabara lo que tenéis, estáis muy bien juntas»
«Gracias» dijo Emma, entrelazando sus dedos con los de su compañera «he sido una idiota al reaccionar tan violentamente, ¡debe ser las hormonas!»
La morena no dijo nada, se contentó con sonreír y aprovechar plenamente del hecho de estar con Emma porque por la noche, se volvería a encontrar sola en su celda y nada más pensarlo, le daban ganas de llorar. Emma se dio cuenta del silencio de Regina y frunció el ceño.
«¿Algo va mal?»
«No, todo está bien»
«Ya, no estoy muy segura de eso, dime lo que te atormenta»
«Solo que esta noche nos separaremos y no tengo ganas»
La rubia pasó un brazo por los hombros de la morena y la estrechó fuerte contra ella
«Estoy segura de que encontraremos un medio para estar de nuevo en la misma celda, solo que necesitaremos algo de tiempo»
«Sí, tienes razón, pero de todos modos va a ser difícil»
«Sí, pero al menos no vamos a tener Ruby importunando, ha tenido que comprender el mensaje»
«¡Eso espero!»
Emma sonrió y depositó un tierno beso sobre los labios de su compañera. Fueron interrumpidas por la llegada de David.
«Mills, ¿puedo hablar contigo?»
«Sí, por supuesto»
La rubia mira perpleja al guardia
«¿Puedo ir yo?»
El joven miró a la rubia un poco incómodo
«No, quédate con tu amiga, no tardaremos mucho»
Emma se cruzó de brazos y se quedó en su sitio enfurruñada. Regina la besó en la frente antes de alejarse con David
«¿Qué ocurre?»
«Bien, Mary Margaret se ha enterado de algo que debería alegrarte. Evidentemente, ella está bajo secreto profesional, pero no pudo evitar contármelo y he pensado que quizás podrías utilizar esta información para hacer que Emma regrese a tu celda y…»
«Al grano por favor» dijo Regina, ya algo inquieta
«Heu…sí Voilà, ¡Belle está embarazada!»
«¡Oh! ¿Y en qué me va a ayudar eso?»
«¡El padre del bebé no es otro que Gold!»
Los ojos de la morena se iluminaron y una sonrisa diabólica apareció en su rostro.
«¡Ya veo! Has hecho bien en contármelo. Creo que es hora de que vaya a hacerle una pequeña visita a nuestro querido director»
«Te acompaño…»
Regina asintió y se dirigió hacia Emma para decirle que tenía un asunto que arreglar y que no tardaría mucho.
Una vez delante de la puerta del director, David golpeó a la misma y esperó a que le dieran el permiso para entrar. Cuando escuchó la voz de Gold a través de la puerta, la abrió y entró
«Señor, Regina Mills quiere hablar con usted»
«Hágala pasar y déjenos solos»
«Bien»
Dejó pasar a la morena antes de cerrar la puerta tras ella
«Señorita Mills, ¡qué placer verla!» dijo el director
«Señor Gold, quite esa sonrisa hipócrita de su rostro, ¡me provoca nauseas!»
El hombre puso mala cara y propuso a Regina que se sentara
«Estoy muy bien de pie, gracias»
«¿Qué hace usted aquí?»
«Mi petición es simple, quiero que Emma vuelva a mi celda»
Gold se echó a reír
«Pero, usted sueña, querida, jamás volverá con usted»
Regina rodeó el escritorio y miró por la ventana, pensativa. Se tomó cierto tiempo antes de volver a hablar
«Me pregunto qué pensarían sus superiores si supieran que usted mantiene una relación con una presa»
El director se crispó en su asiento, pero intentó que no se notara.
«No sé de qué está hablando»
«Es evidente. No me esperaba que se confiara a mí en seguida»
Ella se giró y se puso cara a cara con el hombre que le había destrozado la vida
«¿Y si le digo Belle, le viene la memoria?»
«¿Cómo se atreve?»
«¡Oh! ¿He tocado un punto sensible? ¿El director está enamorado?»
«¡Yo perdí el amor de mi vida cuando usted mató a Cora!»
Regina se echó a reír, una risa triste
«¡Eso no le impide acostarse con otra mujer y dejarla embarazada!»
Gold abrió los ojos de par en par
«¿Qué?»
«Sí, felicidades Gold, ¡va a ser padre! Así que vamos a hacer un trato, Emma vuelve a mi celda desde esta noche mismo y su secreto quedará entre nosotros, si no, hablaré con sus superiores»
El director se hundió en su silla, con una ligera sonrisa en los labios
«Nadie creerá a una presa que no dudó en matar a su madre a sangre fría»
«Quizás» dijo Regina, «pero un test de paternidad no miente»
La sonrisa de Gold se evaporó, era evidente que acababa de perder una batalla.
«Muy bien, la señorita Swan será transferida a su celda desde esta noche»
«¡Gracias! Y ya que estamos, tengo un último favor que pedirle»
«¿Cuál?»
La morena se inclinó en su oído. Una vez que le hubo pedido el favor, Regina miró a Gold sonriendo, mientras que este la miraba con gesto atónito
«Pero, ¿dónde quiere que consiga tal cosa?»
«No lo sé, pero ¡apáñeselas! Me gustaría festejar el regreso de Ema como es debido»
La joven dio la vuelta a la mesa y se dirigió hacia la puerta
«Siempre es un placer hacer negocios con usted, señor Gold, ¡buenos días!»
Ella cerró la puerta al salir y se unió a David con una sonrisa victoriosa en el rostro
«¿Entonces?» preguntó el guardia
«Entonces, voy a pasar la mejor noche de toda mi vida…»
